Mis Dos Esposas - Capítulo 47
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47: Cumpliendo fantasías.
47: Cumpliendo fantasías.
Alejandro y Marian sabían que esta noche sería especial, una oportunidad para sanar las heridas del pasado y explorar nuevas fronteras en su relación.
Marian con sus celos a cuestas, se había prometido a sí misma compensar a Alejandro por sus dudas y desconfianza.
Quería demostrarle cuánto lo amaba y cuánto valoraba su confianza.
Alejandro ya estaba solo con su ropa interior, mostrando su cuerpo en espera de su esposa, Lucía su abdomen perfectamente trabajado que combinaba con su cuerpo bien entrenado.
Ella entró poco después, luciendo un negligé de encaje blanco que contrastaba con su piel de ébano y realzaba sus curvas, su bien torneadas piernas, y sobre todo, sus senos tan bien formados y de un tamaño bastante prominente que con esa ropa dejaba muy poco a la imaginación, los ojos de ambos se encontraron y en ese instante, todo lo demás perdió importancia.
Solo existían ellos dos, perdidos en su propio mundo de pasión y reconciliación.
Marian se acercó lentamente.
Se detuvo al pie de la cama dejando que Alejandro la admirara mientras dió la vuelta para que él la viera completamente, él le extendió una mano invitándola a unirse a él.
Cuando sus cuerpos se tocaron, ambos tuvieron un leve escalofrío y comenzaron a besarse, poco a poco sus besos se volvieron más intensos.
Las manos de Alejandro exploraron cada rincón de su cuerpo, hasta llegar a sus senos, tan grandes y suaves como siempre, él los chupó y beso tanto como pudo, no cambian en sus manos ni en su boca.
Marian gimió suavemente perdida en el placer que esto le daba.
Ella susurró, con su voz temblando de deseo —Alejandro quiero compensarte, voy a cumplir tus más profundos deseos.
Él miró sus ojos llenos de amor y lujuria.
—ya me has dado todo tu amor.
Eres todo lo que necesito.
Ella sonrió, sus ojos brillando con determinación.
—Aún hay algo más, algo que has querido hacer antes y yo no, pero ahora, ahora voy a hacerlo para ti— dijo ella mientras se quitaba el resto de la ropa interior y se daba vuelta exponiendo su hermosa espalda baja.
Alejandro supo de inmediato a qué se refería, por fin cumpliría una fantasía suya que ella siempre había rechazado, pero que él ya había disfrutado con Emma.
Marian se lo estaba ofreciendo ahora, como un acto amor y sumisión.
La idea lo excitó profundamente, pero también lo conmovió.
Sabía lo mucho que esto significaba para ella.
—Marian, no tienes que hacerlo si no quieres, entiendo lo difícil que esto puede ser para ti— dijo suavemente, queriendo asegurarse de que ella segura.
Ella lo silenció con un beso, sus labios firmemente presionados contra los suyos — Lo quiero, Alejandro.
Quiero sentirte de todas las maneras posibles y quiero que me enseñes a disfrutarlo.
Él la guió a la cama mientras su cuerpo estaba temblando de anticipación.
Marian se puso de rodillas en ella con la respiración acelerada.
Alejandro tomó un lubricante y un preservativo del cajón de la mesita de noche, aplicándolo generosamente en sus dedos.
Comenzó a acariciar suavemente el área, preparándola paciencia y ternura, Marian se tensó al principio pero con cada caricia, se relajó más confiando plenamente en él.
Cuando estuvo lista, Alejandro se posicionó detrás de ella y con movimientos lentos y controlados fue entrando poco a poco.
Marian se aferró a las sábanas mientras sus nudillos estaban blancos por la tensión.
Pero a medida que él se movía dentro de ella, una nueva sensación de placer comenzó a crecer.
Era algo diferente, intenso y completamente abrumador.
Marian gimió fuerte, no tuvo reparo en bajar la voz, que sus gemidos llenaron la habitación.
Alejandro la sostuvo con cuidado mientras sus cuerpos estaban unidos en una danza de reconciliación y deseo.
