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Mis Dos Esposas - Capítulo 56

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56: Choque Corporativo 56: Choque Corporativo El aire de la tarde era pesado cuando Emma salió del edificio del Corporativo Belmonte–Van Dyke, junto a Alejandro.

Los minutos que caminaron en silencio hacia el automóvil les parecieron eternos a ambos, el escándalo de Valeria todavía parecía vibrar en el ambiente, como si los ecos de sus gritos siguieran rebotando en los pasillos de la empresa, ambos parecían tener grabadas las escenas de todo el denigrante espectáculo hecho por la ex novia incómoda.

Emma fue la primera en hablar.

—Lo siento Alejandro, por favor perdóname, debí creerte.

Alejandro no respondió de inmediato, ambos subieron al coche, y Alejandro encendió el automóvil para salir del estacionamiento, haciendo todo con movimientos tranquilos, demasiado tranquilos, Lo que hizo que Emma se sintiera aún peor anímicamente.

—Alejandro…¿No dirás nada?

Él respiró calmado y respondió sereno.

—Emma, no quiero discutir ahora.

Ella lo miró de reojo.

—No estoy discutiendo, te estoy pidiendo perdón.

—Ya te escuché.

Emma bajó la mirada.

—Pero no me dices nada más, aunque estoy reconociendo que me equivoqué.

El silencio volvió a aparecer.

Después de unos segundos Alejandro habló.

—Es que no es la primera vez que haces lo mismo.

Emma sintió que esas palabras pesaban más que cualquier reproche que le hiciera su esposo, y es que tenía razón, ya había ocurrido antes que ella lo acusara de algo en lo que él era inocente.

Por lo que Emma no respondió, completaron el resto del trayecto en absoluto silencio.

— Poco después que Emma y Alejandro se fueron, en el Corporativo Katia y Valeria salían apenas.

Katia caminaba por el estacionamiento con Valeria casi arrastrándola del brazo.

—¡Suéltame!

—protestó Valeria—.

¡Qué se creen esas dos para tratarme así!

—¡Basta Valeria!

Vámonos de aquí.—respondió Katia con irritación, mientras observaba alrededor para asegurarse de que nadie las estuviera observando.

—¿Estás loca?

—añadió en voz baja—.

¡Mi padre podría aparecer en cualquier momento!

Y eso sería mi ruina.

Valeria cruzó los brazos.

—Esa idiota me humilló.

—Tú te humillaste sola pretendiendo que mi hermano te pertenece, si quieres tenerlo deber actuar mucho más inteligentemente que hoy.

Valeria la miró con indignación.

—¡Yo solo defendía lo que es mío!

Katia respiró profundamente intentando controlar su paciencia ante la completa necedad de su amiga.

—Valeria… —dijo lentamente—.

Te pedí que provocaras un poco de tensión en Alejandro, no que te volvieras loca y crearás un circo en las oficinas.

Valeria hizo berrinche ignorando completamente las palabras de Katia.

—Estaba con esa mujer.

—Sí idiota, ¡Porque trabajan juntos!

ella no es el problema, debes encargarte de Emma, yo me encargo de la pelirroja.

Valeria no parecía convencida.

—No me importa, estoy segura que ella me lo quiere robar.

Katia cerró los ojos un segundo, pensando que quizás nunca debió involucrar a Valeria en esto, parecía una fuerza imposible de controlar.

—Ahora Emma y Alejandro creerán que yo estoy detrás de las fotos que enviaste.

Valeria parpadeó.

—¿Y eso qué?

Katia la miró con incredulidad.

—¿Cómo que y qué?— le dijo mientras se llevaba una mano a la frente.

—Significa que yo estoy detrás de todo, y eso sí llega a oídos de mi padre acabaría con mis planes.

Valeria guardó silencio mientras escuchaba el regaño de Katia.

—Esto iba bien… hasta que perdiste el control.

Valeria apretó los labios.

—Ellos me provocaron.

Katia la miró detenidamente durante unos segundos.

—No tienes remedio Valeria, vete a tu casa, después arreglaré tu desastre.

—¿Qué dices?

—Que necesito pensar en como arreglar tus estupideces.

