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Mis Dos Esposas - Capítulo 41

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41: Alianzas Necesarias 41: Alianzas Necesarias El sábado por la mañana, Rafael y Alicia citaron a Alejandro en su casa.

Emma prefirió no asistir, sabía de lo que se trataba y no quiso que nada perturbara la paz que tenían después de la noche anterior.

Marian se fue al departamento temprano por la mañana.

— —Hijo —comenzó Rafael—.

Hemos notado tu cercanía con Caoimhe, y no me parece correcta.

Alejandro mantuvo la expresión neutra, aunque por dentro se irritó al instante.

—Ella es nuestra socia y es mi colaboradora más importante —Más allá de eso —añadió Alicia con cautela—.

Hay comentarios, y no queremos que esto pueda afectar la imagen tuya ni de la empresa.

Alejandro entendió de inmediato el origen.

—¿Comentarios de quién?

Porque que yo recuerde, nadie había insinuado nada al respecto hasta antes de hoy.

—Eso no importa —respondió Rafael—.

Lo que importa es la percepción de las personas, y podría ser la incorrecta.

—No hay nada más allá de lo laboral —replicó Alejandro con firmeza—.

A lo mucho una leve amistad pero dudo que Caiomhe este interesada en nada más.

Alicia lo observó con atención.

—¿Emma lo sabe?

Por lo que te llamamos —Claro que lo sabe.

Incluso ya la conoce y ae han llevado bien.

Parece mucho más interesada en sostener una amistad con Emma que conmigo, y creo que también está desarrollando una amistad con Marian.

—No quiero escándalos —dijo Rafael.

—No los habrá, nunca lo ha habido —respondió Alejandro—.

Si alguien los hace, no seré yo quien los provoque.

En ese instante, la puerta se abrió sin tocar.

Katia entró, sarcástica como siempre—Interesante conversación.

Alejandro giró hacia ella.

—¿Espiando?

¿O ‘pasabas’ por aquí?

—Escuchando —corrigió—.

Porque esto me afecta también.

Rafael suspiró.

—Katia… —He visto cómo la miras —interrumpió ella, señalando a su hermano—.

A esa pelirroja.

Alejandro apretó la mandíbula.

—Ten cuidado con lo que vas a decir Katia.

—No confío en ella —continuó Katia—.

Y no confío en ti cuando estás cerca de ella.

—¿No confías en mí?

—repitió Alejandro con incredulidad— ¿Se supone que eso debería importarme?

Tú nunca has confiado en mí.

—Y menos cuando actúas como si no tuvieras esposa.

Eso fue demasiado y Alejandro se levantó irritado.

—Yo tampoco confío en ti.

La frase fue como un golpe.

—Desde que llegaste, solo hay secretos e intrigas en esta familia —continuó—.

Tú y tu esposo solo han traído sospechas y rumores.

Debiste quedarte en su país, acá no eres necesaria.

Rafael se puso de pie.

—Basta Alejandro, discúlpate con tu hermana.

—No, y no lo haré mientras ella siga inventando basura contra mi esposa y contra mí—dijo Alejandro sin apartar la mirada de Katia—.

Solo quiero vivir en paz.

Y si eso implica que tú y Nigel se mantengan lejos de Emma, de Marian, Caoimhe y de mí, entonces así será.

El nombre de Marian hizo que Alicia lo mirara con una mezcla de advertencia y apoyo.

Katia dio un paso adelante.

—¿Me estás amenazando?

—Te estoy poniendo un límite, pero sabes qué, ¡Sí, es una amenaza!

Aléjate de mí.

Rafael intervino, colocándose al lado de su hija.

—Te dije que no le hables así.

—Y tú deja de justificarla siempre —replicó Alicia, posicionándose junto a Alejandro—.

Katia no es intocable.

El salón se dividió en dos bandos visibles.

Katia respiraba agitada, fingiendo ansiedad y estar herida por las palabras de Alejandro.

—Solo intento proteger lo que es nuestro.

—Lo nuestro, se refiere a lo material, mi matrimonio y mi vida privada no son algo tuyo para manipularlo —respondió Alejandro.

Alejandro tomó su saco y dió media vuelta furioso.

—He terminado aquí— le dió un beso a su madre y salió sin esperar respuesta, ni de su hermana ni de su padre.

— En el estacionamiento, ya a bordo de su coche sacó el teléfono y marcó un número que conocía de memoria.

Caoimhe contestó al segundo tono.

—¿Alejandro?

¿Todo bien?

Él exhaló lentamente.

—Tengo que hablar contigo ¿Tienes tiempo?

—Suenas serio— le preguntó la pelirroja— ¿Te pasó algo?

¿Emma está bien?

—Ella está bien, yo no.

Es urgente.

Hubo una breve pausa al otro lado.

—OK, dime dónde y cuándo.

Alejandro miró el horizonte de la ciudad, consciente de que las líneas de poder se estaban moviendo, y él cada vez era menos capaz de controlar su ira contra su desesperante hermana —Lo antes posible.

