Mis Dos Esposas - Capítulo 57
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57: Un golpe de realidad.
57: Un golpe de realidad.
La casa de Valeria estaba en silencio, había demasiado silencio, ella estaba sentada en el sofá de su sala, con las piernas cruzadas y el teléfono en la mano, tenía la mirada fija en la pantalla apagada.
Estaba esperando ansiosamente un mensaje, o una llamada.
Pero no había recibido ningún mensaje, mucho menos llamada alguna, nada que le demostrará que Alejandro estaba interesado en comunicarse.
Eso no tenía sentido para ella, porque en su mente, lo que había ocurrido en la empresa había sido algo completamente distinto a lo que realmente pasó.
Valeria cerró los ojos y recordó lentamente: El pasillo y los gritos, Alejandro sujetándola del brazo mientras le ordenaba: “No te atrevas a tocar a mi esposa.” En su recuerdo, sin embargo, el significado de esas palabras eran distintas, para ella habían significado otra cosa.
Había visto preocupación en sus ojos, un sentido de protección, sentimiento que, según su alterada interpretación, no era hacia Emma.
—Sigues preocupado por mí… —murmuró al tiempo que sonreía suavemente.
Luego su expresión cambió al recordar a Emma, esa rubia elegante.
La esposa, esa mujer que, según ella, estaba ocupando un lugar que no le correspondía.
Sus ojos se llenaron de resentimiento.
—Él no te pertenece… Y entonces apareció otro rostro en su mente.
Uno con cabello rojo y ojos verdes claro: Caiomhe.
Valeria apretó los puños con nota le enojo —Y esa pelirroja… La supuesta compañera de trabajo, que a todas luces era su amante; la mujer que, en su imaginación, estaba robándole a Alejandro.
Cada que pensaba en ella la rabia crecía dentro de ella como un fuego lento…
Pero no terminó ahí, había otra imagen más.
Una mujer de piel oscura, delgada y hermosa, con esa mirada tranquila que parecía juzgarla sin decir una palabra, Marian.
De ella solo sabía que trabajaba en su casa, nunca la había visto, solo vió una foto por parte de Katia y la conocía por lo mucho que le desagradaba a su amiga, pero eso era suficiente para ella.
La expresión de Valeria se volvió aún más dura.
—Todas quieren quitármelo…
Su mente funcionaba de una forma extrañamente peligrosa; cada recuerdo estaba distorsionado, cada gesto de Alejandro había sido reinterpretado como una prueba de amor, aún cuando en realidad era algo totalmente distinto.
Cada obstáculo, ella lo interpretaba como una conspiración.
Así que en ese momento tomó una decisión.
Se levantó del sofá, decidida a tomar acciones..
—Esto se termina hoy.
— La mañana en la casa de Alejandro comenzó en paz.
Alejandro despertó lentamente en la habitación de huéspedes, le tomó unos segundos ubicar en dónde estaba, luego la realidad volvió de golpe.
Recordó las discusiones, el espectáculo de Valeria en el Corporativo, las disculpas de Emma y Marian; y por último, la decisión de dormir solo.
Se sentó en la cama y respiro, ya no estaba enojado como la noche anterior pero sí estaba cansado, definitivamente estaba muy cansado.
Se tomó un momento antes de levantarse y salir de la habitación.
El aroma de comida recién hecha llenaba el aire, Alejandro bajó lentamente las escaleras y cuando llegó al comedor se detuvo.
Observó como la mesa estaba preparándose para el desayuno, y lucía que sería uno impresionante.
Emma ya estaba colocando platos y Marian salía de la cocina con un platón con alguno de los platillos para desayunar.
Ambas se detuvieron cuando lo vieron, pero durante un momento nadie habló.
Hasta que Emma fue la primera en pronunciar palabras.
—Buenos días… Su tono era suave, conciliador.
Alejandro le respondió tranquilo.
—Buenos días Emma.
Marian dejó el platón sobre la mesa.
—Preparamos el desayuno.
Alejandro observó la mesa.
—Sí, eso veo, gracias.
El ambiente estaba cargado de una mezcla de vergüenza por parte de ellas y tensión de él.
Emma tomó valor para hablar.
—Sabemos que sigues molesto con nosotras, y tienes razón.
—No estoy molesto.
—¿De verdad?
Alejandro se sentó.
—Estoy… cansado.
Marian y Emma intercambiaron una mirada.
—Lo entendemos —dijo Marian.
Emma se sentó frente a él y tomó su mano.
—De verdad lo sentimos.
Alejandro no respondió, solo se movió a tomar una taza de café.
La casa se volvió a quedar en silencio, y justo entonces… alguien tocó a la puerta con desesperación.
TOC TOC TOC.
Los tres miraron hacia la puerta.
Emma preguntó con sorpresa.
—¿Esperan a alguien?
Alejandro negó.
—No.
Ni siquiera tengo pensado ir al Corporativo hoy.
Emma se levantó.
—Ok, yo abro.
Caminó hacia la entrada y abrió la puerta, la imagen que vió en la puerta la dejó congelada.
¡Valeria estaba ahí!
Pero no estaba tranquila, por el contrario, sus ojos brillaban de una manera enfermiza.
Valeria empujó la puerta antes de que Emma pudiera reacciona, y entró gritando enloquecida.
—¡YA ESTOY HARTA!
Su voz resonó en la casa.
Alejandro se levantó de inmediato al verla.
—¿Qué demonios haces aquí?
Valeria caminó directamente hacia ellos.
—¡Ya es suficiente de mentiras Alejandro!
Emma la miró con incredulidad.
—¿Qué diablos haces?
Valeria señaló a Alejandro.
—¡Es hora de que les digas la verdad!
Alejandro dio un paso adelante.
