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Mis Dos Esposas - Capítulo 22

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22: Una semana en Dublín 22: Una semana en Dublín El anuncio fue simple.

—Son solo cinco días chicas, y los dos días del viaje de ida y de regreso, claro está —dijo Alejandro mientras cerraba su maleta—.

Reuniones estratégicas, con la productora de la familia O’Leary, además de sus socios en Dublín.

Mi padre, y también Jan, quieren que todo quede firmado esta semana.

Emma estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados, no estaba nada contenta.

Marian por su parte, permanecía sentada en la cama, observándolo con aparente tranquilidad.

—¿Pero solo irán ustedes dos?

—preguntó Marian con tono ligero.

—El equipo directivo se fue hace tres días, ya nos esperan allá.

Pero para las negociaciones finales… sí, serán principalmente cuando Caoimhe se encuentre con su padre, y a su vez ellos nos presenten a sus socios en Dublín.

El nombre flotó en el aire.

— ¿’Caiomhe’, así se llama?

— Preguntó Marian, qué raro nombre.

— Se pronuncia ‘Kí-va’, Kí-va O’Leary — corrigió Alejandro, es celta, gaélico irlandés para ser exactos.

— Sé que es gaélico irlandés, no soy tonta Alejandro — respondió Marian muy enojada.

Emma mantuvo la compostura con elegancia.

— Marian tranquila, no te molestes, no hagamos un escándalo hoy, además no hay razón para hacerlo —.

Emma pretendía que no pasaba nada, pero por dentro estaba tan alterada como Marian.

—Es una gran oportunidad.

Irlanda no es un mercado sencillo, tienen sus propias reglas en cuanto a cerveza como las tenemos acá, o en Alemania — .

Complementó Emma.

Alejandro sonrió.

—Por eso la contrataron…

aunque, de hecho es más una sociedad con su familia.

Su productora en Cork es parte importante para la introducción de nuestros productos en Irlanda —.

Dicho esto Alejandro salió de la habitación y de despidió de Marian con un profundo beso y un abrazo.

—Te amo Marian.

————————- La casa se sintió distinta desde que el auto salió hacia el aeropuerto.

Marian se quedó en ella mientras veía a Emma partir con Alejandro.

— Ojalá Emma pudiera ir al viaje, me quedaría más tranquila con ella allá en Irlanda —.

Dijo Marian antes de sentarse en la sala visiblemente preocupada.

Emma sí lo acompañó al Aeropuerto.

— Me habría encantado que Marian viniera con nosotros —.

Dijo Alejandro.

—Ella es más sentimental que nosotros, no se hubiera controlado, no te lo tomes a mal —, dijo Emma disculpando a Marian.

Alejandro se despidió de ella de la misma manera que hizo con Marian.

Cuando Emma regresó a casa, intentó concentrarse en su despacho, en ordenar pendientes, en preparar presentaciones de la publicidad para la empresa, pero le era imposible, estaba completamente desenfocada.

Marian estuvo gran parte del tiempo en la cocina, no tenía hambre, solo quería cocinar para desahogarse, quería hacer algo que las consolara ante la partida, y el disgusto que tuvieron.

Las dos se encontraron casi por inercia en la terraza al atardecer, horas después del regreso de Emma.

—¿Estás bien?

—preguntó Marian finalmente.

Emma tardó en responder.

—Sí.

—No lo parece, ¿Viste a la pelirroja en el aeropuerto?— complementó Marian.

Emma suspiró.

—No, me dijo Alejandro que ella llegó antes y ya estaba en la sala de abordar.

—Entonces todavía no sabes como es tampoco —.

Cerró Marian.

Se miraron en ese punto ambas, había un dejó de tristeza en sus ojos.

—Pero —dijo Marian.

—Pero ella es… —Emma buscó la palabra adecuada— completa.

Marian soltó una risa seca.

—¿Completa?

Por Dios, creo que es la peor descripción para una mujer.

