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Mis Dos Esposas - Capítulo 49

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  3. Capítulo 49 - 49 Belmonte - Van Dyke
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49: Belmonte – Van Dyke 49: Belmonte – Van Dyke Mucho antes de que existiera el corporativo Belmonte-Van Dyke, antes de los edificios de cristal, las juntas de consejo y los contratos millonarios, todo había empezado de forma mucho más simple.

Con dos jóvenes ambiciosos: Rafael Belmonte y Jan Van Dyke se conocieron cuando apenas tenían poco más de veinte años.

Fue en la Ciudad de México, durante un foro empresarial para jóvenes inversionistas, dicho foro fue organizado por una universidad privada.

Desde ese momento Rafael ya mostraba el carácter fuerte que lo definiría toda su vida: era directo, competitivo, con una seguridad casi arrogante.

Jan, en cambio, tenía otro estilo, era más calculador, más observador y pragmático.

Jan, contrario a lo que cualquiers.pudiera pensar por su nombre y aspecto, había nacido en México, hijo de padres neerlandeses que habían construido una pequeña empresa cervecera años atrás.

Creció escuchando dos idiomas, neerlandés en casa, y el español en todas partes, además aprendiendo desde niño cómo funcionaban los negocios familiares.

Aquel día, durante un descanso del foro, escuchó a Rafael discutír con un expositor sobre los riesgos de invertir en transporte marítimo.

—México está desaprovechando su posición geográfica —decía Rafael—.

Podríamos mover mercancía hacia tres continentes y seguimos actuando como intermediarios de segunda.

Tenemos acceso a toda América, y nuestros puertos nos permiten alcanzar África, Europa y Asia.

Jan, que escuchaba desde una mesa cercana, intervino.

—Eso es porque nadie quiere asumir el costo inicial.

Rafael lo miró con sorpresa.

—¿Y tú sí te atreverías?

Jan lo miró directo —Si se hace bien, la recompensa sería enorme.

Rafael sonrió por primera vez, se convenció que ese hombre podría ser una buena compañía y socio a partir de ahí.

—¿Cómo te llamas?

—soy Jan Van Dyke.

—Rafael Belmonte, un gusto.

Eso fue solo el inicio de una larga sociedad y amistad, y ahora eran familia también.

Primero fueron conversaciones, y algo de trabajo conjunto, luego proyectos pequeños, y en poco tiempo aparecieron los negocios reales.

Durante los siguientes años ambos comenzaron a invertir juntos en distintas áreas: transporte, almacenamiento, distribución.

No siempre ganaban, pero aprendieron rápido, en menos de dos años ya habían establecido su primera cervecera local.

Rafael era un hombre impulsivo, mientras que Jan era estratégico y analítico, esa combinación funcionaba a la perfección.

Con el tiempo, la relación dejó de ser únicamente profesional.

Las familias comenzaron a conocerse, Alicia Muriel, que en ese entonces era novia de Rafael, simpatizaba con Jan desde el primer día, de la misma manera que Claudia Oyorzabal que recién había contraído nupcias con Jan, hacia migas de inmediato con Alicia.

—Es el único que puede discutir contigo sin terminar peleando —solía bromear Alicia con Jan sobre la actitud siempre beligerante de Rafael.

Los años pasaron, los negocios crecieron y la amistad también.

Cuando nacieron los hijos de ambos, la relación entre las dos familias se volvió todavía más cercana.

Emma Van Dyke creció viendo a Rafael como una figura casi familiar.

Alejandro Belmonte creció escuchando el nombre de Jan como si fuera parte natural del mundo de los negocios de su padre.

Ambos padres decidieron que lo mejor sería que sus hijos de unieran en matrimonio, su vida estaba decidida desde su nacimiento, confirmada tras la infancia de ambos, Emma y Alejandro tuvieron una infancia y adolescencia fuera de lo común, solo preparados para él día en que we unieran en matrimonio y controlaran posteriormente todo el emporio de ambas familias.

Después de todo la historia de todos había estado entrelazada desde el inicio.

La boda terminó consolidando algo que llevaba décadas gestándose, desde el inicio de la sociedad.

