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Mis Dos Esposas - Capítulo 43

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43: Provocaciones 43: Provocaciones La mañana siguiente amaneció con una calma engañosa pues Katia volvió a acompañar a su padre al corporativo.

E igual que siempre lo hizo con la elegancia calculada de quien ya no se presenta como invitada, sino como aspirante a dominarlo todo.

Rafael caminaba a su lado con visible orgullo —Es bueno que te intereses más —le dijo mientras cruzaban el lobby.

—No quiero que me tomen por sorpresa papá —respondió ella con una sonrisa— Después de todo la empresa también es mía.

Mientras en otro punto de la ciudad, Alejandro permanecía en casa, ese día no tenía citas programadas en el corporativo así que había decidido aprovechar el día para revisar pendientes de Rafael y Jan.

Aunque en realidad, su mente estaba en otra parte.

Por la tarde hablaría con Emma y Marian, los tres necesitaban coordinación absoluta.

Emma, por su parte, había asistido a una reunión con el equipo de publicistas.

La introducción de la primera cerveza O’Leary en México era un proyecto ambicioso que se daría en pocos meses, por lo que la campaña debía ser impecable.

Su voz se movía con seguridad entre los conceptos creativos, el desarrollo de marca, los análisis de mercado y por último la aplicación publicitaria.

Y Marian impartía sus clases con la misma disciplina de siempre.

Sonreía y corregía técnicas o supervisaba tiempos.

Nada en su exterior revelaba que la guerra silenciosa seguía activa.

Todo marchaba con normalidad hasta que llegó Katia y decidió romperla.

— Caoimhe estaba en su despacho revisando contratos cuando tocaron la puerta.

—Adelante— dijo la pelirroja.

Por lo que Katia entró sin titubear, y como siempre vestía de manera impecable.

Además de su actitud altiva acompañada de una sonrisa leve y mirada calculadora.

—Buenos días, Caoimhe.

—Buenos días, Katia.

La irlandesa cerró la carpeta frente a ella y la invitó a sentarse.

—¿En qué puedo ayudarte?

Katia cruzó las piernas con elegancia al tiempo que comenzaba a hablar —Solo quería conversar contigo pues he notado ciertas cosas…

extrañas.

Caoimhe no parpadeó.

—¿Qué tipo de cosas?

—Algunas como la forma en que miras a mi hermano.

Caoimhe sostuvo la mirada.

—Disculpa, siempre había creído que mi español era muy bueno, pero la verdad no entiendo de qué hablas.

—Claro que entiendes —continuó Katia con voz suave—.

Y también he notado cómo él te mira a ti.

Lo conozco de toda la vida, no puede engañarme ni ocultarme nada.

La irlandesa mantuvo el tono y la actitud lo más neutra posible —Alejandro y yo somos socios.

—Eso es lo que suelen decir en situaciones como estás.

Katia hizo una pausa breve para continuar hablando.

—No confío en Emma —añadió Katia de pronto—.

Nunca lo he hecho.

Caoimhe respondió casi de inmediato.

—¿Y eso por qué se supone que es de mi incumbencia?

Katia inclinó el torso hacia la pelirroja —Porque me parece evidente que Alejandro merece algo mejor.

Katia era muy hábil para desplegar trampas de ese tipo con elegancia inusitada.

—¿Mejor en qué sentido?

—Tú sabes de qué hablo, él necesita a alguien más atractiva, más inteligente y más fuerte que esa mosca muerta.

Alguien como tú, por ejemplo.

Caoimhe la analizó en silencio.

—Es un halago curioso, sabes —respondió con serenidad, aunque estuvo a punto de reirse— Pero no tengo esas intenciones con tu hermano, no tampoco tengo deseo alguno de traicionar a tu cuñada que muy amablemente me ha brindado su amistad y abierto las puertas de su casa.

Katia sonrió apenas.

—Entonces ¿Vas a negar lo evidente?

—No me parece que sea algo evidente, así que sí te go que negar tus acusacio es.

