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Mis Dos Esposas - Capítulo 52

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52: Fotogramas del pasado.

52: Fotogramas del pasado.

La tarde había caído con suavidad sobre la casa de Alejandro, Emma y Marian.

La luz dorada del atardecer entraba por los grandes ventanales del salón principal, bañando los muebles con un tono cálido y tranquilo que contrastaba con el ritmo agitado de los últimos días.

Emma estaba sentada en uno de los sofás revisando algunos documentos del corporativo, mientras Marian estaba recostada cerca de ella en la alfombra mientras hojeaba una revista gastronómica donde marcaba algunas recetas que quería probar en los próximos días.

Alejandro por su parte caminaba de un lado a otro mientras hablaba por el teléfono empresarial sobre asuntos del corporativo.

—No, eso no puede retrasarse —decía con tono firme—.

Si la distribución de la nueva línea se detiene, el problema lo tendremos en tres semanas, no mañana.

Aseguren el envío, hoy mismo.

Emma levantó la vista brevemente hacia él, ya había aprendido a reconocer cuándo Alejandro estaba completamente concentrado en el trabajo y por lo regular no lo interrumpía en esas situaciones.

Justo en ese momento, el teléfono personal de Alejandro que estaba sobre la mesa vibró.

Una vez, luego otra y otra más…

Marian miró hacia el aparato.

—Te hablan Álex —comentó con señas a Alejandro que la tenía de frente.

Alejandro levantó la mano mientras seguía hablando por el otro celular —Debe ser alguien del corporativo, me llaman ahí porque no contesto acá—dijo distraídamente—.

¿Pueden ver quién es?

Emma se levantó, dejó los papeles que revisaba a un lado, y fue por él teléfono.

—Voy yo— antes de tomar el celular.

La pantalla mostraba varios mensajes nuevos de un número desconocido.

—Ni idea quien es, abriré los mensajes—murmuró.

Alejandro le hizo señas para que ella revisara los mensajes sin problema alguno.

Así que desbloqueó el teléfono y abrió el chat.

El primer mensaje era simplemente una imagen.

Emma lo abrió y la vió detenidamente Por un instante no reaccionó, luego hizo un gesto de sorpresa.

La foto mostraba a una mujer posando frente a un espejo.

Vestía muy poca ropa, en una pose claramente provocativa.

Marian se inclinó un poco para mirar.

—¿Es grave Emma?

Te quedaste callada de la nada.

Emma no respondió, deslizó hacia el siguiente mensaje, había otra fotografía, todavía más sugestiva, pero el rostro de la mujer era perfectamente visible: con él cabello negro largo recogido en una cola alta, de piel morena clara, sonrisa confiada.

Emma sintió la furia arder en su interior —No puede ser… esta perra —murmuró.

Marian se acercó más.

—¿La conoces?

Emma no respondió de nueva cuenta.

Seguía deslizando las imágenes.

Otra foto y otra hasta llegar al final.

Algunas, las primeras de ellas eran provocativas.

Él resto claramente íntimas, o ya veladamente pornográficas, con la chica en cuestión completamente desnuda mostrando todos sus atributos, junto con un breve video de ella mostrando la más clara masturbación mientras mencionaba a Alejandro.

Marian abrió los ojos con sorpresa.

—¿Quién demonios es esa puta?

Emma apretó el teléfono con fuerza, mientras respira a agitada, su blanca piel estaba completamente roja por la sangre que se había irrigador de golpe a su cabeza.

De repente llegó un nuevo mensaje, con una última imagen Emma la abrió y entonces lo entendió todo.

Era una fotografía de varios años atrás, en ella aparecía Alejandro, al menos 8 años más joven, sonriendo con el brazo alrededor de una chica morena de cabello negro, la misma mujer de las fotos y el vídeo.

Emma sintió una oleada de recuerdos, y entre ellos apareció un nombre: Valeria.

Todos ellos se habían movido en círculos sociales similares durante la juventud.

Fiestas, reuniones familiares, eventos sociales, incluso Emma que pasó la mayor parte de su juventud en Europa, visitaba el país durante sus vacaciones y la recordaba de varias ocasiones, sabía perfectamente quién era.

—Alejandro —dijo furiosa, mientras lo veía ordenándole colgar la llamada Él seguía al teléfono.

—Un segundo —dijo a la persona con quién hablaba—.

Ahora te llamo, para después colgar.

—¿Qué pasa?

Emma levantó el teléfono y se lo mostró —¿Quieres explicarme esto?

Alejandro hizo cara de duda.

—¿Qué cosa?

Ella le mostró la pantalla.

Alejandro miró las fotografías, primero confundido, y luego sorprendido.

—¿Qué demonios hizo esta pen…?

Marian le arrebató el teléfono a Emma de la mano.

Cuando vio las fotos, se puso aún más furiosa que Emma —¿Quién es esa maldita vieja Alejandro?

Alejandro suspiró y respondió sin ganas, con miedo a decir algo incorrecto.

—Es Valeria, fue mi novia hace como 6 o 7 años.

Emma soltó una risa breve, cargada de incredulidad.

—Ya sé que es Valeria, la recuerdo.