Fue la fusión definitiva de los negocios.

Así nació formalmente el Corporativo Belmonte–Van Dyke: Un imperio construido por dos hombres que comenzaron siendo solo un par de jóvenes con ambición y terminaron convertidos en empresarios que dominaban gran parte del mercado, no solo en su país, ahora por toda América Latina y gran parte de Europa y Estados Unidos.

Pero ahora, décadas después, esa alianza comenzaba a crujir, y todo debido a la hija obsesiva y ambiciosa de Rafael Belmonte.

— La sala de juntas estaba en silencio.

La reunión del Consejo Directivo había comenzado hacía apenas diez minutos, pero la tensión en el ambiente era evidente.

Rafael Belmonte estaba de pie frente a la mesa, mientras Jan se encontraba sentado al otro extremo.

Alejandro estaba sentado a la mitad de ella, mientras todos ellos estaban rodeados de varios ejecutivos que observaban con atención.

Rafael habló con voz firme —He tomado una decisión administrativa respecto a la división internacional.

Jan lo miró con calma, tenía pleno conocimiento de lo que deseaba hacer.

—Te escuchamos.

Rafael comenzó a hablar mientras acomodaba unos documentos sobre la mesa—Caiomhe O’Leary será transferida a otra división.

A partir del próximo mes trabajará bajo la supervisión directa de Katia.

Un silencio pesado recorrió la sala.

Alejandro levantó la mirada lentamente, estaba molesto sin duda y estuvo a punto de levantarse a discutir, sin embargo su suegro hizo un breve ademán que él captó de inmediato.

De modo que Jan fue el primero en hablar.

—¿Perdón?

Rafael lo miró con frialdad.

—Es solo una reestructuración interna.

—No, no lo es —respondió Jan con tranquilidad—.

Esto es una decisión unilateral, pero me temo que el Consejo se opone rotundamente a ella.

Rafael apretó la mandíbula.

—Soy el director ejecutivo Jan.

—En efecto, pero esto no es una empresa personal, es una sociedad —replicó Jan.

Alejandro intervino entonces.

—Caiomhe está en mi división por una razón, en conjunto con ella cerramos la adquisición de la planta y las marcas en Irlanda, consiguiendo con ello el acceso a Europa Occidental.

Es una de las mejores ejecutivas que tenemos.

Rafael lo ignoró abiertamente —Katia necesita experiencia directa en el corporativo.

Jan se reclinó en su silla.

—Katia nunca ha trabajado aquí, no puede tener a su cargo a gente de tal nivel y mucho menos una división completa que desconoce por completo.

—Precismente por eso lo mejor es que te ha a la mejor a su lado, después de todo es mi hija.

—Eso no es un currículum, es nepotismo.

Te recuerdo que Alejandro inició desde que era un niño haciendo las tareas más básicas.

Y Emma comenzó también en el área de publicidad también como una más del equipo, de modo que no podemos aceptar que Katia empiece en una posición de poder.

Algunos ejecutivos bajaron la mirada.

Rafael golpeó la mesa con la palma.

—No te estoy pidiendo permiso.

Jan entrelazó los dedos con calma.

—Sé que no lo haces, pero sí lo necesitas para una decisión de esta índole.

Rafael lo miró con dureza.

—¿Qué significa eso?

Jan deslizó un documento hacia el centro de la mesa.

—Significa que antes de tomar acciones de este nivel deberías recordar cómo está distribuido el poder accionario.

Alejandro añadió con voz tranquila: —Entre Emma, Jan, Caiomhe y yo… tenemos más acciones que tú papá.

El silencio en toda la sala fue absoluto.

Rafael parpadeó con molestia.

—¿Qué dicen?

Jan habló con serenidad.

—La estructura cambió después de la fusión, ya no tienes mayoría absoluta.

Rafael miró los documentos con incredulidad, y una alta dosis de molestia.

—Esto es una estupidez.

—No —dijo Alejandro—.

Es un sistema de equilibrio.

Jan continuó: —Esto no se trata de quitarte el control de la empresa pero tampoco vamos a permitir decisiones basadas en caprichos familiares.

