Mis Dos Esposas - Capítulo 58
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58: Calma engañosa 58: Calma engañosa El ataque de Valeria a la casa de Alejandro, Emma y Marian había quedado atrás, los res se encontraban ya en una suave calma, por fin, habían resuelto sus problemas y tras un día en el que se dedicaron a despejarse alejándose de todo problema externo, pronto llegaría la noche.
Los tres decidieron ir a descansar, y así al cerrarse la puerta de la habitación principal suavemente detrás de Alejandro, el mundo afuera seguía en caos: La empresa, su padre, Katia y Valeria.
Todo girando y rompiéndose poco a poco, pero en ese momento nada importaba para ellos, estaban decididos a demostrarse que nada los separaría.
Dentro de la habitación había mucho silencio, pero a diferencia del de los días anteriores este era cálido, e íntimo.
Emma y Marian ya estaban ahí dentro esperándolo, solo con la firme intención de compensarlo y complacerlo.
Alejandro se quedó de pie unos segundos, observándolas como si intentara entender si aquello era real, o solo una pausa antes de la siguiente tormenta, pero la vista para él era más que placentera, ambas lucían hermosas, sensuales, y semidesnudas, solo ataviadas en pequeños conjuntos de ropa interior.
Emma dio un paso hacia él, su expresión era provocadora pero también conciliadora.
—No queremos pelear más —dijo en voz baja.
Marian se acercó también, colocándose a su lado.
—Ni perderte, queremos que nos ames.
Alejandro le respondió lentamente y con un tono suave.
—No me han perdido, no digan eso.
—Pero te estás alejando de nosotras —respondió Marian directa — Y sabemos que ha sido culpa nuestra.
Eso lo hizo quedarse en silencio.
Emma levantó la mano y tocó su rostro con suavidad.—Y eso sí lo sentimos.
Alejandro cerró los ojos un instante ante el contacto.
Como si ese simple gesto pesara más de lo que debía.
—No tenemos que discutir más eso —murmuró.
—No, ya no —respondió Emma—.
Por eso estamos aquí.
Marian lo observó fijamente.
—No para discutir… para arreglarlo todo.
Alejandro se tomó un momento para elegir si aumentaría la distancia…o permitir que ellas se acercaran otra vez a él.
Y esta vez decidió que ya no abriría más la brecha en su matrimonio, simplemente… no se movió cuando Emma se acercó más a él, ni cuando Marian acortó la distancia.
Esta vez las cosas parecían premeditadas entre ellas para complacerlo en todo sentido, ambas hicieron el gesto de prepararse para besarlo, sin embargo, el primer beso no fue hacia él.
Fue entre ellas, fue suave, lento casi rítmico, parecía a todas luces tímido pero claramente intencional.
Alejandro las observó sin intervenir ni detenerlas, había algo en esa imagen que lo desarmaba.
Y no era solo deseo que sentía por ambas, y el deseo que siempre sintió por poseerlas a ambas al mismo tiempo y que nunca había expresado; también era la complicidad y la confianza reconstruyéndose frente a él.
Emma apoyó su frente contra la de Marian, respirando cerca.
—Esto también es por ti… —susurró.
Marian sonrió apenas.
—Es por los tres y nuestro matrimonio.
Alejandro dio un paso adelante, un movimiento instintivo e inevitable.
—No hagan esto solo para compensarme —dijo, con voz más baja.
Emma lo miró.
—No es compensar, es para complacer.
Marian añadió: —Es recordarte quiénes somos contigo, y lo mucho que te amamos.
Luego Emma tomó su mano y la llevó lentamente hacia ella, con toda la intención de que él se uniera en aquella danza primigenia.
—Ven, te necesitamos aquí —dijo—.
Con nosotras.
Alejandro las miró a ambas, y por primera vez desde la discusión, se decidió a dejar todo atrás, su instinto más básico cedió dentro de él.
Aunque no completamente, sí lo suficiente para entregarse a ellas.
Se inclinó y besó a Emma primero con suavidad, como si probara el terreno, como si intentara confirmar que estaba ahí de verdad y no era un sueño.
Ella respondió de inmediato con pasión y una mezcla de alivio y emoción desbocada.
Marian no se quedó al margen, se acercó a ellos, su presencia no interrumpía, los completaba.
