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Mis Dos Esposas - Capítulo 61

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61: En las sombras 61: En las sombras Nigel De Bruijn observaba la ciudad desde el ventanal de la habitación temporal en casa de los padres de Katia, en México era de día , podía observar el reflejo del sol en el agua calma de las fuentes y piscina de la residencia, pero él sabía que debajo de esa calma siempre había movimiento, había intereses, y en este momento ya había una guerra en ciernes.

Su teléfono vibró una sola vez, y Nigel ni siquiera miró la pantalla.

Simplemente tomó su copa, dio un pequeño sorbo y dejó que el momento se estirara, pensaba en tener el control, siempre debía tener el control, hasta que finalmente contestó.

—Estoy listo.

Del otro lado no hubo saludo, ahí ya era de noche, la noche en Europa tiene otra textura, resulta más silenciosa, y muchas veces más densa que las noches en América, como si incluso el aire entendiera que los negocios importantes no se hacían a la luz del día.

Por la bocina del teléfono solo hubo una voz grave, serena y autoritaria.

—Espero que así sea, Nigel.

Nigel permitió una leve sonrisa.

—Siempre lo estoy.

—He leído tus reportes —continuó la voz—.

La filtración fue efectiva, los contactos de tu esposa fueron de bastante ayuda, los empleaste bien.

Nigel caminó lentamente por la habitación.

—Era necesario romper la estabilidad emocional para atacar.

—Yo no te pago para “romper emociones”.

La corrección inmediata fue fría y tajante: —Te pago para abrir puertas y sacar por ellas a mis enemigos.

Nigel detuvo su paso.

—Eso ya lo hice, ambas cosas están relacionadas.

—Explícate— le ordenaron desde el otro lado de la línea telefónica.

Nigel apoyó la mano sobre el respaldo de una silla.

—Alejandro está debilitado emocionalmente y su imagen pública ha sido tocada, mientras su entorno personal esté inestable, él es vulnerable y fácilmente reemplazable.

Y sin él, su padre es facilmente manipulable por Katia, Rafael Belmonte está reaccionando desde el orgullo en cuanto tuvo que decidir a cuál de sus hijos apoyar.

—Rafael siempre ha sido predecible, y lo es más cuando está en desacuerdo con Van Dyke—respondió la voz.

—Precisamente por eso es útil.

—¿Y la hija de Belmonte?

Nigel bajó la mirada un instante.

—Sigue siendo funcional.

—No te pedí funcionalidad— le respondió su interlocutor desconocido.

—Pero es lo que es, mientras la tenga de mi lado, su padre cederá fácilmente, es impulsiva, emocional y necesita constante aprobación.

Y sobre todo… necesita ganar.

La voz del otro lado no respondió de inmediato.

—¿Te sigue creyendo?

Nigel soltó una leve risa.

—Completamente.

—Eso es un riesgo, no puedes perder su confianza.

—No, eso no pasará—corrigió Nigel—.

Es una herramienta.

— A miles de kilómetros de ahí, en una oficina elegante con vista al río Amstel, un hombre permanecía de pie frente a su escritorio, de aspecto impecable, con traje oscuro, postura recta y una mirada calculadora: Hendrik Van der Velde.

Un hombre que nunca levantaba la voz, no lo necesitaba.

—Siempre dije que tenías potencial —murmuró, más para sí mismo que para Nigel.

Sus dedos golpearon suavemente la madera del escritorio.

—Pero el potencial sin resultados… no sirve de nada.

Nigel respondió sin titubear.

—Tendrá resultados, y los tendrá pronto.

La siguiente parte del plan ya está empezando.

—Quiero que me recuerdes algo, Nigel —continuó Hendrik—.

¿Por qué estás ahí?

Nigel no dudó.

—Para abrirle camino.

—No.

La respuesta fue seca, cortante.

—Estás ahí para tomar el poder y dármelo a mí.

Nigel entrecerró los ojos.

—Y eso estoy haciendo.

—No aún.

Hendrik caminó hacia la ventana.

—Aún estás jugando con piezas pequeñas, y yo quiero el tablero completo.

— Hace años en Ámsterdam.

Se llevaba a cabo un evento privado, de jóvenes empresarios, todo hijos de familias influyentes.

Él vino corría junto con las sonrisas y las apariencias.

Nigel tenía veinte años, era un joven ambicioso y atractivo, tenía esa seguridad que no nacía del éxito… sino del hambre.

Fue ahí donde lo vio por primera vez Hendrik.

No se acercó de inmediato, primero lo observó.

Necesitaba conocer cómo hablaba, cómo se movía, y cómo miraba a las mujeres y se relacionaba con ellas.

Y sobre todo… cómo no pertenecía a ese círculo, Nigel era parte del servicio de banquetes… pero no por eso parecía sentirse inferior.

Horas después, fue Nigel quien notó su presencia, y se acercó a hablar con él sin ninguna especie de tapujos.

—Disculpe señor ¿Me está evaluando, o me está juzgando?

Hendrik sonrió apenas.

—Ambas.

Nigel no se intimidó.

—Entonces espero estar pasando la prueba ante alguien tan importante.

—Aún no empieza tal prueba.

Hendrik lo interrogó de inmediato.

—¿Qué es lo que quieres, Nigel?

La pregunta fue directa y sin rodeos.

Nigel respondió igual.

—Dinero, no creo ser diferente al resto del mundo.