Cada embestida era un acto de amor y cada gemido una promesa de un nuevo comienzo.
Marian sintió una oleada de placer y su cuerpo temblaba con mucha intensidad mientras ella disfrutaba su primer orgasmo de esta nueva vía.
Alejandro la siguió poco después, su liberación una explosión de éxtasis compartido.
Ambos se derrumbaron en la cama, sus cuerpos seguían enredados y sus corazones seguían latiendo al unísono.
Marian se acurrucó contra él con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
—Te amo, Alejandro— susurró.
Él la besó suavemente en la frente.
—Y yo a ti, Marian, siempre.
En ese momento ya sabían que habían superado otro obstáculo en su relación, fortalecían su vínculo con cada nueva experiencia.
Y aunque el camino no siempre era fácil, estaban dispuestos a enfrentarlo juntos, después de mucho tiempo esa no fue una noche de celos ni de dudas.
Fue una noche de reafirmación.
Cuando finalmente descansaron, Marian apoyó la cabeza en su pecho.
—Gracias por no rendirte conmigo.
Alejandro besó su cabello —Nunca fue una opción.
Alejandro y Marian yacían en la cama, sus cuerpos saciados y sus corazones llenos de una paz profunda.
La intensidad de su encuentro había dejado una marca indeleble en ambos, un recordatorio de la pasión y la confianza que compartían.
Marian acurrucada contra el pecho de Alejandro, trazó suaves círculos en su piel, perdida en sus pensamientos.
En la habitación contigua al mismo tiempo que Marian y Alejandro mantenían su encuentro, Emma escuchaba atentamente los sonidos que provenían del encuentro de Marian y Alejandro.
Su corazón latía con mezcla de excitación y deseo.
Sabía que esta noche sería especial, que Alejandro y Marian estarían juntos, ambas lo habían hablado y ella, estado en soledad, se permitió explorar sus propios deseos.
Emma se recostó en la cama con su cuerpo desnudo sobre las sábanas de seda, cerró sus ojos, imaginando la escena que se había desarrollado en la otra habitación.
Los gemidos y gritos de Marian eran música para sus oídos, contrario a lo que cualquiera pudiera pensar, no le generaban celos, eran para ella una sinfonía de placer que la excitaba profundamente.
Con una mano, comenzó a explorar su cuerpo, siguiendo el de los sonidos que escuchaba.
Sus dedos trazaron un camino suave y lento por su piel, deteniéndose en puntos sensibles, tocaba sus senos con algo de ansiedad y con la otra mano comenzó a acariciar ligeramente su pelvis.
Emma gimió suavemente, su respiración se agitaba con cada caricia.
Mientras ella se tocaba podía imaginar a Alejandro y Marian que en conjunto con los gemidos de ambos le hicieron mucho más sencilla la tarea de excitar sus sentidos.
Sus dedos encontraron su clítoris, y comenzó a moverlos en círculos suaves, sincronizando sus movimientos con los sonidos de la otra habitación.
Marian y Alejandro, perdidos en su propio éxtasis, escucharon los sonidos de Emma a través de la pared.
Marian levantó la cabeza, sus ojos llenos de una mezcla de curiosidad y excitación.
—Es Emma— susurró, una sonrisa jugando en sus labios.
—La estamos excitando.
Alejandro sonrió, una sonrisa llena de lujuria y satisfacción.
—Parece que sí.
¿Qué te gustaría hacer al respecto?
Marian lo miró, sus ojos brillando con una idea —Ve a buscarla, ella también desea compensarte por los celos que ha mostrado, ambas lo hablamos y queríamos disculparnos de esta manera.
Hazle saber cuánto la deseas y la amas.
Alejandro asintió, su erección aún estaba firme y él estaba listo para complacer a ambas.
Se levantó de la cama luciendo su cuerpo desnudo y atractivo.
Marian lo observó irse aún sintiendo deseo por él.
Sabía que esta noche sería una noche descubrimiento y placer para todos.
Alejandro entró en la habitación de Emma, encontrándola prácticamente desnuda, jadeante y su cuerpo brillante de sudor.