La mirada de Rafael se volvió peligrosa.

—¿Estás insinuando que mi hija es un capricho?

Jan lo sostuvo con firmeza.

—Estoy diciendo que no puede entrar al corporativo con poder que no ha ganado con trabajo.

Alejandro añadió: —Y mucho menos tomar el control de personas clave, y de las áreas que yo he tenido con buenos resultados durante años.

Rafael bufó molesto —La decisión se cancela.

Jan cerró el documento sin hacer ninguna clase de gesto.

La reunión terminó pocos minutos después.

Pero la tormenta apenas comenzaba.

— Una hora más tarde, la puerta del despacho de Alejandro se abrió de golpe.

Rafael entró furioso.

—¡¿Qué demonios fue eso Alejandro?!

Alejandro levantó la mirada desde su escritorio.

—Fue una junta directiva papá, o al menos eso recuerdo que fue el nombre que usaste al llamarme— dijo Alejandro con un tono sarcástico que irritó aún más a su padre.

—No cabrón ¡Eso fue una traición!

Alejandro se levantó lentamente.

—No, te equivocas.

—¿No?

¿Entonces como lo llamarías?

—Equilibrio, mi hermana sembró la discordia en la familia, insultó a mi esposa, me insulta a mí, y tú me cierras la puerta de tu casa, es lo menos que puedo hacer para corresponderlos.

Rafael caminó hasta el escritorio.

—Nunca imaginé que mi propio hijo se aliaría contra mí.

Alejandro lo miró fijamente.

—Piensa lo que quieras.

Rafael frunció el ceño.

—No metas a tu hermana en esto.

—Ella lo empezó todo, y tú cómo siempre le compras su drama, y sabes qué ya estoy harto de ambos, toda la vida ha sido lo mismo.

—Ella dijo la verdad sobre Emma.

Alejandro negó con la cabeza.

—Y esperas que Jan respete a la infame de tu hija cuando le faltas al respeto a la suya, él es demasiado educado para responderte de una manera más congruente con tu actitud.

—¡Cuidado con lo que dices!

—¿Cuidado?

—replicó Alejandro—.

Tú le negaste la entrada de tu casa a mi esposa.

Ni siquiera debería de dirigirte la palabra.

Rafael guardó silencio.

—Humillaste a Emma sin pruebas.

—Estoy protegiendo a esta familia Alejandro.

—No —dijo Alejandro con firmeza—.

Estás protegiendo a Katia, cómo siempre y la verdad es que ya estoy harto de ti y de ella.

Rafael dio un paso más cerca.

—Y tú estás cegado por una mujer.

Alejandro sostuvo su mirada.

—Una mujer a la que tú escogiste desde que nacimos para mí, y ¡¿Ahora me dices esa mierda?!

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Rafael habló con voz fría.

—Mientras sigas con esa actitud… —¿Qué va a pasar?

—Voy a sacarte del testamento.

Alejandro no reaccionó.

—Hazlo.

Rafael parpadeó.

—¿Qué dijiste?

—Que hagas lo que quieras.

Rafael esperaba miedo o duda.

Pero Alejandro permanecía completamente tranquilo respecto a perder toda la herencia.

—El dinero nunca fue lo que me importó, ya deberías saberlo —continuó Alejandro—.

Pero mi familia sí.

Rafael respondió aún más enojado —Te arrepentirás de esto.

Alejandro negó con calma.

—No, no creo que eso vaya a pasar.

Rafael respiró con dificultad.

—Eres mi hijo, no me faltes al respeto.

—Y tú eres mi padre, compórtate como un adulto Durante un instante ninguno de los dos habló.

Eran dos hombres, de dos generaciones diferentes, pero con la misma sangre y el mismo orgullo.

Finalmente Rafael giró hacia la puerta.

—Esto no ha terminado.

Alejandro no respondió.

Rafael salió del despacho furioso.

La puerta se cerró con un fuerte azotón Alejandro permaneció de pie frente a su escritorio unos segundos más para suspirar lentamente intentando relajarse.

La guerra familiar… había comenzado de verdad.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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