Y después ambos colgaron.

Sabía que cualquier paso en falso podía convertirse en munición para Katia.

Y, por primera vez desde el regreso de Katia, comprendió que el conflicto ya no era solo familiar, era estratégico por todo el Imperio de la familia…

Y apenas comenzaba.

Cuando Alejandro regresó a casa, la tarde ya había comenzado, no encendió la televisión ni revisó el teléfono.

Entró directo a la sala, donde Emma y Marian conversaban en voz baja, ambas levantaron la vista al verlo, y enseguida supieron que algo malo había pasado.

—¿Qué ocurrió?

—preguntó Emma, poniéndose de pie.

Alejandro dejó el saco sobre el respaldo de la silla y se pasó una mano por el rostro, se veía completamente hastiado.

—Mi padre y mi madre me citaron esta mañana pero Katia estuvo ahí.

Marian cruzó los brazos.

—Pelearon ¿Verdad?.

Alejandro no suavizó nada.

No buscó palabras amables.

Les contó todo.

Las insinuaciones sobre Caoimhe.

La preocupación de Rafael.

La postura más fría pero justa de Alicia, y como ella parece ser la única racional en esa casa.

La irrupción de Katia.

La acusación directa, y la pelea entre hermanos con el choque directo contra su papá.

El límite que él mismo había impuesto.

Y mientras hablaba Emma fue endureciendo el gesto, podía notarse como se iba irritado más y más, su cara pasó de la palidez natural a un rojo intenso.

Marian dejó de parpadear.

—¿Dijo que no confía en ti?

—preguntó Emma con incredulidad contenida.

—Sí.

—¿Y que estabas actuando como si no tuvieras esposa?

—añadió Marian.

Alejandro asintió —Si supiera que tengo dos— la pequeña broma aligeró el enojo de los tres, aunque guardaron silencio después, y ese silencio no fue pasivo, estaba lleno deue furia.

Emma caminó hacia la ventana, respirando agitada, molesta.

—No le bastó con inventar cosas sobre mí respecto a Nigel —murmuró—.

Ahora quiere usar a Caoimhe.

Marian dio un paso al frente.

—Está buscando fracturas.

Alejandro las miró a ambas con firmeza.

—Pero no las va a encontrar.

Emma giró hacia él.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque las voy a proteger de todo y de todos.

Incluida mi familia.

La frase no era una frase al aire, él estaba seguro de cumplir con esa promesa.

Marian sostuvo su mirada.

—Eso suena a que te declaró la guerra.

—Si así lo es, la enfrentaremos.

Emma volvió a sentarse, esta vez más cerca de él.

—¿Y tu madre?

¿Ella qué opina al respecto?

Alejandro exhaló más tranquilo.

—Es una aliada importante, siempre lo ha sido.

Es la única persona que logró mantener a Katia un poco centrada durante años.

Mi papá siempre tiende a sobreprotegerla pero mi mamá no.

Marian asintió.

—Entonces ella es clave para mantener a raya a tu hermana.

—Sí.

Pero no creo que sea suficiente.

Emma entendió antes de que él lo dijera.

—¿Y mis padres?

Alejandro la miró con suavidad.

—Ellos necesitan saber quién es Nigel.

Emma se quedó en silencio por unos breves segundos y bajó la mirada pero no por vergüenza, sino por el peso de la revelación.

—Si es necesario —dijo finalmente—, les contaré todo sobre Europa y mi vida con Nigel en Rotterdam.

Alejandro negó con la cabeza.

—Si, tendrás que hacerlo pero estarás sola.

Cuando lo hagas yo estaré presente.

Les diré que lo sé todo.

Que tu pasado no me representa un problema y que lo único que importa es tu presente… y nuestro futuro.

Emma lo observó con gratitud profunda.

—Pero deben estar prevenidos —continuó él—.

Si algún chisme llega a ellos, no puede ni debe sorprenderlos.

Katia no es una buena persona, aunque sea mi hermana.

Marian sintió la crudeza de esa admisión.

Había algo irreversible cuando alguien acepta en voz alta que su sangre no es garantía de lealtad.

—¿Cuándo hablarás con ellos?

—preguntó Alejandro.

—Mañana, lo haré mañana mismo, no podemos darnos el lujo de esperar más tiempo.

Alejandro asintió.

—Bien.

Es lo mejor pero esto no es solo familia, necesitamos un aliado fuerte en la empresa.

Marian entendió de inmediato.

—Ahí solo podemos contra con Caoimhe.

—Así es.

Emma no se tensó.

—Katia intentará sembrar dudas sobre ustedes dos también.

—Ya lo hizo —respondió Alejandro—.

Y por eso debo hablar con ella antes de que el rumor crezca.

Marian los miró a ambos.

—¿Qué puedo hacer yo?

—No conozco a nadie de su círculo que pueda funcionar como aliado —añadió—.

No tengo influencia en su mundo.

Emma se acercó y le tomó el hombro.

