Mis Dos Esposas - Capítulo 59
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59: Batalla en 3 frentes 59: Batalla en 3 frentes La luz de la mañana entraba suave por los ventanales, dibujando sombras cálidas sobre la mesa, los tres ya estaban juntos en la mesa y el desayuno estaba servido, pero había algo más…
Calma.
Por primera vez en días había verdadera calma: Alejandro observó a ambas chicas en silencio, Emma estaba sentada a su derecha, con el cabello ligeramente desordenado, aún con ese aire suave de la mañana, y del otro lado, estaba Marian que sostenía su taza con ambas manos, como si necesitara anclarse a ese momento.
Ninguno de los tres hablaba, pero ya no era incómodo, era pacífico, por fin se habían reconciliado completamente la noche anterior y habían renovado su amor y confianza.
Marian fue quien rompió el silencio.
—Creo que ya nos hicimos suficiente daño dudando unos de otros.— Levantó la mirada en cuanto terminó de hablar y dió un sorbo de café.
Sus ojos se encontraron primero con los de Emma, luego con los de Alejandro.
—No quiero volver a pasar por eso— dijo Alejandro, pero ya es asunto cerrado.
Emma asintió de inmediato.
—Ni yo quiero.
—Fuimos muy injustas contigo —añadió mirando a Alejandro.
—Lo importante es que ya quedó atrás — Alejandro se inclinó un poco hacia adelante.
—Porque lo que viene no va a ser más fácil.
Él ambiente cambió en ese momento, se mantenían en calma pero ahora tenían una intención clara.
—Sabemos que fue Katia —dijo Emma, con firmeza—.
La que indujo a Valeria.
—Sí —respondió Marian—.
Ya no tenemos dudas.
Apretó la taza entre sus manos.
—Ellas nos quieren separar.
Alejandro asintió.
—Y casi lo logran.
—Pero ya no —añadió Emma.
Su voz fue más firme ahora.
—No les vamos a dar ese gusto.
Marian la miró y sonrió.
Alejandro apoyó los codos en la mesa.
—Entonces estamos de acuerdo en algo.
Las miró a ambas.
—Se acabó la desconfianza.
Emma extendió su mano sobre la mesa.
—Se acabó.
Marian colocó la suya encima casi de inmediato.
—Se acabó.
Alejandro colocó la suya sobre las de ellas.
—Entonces esto cambia.
Las tres manos juntas en un pacto silencioso, pero igual de fuerte que las promesas de amor previas.
Una vez que ambos sellaron el acuerdo, Emma les dijo.
—Tenemos que probar que ellas están detrás de todo.
Marian añadió: —Y protegernos, esto puede llegar a nuestros padres y afectarnos a todos, y no creo que esto se detenga aquí.
Van a intentar algo más.
Alejandro negó.
—No lo hará.
Mi hermana y Valeria son extremadamente obsesivas, van a seguir intentando destruir esto, para quedarse con él poder en la Empresa.
Se recargó en la silla.
—Hay que evitar que mi padre siga cayendo en lo que dice Katia.
El nombre de Rafael Belmonte cambió el aire.
Marian lo notó.
—Va a ser difícil, tu papá se doblega fácilmente ante la voluntad de tu hermana.
—Lo sé, pero al menos tenemos de nuestro lado a mi mamá.
Emma tomó aire.
—Entonces no es imposible con ella y su apoyo.
Si logramos demostrarle a Rafael que todo esto es una manipulación, y todo basado en las mentiras de Nigel y Katia, podemos hacer que dude de ella.
Alejandro la sostuvo la mirada.
—Eso es lo único que necesitamos, pero igual es lo más difícil.
Marian asintió lentamente.
—Solo una grieta expuesta de tu hermana bastaría.
Por primera vez en semana, no había miedo en la mesa.
Solo la certeza de que no iban a caer otra vez.
— En otro punto de la ciudad, Katia sonreía, estaba sentada en el despacho de su padre, ahí cruzaba las piernas con elegancia mientras Rafael, su padre, revisaba unos documentos, Katia iba dispuesta a destruir los planes de Alejandro, aún sin conocerlos.
—Lo que pasó ayer no fue menor, papá —dijo con tono suave, pero inquisidor.
Rafael no levantó la vista.
—Ya me enteré, fue vergonzoso.
—¿Solo vergonzoso?
—Un escándalo en plena empresa es totalmente vergonzoso.
Katia fingió incomodidad.
—Me da pena decirlo papá… pero Alejandro perdió el control.
Eso hizo que Rafael levantara la mirada.
—¿Perdió el control?
¿A qué te refieres?
—No lo hizo directamente… pero permitió que pasara —respondió—.
Y no hizo nada para evitar que escalara.
Rafael respondió fríamente, pero no acusó directamente a su hijo.
—Tú llevaste a esa mujer que desee hace mucho sabemos que está desequilibrada, está vez no puedo culpar a tu hermano.
—Valeria no es mala persona, simplemente sigue enamorada y dolida con mi hermano.
Katia sabía exactamente dónde presionar.
—Además… —continuó— los empleados lo vieron todo.
—¿Y eso qué?
Fue vergonzoso pero no es culpa de él.
Y está será la última vez que quiero a esa mujer en mi empresa, y no la quiero en esta casa.
Katia hizo caso omiso e intentó desviar la atención para atacar a Alejandro.
