Mis Dos Esposas - Capítulo 53
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53: Fractura 53: Fractura El silencio que siguió a la discusión de los tres, o mejor dicho de las chicas con Alejandro fue peor que los gritos.
Emma estaba de pie junto a la ventana de la sala con los brazos cruzados, mirando hacia el jardín sin ver realmente nada, solo dando vueltas furiosa, mientras Marian caminaba de un lado a otro de la sala con una tensión evidente en cada paso.
Alejandro permanecía frente a ellas, tratando de mantener la calma e intentando que ambas lo escucharan.
Pero la situación estaba lejos de ser tranquila, era un mar en turbulencia.
—No lo entiendo —dijo Marian finalmente, deteniéndose—.
¿Cómo es posible que una mujer que fue tu novia te mande fotos así después de años?
—¡Porque alguien la empujó a hacerlo!
o porque es una mujer que está fuera de sus cabales, definitivamente no la conocen—respondió Alejandro con frustración—.
¿Cuántas veces tengo que repetirlo?
Emma giró lentamente hacia él.
Su mirada estaba cargada de enojo.
—Eso no cambia el hecho de que lo hizo.
—Ella puede hacer lo que sea, pero no por eso yo soy culpable de nada, no le pedí esas fotos, ni he hablado con ella desde hace años que terminamos.
Marian tomó el teléfono otra vez de la mesa.
No había querido volver a mirar las imágenes… pero aun así lo hizo otra vez; las deslizó con rapidez.
Cada fotografía la hacía sentir más incómoda que la anterior.
—Esto es una provocación —murmuró.
—Exactamente —dijo Alejandro con firmeza—.
Eso es lo que he estado diciendo desde hace un rato.
Emma dejó escapar una respuesta acompañada de un tono de burla.
—Qué conveniente para ti ¿Verdad?
Alejandro apretó los dientes.
—Emma… —No —lo interrumpió ella—.
No me digas que estoy exagerando.
—No, no lo estás, pero también tengo el derecho a presumir mi inocencia.
—Entonces dime qué se supone que debo pensar cuando una mujer que claramente tuvo relaciones contigo te manda este tipo de fotos.
Alejandro guardó silencio un segundo.
—Que ese alguien busca causarme una pelea, es amiga de Katia y debe saber que estoy casado ya.
Emma negó con la cabeza.
—Siempre tienes una explicación para todo.
Marian levantó la vista.
—Tal vez no sea solo una idea de Katia.
Alejandro la volteó a ver con duda —¿Qué quieres decir?
Marian le contestó con seriedad —Tal vez esa mujer realmente cree que todavía tiene algo contigo.
Emma suspiró denotando mucho cansancio, hartazgo en realidad.
—Sea como sea… esto no se va a resolver hoy.
Alejandro la miró con preocupación.
—¿Qué quieres decir?
Emma habló con voz firme.
—Que durante un tiempo las cosas van a cambiar aquí, al menos hasta que todo se aclare.
Marian asintió lentamente.
—Sí, así van a ser las cosas.
Alejandro sintió una incomodidad creciente.
—¿Cambiar en qué sentido?
Emma lo miró directamente.
—No vamos a dormir contigo durante todo este tiempo.
El silencio fue inmediato, a lo que Alejandro parpadeó sorprendido y molesto —¿Qué dicen?
Marian habló con frialdad total.
—Ni hoy ni mañana voy a compartir cama contigo.
Emma continuó: —Ni durante unos días más yo tampoco.
Alejandro soltó un suspiro largo.
—¿En serio me están diciendo eso las dos?
Emma cruzó los brazos.
—Así es, estamos furiosas, y aunque no seas culpable, la verdad es que no estoy de humor para verte a mi lado.
Marian añadió: —Y no vamos a fingir que no pasó nada.
Alejandro se pasó las manos por la cara con hartazgo, pues de nada valían sus explicaciones para las dos mujeres —Esto es injusto chicas, yo no hice nada.
Las dos lo miraron al mismo tiempo.
—¿Injusto?
¿Crees que es justo abrir el teléfono y ver las malditas nalgas de esa prostituta —repitió Emma.
—Sí entiendo tu enojo—dijo Alejandro—.
pero yo no hice nada.
Marian respondió con calma tensa.
—Pero alguien de tu pasado acaba de lanzar una bolsa llena de excremento en esta casa, y esa explotó completa.
Alejandro intentó calmarse antes de hablar, aspiró fuertemente para decirles.
—Escuchen las dos por favor… Emma negó con la cabeza.
—No, no vamos a escuchar nada.
—Emma… por favor.
—No quiero discutir más— le dijo ella.
Marian apoyó el teléfono en la mesa, un poco más tranquila que Emma —Solo necesitamos distancia unos días.
Alejandro las observó en silencio y luego asintió lentamente.
—Está bien, será como ustedes quieran.
Emma hizo cara de molestia.
—¿Está bien?
¿Así de siempre?
—Sí.
Ya dije todo lo que tenía que decir, si no quieren escucharme y mucho menos creerme ¡Yo no puedo hacer nada!
Marian parecía sorprendida por su reacción, nunca les había levantado la voz.
—¿Eso es todo?
—No, claro que no lo es —dijo él—.
Están siendo injustas conmigo…
Y sí, ahora sí ya es todo.
Emma lo miró con dureza.
—Tal vez tienes razón, pero eso no cambia las cosas.
Alejandro continuó ya resignado: —Está bien, hare eso si es lo que quieren.
Ambas se quedaron en silencio, hasta que finalmente, él habló otra vez.
