Mis Dos Esposas - Capítulo 54
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54: Demonios con cara de Ángel 54: Demonios con cara de Ángel La luz del teléfono iluminaba tenuemente la habitación de visitas donde Alejandro pasaba la noche.
No durmió nada bien, el colchón no era incómodo era de la mejor calidad, pero el hecho de estar separado de Emma y Marian le había amargado la noche entera, más allá de la distancia era el estar distanciado en lo sentimental de ellas, se sentía como si lo hubieran expulsado de su propio mundo.
Al despertar miró la pantalla del celular y suspiró.
El último mensaje que había enviado en la noche seguía sin respuesta.
Pero finalmente, el teléfono vibró unos minutos después.
Caiomhe: Buenos días, Alejandro.
Perdón por responder tarde.
¿Cuál es el problema?
Alejandro se sentó en la cama y comenzó a escribir con rapidez.
Necesito tu ayuda.
Creo que Katia está intentando destruir mi matrimonio.
Pasaron unos segundos.
Eso no suena sorprendente viniendo de tu hermana.
Ya sabemos que eso lo desea, y no solo tu matrimonio, sino a tu familia, pero ¿Qué hizo esta vez?
Alejandro respiró con hastío antes de empezar a escribir de nuevo.
Le contó todo el problema del día anterior ocasionado por las fotos.
El número desconocido desde el que se enviaron, y el contenido de ellas, y como la reacción de Emma fue completamente explosiva sin aceptar explicaciones.
Y finalmente, le dijo el nombre de la persona que había aparecido en la última imagen con él: Valeria, su ex novia de hace muchos años.
Caiomhe tardó unos segundos en responder.
Caiomhe: ¿Tu exnovia?
Alejandro: Sí.
ella y yo tuvimos una relación cuando teníamos como 18 o 19 años, terminamos 2 años después, la verdad fue una situación muy destructiva, que habría querido olvidar.
Lo peor de todo es que ella es amiga de Katia, sé que mi hermana tiene todo que ver en esto.
Caiomhe: Sí, lo más seguro es que ella lo planeara entonces.
el problema es cómo lo probamos, tenemos pruebas de las invenciones de Katia sobre nosotros, pero de esto no, y no deberíamos buscar por ningún medio acercarnos a la tal Valeria.
Alejandro pasó una mano por su cabello.
Alejandro: Emma está furiosa conmigo.
Si no le demuestro pronto que esto es falso, esto solo empeorará, y tengo que decirte algo más.
Mi matrimonio tiene una cláusula especial, si alguno de los dos es captado o comprobado que cometió una infidelidad, perderá el derecho sobre la herencia y la empresa.
No sé si mi padre ya se lo confesó a Katia.
La respuesta llegó casi de inmediato.
Caiomhe: Entonces hagámoslo bien No reacciones con ira.
No te enojes ni provoques más conflictos con ella.
Si Katia está usando a Valeria, tarde o temprano cometerán un error, Katia es demasiado impulsiva y le encanta demostrar dominio, no tardará en delatarse.
Alejandro: ¿Y mientras tanto?
Caiomhe: Mientras tanto… solo cálmate y no hagas nada impulsivo.
— Esa misma mañana, en la casa de los Belmonte Muriel, Katia caminaba por la sala con una sonrisa satisfecha mientras sostenía una taza de café.
El timbre sonó en ese momento.
—Debe ser ella —murmuró.
Y en efecto, al abrir la puerta Valeria estaba allí.
La joven sonrió ampliamente.
—¡Katia!
¿Cómo estás?
Las dos se abrazaron con entusiasmo.
Valeria llevaba unos pantalones elegantes y una blusa clara que resaltaba su figura.
Su piel morena tenía un brillo suave, un hermoso bronceado, su cabello negro estaba recogido en una cola de caballo alta que caía hasta la cintura, y su expresión juvenil hacía que pareciera mucho más joven de lo que era, y más inocente también.
—Pasa —dijo Katia.
Entraron y pasaron directo a la sala.
—Te ves feliz —comentó Valeria.
Katia dejó escapar una pequeña risa —Digamos que las cosas se están moviendo muy a mi favor.