Emma la interrumpió — Es muy inteligente.

Estratégica.

Carismática.

Y sí, físicamente impactante.

Marian apoyó los codos en la mesa.

—Más impactante que nosotras.

Me siento bastante incapaz de competir con eso.

Y aunque él ya nos dijo que no tenemos nada de qué preocuparnos, mi cabeza no deja de dar vueltas a lo mismo.

Emma respondió un poco enojada, aunque de manera sarcástica — Vaya, entonces yo no soy para nada sobresaliente que conmigo si puedes rivalizar…

Las dos estallaron en una carcajada liberadora, lo necesitaban.

Esa noche cenaron juntas.

Sin Alejandro, la dinámica cambiaba.

No era incómoda, pero sí más honesta.

Marian abrió una botella de vino sin preguntar, y de igual manera le sirvió a Emma son preguntarle.

—¿Desde cuándo te afectan las mujeres que trabajan con él?

Emma la miró directo.

—Desde nunca, pero ella una mujer que podría no necesitar compartirlo, y probablemente luce como alguien contra quién nadie puede competir.

La frase fue brutal, Marian tragó saliva.

—¿Crees que él podría…?

—No lo sé —interrumpió Emma—.

Y eso es lo que me molesta, la incertidumbre.

No tengo el control de esta variable.

—Esto no es una junta directiva, es nuestro hogar —respondió Marian con suavidad.

Emma la observó.

—Lo sé.

Esto es peor.

————- La primera videollamada llegó al día siguiente, era la mañana en México, y la tarde en Irlanda.

Alejandro se veía animado, aunque algo cansado pero el Jetlag.

Detrás de él se alcanzaba a distinguir un salón elegante, madera oscura, ventanales amplios.

—Todo va bien —dijo—.

Mañana firmamos el trato en Cork, y partiremos a Dublín.

Una voz femenina se escuchó de fondo, riendo.

Marian tensó la mandíbula.

Caoimhe apareció brevemente en el encuadre, hablaba con su padre y otras personas sobre algo que no alcanzaban a distinguir.

Sin embargo si pudieron distinguirla a ella.

Pelirroja vibrante.

Seguridad natural.

Traje impecable, hermosa, despampanante.

Ambas asintieron en que tenía unas proporciones enormes tanto en el pecho como en el área de las caderas y glúteos.

— Maldita perra — pensaron ambas, expresando envidia.

— Por Dios, está hermosa — dijo Emma.

— No creí que fuera tan ‘perfecta’ — terminó Marian.

Ambas hablando en voz baja para que Alejandro no las escuchará del otro lado de la pantalla.

—We’re ready when you are, Alex —dijo con una sonrisa rápida antes de desaparecer.

Emma mantuvo la compostura hasta que la llamada terminó.

—Es magnética —murmuró Marian.

—Es estratégica —corrigió Emma, aunque sabía que no era solo eso.

Ambas chicas se despidieron de Alejandro, quien les dijo que las extrañaba y que les compensaría estos días a ambas.

— Las amo — dijo efusivamente, aunque en voz baja, no podía escucharlo nadie más, antes de colgar.

— Esa noche la conversación entre ambas fue distinta.

No era miedo irracional, era cálculo.

—Si ella quisiera algo —dijo Marian—, tendría acceso constante.

—No sabemos que quiera —respondió Emma.

—¿Tú no lo querrías?— le preguntó Marian Emma sostuvo la copa de vino.

—Eso no importa.

—Claro que importa.

Porque somos mujeres.

Y sabemos reconocer cuando alguien tiene todas las herramientas.

Emma se levantó, caminó hacia el bar y sacó una botella más.

—No vamos a perderlo por inseguridad.

Marian la miró fijamente.

—Entonces no nos comportemos como si ya lo hubiéramos perdido.

— Esa fue la primera noche que decidieron investigar.

Se convirtieron en stalkers profesionales.

Buscaron entrevistas de Caoimhe.