Ella lo miró con deseo, sus ojos llenos de lujuria —Alejandro ¿Qué haces aquí?
susurró.
—Estaba pensando en ti— le respondió él.
Emma sonrió, una sonrisa llena de promesa.
—Entonces, ven aquí.
Quiero darte algo que nunca te he dado antes.
Alejandro se detuvo frente a ella, su erección era palpable y enorme.
Emma lo recostó en la cama y se arrodilló ante él, sus manos acariciaban sus muslos con suavidad y poco a poco se acercaron a su miembro acariciándolo con calma.
Lo miró con sus ojos llenos de deseo y determinación.
—Quiero probarte Alejandro, quiero sentirte en mi boca.
Él gimió, su cuerpo temblando de anticipación —Emma, no tienes que hacerlo si no quieres— sabía que era algo que ella nunca había disfrutado.
Ella lo silenció con un beso suave en la punta del pene.
—Quiero hacerlo y que te sientas tan bien como lo hiciste con Marian.
Emma comenzó a explorar su longitud con la lengua, sus movimientos lentos y deliberados.
Alejandro gimió, sus manos enredadas en su cabello, guiándola suavemente.
Cada lametón, cada beso, era una nueva sensación, una explosión de un placer que nunca había experimentado con ella.
Marian, en la otra habitación al escucharlo se tocó a sí misma también, Emma le dijo lo que haría cuando lo tuviera, y ella se imaginó la escena.
Podía escuchar los gemidos de Alejandro, los sonidos de placer que emitía mientras Emma lo complacía.
La idea de compartir a su esposo y de verlo disfrutar con otra, la excitaba profundamente.
Emma lo tomó completo en su boca, sus movimientos sincronizados con los de él.
Emma continuó su exploración con su boca y su lengua trabajando en perfecta sincronía para llevar a Alejandro al borde del éxtasis.
Cada movimiento era una muestra de su deseo y su voluntad de complacerlo y compensarlo tras no confiar en él, con una promesa de un placer sin límites.
Alejandro gimió, cada gemido era un testimonio de su creciente excitación.
—Emma— jadeó, sus manos apretando su cabello con más fuerza.
—Eres increíble.
No te detengas.
Ella no tenía intención de hacerlo.
Sus movimientos se volvieron más rápidos y constantes.
Alejandro podía sentir la oleada de su orgasmo y su cuerpo tensándose con cada movimiento de Emma, mientras ella sintiendo su inminente liberación aumentó el ritmo, decidida a llevarlo al límite.
Con un gemido final, se liberó en la boca de Emma, su cuerpo temblando con la intensidad de la eyaculación.
Ella lo sostuvo con las manos, sus labios y lengua continuando su dulce tortura hasta que él se derrumbó, satisfecho y agotado.
Emma se levantó, sus ojos brillaban de satisfacción mientras Alejandro, aún recuperándose, la miró con una mezcla de asombro y gratitud.
—Emma, eso fue…
increíble.
Ella sonrió, una sonrisa llena de orgullo y amor.
—Me alegra haberte complacido, Alejandro Quería compensarte por todo, perdóname.
Alejandro la atrajo hacia él, sus brazos envolviéndola en un abrazo cálido y protector.
—Te amo En la otra habitación, Marian, aún perdida en su propio placer, alcanzó su propio clímax, su cuerpo temblando con la intensidad de su orgasmo.
Podía escuchar los sonidos de Alejandro y Emma, sus gemidos de satisfacción, y eso solo aumentaron su propia felicidad.
Alejandro y Emma se quedaron abrazados, sus cuerpos aún unidos en un momento de pura intimidad.
—Emma— susurró Alejandro, su voz llena de emoción, —Te amo, más de lo que jamás podré expresar.” Ella lo beso suavemente, un beso lleno de promesa y amor.
—Y yo a ti, Alejandro.
En ese momento, ellos habían fortalecido su vínculo con cada nueva experiencia.
Y aunque el camino no siempre era fácil, estaban dispuestos a enfrentarlo juntos…
los tres.
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