Se integró al momento como ya se había integrado a la vida con ellos.
El espacio entre los tres desapareció poco a poco no de forma abrupta sino natural.
Era como si sus cuerpos recordaran lo que sus emociones habían olvidado.
Las manos de Alejandro se movieron con más decisión, su respiración cambió a una mucho más agitada, la tensión que habían cargado toda la semana empezó a disolverse.
Emma se aferró ligeramente a él y Marian apoyó su frente contra su hombro.
—Confíen en mí, solo eso les pido —murmuró Alejandro, casi entre susurros.
Emma lo miró a los ojos.
—Lo hacemos.
—Entonces dejen de dudar.
Marian asintió.
—Te lo prometemos.
Alejandro negó suavemente.
—No lo prometan.
Su voz se volvió más firme.
—Solo háganlo.
El silencio que siguió no fue incómodo, fue solo la manera de cerrar una promesa.
En ese momento, Emma lo besó de nuevo y esta vez con más decisión y más entrega.
Marian se unió a ellos, rodeándolos con los brazos, y la energía cambió por completo.
La renuencia de Alejandro desapareció, y su contención se rompió.
Como si todo lo que habían reprimido en los últimos días encontrara salida en ese momento.
El contacto se volvió más cercano y profundo, las respiraciones de los tres se mezclaron.
Los movimientos dejaron de ser contenidos, no había necesidad de palabras.
Porque lo que estaban reconstruyendo no era solo deseo, era un vínculo y era pertenencia.
Ese equilibrio extraño que solo existía entre los tres.
El tiempo pareció detenerse, o al menos a perder importancia.
El mundo exterior dejó de existir por un momento.
Y para ese instante, el ambiente se cargó de una energía diferente, ya era una mezcla de deseo reprimido y necesidad urgente de parte de todos.
Emma y Marian, movidas por una sincronización perfecta, se acercaron aún más a Alejandro, con sus cuerpos buscando el consuelo y la conexión que habían perdido en días pasados, ambas se quitaron la ropa una a la otra, con la firme intención de excitarlo.
Emma, con una mano suave pero firme, guió la mano de Alejandro a su cintura, sintiendo su calor directamente en su piel.
Marian, por su lado, dejó un rastro de besos en el cuello de Alejandro, su aliento cálido enviando escalofríos por la espalda de su esposo.
Alejandro, finalmente liberado de sus presiones, les eespondió con pasión, y sus manos exploraron los cuerpos de ambas mujeres con una urgencia renovada.
Alejandro pasó una de sus manos por el pecho de Emma, revelando piel desnuda y tentadora.
Marian, con una sonrisa de complicidad ayudó a Emma a desabotonar la camisa de Alejandro, sus dedos rozaron su pecho firme.
Alejandro, con un gemido ahogado, se deshizo rápidamente de su ropa restante, y su cuerpo ahora estaba listo y dispuesto y para recibir el calor de sus mujeres.
Emma y Marian se miraron, compartiendo un momento de entendimiento silencioso antes de volver su atención a Alejandro.
Sus manos lo acariciaron, explorando cada rincón de su cuerpo con una familiaridad que hablaba de su intimidad compartida.
Alejandro, entre susurros y jadeos, les devolvió las caricias, sus dedos trazando patrones de fuego sobre sus pieles sensibles, sus manos bajaron lentamente después hacia los labios vaginales de ambas, el simple tacto de los dedos de Alejandro fue suficiente para que ambas gimieran delicadamente, encorvándose ligeramente por la excitación.
Alejandro subió sus manos hacia la boca de cada una de ellas, que rápidamente los lamieron con delicadeza para humedecer los y facilitar el suave tacto, con el que su esposo las empezaba a masturbar.
Los tres se dirigieron a la cama mientras Alejandro seguía tocando a ambas chicas en la misma zona, al tiempo que las besaba alternadamente.
La habitación se llenó con el sonido de sus respiraciones entrecortadas y sus gemidos.
Emma y Marian, movidas por el deseo de complacer a Alejandro y excitarlo aún más, se besaron profundamente, sus lenguas hicieron una danza erótica que él observaba con ojos encendidos de pasión, y pronto se unió a ellas, así los besos intercalándose entre los tres y sus cuerpos entrelazados en un abrazo que hablaba de una total reconciliación y pertenencia.
