Mis Dos Esposas - Capítulo 21
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21: Meses de Ma-Tri-Monio 21: Meses de Ma-Tri-Monio *Episodio narrado por Emma Para nuestros primeros seis o siete meses, la casa ya no se sentía como un experimento.
Se siente como una familia poco convencional que encontró su propio ritmo.
La rutina está consolidada.
Las reglas ya ni siquiera se mencionan, ya se volvieron un hábito.
Los turnos dejaron de ser un calendario rígido, ahora se transformaron en una dinámica flexible, hay comprensión, naturalidad, afecto y amor.
En casa prima el estado emocional más que la norma, y eso no solo aplica para Alejandro, entre Marian y yo también existe ese apoyo, eso no tiene comparación.
Si uno llega cansado, el otro comprende.
Si alguna necesita más atención, lo expresa sin temor, y a cambio recibe lo que necesita.
La convivencia diaria es fluida, pareciera que llevamos una vida juntos, aunque sean pocos meses apenas de “Ma-Tri-Monio”, como solemos llamarlo.
Desayunamos juntos la mayoría de los días.
Suelo revisar asuntos financieros mientras bebo café; Marian nos sugiere nuevos menús para la semana, ideas para nuevos platillos o como le va en sus clases; Alejandro escucha usualmente, suele ser más reservado, a veces, simplemente nos provoca a discutir sobre algún tema de actualidad, solo por diversión, y en otras simplemente lo escuchamos sobre la abrumadora exigencia que recibe de parte de su papá y del mío, al final se espera que él y yo seremos pronto la cabeza de toda nuestra industria.
Las cenas son el verdadero punto de unión, ya sin servidumbre en casa, podemos ser realmente libres.
Incluso cuando alguno llega tarde, lo esperamos.
Se volvió costumbre que los viernes abramos una botella de vino, o alguna cerveza de las colecciones premium de BelDyke (nuestra empresa).
Hablamos sin tapujos de la semana: los éxitos, frustraciones, inseguridades, o de plano de los fracasos.
Ese espacio fortalece nuestro vínculo más que cualquier otra cosa, incluso más que nuestros encuentros pasionales, que debo decir, son cada vez mejores.
El afecto entre los tres se amplió de manera natural.
Al inicio yo era la más estructurada, extremadamente rigida.
Pero aprendí a relajarme, que no puedo, ni debo, tener el control de todo a cada momento, mucho menos de Marian y Álex.
A veces se bromeó con Marian en la cocina, perdí el miedo al fracaso y comencé a cocinar guiada por ella, y definitivamente soy buena en eso, aunque sigo a años luz de ella, y probablemente así será el resto de nuestras vidas.
Compartimos recomendaciones de libros, de música, rutinas de ejercicio, incluso secretos de belleza, la envidia estética no existe entre nosotras, si ella resalta en algo se lo hago saber y ella me corresponde.
Ya no hay esa tensión latente del principio.
Hay confianza, hay afecto, amistad y amor.
Entre Alejandro y yo el amor sigue intacto.
Hay historia, raíces profundas.
Nos entendemos con simples miradas.
Sigo siendo su ancla racional, al menos así me llama él, la mujer que lo acompaña en decisiones importantes y con quien comparte la visión de futuro; al final fue nuestro pacto y destino.
Pero con Marian nació algo distinto.
No es un reemplazo, no compite conmigo.
Es otra cosa, ella es su fuente de energía, emocionalmente es quien lo llena de alegría, eso no quiere decir que yo la absorba, pero sí debo reconocer que no puedo ser tan alegre y abierta como ella; y agrego que ella también me hace sentirme más relajada y feliz, cuando llega a haber desencuentros entre Alejandro y yo, ella suele ser mediadora, quien no hace resolver el conflicto de la manera más sana.
Con Marian, Alejandro tiene ligereza.
Ella lo desafía emocionalmente, corrijo, nos desafía a ambos, nos obliga a expresar lo que sentimos sin esconderlo tras seguridad o humor, en mi caso años lejos del país, y de la gente, en un país de costumbres más rígidas sigo medianamente adaptada a esta parte de mi vida.