—¿Qué imagen crees que da esa actuación suya para el Corporativo?
Rafael se reclinó en su silla.
—¿Qué estás insinuando Katia?
Katia bajó ligeramente la voz.
—Que tal vez… Alejandro ya no está en condiciones de liderar como antes.
El aire se tensó.
—Ten cuidado con lo que dices, estoy ocupándome de darte el acceso y poder que mereces, pero no será a costa de tu hermano—le advirtió Rafael.
—No estoy atacándolo —respondió ella con aparente calma—.
Estoy preocupada por la empresa— hizo una breve pausa, y continuó.
—Y por el apellido.
Eso fue lo que terminó de sembrar la duda en su padre, y aunque su padre no respondió, Katia supo que había logrado lo que quería.
— Valeria estaba sentada frente al espejo en su casa, observaba su mandíbula que aún mostraba una leve inflamación, pero ella sonreía mientras pasaba los dedos por su reflejo como si no hubiera nada fuera de lugar.
—Sigues siendo tú, sigues siendo hermosa—susurró.
Sus ojos brillaban pero era una luz que podría describirse como retorcida.
—Él lo sabe — dijo cerrando los ojos, recordando.
En su mente Alejandro estaba defendiéndola, interponiéndose y protegiéndola…para ella todo había cambiado.
Todo tenía sentido.
—Nunca dejó de amarme… La imagen de Emma apareció en su mente, y su expresión se endureció.
—Pero ella está enmedio.
Y luego pensó en Marian.
Su mandíbula se tensó.
—Y esa estúpida negra.
¡Esto no se va a quedar así!
Se levantó de golpe y caminó hacia la ventana.
Desde ahí podía ver a la gente seguir con sus vidas, para ella nada de lo que pasaba afuera era como lo que ella sentía.
—Voy a arreglarlo —murmuró—.
Todo.
Tomó su teléfono y llamó a Katia —Tenemos que hablar.
— El corporativo Belmonte–Van Dyke estaba en movimiento constante.
Con ejecutivos entrando y saliendo, los empleados trabajando, todo parecía normal.
Pero no lo era.
Caoimhe estaba de pie frente al escritorio de Alejandro.
—Te lo dije Alejandro—dijo con calma—.
Esto no iba a quedarse en lo personal.
Alejandro la miró.
—Dime todo lo que sabes.
—Katia ya habló con tu padre.
Eso lo hizo tensarse.
—¿Sabes que fue lo que le dijo?
—Que perdiste el control y que la empresa se vio afectada por tu actitud.
Alejandro soltó una risa breve, una risa sin humor.
—No lo tomes a la ligera —continuó ella—Rafael no necesita mucho para cuestionarte cuando las dudas son incentivadas por tu hermana.
Alejandro respondió con otra pregunta —¿Crees que vaya a hacer algo?
—Creo que ya lo está haciendo, hay que averiguar que es y como detenerlo.
Eso hizo que Alejandro se pusiera pensativo.
Caiomhe se acercó un poco más.
—Pero primero… tienes que dejar de reaccionar emocionalmente.
—No estoy reaccionando.
Ella lo miró con una leve sonrisa.
—Claro que sí lo haces.
Solo que lo haces hacia adentro.
Eso lo hizo callarse por un momento.
—Si te cierras con Emma, Katia ganará —continuó—.
Porque rompe tu equilibrio y no solo se trata de tu matrimonio, tu posición acá se verá afectada.
Alejandro desvió la mirada, sabía que la pelirroja tenía razón.
—Y aquí en la empresa… —añadió— necesitas estar impecable.
—Siempre lo he estado.
—Entonces demuéstralo cuando Katia te provoque, si vuelve a venir Valeria, no choques con ella, yo te cubriré, pero no puede volver a pasar el mismo espectáculo…
porque esto apenas empieza.
— Varias horas después, Alejandro estaba solo en su oficina, desde ahí podía ver cómo la ciudad se extendía frente a él a través del ventanal.
En ese momento su teléfono vibró con un mensaje.
Lo abrió de inmediato, se trataba de un correo interno.
Reunión extraordinaria – Consejo directivo Convocada por: Rafael Belmonte.
Mañana, 9:00 a.m.
Alejandro apretó la mandíbula, porque sabía lo que significaba.
No era una reunión normal, era un movimiento directo por parte de Katia.
En casa, Emma miraba su teléfono, leía el mismo mensaje.
Marian la observaba desde el sofá, una vez que supo de qué se trataba el mensaje.
—Escríbele o llámalo —dijo, él seguro ya sabe lo que planea su hermana por medios e su padre.
—No creo que sea el mejor momento.
—Entonces ve por él, será mejor si crees que estará intranquilo.
Emma dudó.
—Imagino que en este momento debe sentirse muy presionado.
—Precisamente por eso, él necesita nuestro apoyo, y desgraciadamente yo no puedo ir a recogerlo a la Empresa.
Eso la hizo quedarse en silencio, pero se dispuso a hacerle caso a Marian.
Mientras tanto… En otro lugar, Katia sonreía al colgar el teléfono.
Y Valeria, desde su ventana, observaba la ciudad como si fuera suya.
Ahora había tres frentes unidas en una sola historia.
Y en medio de todo estaba Alejandro, estaba de pie frente al vidrio, estaba mirando su reflejo, pensando en cuál sería la manera en que su hermana buscaría fastidiarlo aún más…
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