Somos socios…

y a lo mucho podría considerarlo mi amigo.

—¿No has notado nada más allá de lo profesional de su parte?

Creí que eras más perceptiva.

—No.

No he notado nada, y más allá de eso lo hemos hablado, incluso con su esposa, una relación comercial tan importante no puede dejar ese tipo de situaciones al aire.

La respuesta de Caiomhe fue firme.

Katia evaluó el rostro de la pelirroja buscando fisuras.

No encontró ninguna, y eso la molestó de sobremanera.

—Es extraño —continuó Katia—.

Desde afuera parece todo distinto.

—Desde afuera se pueden malinterpretar muchas cosas, y es peor cuando se tiene el deseo de malinterpretar.

Katia cambió de postura y de argumento.

—También he escuchado que frecuentas demasiado su casa.

Caoimhe no perdió el ritmo.

—Creo que para hablar tan bien el español tienes problemas con lo que escuchas, te mencioné que conozco a su esposa, y que ella, además de su chef, me han brindado su amistad.

El tono no fue casual al mencionar a Marian.

Los ojos de Katia se endurecieron apenas la escuchó, me desagradaba aún más que Emma, y ella no sabía la realidad de Marian en esa casa.

—No quiero ver a esa mujer, ni siquiera me interesa mencionarla.

Caoimhe la miró con cierta molestia.

—¿A cuál?

—La chef.

Esa tal Marian.

Katia soltó una frase característica de ella.

—No estoy acostumbrada a lidiar con gente de tez humilde.

La frase era una provocación directa.

Caoimhe sintió la sangre hervirle en las sienes, Emma le agradaba, pero de esa casa era Marian quien le provocaba genuino afecto, quizás se veía reflejada en ella y las complejidades que afrontaron ambas en sus respectivas infancias, sin embargo había prometido a Alejandro mantener la calma.

Pero aquello cruzaba toda línea.

—No estoy acostumbrada a segregar a la gente por su piel ni por nada —respondió con voz firme— En Europa se dice que “los irlandeses somos los negros de Europa”, pues el resto de europeos siempre nos han segregado.

Así que nosotros no podemos actuar de la misma manera que tanto daño le ha hecho a mi país.

Katia la observó con una mezcla de irritación y cálculo, parecía que no tenía manera de ganarse el apoyo de la pelirroja.

—Qué interesante discurso, digno de Naciones Unidas o Miss Universo.

—No es un discurso, es experiencia de vida.

Katia apoyó los dedos sobre el escritorio.

—Marian no pertenece a este entorno.

—Eso no lo decides tú, sin embargo ella pertenece a su trabajo y dónde esté la lleve.

—No es asi.

Lo decide el linaje, eso siempre define quienes somos y seremos.

La irlandesa se permitió una sonrisa mínima, una sarcástica.

—En mi país aprendimos que el linaje no paga deudas ni construye empresas.

El trabajo sí.

Katia entrecerró los ojos, ya estaba muy molesta.—Defiendes demasiado a esa mujer.

Caoimhe inclinó apenas la cabeza.

—Defiendo el respeto a todas las personas, pero bueno, Marian es alguien que me ha tratado muy bien, no tengo porque no corresponderle.

Katia cambió de estrategia al sentir que la tensión crecía entre ambas, y la irritación de Caiomhe lo hacía aún más.

—No soy tu enemiga, de hecho, creo que podríamos ayudarnos.

Ahí estaba el verdadero propósito de su visita.

—¿Ayudarnos en qué sentido?

—preguntó la irlandesa.

—Emma no es la mujer adecuada para Alejandro.

—Pero ella es su esposa.

—Eso puede cambiar— dijo coninsinuación fue directa.

Caoimhe respondió con toda tranquilidad —¿Y qué es lo que tú buscas con ello?

Katia se inclinó hacia adelante, bajando ligeramente la voz.

—Quiero sacar a Emma del camino.

La frase fue clara y sin adornos.

—¿Y luego qué?

—Luego Alejandro necesitará apoyo.

