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Mis Dos Esposas - Capítulo 19

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19: Los Primeros 7 Días 19: Los Primeros 7 Días La primera semana comenzó sin sobresaltos.

El día lunes inició, y Emma fue la primera en levantarse, era habitual en ella despertar y comenzar su día muy temprano, incluso desde antes de iniciar su relación con Alejandro.

Bajó al comedor antes que nadie, revisó algunos pendientes en su agenda en el teléfono, y dió instrucciones mínimas al personal que había regresado a la residencia tras el domingo libre.

La casa Belmonte Van Dyke empezaba a funcionar como siempre, pero algo había cambiado, empezaba una dinámica nueva, una vida nueva.

Marian apareció poco después, con el cabello suelto y su uniforme de chef listo para iniciar su día.

Se detuvo un segundo al ver a Emma sola.

—Buenos días Emma.

—Buenos días Marian —respondió Emma, sin ninguna molestia aparente—.

El café está recién hecho, ¿Te sirvo una taza?

Marian lo aceptó.

—Gracias Emma, eres muy amable.

El silencio no fue incómodo, aunque se sentía extraño para todos, principalmente para Marian, que no los conocía realmente.

Era el primer lunes con las reglas que los tres establecieron.

Era el nicio del acuerdo.

Alejandro bajó minutos después, completamente arreglado, ajustándose la corbata.

—Hola chicas ¿Reunión matutina?

—bromeó.

Emma sonrió.

—No, solo es logística doméstica.

Desayunaron los tres juntos, parecía extraño para la servidumbre, sin embargo, ellos sabían que Marian además de ser la Chef familiar, era amiga personal de Emma, por tanto tendría ese trato diferenciado.

Los tres hablaron del clima, de la agenda de la semana, de un evento al que Emma debía asistir el jueves, y Alejandro no podía acompañarla, por tanto le pediría a Marian que fuera con ella.

Marian se sorprendió al notar que Emma y Alejandro actuaban con toda normalidad, así que ella por fin se decidió a relajarse y actuar de la misma manera, con toda normalidad y permitirse por fin disfrutar el momento.

Marian les mencionó que quería probar un menú nuevo para la comida y cena del miércoles.

—¿Algo específico?

—preguntó Alejandro.

—Cocina mediterránea —respondió ella—.

Ligera, pero con carácter, la disfrutarán.

Emma asintió.

—Me gusta que la casa tenga identidad, y también la comida.

Fue una frase suelta, en apariencia inocua, pero implicaba mucho más: Marian no era solo la chef privada.

Era parte del engranaje íntimo, era parte del matrimonio.

Esa noche, según lo acordado, Alejandro dormiría con Emma.

No hubo comentarios al respecto, ni preguntas innecesarias, aunque si hubo jugueteos de parte de ambas con Alejandro y viceversa, besos, toqueteos.

Marian se despidió temprano esa noche a su habitación después de cenar, llevaba un libro, y les comentó que leería un poco.

—Buenas noches —dijo con naturalidad, al tiempo que se despedía con un beso profundo a Alejandro, Emma solo se rió diciendo que a ella le bastaba un beso en la mejilla, mismo que Marian le dió entre risas.

—Buenas noches —respondieron ambos.

No hubo escenas de celos, ni incomodidad, no hubo puertas cerradas con violencia.

Solo la conciencia de un turno que se cumplía.

El martes, la rutina comenzó a tomar forma.

A pesar de que todos estuvieron en casa, no compartieron gran parte de la mañana.

Alejandro trabajó en su oficina en la residencia.

Emma tuvo una reunión virtual desde su habitación con el área que se encargaba de coordinar en la empresa de las familias Belmonte y Van Dyke.

Marian por su parte pasó la mañana organizando las compras y despensa de la semana, además coordinarsw con el proveedor de vinos.

Después de la hora de la comida cuando toda la servidumbre terminó sus labores y se retiraron, los tres de reunieron en la terraza.

—Estaba pensando —dijo Alejandro mientras servía agua mineral— Deberíamos establecer una noche fija para salir y divertirnos relajarnos.

No todo puede ser casa y reglas, salir como una pareja, perdón, como una tercia de personas que se quieren y son jóvenes.

Emma lo miró con cierta intriga.

—¿Una cita triple?

—Exacto, esa es la idea, algo como en Dominicana, pero ahora los tres juntos.

Marian rió.

—Que no sea como en Dominicana, no quiero salir huyendo del hotel otra vez, dijo Marian riéndose, está vez hagámoslo sin que yo salga huyendo, como una familia.

—Eso nunca volverá a pasar—replicó Emma con calma—.

Nunca te volverás a sentir así.

