Mis Dos Esposas - Capítulo 42
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42: Verdades 42: Verdades La casa de Jan Van Dyke y Claudia Oyorzabal seguía manteniendo esa elegancia sobria que Emma recordaba essee su infancia: la madera clara llena de luz natural a través de enormes ventanales, y el orden impecable.
En esa casa y con esa familia las decisiones importantes no se gritaban, siempre se analizaban.
Emma llegó sola a visitar a sus papás, a pesar de que Alejandro había insistido en acompañarla, pero ella decidió que la primera conversación debía ser suya, después de todo fue una parte de su vida anterior a su esposo.
Cuando Claudia abrió la puerta, supo de inmediato que no se trataba de una visita casual, la cara preocupada de Emma la delataba.
—Pasa, hija ¿Estás bien?.
Jan estaba en el estudio, revisando documentos.
Levantó la vista al verla entrar.
—Emma.
¿Qué pasa?
Ella cerró la puerta con suavidad.
—Necesito hablar con ustedes— Su tono fue uno que ella solo usaba en momentos de verdadera seriedad, lo que hizo que ambos padres se miraran con preocupación.
Claudia se sentó primero mientras que Jan dejó los papeles a un lado.
Emma permaneció de pie unos segundos antes de decidir sentarse frente a ellos.
—Quiero contarles algo sobre Nigel— El nombre hizo que el ambiente cambiara, después de todo se trataba del esposo de la hija de sus socios y amigos más cercanos.
Jan cruzó las manos sobre el escritorio.
—Te escuchamos hija ¿ Qué es lo que pasa?
Emma sostuvo la mirada de su padre, pero su cara denotaba la vergüenza —Cuando viví en los Países Bajos… tuve una relación con él.
Claudia se sorprendió, pero contuvo su expresión para que su hija continuara —Duró tres años lo nuestro.
Jan frunció apenas el ceño.
—Tres años es mucho tiempo, eso exactamente¿Cuándo ocurrió Emma?
—Lo sé.
Emma bajó la vista un segundo, no por culpa, sino por el peso del recuerdo.
— Inició hace poco más de cuatro años y términó porque debía regresar a México, ya tenía un compromiso con Alejandro y con ustedes.
Aunque no era formal era real.
Sabía que mi lugar estaba aquí.
Claudia la observó con atención materna.
—¿Lo amabas?
Emma pensó antes de responder.
—Sí, aunque ya no significa nada, cumplí su palabra y al final Alejandro me gustó y me enamoré de él.
Jan asintió lentamente.
—Si no te hubiera gustado, ¿Te habrías ido?
Emma tragó saliva.
—Sí, ahora estoy segura que sí, aunque no sé cómo hubieran reaccionado ustedes.
Los dos padres guardaron silencio, nunca imaginaron que un compromiso como el que ellos hicieron a la ligera por mero interés pudiera haberle destruido la vida a su hija, o a su familia.
Emma continuó —Durante esos tres años, Nigel también tenía una relación con Katia.
Ellos empezaron un año antes de que yo lo conociera.
Jan se enderezó en la silla.
—¿Estás segura de eso?
—Completamente.
Lo supe el día que Katia regresó y lo presentó como su esposo.
Él nunca me lo dijo.
Yo nunca supe que estaba con ella.
Para mí, él estaba soltero.
Claudia cerró los ojos un instante.
—Entonces él le fue infiel a Katia contigo.
—Sí.
Así fue.
Jan apretó la mandíbula.
—¿Segura que tú no lo sabías?
—Poe supuesto que no, de haberlo sabido, jamás habría seguido con él, ni siquiera había iniciado una relación.i Claudia extendió la mano y la apoyó sobre la de su hija.
—Te creemos, no te preocupes.
La respuesta fue inmediata.
Jan no tardó en asentir.
—Te apoyaremos hija Emma sintió cómo una parte de la presión se aflojaba, sintió como su pecho y su cabeza se liberaban de fantasmas.
Pero aún faltaba lo más delicado.
—Ahora Nigel le dijo a Katia que yo lo acosaba, que siempre lo buscaba, y que él me rechazaba pues siempre me dejó en claro que tenía una relación.
Jan solo la miró con un aire de molesta.
—Conveniente para él..
—Muy conveniente —añadió Claudia con frialdad.
Emma habló después de ver la reacción de los dos —Por favor… no crean ninguna mentira que llegue a ustedes.
Ni de él.
Ni de Katia.
Jan la observó con intensidad analítica.
—¿Crees que esto escalará?
—Sí, por supuesto.
Nigel lo dijo por salvar su pellejo pero ahora Katia lo usará para destruirme, para romper mi matrimonio, o al menos quebrar la confianza de Rafael en nosotros y quitarnos poder en la empresa.
La respuesta no tuvo vacilación.
—Katia está sembrando sospechas en la familia de Alejandro.
Y además de dañar nuestra relación podría intentar usar otras cosas más para afectar a Alejandro en la empresa.
Claudia inclinó la cabeza.
—¿Alejandro sabe todo esto?
—Sí mamá.
Él sabe todo prácticamente desde el inicio de nuestra relación, ambos decidimos que teníamos que revelarnos la verdad de nuestro pasado, al final todo era arreglado, y al menos deberíamos conocernos bien.
Jan evaluó esa información.
—¿Y qué postura ha tomado?