Las conversaciones entre ellos se vuelven más largas, más íntimas.
No necesariamente físicas, sino emocionales.
Comienzan a compartir pequeños rituales propios, a veces me incluyen, a veces no, no tengo problema en acompañarlos cuando lo desean, y también estoy feliz cuando yo puedo ocuparme sola de mi mundo.
Toman café cuando la noche es fresca en la terraza.
Caminatas cortas los domingos por la mañana.
Notas escritas a mano que nadie más ve, a veces me las muestran y a veces les ayudo a responder, me gusta sentirme parte de ellos, los tres somos parte de esta familia al final.
Marian también cambió.
Al principio cuidaba cada gesto para no invadir mi espacio, pero rápidamente el espacio personal de los tres, se volvió suelo común a todos, con pocas excepciones.
Con el tiempo, entendió y aceptó que no está ocupando un espacio prestado, que ese espacio ya le pertenece.
Está construyendo también su matrimonio.
Y, aunque no lo digan frente a mí, puedo notar que ya nació el amor entre ellos.
No es una explosión dramática, es un amor sin complicaciones, alegre, pero adulto.
Alejandro, al igual que a buscar su opinión antes de tomar decisiones personales.
Marian percibe cuándo él está abrumado antes que nadie.
Hay un entendimiento que no necesita explicaciones.
Y yo puedo notarlo, y la verdad me gusta.
Y, aunque al inicio me generaba una leve inseguridad, también reconocí pronto que la presencia de Marian no le resta a nuestro hogar; ella suma.
Alejandro es más equilibrado.
Más divertido, lo siento más completo, aunque debo admitir que hice trampa, Marian también me ayuda a controlar los malos humores de Alejandro, yo no lo tolero, y ella, ella sabe calmar a la bestia, jajaja.
Los tres empezamos a sentir una estructura triangular estable.
O al menos eso creíamos hasta ese momento; hasta que apareció el primer elemento externo que amenaza esa estabilidad.
El padre de Alejandro y mi padre fusionaron gran parte de ambas productoras, y por tanto decidieron expandir una de las divisiones más importantes de la empresa.
Para ello contactaron una alta ejecutiva irlandesa con reputación impecable en el sector internacional, que además es dueña de una incipiente casa productora de cerveza en Cork, Irlanda.
Su presencia, aún sin nombre, comienza a escucharse con frecuencia en casa.
Es brillante.
Estratégica.
Directa, increíble de acuerdos con las palabras de mi suegro, y los elogios que le confiere mi papá van por el mismo camino, además de remarcar que es simplemente despampanante…
y mi propia madre lo secunda.
Y cuando Alejandro la conoció formalmente, entendió a la perfección por qué los señores Van Dyke y Belmonte la eligieron.
Es pelirroja, 1.75 m, de piel blanquísima.que destaca en nuestro medio, de presencia impecable…
e imponente.
Su figura no pasa desapercibida para nadie, sea hombre o mujer: piernas largas y firmes, una figura exuberante, se gluteos y senos perfectos, mi mamá la describió como extremadamente frondosa, que proyecta seguridad.
Y su cara es preciosa, enmarcada por unos grandes y brillantes ojos verdes.
Cargada de una elegancia distinta, menos clásica, más audaz.
Su voz tiene un acento irlandés suave, que destaca dentro de su casi perfecto español, que llama la atención sin esfuerzo.
Pero lo que realmente destaca es su mentalidad, y su inteligencia.
En reuniones, desafía a Alejandro, aunque podría decirse que lo hace en buena lid.
Siempre le presenta escenarios que él no había contemplado.
Lo contradice con argumentos sólidos.
Lo obliga a afinar decisiones; y eso al final ha tenido resultados más que satisfactorios para todos, incluido el propio Alejandro.
Ellos comienzan a trabajar muchas horas juntos, ambos terminan siendo la mano derecha e izquierda de mi padre y mi suegro.
Viajes de negocios.
Cenas ejecutivas.
Reuniones privadas en oficinas cerradas.