Alejandro, con una ternura inesperada, levantó a Emma y la colocó suavemente sobre la cama, sin que sus labios nunca abandonaran los de ella.
Marian en ese momento estaba detrás de él, por lo que acarició su espalda con movimientos lentos y sensuales.
Alejandro, recostó a Emma, y con una mezcla de gentileza y urgencia la penetró, y ambos comenzaron a sincronizar sus movimientos con los gemidos de placer que escapaban de sus labios.
Marian, sin dejar acariciar a Alejandro, se colocó a la cabeza de Emma, primero la beso de manera encontrada, pero se levantó lentamente exponiendo así su vagina directamente ante Emma.
Emma movió sus brazos para atraer directamente a Marian hacia ella, sentado a la otra chica directamente en su boca, Emma comenzó a lamer y a chupar poco a poco el sexo de Marian, que solo intentaba reprimir los gemidos de placer que esto le provocaba.
Marian se levantó una vez que estaba totalmente excitada y perfectamente húmeda.
Se recostó junto a Emma invitando a Alejandro a entrar en ella.
Emma, con los ojos cerrados y una sonrisa de éxtasis, volteó hacia Marian, y ambas se besaron, mientras Emma alcanzaba su primer orgasmo producto de la penetración de su esposo.
Él aumentó el ritmo y sus cuerpos se movieron con una sincronización perfecta, cada movimiento era una promesa de amor y reconciliación.
Alejandro, entre gemidos de placer, se perdió en las sensaciones que lo envolvían, su cuerpoiendo a las demandas de sus amantes con una pasión renovada.
Finalmente, en un clímax de placer compartido, los cuerpos de ambos se estremecieron, las respiraciones se sincronizaron y los corazones latieron al unísono.
Sin embargo, Alejandro se levantó inmediatamente, y sin haber perdido su enorme erección se dirigió a Marian, que ya lo esperaba completamente mojada, Alejandro entró directamente en ella sin esperar, ambos ya estaban demasiado excitados para continuar con la espera.
Marian comenzó a gemir de inmediato ante la penetración del enorme miembro de Alejandro, y comenzó a moverse con prisa mientras los besos entre ambos eran cada vez más intensos.
Emma una vez recuperada del climax se inclinó y comenzó a alternar besos con ambos, cortos e intensos, para después comenzar a chupar los enormes y hermosos senos de Marian, Alejandro hizo lo mismo mientras Marian estaba en completo éxtasis ante los embates de la verga de Alejandro y las lenguas de sus esposos en su pecho.
Emma en ese momento se levantó, y decidió que era tiempo de devolver el favor a Marian, por lo que se sentó lentamente sobre la boca de Emma, pero de manera que quedará inclinada mostrando su enorme y perfecto trasero a Alejandro.
Alejandro y Marian comenzaron a besar, lamer y chupar en cuerpo de Emma por el frente y por detrás mientras se retorcía por el placer que ambos le provocaban con sus lenguas y bocas.
No pasó mucho tiempo para que Marian alcanzara el orgasmo ante las embestidas de Alejandro.
Marian se levantó y le pidió a Alejandro que se recostara ahora él, y una vez que estaba acostado, ambas chicas comenzaron a chupar su enorme pene, lo iban alternando una y una, y lo complementaban con besos pasados entre ellas, que solo aumentaban la excitación de su esposo.
Marian comenzó a notar que Alejandro estaba cerca del orgasmo por lo que aumentó el ritmo y la velocidad, no tardaría mucho en terminar y comenzar una profusamente eyaculación, mientras ella comenzó a beber completamente sus descargas, una vez que terminó Marian se levantó y Emma se dedicó a lamer lo poco que quedaba aún por expulsar en Alejandro.
Tras el intenso encuentro, los tres se desplomaron en la cama y se quedaron abrazados mientras ambas chicas alternaban una a una los besos con su esposo compartido.
En ese momento, todo lo que habían reprimido encontró liberación, y lo que quedaba era un vínculo más fuerte, una promesa de pertenencia y un amor que solo ellos podían entender.
La calma había llegado a su hogar, aunque aún hubiera una enorme tormenta esperando por ceñirse sobre ellos.
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