Mis Dos Esposas - Capítulo 60
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60: Punto de Quiebre 60: Punto de Quiebre La sala de juntas ya estaba en silencio absoluto, de esos que no necesitan palabras para anunciar que algo importante está por ocurrir.
La sala se encontraban llena cuando Alejandro entró sin prisa, con el porte firme que siempre lo caracterizaba.
Su mirada recorrió la mesa observando a todos los presentes: ejecutivos clave, algunos consejeros, socios como Caiomhe y Jan, y al fondo, su padre.
Rafael Belmonte estaba de pie, como si esperara ese momento desde hacía tiempo, y Katia estaba sentada a su derecha, ella estaba sonriendo, lo hacía disimuladamente.
Pero Alejandro la vio, y entendió que está reunión era a causa de ella.
—Qué puntual —dijo Rafael, sin cordialidad, de manera más sarcástica.
—Siempre lo he sido —respondió Alejandro, tomando su lugar.
Caoimhe ya estaba ahí sentada, aunque no dijo nada.
Sin embargo su presencia era un ancla, era una señal de que no estaba solo.
Rafael no tardó en comenzar.
—Vamos a ser directos —dijo, apoyando ambas manos sobre la mesa—.
Lo que ocurrió ayer en la empresa es inaceptable.
Nadie habló, ni siquiera Alejandro.
—Un escándalo, gritos, conflictos personales… en medio del área operativa —continuó—.
Eso no solo afecta nuestra imagen y afecta la confianza de los clientes.
Alejandro lo miró fijamente.
—Yo no lo provoqué —Pero lo permitiste.
—No soy responsable de la inestabilidad mental de terceros, ni tampoco de que alguien más haya traído a esa persona que no tiene nada que ver conmigo.
Un murmullo leve recorrió la mesa.
Katia intervino con voz suave: —No se trata de culpas, Alejandro… sino de control.
Él giró lentamente hacia ella.
—¿Control?
—Sí —respondió—.
Porque un líder no solo actúa… previene.
—Entonces debí preveer que mi hermana traería a su esquizofrénica mejor amiga.
Caoimhe cruzó los brazos.
—Un líder también protege a los suyos —añadió—.
Y eso fue exactamente lo que él hizo.
Rafael levantó una mano.
—Esto no es un debate personal.
Pero ya lo era.
—El punto —continuó— es que esto no puede repetirse.
—No se repetirá —dijo Alejandro—Yo me comprometo a hacerlo, pero no puedo hablar por nadie más.
—Eso espero —respondió su padre—.
Porque de lo contrario… tendremos que reconsiderar ciertas posiciones.
El mensaje era claro por parte de Rafael.
Katia bajó la mirada, ocultando su satisfacción de la vista de sus hermanos.
Pero entonces… Caoimhe habló.
—Antes de seguir… creo que todos deberían ver esto.
Sacó una tablet y la colocó en la mesa, una vez lista la giró hacia Rafael.
—Se filtró hace menos de una hora.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Qué es eso?
Rafael tomó la tablet y su expresión cambió.
Primero mostró sorpresa y luego molestia.
—Explícalo —ordenó.
Caoimhe miró a Alejandro.
—Es un artículo.
Alejandro tomó el dispositivo.
Y lo vio, se trataba de un portal digital.
El Titular era el siguiente: “Escándalo en corporativo Belmonte–Van Dyke: Director involucrado en conflicto con expareja y posibles relaciones inapropiadas dentro de la empresa.” Su mandíbula se tensó.
Había fotos, aunque no eran explícitas, lucían comprometedoras.
Además de una imagen borrosa de la discusión.
Otra donde parecía que él estaba demasiado cerca de Caoimhe.
Y un texto que claramente manipulaba la situación sacándola de contexto.
—Esto es basura, todo es mentira—dijo Alejandro.
—Pero ya está circulando —respondió Caoimhe—.
Y creciendo; una gran mentira ensuciando nuestros nombres.
Rafael golpeó la mesa suavemente.
—Esto es exactamente de lo que hablo.
Alejandro levantó la mirada.
—Esto no es consecuencia de lo de ayer… esto es un ataque premeditado, solo alguien infiltrado pudo conseguir esa información y esas fotografías.
Katia fingió sorpresa.
—¿Un ataque?
¿De quién?
Él no respondió de inmediato, pero sabía a la perfección que la propia Katia era la que había orquestado todo.
—Pues esto no salió de la nada.
Caoimhe intervino: —La redacción tiene un enfoque claro… quieren dañar tu imagen personal y profesional, todo está claramente enfocado en ataques a Alejandro, como si la propia Valeria hubiera escrito la línea editorial.
Rafael se reclinó en su silla.
—¿Y lo están logrando?
Alejandro no apartó la mirada.
—No debería hacerlo, a menos que querramos hacer caso a tabloides sensacionalistas sin rostro.
La respuesta de Alejandro demostraba que no era afectado por esa publicación, pero por dentro, sabía que eso sí estaba teniendo un efecto negativo, sobre todo en su padre.
— Valeria observaba la pantalla de su teléfono.
En ella, el artículo ya tenía cientos de interacciones y comentarios.
La misma ya había sido compartida centenares de veces.
Eran solo una pila de rumores pero cumplían su cometido, aunque ella no estaba presente en el Corporativo, estaba segura que Alejandro se vería afectado por eso.
Y sonrió.
—Ahora sí me vas a escuchar, te lo garantizo.
Su reflejo en la pantalla parecía más vivo que ella misma.