Hendrik negó con la cabeza.

—Eso lo quiere cualquiera, y no pareces cualquiera.

Se acercó un poco más a él.

—¿Y qué más?

Nigel sostuvo su mirada.

—Poder.

Eso sí hizo sonreír a Hendrik.

—Ahora sí, ya estamos hablando.

— —Las empresas grandes no se destruyen desde afuera —dijo Hendrik aquella, tras varios meses de pruebas menores, por fin hizo la propuesta de frente—.

Sabes una cosa: Las empresas siempre se descomponen desde adentro.

Nigel lo escuchó en silencio.

—Las familias… son la grieta que termina derribando todo.

—¿Y yo qué soy en esa ecuación?

—preguntó Nigel.

Hendrik no dudó.

—La falla que ocasionará el sismo.

Hendrik hizo una pausa.

—Eres atractivo.

Inteligente.

Ambicioso.

Y lo más importante… no eres leal.

Nigel alzó una ceja.

—Eso suena como un insulto.

—En realidad es un elogio, todo lo que dije son cualidades que necesito a futuro.

Van der Velde continuó.

—Tienes pocas opciones, podrías pasar años intentando construir algo propio, y quizás nunca lo logres… o podrías entrar directamente al centro de algo ya construido y tener dinero y poder lejos de tu imaginación…

aunque claro, siempre menos que yo.

Nigel entendió.

—¿Qué tengo que hacer?

Hendrik dio un paso atrás.

—Entrar en la familia correcta.

— Pasó poco tiempo antes de que Van ser Velde lo llamará para explicarle el resto de su plan, y que tenía que hacer él.

Puso dos fotografías sobre la mesa, ellas estaban sobre dos sobres que contenían dos nombres expedientes completos, eran de: Emma Van Dyke y Katia Belmonte Nigel las observó desde la distancia.

Ambas eran diferentes, en todo sentido, lucían completamente distintas.

Emma: parecía ser elegante, controlada e inteligente.

Katia: Intensa, emocional e impulsiva.

Poco tiempo después llegó la oportunidad perfecta, un accidente en bicicleta, una pequeña conversación lo empezó todo.

Se trataba de Katia.

Nigel no lo planeó, pero lo aprovechó de inmediato.

Y cuando conoció a Emma, un año después, no se detuvo, decidió que se enfocaría en ambas porque aún no decidía quien era más conveniente.

Tres años, mantuvo dos relaciones, dos mundos, pero ambos apuntaban en la.misma dirección.

Nigel no lo veía como traición, lo veía como evaluación.

Emma le daba el acceso directo, y Katia le daba acceso parcial, todo indicaba que la elegida sería Emma.

Sin embargo Emma decidió terminar esa relación y cumplir con el compromiso que ordenaron sus padres.

Emma eligió, por lo que la elección de Nigel se redujo a Katia, sin embargo, ella era más fácil de moldear, más predecible y más dependiente emocionalmente…

Y tenía una ventaja clara, su padre cumplía sus caprichos a voluntad.

— —Elegiste bien —dijo Hendrik al otro lado de la línea, ya de regreso al presente.

Nigel apoyó el teléfono contra su oído, recargándose en la pared.

—Lo sé.

—¿Entonces por qué no tienes el control completo aún?

La pregunta fue directa.

—Porque apareció una variable no prevista.

—¿Hablas de Alejandro?

—Sí.

—Explícate.

Nigel miró hacia la ciudad.

—Él no es como su padre, no es manipulable por su hermana, ni responde al miedo, pero sí a la presión emocional.

—¿Qué hay de la esposa?

Nigel asintió levemente.

—Ella puede ser un obstáculo, aunque no creo que vaya a revelar nuestro pasado, eso sería una bomba perjudicial para ella.

—Entonces deshazte de ella.

Nigel no respondió de inmediato.

—No es tan simple.

—Nada lo es, pero es necesario.

Nigel se enderezó.

—Quizás no sea necesario, ya inicié el siguiente movimiento.

—Habla.

—Voy a aislar a Alejandro dentro de la empresa.

—¿Cómo?

—Haciendo que pierda credibilidad ante su padre.

—¿Y luego?

—Sin la racionalidad de su hijo, usar a Katia para forzar a Rafael a tomar decisiones erráticas, o concretas vistas desde nuestra óptica.

—¿Posicionarás a Katia entonces?

—En efecto, es el mejor movimiento que podemos hacer ahora.

—Eso no me interesa.

Nigel respondió.

—Es el camino más seguro a apoderarnos de todo.

—No.

La voz de Hendrik se volvió más firme.

—El objetivo no es Katia.

Nigel respondió.

—El objetivo es el control accionario, y Katia es la vía rápida.

—Entonces quiero que la empresa dependa de decisiones que nosotros podamos influir.

—Cuando Rafael caiga… y Alejandro esté debilitado nadie va a notar quién está tomando realmente las decisiones detrás de Katia.

Nigel sonrió.

—Ya todo está en marcha.

Hendrik se inclinó ligeramente sobre el escritorio.

—Dime algo, Nigel.

—¿Sí?

—Después de todo esto ¿Te importa alguno de ellos?

Nigel pensó en Katia.

Y respondió con total honestidad: —No, nunca lo hicieron.

Hendrik asintió.

—Perfecto.

Porque eso lo hacía perfecto para cumplir el resto del plan.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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