—Tu función principal es la misma de siempre.

Marian la miró, expectante.

—Mantener esta casa unida.

Alejandro bajó la vista un segundo, comprendiendo el alcance de esas palabras.

Emma continuó: —Desde que estás en nuestra vida, el amor entre nosotros se ha hecho más fuerte, más consciente y más decidido.

Marian tragó saliva.

—No es exageración— dijo Emma.

—No lo es —afirmó Alejandro—.

Si Emma y yo nos quebramos ante la presión, tú debes mantenerte firme.

Y si tú flaqueas, nosotros estaremos ahí — Alejandro sostuvo el rostro de Marian entre sus manos.

—No eres externa a esta familia.

Eres el eje invisible que nos recuerda por qué luchamos.

Los ojos de Marian brillaron, pero no por fragilidad sino por convicción.

Alejandro dio un paso al frente y tomó las manos de ambas.

—Dije que las protegería de todo pero ahora entiendo algo más importante.

No se trata de que yo las proteja.

Se trata de que nos protejamos entre los tres ¡A costa de todo¡ — Horas después, Alejandro salió solo.

El lugar elegido no era habitual.

No era uno de los restaurantes de lujo donde los empresarios de su clase cerraban contratos.

Era una pequeña cafetería que solía visitar en su juventud, discreta en una calle secundaria, con mesas de madera oscura y luz tenue.

Nadie de su círculo social lo buscaría ahí.

Caoimhe ya estaba sentada cuando llegó.

Sin maquillaje excesivo ni traje ejecutivo.

Simple.

Atenta.

—Urgente —dijo apenas él se sentó—.

Eso suena preocupante.

Alejandro fue directo.

—Katia te ha tomado como objetivo y buscará a toda costa afectarte.

Caoimhe no se sorprendió del todo.

—¿Y a mí por qué?

—Porque eres cercana a mí.

Y porque después de mi papá y el de Emma, tú y yo somos la siguiente línea de poder.

Caoimhe entrelazó los dedos.

—Eso siempre incomoda a alguien, y más si ese alguien es un interesado total.

—Ha insinuado que coqueteas conmigo.

La irlandesa soltó una risa breve.

—¿Y eso es todo?

Si supiera cuántas veces me han avisado de esas tonterías.

—Para ella, es suficiente, mi matrimonio con Emma tiene una fuerte cláusula, si ocurre una infidelidad, el causante queda excluido de la empresa, y de esa manera es donde ella entra, quiero aprovechar eso para quitarme a mi, y no dudo que use a su marido para sacar a Emma también.

Caoimhe inclinó la cabeza.

—¿Y Emma sabe esto?

—Emma sabe la verdad.

—Bien.

Alejandro sostuvo su mirada.

—Pero esto puede escalar.

Katia no busca un romance existente, solo busca fragmentar la confianza de mi papá.

Caoimhe se recargó hacia atrás ligeramente en la silla.

—Entonces necesita que tú y yo nos peleamos tras sus acusaciones.

—Exacto.

La pelirroja se quedó en silencio, un minuto de análisis estratégico.

—¿Qué necesitas de mí?

—preguntó ella finalmente.

Alejandro no titubeó.

—Tu ayuda.

Transparencia total en cada movimiento profesional, reuniones documentadas, decisiones claras.

Nada que pueda torcerse en rumor.

Caoimhe asintió para después apoyar los codos sobre la mesa.

—Katia quiere vernos caer a ambos, sabe que si logra debilitarte a ti fácilmente me puede sacar de ahí, y si rompe tu matrimonio terminará queriéndole quitar a Emma su parte.

—Lo sé.

—Entonces esto no es solo una guerra familiar, ella quiere disputar todo el poder.

—Asi es, siempre ha sido así, ella desea algo y espera que mi papá se lo entregue sin condiciones, ahora quiere la empresa.

Por eso estoy aquí.

Caoimhe lo observó con seriedad distinta.

—Te ayudaré y me ayudaré pero también necesitaré tu respaldo cuando llegue el momento.

—Lo tendrás, incondicionalmente — le respondió Alejandro.

Caoimhe sonrió apenas.

—Nunca creí que tu hermana sería tan complicada, uno siempre vive creyendo que los hermanos son una fuente de protección.

—Katia no es complicada —corrigió Alejandro—.

Es peligrosa, y enfermiza.

—Está bien, tranquilo—dijo Caoimhe—, haremos esto bien.

Alejandro respiró tranquilo por primera vez en todo el día, sabía que no estaba solo en el frente empresarial gracias a la irlandesa, y sabía que no estaba solo en el frente familiar pues contaba con su madre, Emma y Marian.

Mientras salía del pequeño restaurante, comprendió que las batallas no siempre se ganan con fuerza bruta, este tipo de batallas veces se ganan con alianzas correctas.

Y Katia acababa de subestimar algo esencial, la lealtad, y cuando esta es elegida y no impuesta, es mucho muy difícil de romper.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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