—Valeria, lárgate.
Pero ella continuó.
—¡Diles que me amas!
Emma abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué?
Alejandro se movió inmediatamente y se colocó entre Emma y Valeria.
Definitivamente no confiaba en Valeria y ya conocía esa mirada.
Sabía que, detrás de ese rostro angelical, había algo muy peligroso, una mente totalmente retorcida.
—Basta —dijo con firmeza.
Pero Valeria no lo escuchaba, ella estaba inmersa en su fantasía.
—Ya estoy cansada de esta farsa—Dijo señalando a Emma.
—¡Tú sabes que él me ama!
Emma cruzó los brazos en pose retadora.
—Estás loca.
Valeria soltó una risa.
—No, no estoy loca, ahora además de ti, está con esa pelirroja.
Alejandro respondió —Ella es mi socia, y tú no tienes nada que hacer en mi casa.
—¡Claro!
La voz de Valeria era cada vez más aguda.
—¿Cuántas mentiras más inventarás?
En ese momento… Marian salía de la cocina, no había escuchado nada del escándalo mientras preparaba el resto del desayuno.
Llevaba el último platón lleno de comida cuando escuchó los gritos.
—Oigan ¿Qué está pasando…?
Valeria se volteó y corrió hacia ella.
Y sus ojos se abrieron con desprecio.
—Asi que tú eres la criada de la que me hablaron.
Marian inmediatamente cambió su gesto y su tono.
—¿Qué dijiste?
Valeria la señaló.
—¿Ahora hasta con esta sirvienta te acuestas?
Emma no podía creer la actitud de esa mujer.
Alejandro fue directo por Valeria para sacarla a la fuerza.
—¡Valeria!
Pero ella ya estaba fuera de control.
—¿Quién es esta negra?
Marian se quedó quieta por un momento intentando bajar la comida en la mesa.
Pero a Valeria le bastó un segundo para llegar a dónde Marian estaba, y de un fuerte golpe tiró el platón de comida de las manos de Marian.
El platón se estrelló contra el suelo, y toda la comida se esparció por todas partes.
Y ese fue el momento en que todo cambió.
Marian no dijo nada, no gritó ni discutió.
Simplemente avanzó un paso directo hacia Valeria, cerró el puño, y le lanzó un gancho limpio…
un puñetazo directo a la mandíbula.
El golpe fue tan rápido y perfecto que Valeria ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar…
en cuanto lo recibió sus ojos se pusieron en blanco.
Y cayó al suelo completamente inconsciente.
Alejandro y Emma se quedaron petrificados al ver la acción, mientras Marian se sacudió la mano con calma.
—Esta perra tiró mi comida Alejandro parpadeó.
—¿Qué…?
Miró a Valeria que estaba completamente inconsciente.
—¿La… noqueaste?
Marian hizo una pose triunfal.
—Sí, se lo merecía.
Alejandro la miró como si la estuviera viendo por primera vez.
—Nunca había visto a una mujer pelear así.
Marian suspiró.
—Tuve que aprender desde pequeña.
Emma la miró.
—¿A pelear?
Marian asintió con tono tranquilo.
—Sí, para defenderme de todos.
Alejandro seguía sorprendido, mientras Emma miró a Marian y levantó las manos.
—Prometo que nunca te haré enojar, o tiraré tu comida.
Marian soltó una pequeña risa.
—No te preocupes, a ti nunca te levantaría la mano— le dijo mirándola con afecto.
Emma sonrió.
—Eso es un alivio.
El ambiente en la casa comenzó a relajarse.
Alejandro suspiró, y luego miró a las dos mujeres, y por fin, después de varios días…
sonrió.
—Supongo que ya estamos en paz.
Emma se acercó y lo abrazó.
—¿Me perdonas entonces?.
Marian también.
—¿Y a mí también?
Por fis.
Alejandro cerró los ojos un segundo.
—Esta bien, ya olvidemos esto.
Marian miró a Valeria en el suelo.
—¿Y ahora qué hacemos con ella?
Emma dijo medio en broma y medio enserio.
—No debe tardar el camión de la basura.
—No creo que la reciban, son desechos tóxicos — dijo Marian.
Alejandro sacó su teléfono.
—Voy a llamar a alguien.
Marcó un número, y unos segundos después respondió una voz masculina.
—¿Bueno?
—Hola Ricardo… soy Alejandro.
Ricardo era el primo de Valeria, y Ricardo también amigo suyo desde hacía años, pero a diferencia de Valeria, él siempre fue respetuoso.
—Necesito que vengas a mi casa.
—¿Qué pasa?
Alejandro miró el cuerpo inconsciente en el suelo.
—Se trata de tu prima —Ay, no puede ser con esa mujer — dijo Ricardo con notable frustración — Está bien, ya voy por ella.
— Horas después.
En la casa de Valeria, ella estaba sentada en el sofá con una bolsa de hielo en la mandíbula, con una notable inflamación, mientras Katia la observaba desde enfrente.
—Dios mío, estás hecha un desastre.
Valeria la ignoró, mientras sus ojos estaban llenos de furia.
—esa mujer… Katia suspiró.
—Te advertí que no hicieras más estupideces.
Valeria apretó los dientes.
—Me vengaré.
Sus ojos brillaban.
—Si antes pensaba deshacerme de la esposa rubia… La bolsa de hielo crujió bajo su presión.
—Y de la maldita pelirroja… Su voz se volvió más fría.
—Ahora tengo otro objetivo.
Katia levantó una ceja.
—¿Cuál?
Valeria levantó la mirada.
—Esa maldita negra.
En ese momento Katia comprendió que Valeria ya no estaba jugando, y que ahora Emma, Marian y Caiomhe conocerían lo peor de ella…
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