Apoyo de una mujer fuerte, de alguien que ya esté a su lado.

La trampa volvía a desplegarse.

—Sigues en pie como candidata perfecta.

Caoimhe mantuvo la expresión neutra.

—¿Y por qué crees que él aceptaría algo así?

—Los hombres aceptan lo que se les presenta cuando su mundo se sacude lo suficiente.

Caoimhe respondió—¿Qué te hace decir eso?

—Bueno, el matrimonio de mi hermano fue arreglado, es probable que esos dos no siquiera se gusten.

Caiomhe le siguió la corriente —¿Y qué ganarías tú?

Katia sonrió.

—Estabilidad en la empresa.

Control en la familia.

Y evitar que más herederos fragmenten mi patrimonio.

Ahí estaba la verdad desnuda.

Caoimhe la observó con detenimiento.

—No es amor lo que te mueve, eso no es algo leal tratándose de tu hermano y tu familia.

—El amor es un lujo, y no tengo necesidad de ese tipo de lujos, cuando puedo tener todos los que el dinero me ofrece.

La frialdad de la respuesta confirmó todo.

Caoimhe fingió reflexión.

—Es una propuesta que requiere análiis ¿Podría pensarlo?

Katia sonrió satisfecha.

—Claro, tómate tu tiempo —Dijo al tiempo que se levantó de la silla.

Caoimhe también se levantó.

—De acuerdo, lo pensaré.

Katia dio un paso hacia ella, reduciendo la distancia personal.

—Espero que tomes la decisión correcta.

Caoimhe sostuvo su mirada sin retroceder.

—Siempre lo he hecho, por eso he llegado hasta aquí.

Katia sonrió al escuchar eso pues sintió que la pelirroja por fin había aceptado que su naturaleza era idéntica a la de ella.

Y entonces, con una naturalidad que descolocó a Katia, la irlandesa se inclinó y la abrazó con fuerza Fue un gesto inesperado, que remató con un beso en la mejilla, además el abrazo se sostuvo un segundo más de lo convencional.

Lo suficiente para invadir e incomodar a Katia.

Caoimhe bajó ligeramente la voz, apenas audible.

—Créeme, Katia cuando te digo que está charla fue grandiosa y me gustaría conocerte mejor.

El cuerpo de Katia se tensó No esperaba eso, no ese actuar.

Se apartó un paso.

—Qué… comentario tan extraño.

Caoimhe sonrió con serenidad absoluta.

—Pensé que querías una socia en tu cruzada, creo que me equivoqué.p Katia sintió, por primera vez en la conversación, que había perdido control, había revelado demasiado y había expuesto su intención sin obtener confesión alguna.

Y a cambio recibía una burla de parte de Caiomhe, o cuando menos deseaba que eso fuera lo que recibió y no algo más.

—¿Lo pensarás Caiomhe?—repitió con rigidez.

—Lo haré.

Katia salió del despacho con paso firme, pero el ritmo de sus tacones traicionaba cierta prisa.

Cuando la puerta se cerró, la tranquilidad regresó a Caoimhe que dió media vuelta y caminó hacia su escritorio.

Abrió la aplicación de seguridad en su computadora y revisó el archivo recién generado, uno de audio y video con claridad perfecta.

Había grabado la conversación completa y la propuesta explícita.

La intención era sacar a Emma del camino.

Caoimhe soltó una risa muy tenue —Error grave, Katia.

Nunca pensé que intentarías algo tan tonto como esto.

Tomó su teléfono.

Escribió un mensaje breve a Alejandro: “Tenemos que hablar esta tarde.

Es urgente.

Y muy interesante.” Miró de nuevo la grabación porque ya sabía exactamente a quién más debía mostrarla, a Emma y también a Marian.

La jugada que Katia creyó astuta acababa de convertirse en evidencia en su contra.

Caoimhe cerró el archivo con cuidado.

La guerra ya no era silenciosa ni era especulación.

Era una de ataques directos.

Pero ahora había una prueba, y eso que todo apenas estaba comenzando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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