Fotografías.

Artículos financieros, sus redes sociales, todo lo que le diera una descripción completa de quien era la pelirroja.

—Graduada con honores —leyó Marian.

—Habla cuatro idiomas —añadió Emma.

—Fue una buena deportista en sus años universitarios.

—Mi padre habría adorado que ella fuera su hija—murmuró Emma sin pensar.

Las dos se quedaron en silencio.

La amenaza no era solo física.

Caoimhe era el paquete completo, un producto de altísima calidad, además envuelto en el empaque más lujoso y llamativo.

—¡Estamos jodidas!

— El último día del viaje fue el peor para ellas.

Alejandro envió un mensaje breve: *Cerramos el trato de la mejor manera chicas.

Tenemos una cena de celebración.

Llegaré tarde al hotel.* Nada más.

Marian dejó el teléfono sobre la mesa.

—Celebración.

Emma caminó hacia la ventana.

—Es lógico.

Cerraron un trato de muchos millones, prácticamente aseguraron hasta a nuestros tataranietos.

—¿Y si celebra más que eso?

— dijo Marian ya alterada.

Emma giró bruscamente.

—No me hagas esto.

—¿Qué cosa?

—Convertir una posibilidad en certeza, no me tortures con algo así.

Marian respiró agitadamente —Tengo miedo Emma.

Fue la primera vez que lo dijo en voz alta.

Emma se acercó lentamente a ella —Yo también.

Y en ese momento, algo cambió.

No eran rivales, aunque nunca lo fueron, siempre fue un acuerdo mutuo, ellas ya no competían, aunque en realidad nunca compitieron.

Ahora eran dos mujeres que amaban al mismo hombre… y que temían perderlo.

Emma tomó la primera botella.

—Hoy no quiero ser racional.

Y Marian no protestó en lo absoluto.

— El vino se convirtió en whisky, tequila, y lo que encontraron en su cava.

Las palabras se volvieron más sinceras, menos filtradas, esa noche dejaron de ser las esposas de Alejandro, se volvieron amigas, asociadas además con un fin común.

—¿ Y si él la mira como nos mira a nosotras?

—murmuró Marian.

—No lo hará.

—¿Cómo lo sabes?

Emma ya no tenía respuestas perfectas.

—Solo quiero confiar.

Se sentaron en la alfombra del salón, con la espalda contra el sofá.

—Si alguna vez nos deja —dijo Marian con la voz ligeramente quebrada—, ¿qué pasa contigo y conmigo?

Emma la miró, ojos brillantes.

—No quiero averiguarlo.

Rieron.

Luego casi lloraron.

Hablaron de la primera vez que sintieron celos, entre ellas.

De la noche en la que decidieron confiar, la una en la otra.

De lo absurdo que era que una mujer que ni siquiera estaba intentando nada las tuviera así.

La botella se vació.

Luego otra.

En algún momento dejaron de discutir sobre Caoimhe.

Comenzaron a hablar de ellas.

De cómo, sin notarlo, se habían convertido en cómplices, eran amigas, compañeras, había afecto entre ellas, no se atrevieron a decirlo pero había amor también, aunque no fuera de carácter sexual, ambas eran parte de una misma familia.

Marian apoyó la cabeza en el hombro de Emma.

—No quiero perder esto.

Emma deslizó una mano por su espalda, y la dejó en su hombro, fue un gesto de consuelo solamente.

—No lo perderemos.

No nos perderemos.

El mundo comenzó a girar lentamente.

—¿Sabes qué es lo más irónico?

—murmuró Marian.

—¿Qué?

—Que la amenaza nos está uniendo más.

Emma sonrió, ya desdibujada por el alcohol.

—Entonces brindemos por ella.

Chocaron los vasos torpemente, mismosmque siguieron vaciándose, al igual que las botellas.

Después, todo se volvió borroso.

Risas.

Confesiones.

Un abrazo que duró demasiado.

Y oscuridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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