Alejandro parece no tener intención alguna más allá de lo profesional, así nos lo ha hecho saber a Marian y a mí.
Sin embargo, el tiempo compartido entre ambos es evidente.
Yo soy la primera en sentir el cambio.
No porque Alejandro se comporte distinto en casa, no hay frialdad en él, no hace regalos de la nada, no hay actitudes sospechosas, o trabajo a deshoras, y cuando lo hay por lo regular mi madre termina confirmando que mi padre está ahí también que los nuevos planes y negocios se han incrementado.
Sin embargo, ahora hay un nombre recurrente en su agenda.
Una mujer que comparte con él un terreno que antes era exclusivo para mí: el mundo corporativo al más alto nivel.
Una noche, mientras revisábamos ciertos estados financieros, le pregunté con tono neutro: — Oye amor, y esta chica, la irlandesa ¿Es tan buena como dicen?
—Sí —responde Alejandro sin pensar demasiado—.
Es impresionante.
Mientras prosiguió sin darle más importancia ni perder la concentración.
La palabra queda suspendida.
Solo sonreí, y volteé a ver a Marian mientras mi estómago se revolvía.
Marian, por su parte, reacciona diferente.
Ella no compite en el ámbito empresarial.
Su inseguridad no es intelectual; y no se malentienda Marian no es empresaria ni se desenvuelve en el mismo medio que nosotros, no deja de ser brillante, una chef excepcional, es además una mujer culta y melómana, bilingüe; pero tampoco se siente del todo segura.
Ha escuchado comentarios indirectos sobre la ejecutiva: su presencia, su seguridad, su figura impactante; siempre escuché a mi madre decir que Marian era un riesgo enorme en casa, una mujer tan bien dotada podría ser una fuerte tentación, pero después de que conoció a la pelirroja, parece que hace menos la belleza de Marian.
Una tarde, mientras preparan la cena, Marian pregunta: —Oye Álex ¿Te gusta trabajar con ella?
Alejandro le responde con toda honestidad, pero de nueva cuenta sin intuir alguna especia de trampa de nuestra parte: —Sí.
Me exige.
Eso es bueno.
Marian asiente, pero guarda silencio, pude ver en ella el mismo gesto que yo había hecho previamente.
El problema no es que haya algo entre Alejandro y la irlandesa.
Todo indica que no lo hay.
El problema es lo que representa una mujer nueva.
Externa.
Independiente.
Exitosa.
Que no forma parte del acuerdo ni de la estructura emocional que con tanto trabajo hemos construido.
Los celos comienzan como detalles pequeños, siempre es así, aunque también inician por una velada inseguridad de parte de alguno de los miembros en una relación; y temo decir que Marian y yo estamos celosas.
Le hice una pregunta más de lo habitual sobre las reuniones.
Marian observa con más atención cuando Alejandro revisa mensajes de trabajo.
Y me di cuenta que Alejandro empieza a notar las miradas que intercambiamos cuando menciona el nombre de su colega.
Sin embargo no dice nada, parece que no quiere que esto pueda escalar, y entiendo que no nos ha dado motivo alguno para desconfiar de él, pero ¿Y si lo hubiera?
Por primera vez, un conflicto no nace dentro de casa, sino fuera de ella.
Y eso cambia todo nuestro esquema, toda nuestra vida.
Porque ahora no se trata de turnos, ni de reglas o pequeños desacuerdos domésticos.
Se trata de inseguridad real, de celos…
de miedo a perderlo todo.
Me da miero perder en el terreno intelectual, lo que siempre me conectaba profundamente con Alejandro.
Por otra parte, Marian teme no ser suficiente ante una mujer que parece abarcar belleza y cerebro sin esfuerzo.
Yo, admito por primera vez ante Marian que tengo miedo; y ella reconoce abiertamente que los celos no la enorgullecen.
Se supone que la ejecutiva irlandesa no busca nada más que el éxito profesional.
Pero su sola presencia nos obliga a enfrentar una pregunta inevitable: ¿Nuestra relación es lo suficientemente fuerte para mantenerse a flote ante todo?
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