Marian miró otra de las fotos, cada vez más molesta.

—¿Y por qué tu ex novia te manda esto?

—¡No lo sé!

Tiene muchos años que no sé de ella.

Alejandro se pasó una mano por el cabello.

—Ni siquiera tengo su número, terminamos muy mal y no quise volver a verla nunca.

Emma lo miró con furia.

—¿De verdad esperas que te creamos eso?

—Pues ¡Es la verdad!

Marian levantó la vista.

—Estas fotos no parecen enviadas por alguien que no habla contigo, o con quien se rompió una relación.

—Ya se los dije ¡Hace años que no la veo!

Emma cruzó los brazos.

—Curioso.

Tomó el teléfono y señaló la última imagen.

—Porque esta foto no parece tan antigua como dices.

Alejandro miró nuevamente la imagen.

—Emma, por favor, esa foto es de cuando teníamos dieciocho o diecinueve años a lo mucho, yo tenía el cabello más largo y pintado de rojo incluso.

Marian lo observó con incredulidad.

—¿Y ahora decide enviártela junto con… todo esto?

Alejandro intentó mantener la calma.

—Escuchen… Pero Emma lo interrumpió.

—No.

Ahora hablas tú después de explicar por qué una mujer te manda fotos sexuales.

—¡Pero no sé por qué lo hizo!

¡Salvo que esa mujer está loca!

—Claro, ella está loca y tú eres inocente— dijo Emma de manera sarcástica.

Marian también estaba alterada.

—¿Sabías que iba a mandarlas?

—¡Es obvio que no!

O ¿Por qué dejaría que ustedes revisaran los mensajes sabiendo que algo así podría llegar?

Emma caminó por la sala, claramente furiosa.

—Eres increíble.

Alejandro levantó las manos.

—Esto huele a una provocación de Valeria, siempre ha sido una mujer conflictiva y muy celosa, seguro ahora quiere arruinarme.

Emma se detuvo.

—¿Qué quieres decir?

—Katia, seguro tiene algo que ver.

Las dos lo miraron sin creerle.

—Esto es exactamente algo que ella haría —continuó Alejandro—.

Valeria siempre fue amiga suya.

Marian respondió molesta.

—¿Y qué tiene que ver Katia con esto?

—Todo, ella busca que rompamos nuestro matrimonio para dividirnos y darle todo el poder a mi papá otra vez.

Alejandro señaló el teléfono.

—Si Valeria me escribe de la nada después de años… alguien la empujó a hacerlo.

Emma lo miró fijamente.

—O tal vez simplemente te extraña.

Alejandro simplemente ya no quiso seguir la discusión.

Marian volvió a mirar las fotos.

—Son muy… explícitas.

Alejandro exhaló se le notaba la molestia.

—¡No pedí nada!

Emma lo miró molesta —Pero tampoco la bloqueaste.

—Yo no tengo su número, no lo conozco.

Marian dejó el teléfono sobre la mesa de un azotón.

—¿Sabes qué es lo peor?

Alejandro la miró.

—¿Qué es lo peor?

—Que claramente ella cree que todavía tiene derecho a enviarte esto, y Emma le dió la razón.

—Exacto.

Alejandro negó con la cabeza.

—Están sacando conclusiones absurdas, no la conocen, no saben de lo que es capaz ni como funciona su mente retorcida.

Emma lo señaló.

—¿Absurdas?

—Sí, lo son Emma, créanme.

Marian cruzó los brazos.

—Pues a mí no me parecen absurdas.

Alejandro les respondió, dispuesto a contarles el pasado.

—Valeria y yo terminamos hace años.

No he hablado con ella desde entonces, es una mujer celosa y posesiva, y lo peor de todo es que ella cree que siempre tiene la razón.

Emma lo miró incrédula —¿Seguro que así son las cosas?

—¡Sí!

Marian volvió a tomar el teléfono y a mirar las fotos.

—Pues parece muy segura de que sigues disponible.

Alejandro se quedó en silencio un momento, pensando.

—Esto es exactamente lo que Katia quiere ahora que peleemos, y Valeria es perfecta para ese plan, no tiene conciencia ni moralidad, esa mujer está obsesionada.

Las dos se quedaron calladas, mientras Alejandro continuaba hablando.

—Busca dividirnos.

Emma no parecía convencida.

—Eso no cambia el hecho de que tu ex novia te manda fotos desnuda y masturbándose.

Marian murmuró: —Y luce muy orgullosa de hacerlo.

Alejandro respondió completamente rebasado.

—Les juro que no tengo nada que ver con esto.

Emma lo observó durante varios segundos y su expresión seguía siendo dura.

—Espero que tengas razón.

Marian miró otra vez las fotos, luego a Alejandro, y luego a Emma.

—Porque si esto resulta ser algo más que una provocación… Emma no terminó la frase, pero no hacía falta, él sabía las palabras que seguían.

El ambiente en la habitación se había vuelto pesado, hostil.

La calma de la tarde había desaparecido por completo.

Y en algún lugar de la ciudad, alguien sonreía satisfecha al imaginar que había provocado exactamente esa reacción.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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