Valeria hizo cara de molestia antes de responder —Pero… —Ya te dije que después hablamos, no quiero verte.

Valeria finalmente asintió y caminó hacia su automóvil, por inverosímil que pareciera, Valeria era completamente dócil ante Katia, que podía dominarla y manipular la a su antojo desde jóvenes.

Katia se quedó sola, y su expresión se volvió una de absoluta frustración.

—Es una maldita idiota… —murmuró— pero soy más idiota yo por confiar en esa maldita loca.

— Esa tarde en la casa de los tres, Marian estaba en la sala cuando escuchó abrirse la puerta.

Se levantó inmediatamente para recibir a Emma, ella aún desconocía la situación con Valeria en el Corporativo.

—¿Cómo estuvo…?

Pero se detuvo cuando vio sus rostros.

Emma se veía cansada, y Alejandro estaba claramente molesto con ambas.

—¿Qué pasó?

—preguntó Marian.

Emma dejó su bolsa sobre la mesa con un gesto descuidado.

—Valeria hizo un escándalo en la empresa, le gritó a Alejandro, y quiso golpearme a mí y a Caiomhe.

Los ojos de Marian se abrieron de la sorpresa —¿Qué diablos?

Alejandro caminó hacia la cocina sin decir nada, prácticamente ignorándolas.

Emma suspiró.

—Gritós e insultos a los cuatro vientos, fue dantesco…

patético.

Marian parpadeó varias veces.

—¿Intentó golpearte?

—Sí, pero Alejandro la detuvo.

Marian miró hacia la cocina donde él estaba sirviéndose un vaso de agua, refresco, o alcohol, lo que encontrara antes.

Entonces Marian entendió algo, por lo que habló en un tono muy bajo para que solo la escuchará Emma: —Entonces… él decía la verdad.

Emma cerró los ojos.

—Sí.

Marian suspiró.

—Dios, qué idiotas.

Durante un momento las dos permanecieron en silencio.

Finalmente Marian habló.

—Creo que le debemos una disculpa.

Emma asintió.

—Sí.

Las dos caminaron hacia la cocina, casi como niñas regañadas, mientras Alejandro estaba apoyado contra el mostrador, bebiendo agua, con la firme intención de evadirlas, pero cuando las vio acercarse, su expresión se volvió seria.

Emma habló primero.

—Alejandro… Pero él no dijo nada, solo la vió de reojo, y bajó la vista hacia su vaso vacío.

Marian tomó aire.

—Nos equivocamos contigo.

Alejandro dejó el vaso sobre el mostrador.

—No me digan— La respuesta fue sarcástica, podría parecer que Alejandro buscaba hacerlas enojar ahora.

Emma bajó la mirada.

—Lo siento mi amor Marian también.

—Yo también, por favor perdóname Álex.

Alejandro las observó durante un momento y lanzó un breve suspiro.

—Acepto sus disculpas.

Ambas levantaron la mirada con alivio, y se acercaron a abrazarlo.

Pero él hizo un gesto con la mano para marcarles que se detuvieran, y entonces añadió: —Las perdono, pero ya estoy harto de esto.

Las dos se quedaron inmóviles, era la primera vez que él les hablaba con ese tono tajante.

—Es la segunda vez —continuó Alejandro— que no confían en mí ¿Siempre va a ser así que aparezca una mujer?

—Si definitivamente no confían en mi lo mejor sería terminar con esta relación y ya, todos felices.

Emma tragó saliva.

—Lo sé, y no sabes cómo lo lamento.

—Primero lo de Caiomhe— les reclamó él.

Marian bajó la mirada.

—Y ahora Valeria.

Alejandro negó con la cabeza.

—¿Saben qué es lo peor?

Ninguna respondió.

—Que yo no hice nada, no les he dado motivos para dudar, todo ha estado en sus cabezas.

Entiendo lo horrible de ver las fotos de Valeria, pero yo llevaba años sin saber de ella, y esa mujer está desequilibrada.

Emma sintió un nudo en el pecho mientras Alejandro respondía.

—Esta noche voy a dormir solo.

Las dos se miraron sorprendidas.