Acordaron que el sábado saldrían a cenar fuera.

Sin etiquetas.

Sin explicaciones al mundo, solo los tres y a disfrutar al máximo.

Esa noche era turno de Marian.

Antes de retirarse, Emma se acercó a ella en la cocina.

—Si en algún momento esto se vuelve incómodo o te parece insostenible, quiero que me lo digas.

Marian la miró fijamente, pero de manera casi en agradecimiento.

—Lo haré.

Y espero que tú también lo hagas.

Fue un pacto breve, pero honesto.

El miércoles trajo consigo aroma a romero y aceite de oliva.

Marian pasó varias horas preparando la cena mediterránea que había prometido.

Cuando por fin se sentaron a la mesa, la iluminación tenue y las copas de vino crearon un ambiente totalmente festivo.

—Brindo por la estabilidad —dijo Emma, levantando su copa.

—Yo por la unión —añadió Marian.

—Por nosotros tres—concluyó Alejandro.

La conversación derivó hacia historias del pasado, los tres deseaban conocerse mejor.

Emma habló de su época universitaria, de cómo se había visto obligada a ocultar sus emociones tras una disciplina impecable y un ambiente frío, en lo climático y social en su juventud en los Países Bajos.

Marian por el contrario expresó que siempre había sido mucho más impulsiva, muy expresiva, que la mezcla de un padre ghanés y una madre mexicana, creciendo en el Centro-Sur de México siempre lo harán a cualquiera extrovertido.

—Se nota —bromeó Alejandro.

—¿Eso es una crítica?

—preguntó ella con una mirada matadora.

—Era solo una observación— dijo Alejandro entre risas.

Emma los observaba interactuar sin intervenir, pero sin apartarse.

No demostraba molestia o intención competitiva en su mirada, solo análisis, un detallado análisis destinado a conocer y entender a Marian.

Esa noche, tal como habían acordado que, si alguno estaba cansado, podían posponer sus encuentros, y los tres estaban rendidos.

Solo se quedaron en la sala hasta tarde, viendo una película antigua y compartiendo comentarios irónicos, aunque eso no impidops que Alejandro las besara repentinamente a ambas.

El jueves Emma asistió a su evento en compañía de Marian, que la ayudó a elegir el vestido.

—Este —dijo Marian, sosteniendo uno azul oscuro—.

Te hace ver inalcanzable, y vaya que resalta tu atractivo trasero — dijo haciendo algunos ademanes.

Emma alzó una ceja.

—¿Y se supone que yo quiero verme así?

—Emma, si yo tuviera tremendas nalgas, me encantaría usar un vestido así— Dijo Marian demostrando que era extremadamente abierta al hablar.

Emma por su parte le prestó un vestido rojo, uno con el mejor escote que tenía —Este resaltará tu frondosa pechuga, te verás hermosa — le dijo Emma en respuesta al comentario anterior de Marian.

Ambas rieron toda la tarde noche, desde casa hasta el evento, se podía notar que ambas de verdad comenzaban a disfrutar la.compañia mutua.

Cuando regresaron esa noche, Emma fue directo a cambiarse de ropa, mientras que Marian fue a la cocina.

Cuando Emma regresó encontró a Alejandro y Marian en la cocina, riendo por algo.

—¿Me voy cinco minutos y ustedes ya hacen chistes de mi?

—preguntó, quitándose el peinado.

—Ah no, para nada, solo que está salsa es una de las peores que he probado —respondió Alejandro.

—Es que no debías probarla, nadie debió probarla, pero ya no tuve tiempos de tirarla por salir con Emma— dijo Marian entre risas.

Emma probó una cucharada e hizo una cara de repudio exagerada.

—Hasta a la mejor chef se le va la salsa.

A pesar de que ya era tarde, los 3 se quedaron compartiendo hasta que el sueño los venció.

El viernes trajo una sensación inesperada: normalidad, una rutina que les costó muy poco formar.

Desayunaron juntos sin pensar en turnos.

Alejandro les explicaba como debía presentar es tarde los balances mensuales con su padre y el padre de Emma.

Emma respondió que ella estaría ahí para ayudarlo, después de todo ella también era parte importante de la empresa.

Marian se burlaba de ellos en ese momento, tenían una seriedad excesiva.

—Deberían relajarse un rato—dijo—.

La vida no es solo balances…

Oigan, y ya que son prácticamente dueños del Grupo Cervecero más grande de México, y del planeta, que les parece que en la noche celebremos con la mejor cerveza que ustedes consideren.

—Es una buena idea —respondió Emma— Más tarde cuando todo termine, pediré que envíen para acá algunos de nuestros mejores productos.