Valeria inclinó la cabeza.
—¿Tiene que ver con Alejandro?
Los ojos de Katia brillaron.
—No todo, obviamente la parte más importante tiene que ver con mi matrimonio.
Valeria sonrió, casi soñadora.
—Me alegro mucho por ti, pero sabes yo extraño a tu hermano— El comentario de Valeria dejaba ver que realmente no le interesaba escuchar a Katia.
—Lo recuperarás —respondió Katia con seguridad— Nos encargaremos de eso.
Valeria suspiró.
—Sé que él todavía siente algo por mí, él nunca me olvidó.
Katia la observó con una expresión que mezclaba diversión y cálculo.
—Por supuesto que sí, yo también creo lo mismo — Aunque se lo dijo solo para seguirle la corriente.
En ese momento se escucharon pasos en el pasillo.
Alicia entró en la sala, su expresión se congeló apenas vio a Valeria, durante un instante se quedó completamente en silenció, uno bastante incómodo, al menos para Alicia.
Alicia recordaba perfectamente a esa muchacha, y no de una manera grata, era bien sabido por toda la familia de las penurias que hizo pasar a Alejandro, los escándalos, los celos, y todas las escenas que había armado cuando Alejandro era joven…
Aun así, mantuvo la compostura.
—Valeria —dijo con una sonrisa educada—.
Qué sorpresa.
—Señora Alicia —respondió la joven con dulzura—.
Es un gusto verla.
Alicia asintió hipócritamente.
—Igualmente.
En ese momento Katia habló para interrumpir la molestia de su madre.
—Valeria, hay alguien a quien quiero presentarte.
Se giró hacia el pasillo —Ven Nigel.
El joven rubio apareció.
Alto, de ojos azules intensos, con una presencia tranquila, atlética y elegante.
—Mi esposo —dijo Katia.
Valeria lo miró, y durante un instante sus ojos brillaron de una forma extraña.
Nigel le extendió la mano con una sonrisa amable.
—Encantado de conocerte Valeria— dijo con un notable brillo en los ojos.
—Valeria —respondió estrechando su mano, pero por alguna razón, no apartó la mirada de sus ojos azules durante unos segundos más de lo necesario.
Katia no lo notó, o no le dió importancia pues ella estaba concentrada creyendo que Valeria solo tenía ojos para Alejandro.
Pero Alicia sí lo notó, sin embargo no dijo nada.
— Horas después, ya en el corporativo Belmonte–Van Dyke.
Alejandro caminaba por el pasillo junto a Caiomhe.
—Te ves muy cansado Alejandro ¿Cómo sigue todo?
—comentó la irlandesa.
—Mal, además no he dormido bien, nada bien.
—Me lo imagino.
Ambos entraron a la sala de juntas donde algunos ejecutivos estaban terminando de recoger documentos, pues la reunión ya había terminado.
Caiomhe cerró la puerta.
—Escúchame —dijo—.
Lo peor que puedes hacer ahora es reaccionar emocionalmente.
Alejandro cruzó los brazos.
—No es tan fácil cuando me custiona en todo, Emma cree que estoy ocultando algo, cuando ella sabía a la perfección mi pasado con Valeria.
—Lo entiendo, pero también que ella se siente herida.
—Pero el final, yo no hice nada.
—Ya lo sé, no te estoy acusando.
Caiomhe lo miró fijamente.
—Por eso debemos demostrarle que eres inocente.
Alejandro suspiró.
—Si te soy honesto tengo la mente completamente en blanco, no sé como actuar en este momento.
—Si Valeria está actuando por cuenta de Katia, seguramente hay comunicación entre ellas.
—¿Mensajes?
—Exacto y llamadas también.
Alejandro arqueó una ceja.
—¿Estás pensando en que hagamos algo ilegal?
Caiomhe sonrió con picardía.
—Estoy pensando en algo inteligente…
pero sí, es ilegal.
En ese momento salieron al pasillo, mientras ambos sonreían después de lo que habían hablado, entonces ocurrió lo peor que podía pasar.
Las puertas del ascensor se abrieron, y de él salió Katia primero, y detrás de ella… Valeria.
