Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mis Dos Esposas - Capítulo 5

  1. Inicio
  2. Mis Dos Esposas
  3. Capítulo 5 - 5 Lo que no debía desear
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

5: Lo que no debía desear.

5: Lo que no debía desear.

*Capitulo narrado por Marian Me despedí de ellos con una sonrisa que parecía más tranquila de lo que realmente estaba.

La brisa nocturna de Punta Cana aún me erizaba la piel cuando caminé de regreso al hotel, descalza, con la arena pegada a los tobillos y la música apagándose poco a poco detrás de mí.

No miré atrás.

No porque no quisiera, sino porque sabía que si lo hacía… algo dentro de mí se rompería.

Alejandro Belmonte.

Emma.

No entendía en qué momento dos personas que acababa de conocer habían logrado instalarse así en mi cabeza.

Durante el trayecto hasta mi habitación intenté racionalizarlo.

No era la primera vez que un hombre atractivo llamaba mi atención.

Tampoco era raro conectar con alguien interesante en vacaciones.

Pero esto era distinto.

Más incómodo.

Más profundo.

Él me había gustado desde el primer momento, sí.

Su forma de mirar, de escuchar, de moverse sin imponerse.

No era solo atractivo: era magnético.

Pero lo que realmente me descolocaba era ella.

Emma no era lo que yo esperaba.

Había imaginado a una esposa distante, posesiva, quizá insegura.

En su lugar encontré a una mujer serena, inteligente, peligrosamente consciente de sí misma.

Me observaba sin juzgarme, como si intentara entenderme… o descifrar algo más.

Me agradaba.

Y eso me asustaba.

Porque no solo quería caerle bien.

Quería estar cerca de ella.

La idea me siguió hasta que abrí la puerta de mi habitación.

La cerré con cuidado, dejé el bolso sobre la mesa y me apoyé unos segundos contra la madera.

Respiré hondo.

Me sentía alterada, inquieta, como si algo hubiera despertado dentro de mí sin permiso.

Fue entonces cuando escuché el primer sonido.

Al principio pensé que era la música lejana, alguna risa, el eco del resort.

Pero no.

Era más cercano.

Más íntimo.

Provenía de la pared contigua.

Mi corazón dio un salto cuando reconocí las voces.

Ellos.

No sabía —no podía saber— que nuestras habitaciones estaban una junto a la otra.

Me quedé inmóvil, conteniendo la respiración, como si eso pudiera apagar lo que escuchaba.

No eran palabras claras, sino murmullos, respiraciones, pausas cargadas de significado.

No necesitaba detalles para entender lo que estaba ocurriendo.

Emma y Alejandro estaban juntos.

Debí taparme los oídos.

Debí poner música.

Debí pensar en otra cosa.

No lo hice.

Me senté lentamente en la orilla de la cama, con el cuerpo tenso y la mente ardiendo.

Cada sonido, cada pausa, cada grito, cada cambio en el ritmo me atravesaba como una descarga eléctrica.

No era solo deseo por él.

Era algo más complejo.

Los imaginaba.

A los dos.

La cercanía, la complicidad que había percibido en la playa ahora tenía un eco íntimo, real, imposible de ignorar.

Y lo peor… es que no me molestaba.

No sentía culpa por escuchar.

Sentía una excitación incómoda, profunda, que me hacía apretar las manos contra las sábanas, contra mi cuerpo.

Me pregunté, sin quererlo, cómo sería ser parte de eso.

No como intrusa.

No como amenaza.

Como alguien aceptada.

La idea me estremeció.

Nunca había sido “la otra”.

Nunca había considerado cruzar esa línea.

Mis relaciones siempre habían sido claras, definidas.

Yo no competía.

No compartía.

No me prestaba a juegos peligrosos.

Mucho menos a un engaño…

pero y si ¿Los dos estaban de acuerdo?

Quizás solo estaba fantaseando, sin embargo, no podía ni quería detenerme.

Imaginándome siendo amante de ese hombre.

E imaginándome siendo amiga de ella.

La contradicción me mareó.

Cuando el silencio volvió a instalarse, me sentí vacía.

Despierta.

Demasiado consciente de mi propio cuerpo, de la tensión que aún no se disipaba.

Me conformé con aliviarme sola, sin fantasías elaboradas, sin dramatismos.

Solo para poder dormir.

Para poder apagar ese incendio interno que no entendía del todo.

A la mañana siguiente tomé una decisión impulsiva, pero necesaria.

Me levanté temprano.

No quise arriesgarme a encontrarlos en el pasillo, en el desayuno, en la playa.

No quería enfrentar sus miradas después de lo que había escuchado.

No confiaba en mí misma.

Pedí el cambio de hotel de inmediato.

Empaqué sin prisa, pero con determinación.

Dejé el resort antes de que ellos despertaran, antes de que la realidad tuviera oportunidad de alcanzarme.

Pasé el resto de mis vacaciones sola.

Caminé.

Leí.

Bebí cócteles mirando el mar.

Intenté entenderme.

Alejandro me gustaba, sí.

Me atraía de una forma intensa, casi incómoda.

Pero Emma… ella era el verdadero dilema.

Me intimidaba.

Me intrigaba.

Me hacía querer acercarme y alejarme al mismo tiempo.

Cuando regresé a México pensé que el tiempo haría su trabajo.

Que la distancia diluiría esa tensión absurda.

Que la vida volvería a su cauce.

No fue así.

Emma comenzó a escribirme.

Al principio eran mensajes casuales.

Preguntas sobre mi viaje.

Comentarios sobre el restaurante.

Recomendaciones.

Nada invasivo.

Nada evidente.

Bien pude negarme, y bloquear todo contacto, pero no quise hacerlo.

Luego vinieron las invitaciones.

Café.

Comida.

Conversaciones largas.

Era insistente, sí.

Pero no de una manera incómoda.

Era como si me ofreciera una puerta… y esperara pacientemente a que yo decidiera cruzarla.

Cedí.

Porque me gustaba hablar con ella.

Porque me sentía escuchada.

Porque había algo en su mirada que me hacía sentir vista… de verdad.

Pero el deseo no se fue.

Seguía deseando a ese hombre.

Y ella me intrigaba a partes iguales.

Seguía recordando su presencia, su voz, la forma en que me había mirado aquella noche.

Y eso me llenaba de conflicto.

No quería romper un matrimonio.

No quería ser un error.

No quería convertirme en una sombra.

Y aun así… algo dentro de mí comenzaba a preguntarse si realmente había algo que romper.

Si quizá, solo quizá, lo que estaba naciendo no era una traición… sino una tentación compartida.

No tenía respuestas.

Solo preguntas.

Y el presentimiento inquietante de que Emma sabía exactamente lo que hacía.

Y de que yo… ya no estaba tan segura de querer resistirme.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo