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Mis Dos Esposas - Capítulo 18

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18: Las Reglas del Domingo 18: Las Reglas del Domingo Alejandro apenas había dormido.

La noche de bodas con Marian se había extendido entre susurros, confesiones a media voz, y claro está, una entrega total en el aspecto sexual, y a pesar de las extrañas circunstancias en que todo inició, todo se dió de manera muy natural.

No hubo reloj que marcara el tiempo; solo una leve sensación de que todo había cambiado entre ellos, y que sin embargo era positivo.

Cuando la luz del alba comenzó a filtrarse a través de las cortinas, Alejandro despertó y se quedó observando a Marian, lucía tan hermosa como aquél día que la conoció en el restaurante, y por fin estaba con ella, admiró su figura, tal como lo hizo en su noche de bodas con Emma, ahora también tomaba una foto mental, memorizado ese momento, y admirando la hermosa figura desnuda de su nueva esposa, tan parecida y tan distinta a Emma.

Marian, se veía serena, hasta que despertó, ambos se sintieron y compartieron un dulce beso.

Ambos acordaron que era momento de salir de la habitación.

Ambos comenzaron a vestirse, ella lo observó cambiarse de ropa con una ligera sonrisa.

Antes de salir de la habitación, lo tomó del brazo.

—Recuerda —dijo Alejandro en voz baja—, hoy ya no se trata de nosotros en esta cama.

Ahora se trata de lo que vamos a decidir los tres allá afuera.

Marian asintió con una sonrisa.

Al bajar al comedor, el aroma a café recién hecho los envolvió.

Emma ya estaba sentada a la mesa, impecable, perfectamente arreglada, hermosa como siempre.

Llevaba el cabello recogido y una blusa brillante que intensifican su blanca tez y reafirmaba su intensa mirada.

Sonrió al verlos.

—Buenos días —saludó con naturalidad—.

Siéntense, por favor.

Les serví jugo, hay café y preparé el desayuno…

por favor no lo comparen con la comida de Marian, no hay manera, pero es mi manera de consentirlos.

La cordialidad de Emma era pulcra, denotaba unos modales casi perfectos, Alejandro sabía a la perfección que Emma no fingía, era así siempre, tan educada y estoica como amorosa y atenta.

Aunque para Marian resultaba incómoda, un tanto aterradora, por un momento temió que Emma la atacara por lo ocurrido la noche anterior, sin embargo, esa posibilidad se desvaneció casi al instante.

Ante tal detalle, Alejandro y Marian intercambiaron una mirada breve antes de tomar asiento.

Alejandro se sentó en la cabecera de la mesa, Emma estaba instalada en el lado derecho de la mesa, y Marian fue asignada al lado izquierdo.

Emma se levantó y comenzó a servirles el desayuno como si nada extraordinario hubiera ocurrido la noche anterior.

—Le di el día libre a la servidumbre —comentó mientras servía el plato frente a Marian—.

Es domingo.

Es el momento perfecto para que hablemos los tres con calma.

Alejandro carraspeó.

—¿Hablar… sobre las reglas?

—Exactamente —respondió Emma, sentándose de nuevo para comer con ellos—.

Ya empezamos a hacer esto, así que debemos hacerlo bien.

Sin ambigüedades ni errores que nos delaten ante la gente, ni tampoco exponernos a malos entendidos o algo que quiebre nuestra nueva relación.

Sí alguna de las cosas que expongo no los convence díganmelo, los tres debemos convenir lo mejor para todos.

Marian sostuvo la taza entre sus manos, escuchándola con atención.

Emma continuó hablando y comenzó a exponer las reglas que ellas consideraba convenientes..

—Quiero que mañana lunes empecemos con la convivencia como la pactamos.

Sin improvisaciones.

Y… —miró a Alejandro directamente y después a Marian— me gustaría ser la primera.

Podemos alternar un día y un día ¿Qué opinan ustedes?

Alejandro aceptó sin problema.

—Por mí está bien.

Dormiré un día con una y al siguiente con la otra.

Sin excepciones… salvo que haya algún motivo importante, o alguna este indispuesta, o desee estar sola por cualquier motivo.

Marian lo detuvo para hablar ella..

—Precisamente de eso quería hablar también.

Creo que deberíamos tener libertad para cambiar los días cuando sea necesario.

Habrá ocasiones en que alguna esté cansada, o desanimada.

O tú también Alex, puede que no tengas ánimo.

Al final no somos máquinas.

Emma se rió suavemente.

—Continúa, por favor.

—También debemos considerar el periodo.

Si llega en días muy dispares, sería normal que Alex pase más tiempo con quien no esté en total normalidad.

Yo sinceramente, prefiero evitar la intimidad durante mi periodo.

Pero no por eso quiero aislarme de todo.

Solo creo que debemos… adaptar las cosas.

Alejandro y Emma escuchaban con atención, sorprendidos por la claridad de Marian.

—Yo no tengo problema con eso —dijo finalmente Alejandro—.

Si en algún momento tú o Emma, o ambas prefieren que mantengamos cierta distancia, así será.

Está relación no se trata solo de… — haciendo un gesto con las manos— ya saben, sexo.

Emma se rió como hace mucho no lo hacía.