Alejandro se quedó inmóvil, pálido.
—Vaya, no la esperaba aquí—murmuró Caiomhe.
Valeria lo vio y sus ojos se iluminaron.
—Alejandro…— Dijo al tiempo que caminaba hacia él con una sonrisa radiante.
—Cuánto tiempo sin verte.
Alejandro mantuvo una expresión seria.
—Valeria— dijo sin emoción, o mejor dicho, con evidente rechazo.
Ella se detuvo frente a él.
—Te ves increíble.
—¿Qué haces aquí?— le respondió él ignorando su halago Katia intervino —Valeria quería ver la empresa.
Caiomhe observaba la escena en silencio, mientras Valeria miraba a la irlandesa, al tiempo que sus ojos se estrecharon.
—¿Y esta quién es?
Alejandro respondió con calma.
—Ella es Caiomhe O’Leary, mi socia.
Valeria la recorrió con la mirada de una manera despectiva, para luego volver a mirar a Alejandro.
—Así que trabajan juntos.
—Sí.
Te lo acabo de decir.
Algo cambió en la expresión de Valeria.
Sus labios se tensaron para decir de manera socarrona— ¿Muy juntos?
Caiomhe arqueó una ceja.
—¿Disculpa?
Valeria dio un paso adelante.
—No te hagas la inocente, conozco a las mujeres de tu clase.
El pasillo estaba lleno de empleados que empezaban a notar la tensión y las palabras en alto volumen de Valeria llamaban la atención de todos, aunque no de buena manera.
Alejandro respondió tajante.
—Basta Valeria, no empieces con tonterías.
Pero ya era tarde.
—¡Claro que voy a empezar!
¡Y a terminar!
—exclamó ella.
Varias personas se giraron.
—Después de todo lo que vivimos… ¿ahora te veo con otra mujer?
Caiomhe cruzó los brazos.
—Esto es ridículo, y yo no voy a escuchar estupideces.
Valeria la señaló.
—¡Tú cállate zorra!
Katia observaba la escena con una expresión difícil de descifrar, su cara no mostraba gesto alguno, pero por dentro estaba regocijándose del espectáculo sabiendo que perjudicaría a su hermano ante los ojos de su padre.
—Valeria basta —dijo Alejandro con firmeza—.
Estás haciendo un escándalo.
—¡Porque me engañaste!
y con esta tipeja.
—Nosotros no tenemos nada, ni Caiomhe y yo; y mucho menos yo contigo.
Ahora guarda silencio o haré que seguridad te saque del edificio.
—No me amenaces Alejandro ¡Claro que es verdad!
me dejaste sin explicaciones y ahora te encuento así.
Valeria respiraba con agitación, sus ojos brillaban con una intensidad casi perturbadora, con furia casi animal.
—Me dejaste… y ahora estás con ella.
Caiomhe habló con calma.
—Yo no estoy con Alejandro.
Valeria solo respondió más molesta —¿De verdad crees que no me doy cuenta?
Los empleados observaban en silencio, mientras Alejandro le decía a uno de ellos que llamara a Seguridad, para después responderle a Valeria.
—Esto no es asunto de la empresa, solo vete.
—¡Claro que lo es!
—gritó Valeria—.
Porque yo sé que todavía me amas.
Alejandro la miró con incredulidad.
—Valeria… ¡Estás enferma!
Pero ella dio un paso más, hacia él.
—Vamos dilo.
—¡Dilo!
Alejandro respondió harto, pero sabía que esas palabras eran lo único que la haría desistir.
—No te amo Valeria, eso se terminó hace muchos años.
Las palabras de él cayeron como una piedra, durante un breve instante Valeria quedó completamente inmóvil y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Pero no parecían lágrimas de tristeza, lo eran de furia.
—Estás mintiendo.
Caiomhe observó a Katia que no intervenía, y notó algo en ella.
Era una pequeña sonrisa, era apenas visible pero delatadora, y entonces lo entendió todo.
Valeria realmente estaba desequilibrada y Katia se aprovecharía de eso, era claro que no había venido solo a acompañar a Valeria…
había venido a provocar exactamente esto.
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