—Lo mejor será que me vaya unos días al departamento.
Emma levantó la cabeza inmediatamente.
—No, al departamento no.
Alejandro volteó más molesto —¿No?
¿Entonces a donde quieres que me vaya?…
A casa de mis papás ¿Verdad?
Marian negó con firmeza.
—No, Emma tiene razón, no es buena idea.
—¿Por qué no?
esa también es mi casa Emma respondió antes que ella.
—Porque no sabemos si esa mujer va a intentar verte.
Alejandro soltó una pequeña risa sarcástica —¿De verdad creen que vendría hasta aquí o iría a mi departamento?
Marian lo miró con expresión seria.
—Después de ver esas fotos… no me sorprendería que lo hiciera.
Emma añadió: —Además, el departamento está en el mismo condominio donde vive Caiomhe, y no te queremos cerca de ella tampoco.
Alejandro parpadeó —Ay por Dios, Emma, Marian.
¡Esto ya rebasa el absurdo!
Emma lo miró con sospecha.
—Y ahora mismo confiamos un poco menos que nada en esa mujer también Marian continuó: —Lo mejor es que te quedes aquí en la casa, con nosotras.
—Encerrado para que puedan vigilarme ¿No?
—No, no estarás encerrado obviamente —dijo Emma—.
Pero tampoco te vas a ir para sentirte totalmente libre lejos de nosotras.
Alejandro suspiró.
—Entonces ¿qué esperan que haga?
Emma señaló el pasillo.
—Dormirás en la habitación de visitas.
Alejandro las observó durante varios segundos.
Finalmente asintió con resignación, y un visible enojo.
—Está bien, si cn eso están contentas lo haré— mientras se dio la media vuelta sin decir nada más.
Mientras caminaba por el pasillo hacia esa habitación lo invadía una sensación amarga.
En su mente no pudo evitar pensar: —Esto es humillante, esta es mi casa, y estas dos me están tratando como si fuera un extraño.
Tal vez fue un error tener dos mujeres.
Porque si una estaba enojada, la otra también lo estaba, y lidiar con ambas cuando están furiosas no es humano… — En otro punto de la ciudad, la atmósfera era completamente diferente para Valeria que estaba sentada en su sala con el teléfono en la mano mientras hablaba por él.
Tenía una sonrisa satisfecha.
—¿Entonces ya lo hiciste?
—preguntó la voz de Katia al otro lado de la llamada.
Valeria se recostó en el sofá.
—Claro que lo hice hermosa ¿Creíste que no me atrevería?
—¿Le enviaste la foto?
—No, le envíe varias fotos y un video que no podrá olvidar.
Katia soltó una pequeña risa.
—Perfecto, bien hecho.
Valeria giró lentamente una copa de vino entre sus dedos.
—Y también envié una foto vieja de nosotros.
—¿De Alejandro y tuya?
—Claro Katia parecía complacida.
—Si Alejandro la vió seguramente eliminará la evidencia y bloqueará el número, pero si la llegó a ver Emma, te reconocerá de inmediato.
—Ese era el plan.
Luego Valeria preguntó: —¿Estás segura de que funcionará?
Katia respondió con seguridad absoluta.
—Conozco a Emma.
Su tono se volvió frío.
—No tolerará algo así, pocas mujeres tolerarían algo así ¿No crees?
Valeria sonrió ligeramente.
—Entonces pronto habrá problemas en el paraíso.
Katia soltó una pequeña risa.
—Ese matrimonio no va a durar.
—¿Tan segura estás?
—Completamente —Katia continuó —De una forma u otra, lo voy a romper.
Valeria apoyó la cabeza contra el respaldo del sofá, mientras escuchaba a Katia hablar.
—Alejandro siempre fue orgulloso y Emma también.
Ambos chocarán.
Valeria miró su reflejo en la pantalla negra del teléfono, en su mente no había dudas para ella todo era simple.
—Alejandro nunca me olvidó, lo sé —murmuró.
Katia guardó silencio unos segundos.
—¿De verdad crees eso?
Valeria sonrió con seguridad.
—No lo creo, estoy segura.
En su mente la historia era clara, no habían terminado porque el amor se hubiera acabado, todo eso había sido un simple error, un error de juventud.
Eso era todo, además los errores podían corregirse.
Valeria estaba completamente convencida de ello…
aunque la realidad fuera muy distinta.
— La noche había caído cuando Alejandro finalmente cerró la puerta de la habitación de visitas.
El cuarto era muy cómodo, amplio y perfectamente amueblado, pero no era su habitación.
Se dejó caer en la cama de golpe, molesto, se quedó mirando al techo durante varios minutos.
La casa estaba en silencio.
Emma y Marian seguramente ya estaban en sus habitaciones, o quizá juntas hablando y planeando de qué manera castigarlo por la locura de Valeria.
Esa idea lo hizo sentir aún más frustrado.
Tomó su teléfono, iba a escribir un mensaje, aunque dudó unos segundos para luego abrir un chat de nuevo.
Caiomhe Le escribió lentamente.
Necesito tu ayuda.
aunque borró el mensaje.
Y volvió a escribir.
¿Estás despierta?
Lo envió.
Pasaron unos segundos y luego la pantalla se iluminó…
era Caiomhe Sí.
¿Estás bien?
Alejandro respiró un poco más tranquilo.
Escribió otro mensaje.
Tenemos un problema.
Miró la pantalla esperando la respuesta.
En ese momento, ella era la única persona en la que sentía que podía confiar completamente.
Porque en esa casa… Todo se había vuelto demasiado complicado.
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