—Alejandro, no espera —empezó Marian.

Pero él levantó la mano.

—No, basta.

Ustedes tomaron una decisión arbitraria y la acepté, ahora solo les queda aceptar mi última palabra— Les dijo con voz firme.

—Necesito estar tranquilo.

Emma asintió lentamente.

—Si, está bien, lo entendemos.

Aunque Marian no estaba convencida, sin embargo ella desconocía la situación del trayecto completo a casa y lo incómodo del momento.

Alejandro se sirvió una copa y salió de la cocina.

Marian y Emma se quedaron solas mirándose sin saber qué hacer, y después de un momento Marian dijo.

—Estamos jodidas.

Emma cerró los ojos y asintió con la cabeza.

—Sí.

— En otro lugar de la ciudad.

Katia estaba sentada en el sofá de su sala mientras Nigel servía dos copas de vino.

—Así que… —dijo él entregándole una—.

¿Cómo salió tu brillante plan?

Katia bebió un pequeño sorbo.

—Al principio todo iba bien pero…

Nigel levantó una ceja.

—¿Pero qué?

—Valeria perdió la cabeza e hizo un espectáculo deplorable en el Corporativo.

Nigel soltó una pequeña risa.

—Eso no me sorprende, según como la describiste.

Katia suspiró.

—¿Y ese escandalo lo hizo delante de todos?— le preguntó su esposó —De todos, fue aberrante.

Nigel silbó suavemente.

—Eso suena divertido.

Katia lo miró con irritación.

—No seas idiota por favor.

—¿Por qué tanto problema?

No querías que ella hiciera todo un desastre en la vida de tu hermano.

—Porque Emma y Alejandro entendieron que yo estaba detrás de sus actos.

Nigel se recostó en el sillón.

—Bueno, eso sí complica las cosas.

Nigel se quedó pensando un poco y luego sonrió.

—Tal vez no todo es malo Katia lo miró.

—¿Qué estás pensando que pueda hacer?

Nigel bebió un poco de vino.

—Creo que podemos aprovechar ese exabrupto.

Katia cruzó las piernas.

—Te escucho, explícame.

Nigel habló con calma.

—El escándalo ocurrió en la empresa.

—Sí.

—¿Delante de los empleados?

—Sí.

—¿Y Alejandro perdió la calma?

Katia dudó.

—Un poco, bueno de hecho la aventó, cuando ella intentó golpear a Emma.

Nigel sonrió.

—Eso es perfecto.

Katia lo miró con curiosidad.

—¿Perfecto?

—Tu padre odia que alguien lo haga quedar mal frente a sus empleados.

Los ojos de Katia comenzaron a brillar.

—Continúa.

Nigel apoyó el vaso en la mesa.

—Solo tienes que contarle que Alejandro armó un escándalo en el corporativo, antes de que el chisme llegue a él por alguien más, si tú lo cuentas a tu manera, nadie va a poder contradecirte.

—Pero no fue él.

Nigel hizo un gesto restándole importancia a la verdad.

—Eso no importa.

Katia sonrió lentamente.

—Puedes decirle que agredió a una mujer, y eso no lo puede tolerar nadie, menos en estos tiempos.

—Puedes agregar además que te humilló con esa actitud hacia tu mejor amiga.

Katia se alegró escuchando las ideas de Nigel, que continuó hablando.

—Además ese comportamiento está dañando la imagen de la empresa.

Katia comenzó a reír suavemente.

—Eres brillante.

Nigel levantó su copa.

—Solo soy práctico.

Katia chocó su copa con la de él.

—Mi padre nunca tolera la falta de respeto, y tampoco tolera que nada me afecte.

Nigel sonrió.

—Entonces asegúrate de que crea que Alejandro lo provocó todo con intransigencia.

Katia bebió un trago largo.

Sus ojos brillaban con una mezcla de ambición y resentimiento hacia su hermano.

—Si Rafael se vuelve contra Alejandro… Nigel terminó la frase.

—Su matrimonio fallido será el menor de sus problemas.

Katia sonrió, pues en su mente, el siguiente movimiento del juego ya estaba tomando forma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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