Emma sonrió apenas.
—Está de mi lado, confía en que todo lo que le dije es la verdad.
La firmeza en su voz fue suficiente.
Jan apoyó los codos en el escritorio.
—El problema no es solo personal.
Emma asintió.
—Lo sé.
Claudia habló entonces con la serenidad que la caracterizaba.
—Rafael defiende a Katia a capa y espada, siempre ha sido así, seguro ahora buscará indagar más en esto, si es que ya lo sabe.
Emma asintió nuevamente.
—Eso es lo que más me preocupa.
Jan continuó —Si confrontamos directamente a Rafael sin pruebas sólidas, generaremos una fractura en la empresa y en la amistad, Katia es intocable para él.
—Y eso podría arruinarnos a todos, incluidos los Belmonte—añadió Claudia.
Emma guardó silencio.
Sabía que tenían razón.
El corporativo no era solo un apellido, o los dos.
Eran cientos de empleados, contratos internacionales.
Proyectos en curso.
Un conflicto interno mal manejado podía desestabilizarlo todo.
Jan se levantó y caminó hacia la ventana.
—Nigel es un riesgo.
—Lo es, pero solo actuará si está completamente respaldado por Katia, si ella duda de él, su influencia en esa casa se va a acabar—confirmó Emma.
—Pero no podemos atacarlo sin pruebas.
Claudia miró a su esposo.
—Necesitamos información antes de mover cualquier pieza.
Jan volvió a sentarse.
—Por ahora, nos mantendremos alertas, y por favor no le crean nada a Katia ni a Nigel.
Emma asintió.
—Eso es todo lo que pido.
—No haremos nada precipitado —continuó Jan—.
No mientras Rafael esté tan firme en la defensa de su hija.
Claudia añadió: —Pero si esto escala… si las mentiras afectan directamente la estabilidad de la empresa o tu reputación formalmente… actuaremos, sin importar que Rafael estalle contra mí o la sociedad.
Emma sintió el peso de esa promesa.
No era una amenaza ligera.
Era una advertencia medida.
—Gracias papá.
Jan la miró con más suavidad ahora.
—Hay algo más que quiero saber Emma.
Ella lo miró directamente—¿Estás en paz con tu pasado?
La pregunta la tomó desprevenida.
Pensó en Nigel y en sus años de juventud en Europa y en la difícil decisión de regresar, y sobre todo en Alejandro.
—Sí —respondió finalmente—.
No me avergüenza haber amado mal, no cometí un error, pero yo fui la víctima, y también Katia, aunque sea una perra, pero sí me avergonzaría mentir ahora.
Claudia sonrió levemente.
—Entonces estamos tranquilos.
Jan asintió.
—Te creemos hija, todo va a estar bien..
—¿Katia sabe que tú desconocías su relación con Nigel?
—preguntó Claudia.
—No lo sé.
Pero supongo que ella nunca supo que él la engañó.
Jan negó con la cabeza.
—Le importará si en algún momento la verdad se expone con pruebas.
Emma frunció el ceño.
—¿Crees que eso será necesario?
Jan respondió con calma empresarial.
—Espero que no lo sea, pero debemos contemplar todos los escenarios, incluyendo el peor de todos.
Claudia apretó suavemente la mano de su hija.—Lo importante es que no estás sola.
Emma respiró más ligera —Alejandro quería venir conmigo, me dijo que si era necesario estaría aquí para decirles que lo sabe todo y que él no duda de mi.
Que mi pasado no le representa un problema.
Jan sonrió apenas —Eso habla bien de él.
Emma sintió una calidez tranquila expandirse en su pecho.
—Solo necesitaba que ustedes lo supieran antes de que alguien intentara distorsionar la realidad.
Jan y Claudia respondieron al unísono —Hiciste lo correcto, la transparencia siempre es la mejor defensa.
Emma cerró los ojos un segundo y abrazó a sus padres permitiéndose ese refugio.
Cuando se separaron, Jan volvió a su tono más frío.
—Manténgamos la vigilancia discreta, si Nigel o Katia intentan algo más directo, entonces actuaremos con precisión.
—No impulsivamente —añadió Claudia.
Emma asintió.
Entendía que en ese momento el equilibrio era lo mejor, no era el momento de confrontarlos.
Era el momento de observar.
Antes de salir, Jan añadió una última cosa.
—Recuerda esto, Emma: los conflictos familiares pueden sobrevivirse.
Las guerras empresariales mal manejadas, no.
Ella comprendió el mensaje.
—Lo sé papá, hay mucho en juego, por eso Katia está actuando de esta manera.
Claudia la acompañó hasta la puerta.
—¿Cómo está Alejandro?
—Firme, pero tranquilo, no es un conflicto entre nosostros.
—Me alegro hija.
Cuando salió a la calle y subió al automóvil, sintió que algo se había alineado.
No había escándalo ni reproches, lo que sí hubo sobre todo, fue claridad, Emma salió tranquila por qué sus padres por fin conocían la verdad, y si el conflicto crecía, no estarían desprevenidos Nigel podía mentir y Katia podía manipular.
Mientras conducía de regreso a casa, Emma entendió que el tablero se estaba acomodando lentamente y debían tener todo preparado para cuando Katia se decidiera a atacarlos directamente, pero ahora ellos estaban unidos y sobre todo, preparados.
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