Había pasado horas coordinando todo, usó a sus contactos para hacer que todo quedara como una filtración “anónima”.
Y ahora… Alejandro estaba expuesto.
—Ya no puedes ignorarme más Sus dedos la llevaron a otra conversación en el aparato.
Una conversación llena de mensajes sin responder y fotos enviadas.
Solo silencio del otro lado…
silencio que la había vuelto loca.
Pero ya no, ahora tenía control.
O al menos, eso creía.
—Si no vienes a mí, te voy a obligar a regresar.
Hizo una llamada.
—Katia, ya empezó.
Katia respondió del otro lado.
—Sí… lo vamos a presionar, hasta quebrarlo, y en ese momento, será todo tuyo.
Valeria escuchó la respuesta y sonrió más.
— La reunión continuó.
Pero ya nada era igual, ahora el ambiente había cambiado.
Había pasado de un cuestionamiento interno a una crisis.
—Necesitamos contener esto —dijo uno de los consejeros.
—Debemos hacer un Comunicado Oficial —añadió otro.
Rafael miró a Alejandro.
—Esto es tu responsabilidad.
Él sabía que no lo era, sin embargo, actuaría.
—Sí, lo voy a resolver.
—Más te vale.
Caoimhe se inclinó ligeramente hacia él.
—Mantente tranquilo, te ayudaré—susurró.
Alejandro asintió apenas con expresión serena pero por dentro, la presión comenzaba a acumularse.
Los problemas en la empresa, y dentro de su familia…
además de la desquiciada Valeria.
Todo al mismo tiempo.
Y en medio de todo estaban Emma, Marian y él.
— Al salir del Corporativo, Alejandro sintió algo extraño, como si alguien lo observara, sin embargo ignoró la sensación y caminó hacia su auto.
Pero justo antes de abrir la puerta… —Sabía que ibas a salir pronto Él se congeló al escuchar esa voz, se giró lentamente, y como lo temió, Valeria estaba ahí a unos metros de él.
Estaba sonriendo como si nada hubiera pasado.
—¿Qué doablos haces aquí?
—preguntó él, seco.
—Vine a verte.
—No puedes aparecer así, no puede volver a estar acá, y mucho menos en mi casa.
—¿Por qué?
—dio un paso más cerca—.
¿Te incomoda?
Alejandro apretó la mandíbula.
—Te lo voy a decir una sola vez… aléjate de mi vida.
Valeria lo miró fijamente.
Y luego… rió suavemente.
—No puedes pedirme eso.
—Sí puedo, o ¿Prefieres que le pida a Marian que te invite amablemente a desaparecer de mi vida?
—No lo haré, y lo sabes—susurró—.
Porque tú también estás en la mía.
—¡Fuiste tú!
—le recriminó él—.
¿La filtración?
Ella inclinó la cabeza.
—¿Te gustó?
Eso fue suficiente para que él estallara.
Alejandro dio un paso hacia ella.
—Estás cruzando una línea muy peligrosa.
—Lo hago por nosotros.
—No hay ningún “nosotros”, hace mucho no lo hay.
Aunque Valeria sonrió, sus ojos denotaban otra cosa.
—Eso es lo que tú crees.
Y sin decir nada más, se dio la vuelta y se fue…
como si hubiera ganado.
— Cuando Alejandro llegó a casa, lo último que esperaba era silencio, pero no lo encontró Había algo distinto, más cálido.
Dejó las llaves y avanzó.
—¿Emma?
¿Marian?
¿Están en casa?
No tuvo respuesta de ellas pero una luz suave salía de la habitación.
Caminó hacia allá, y al abrir la puerta…se detuvo y las vio, a ambas.
Ellas estaban esperándolo juntas, no era algo vulgar ni lucía exagerado.
Era algo íntimo.
Emma, con el cabello suelto, estaba mirándolo con una mezcla de nervios y determinación.
Marian, apoyada cerca de ella, con esa seguridad que siempre la caracterizaba… pero con un brillo distinto en sus hermosos ojos verdes.
No dijeron nada de inmediato, solo lo miraron.
Como si esa fuera su forma de hablar.
Emma fue la primera en acercarse.
—Sabemos que todo fue horrible hoy y que no estás bien… Todo dicho con voz suave y cariñosa.
—Y hoy más que nunca te apoyamos, debes saber que estaremos los tres unidos en esto.
Marian dio un paso también.
—No vamos a dejar que Valeria gane.
Alejandro no se movió pero tampoco se fue.
Emma tomó su mano.
—Hoy no nos preocupemos de nada.
Marian añadió: —Hoy solo centrémonos en nuestra familia.
Alejandro cerró los ojos un segundo, estaba cansado de sostener todo.
Cuando los abrió, algo había cambiado en él y su actitud.
No completamente pero lo suficiente.
—No es tan fácil, todo se cae a pedazos con mi padre.
—Lo sabemos todo—dijo Emma.
—Caiomhe nos llamó y contó lo sucedido—añadió Marian.
Se acercaron más a él como si quisieran recordarle algo, algo que él mismo estaba olvidando: El calor, la cercanía y el vínculo.
Alejandro exhaló lentamente.
Y por primera vez en todo el día bajó la guardia, apenas un poco pero era suficiente para amarlas y dejarse amar por sus esposas.
La puerta se cerró detrás de él, y por un momento todo volvió a sentirse como antes de la aparición de Valeria.
Los problemas, continuarían afuera, pero ellos ya tendrían tiempo después para solucionarlos mientras estuvieran unidos…
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