—Nunca te había visto hacer ese gesto, fue muy gracioso Amor, en fin, concuerdo con ustedes, tampoco es que todos los días sea obligatorio —repite los ademanes de Alejandro — tener sexo, mientras soltó una sonora carcajada.

Ese detalle, cambió el tono de la charla, que lucía solemne —Ok, entonces en eso estamos de acuerdo los tres —respondió él—.

Lo importante es que haya respeto.

Emma dió un trago a su café, y dejó la taza sobre el plato con calma.

—Mis reglas son muy sencillas —les comentó—.

Cordialidad, tú y yo Marian no somos rivales, ni enemigas; de hecho, me encantaría que en algún momento pudiéramos llamarnos amigas.

No debe haber nada de escenas de celos.

Nada de reproches en público.

Lo que sintamos y querramos expresar, lo hablaremos en privado.

Marian se sintió extraña al escuchar esas palabras, pero noto que Emma las decía con toda sinceridad, y sus atenciones denotaban que hablaba en serio.

—Estoy de acuerdo.

Si en algún momento alguna se siente incómoda, debe decirlo.

Sin rencor.

Y Emma, yo también espero que podamos ser amigas.

Emma miró a Alejandro.

—¿Y tú?

¿No tienes más condiciones?

Él negó con la cabeza.

—Solo eso chicas.

Espero cordialidad.

Esto no es una competencia.

No tenemos que vivir en medio de una guerra silenciosa.

Aunque sería excelente que sean amigas, el afecto es una buena manera reducir los roces en un hogar.

Emma sostuvo su mirada con Alejandro por unos segundos y luego, sin previo aviso, se inclinó y lo besó en los labios.

Fue un gesto firme, breve, pero apasionado, sellando de esa manera el trato.

—Por mi parte, no hay, ni habrá guerra —afirmó.

Volteó a ver a Marian.

—Falta que tú selles el trato hermosa.

Marian se quedó quieta un instante para después inclinarse y besar a Alejandro del mismo modo.

Fue un beso corto pero intenso.

Emma se rió.

—Esperen falta algo más.

Antes de que Marian pudiera reaccionar, Emma se acercó y chocó sus labios con los de ella.

No fue un beso en el sentido estricto, apenas fue un contacto suave.

—Trato sellado.

Marian se quedó inmóvil, sorprendida, sin embargo en lugar de molestarse, solo comenzó a reir, me mientras buscó los ojos de Emma.

—No sabía que eso era parte del trato— dijo Marian.

Emma soltó una pequeña risa —Ahora somos esposos los tres—.

Era necesario para cerrar el trato.

— Si vamos a compartir la vida, esto no debería gran cosa.

Alejandro observaba la escena con una mezcla de asombro y excitación que no supo cómo ocultar.

Se pasó la mano por el cabello intentando disimular.

—Creo que… esto es más intenso de lo que imaginaba.

Emma lo miró con una ligera burla.

—¿Te incomoda amor?

—No exactamente.

Le respondió.

—Si quieres — continuó ella con naturalidad— estoy dispuesta en este momento.

Anoche los escuché… y digamos que me dejaron con muchas ganas.

Marian levantó una ceja, sorprendida y también divertida.

—Siempre tan directa, Emma.

—Me gusta ser clara.

Marian se levantó de la silla.

—Tengo otras cosas que hacer esta mañana.

Necesito ordenar algunas ideas, y también instalarme, ayer la verdad no tuve tiempo de nada.

Así que si no tienen problema, los veo más tarde.

Tal vez… disfruta la tarde con mi “nuevo esposo”— y dicho esto Marian se despidió de ellos.

La forma en que pronunció la última frase tenía un matiz ambiguo que dejó a ambos pensando, aunque Emma no parecía ofendida.

—Tómate tu tiempo nena.

Esto apenas comienza.

Alejandro se levantó también, indeciso.

—Marian… Ella lo miró tranquila.

—Todo está bien, no te preocupes.

No estoy huyendo.

Solo quiero descansar un poco.

Se retiró del comedor con paso firme.

Emma y Alejandro quedaron solos.

Había una evidente tensión no era incómoda, sino expectante, y excitante.

—¿Estás seguro de esto?

—preguntó ella, más seria ahora.

—Sí —respondió él tras una pausa—.

Pero no quiero lastimarlas, a ninguna de las dos.

Emma sostuvo su mano firmemente..

—Entonces no lo hagas.

Sé honesto siempre, con ambas.

El sonido de la puerta al cerrarse en el piso de arriba marcó el inicio de una nueva etapa en sus vidas.

Las reglas estaban dichas, los límites trazados.

Sin embargo, ninguno de los tres podía prever cómo esas normas, tan racionales en apariencia, serían puestas a prueba por emociones que no entienden de calendarios ni acuerdos.

Así, el primer domingo de la convivencia entre los tres, avanzó lento, como si la casa misma estuviera a la expectativa del experimento que acababa de empezar.

El lunes sería el primer día oficial del matrimonio.

Pero en el fondo, los tres sabían que lo verdaderamente difícil no sería cumplir la alternancia de los dias, sino sostener el equilibrio entre deseo, amor y orgullo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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