La junta de Emma y Alejandro con sus padres y el resto de accionistas fue un éxito, y más tarde cumplieron con lo prometido con Marian, celebraron con las mejores cervezas que podía ofrecer el Consorcio Belmonte – Va Dyke.

Esa noche, ya entrados en copas, Marian se retiró antes, sabía que era la noche de Emma y no quiso interrumpir.

Emma y Alejandro, por su parte hicieron el amor de manera arrebatada, un poco impulsados por el alcohol, y por la nueva vida que tenían les resultaba excitante compartir la vida con Marian, incluso Emma se mostraba más afectuosa desde la llegada de la segunda esposa, ni siquiera tuvieron reparo en irse a su habitación, hasta ya muy entrada la noche, dónde continuaron haciendo el amor.

El sábado salieron a cenar como lo acordaron.

Eligieron un restaurante discreto y sencillo, lejos de miradas conocidas, no era de los que acostumbraban visitar sus amistades.

Tenía una mesa redonda que parecía simbolizar la igualdad que intentaban sostener.

—¿Creen que la gente note algo?

—preguntó Marian, divertida.

—Solo si nosotros lo mostramos —respondió Emma con seguridad.

Alejandro las miró a ambas.

—Aunque bueno, las he besado a ambas alternadamente, así que seguro alguien ya lo notó.

—Seguro ellos lo hacen también —añadió Marian.

Hablaron de viajes pendientes, después de todo no tuvieron una luna de miel con Marian, pensaron en destinos que podrían visitar juntos.

Grecia, quizás, Italia, o el Sudeste Asiático.

—Tres boletos —dijo Alejandro—.

Sin explicaciones.

Emma sonrió.

—Eso requeriría una buena planeación, pero ya lo resolveremos.

Cerraron la noche de la misma manera que él vienes, solo que ese día fue Marian, con quien Alejandro compartió la noche.

Ambos se mostraron mucho más acoplados a pesar del poco tiempo que llevaba Marian en la vida de Alejandro.

— Alex, quiero que me hagas el amor toda la noche— fue la única cosa que Marian le pidió a su nuevo esposo, y pareció que no fuera necesario decirlo, Alejandro estaba muy deseoso de compartir la noche con ella, ambos terminaron teniendo orgasmos repetidos después de una tórrida noche, hasta que ambos fueron vencidos por el cansancio y el sueño.

El domingo cerró la semana con una calma inesperada.

Desayunaron bastante tarde.

Marian les propuso que cocinaran todos juntos.

—Si vamos a vivir aquí todos, también podemos compartir la cocina no solo las demás habitaciones.

Emma aceptó, ambas se acoplaron bien en la cocina, si bien Emma distaba mucho de las habilidades profesionales de Marian, pudo enseñarle algunas cosas aprendidas en Europa que reforzaron la experiencia de la chef.

Alejandro, por el contrario, era torpe con los cuchillos y demás utensilios, ignorante en cuanto a especias y capacidades culinarias, terminó siendo más estorbo que ayuda.

—Ve a sentarte papi, mientras nosotras trabajamos —le dijo Marian, en tono burlón.

—Creo que te reservarás solo para probar la comida— complementó Emma.

—Será lo mejor —respondió él.

La comida fue un pequeño desastre, pero la risa lo compensó.

Por la tarde se sentaron en el jardín.

Los tres platicaban, mientras el Sol descendía lentamente, bañando la casa con una luz dorads.

—Por fin, una semana —dijo Emma en voz baja.

—Parece que no fue tan difícil, como lo temía al principio —dijo Marian.

Alejandro las miró, sabía que el equilibrio de esto era frágil, pero parecía poderoso al mismo tiempo.

—No cantes victoria Marian—advirtió Emma con una media sonrisa—.

Esto apenas comienza.

Marian descansó la cabeza en el camastro.

—Lo importante es que no estamos fingiendo, hemos hablado, logrado acuerdos, Eso es más de lo que muchas parejas hacen en años—.

Los tres quedaron en silencio.

—No somos una pareja— dijo Emma —Somos, no sé qué somos, pero me gusta esta vida que iniciamos—.

La primera semana no tuvo explosiones ni reproches.

Solo pequeños ajustes, conversaciones honestas y una rutina que comenzaba a delinearse.

Las noches se alternaron según lo pactado.

Los desayunos fueron cada vez más naturales.

Las miradas dejaron de ser cautelosas, y en muchos casos mostraban complicidad, sin importar si era entre Alejandro y las chicas, o entre ellas mismas.

Aún no sabían cuánto duraría esta armonía.

Pero al terminar los primeros siete días, podían decir algo con certeza: habían dejado de ser un acuerdo para empezar a ser una familia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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