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Mis Dos Esposas - Capítulo 62

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  3. Capítulo 62 - 62 Cosas que no se olvidan
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62: Cosas que no se olvidan 62: Cosas que no se olvidan El pasado nunca desaparece, solo cambia de forma, se adapta, espera; y cuando encuentra el momento adecuado… regresa, siempre de la peor manera.

— Países Bajos, décadas atrás El frío en Rotterdam era distinto al de México, más seco y mucho más agresivo.

Pero para Jan Van Dyke, no era un problema.

Él había crecido entre dos mundos: México, donde nació, y los Países Bajos, donde su familia tenía sus raíces.

Su padre siempre decía lo mismo: —Aquí no solo se hacen negocios, se construyen legados.

Jan lo entendió desde muy joven, pero también entendía algo más: Los legados siempre traían enemigos.

— Fue en una reunión empresarial donde todo esto comenzó, era un encuentro discreto entre familias cerveceras tradicionales.

Viejos nombres, viejos apellidos y viejas rivalidades.

Ahí fue donde Jan vio por primera vez a Hendrik Van der Velde.

Ambos eran jóvenes, y los dos eran herederos, y ambos también… se reconocieron al instante.

No como aliados sino como iguales, y como rivales.

— —Van Dyke —dijo Hendrik, extendiendo la mano con una sonrisa contenida.

—Van der Velde —respondió Jan, aceptándola.

El apretón fue firme y medido.

Ninguno cedió más de lo necesario.

—He oído de tu familia —añadió Hendrik.

—Lo mismo digo, ustedes son bastante reconocidos.

Él saludo fue cordial pero tenso, ambas familias tenían una intensa rivalidad desde generaciones anteriores, Jan no era del todo conocedor al haber crecido lejos de Países Bajos.

—Con que naciste en México, ¿no es así?

—preguntó Hendrik.

—Asi es, con todo mi nombre y aspecto, si parte de aquél país—respondió Jan—.

Pero no dejo de ser parte de este también.

Hendrik sonrió.

—Eso es un poco extraño, dos países tan distintos para ser conjugados en una persona.

Jan respondió sosteniendo su mirada.

—En mi país lo llamamos mestizaje, tomar lo mejor de ambos lados.

Ahí comenzó una rivalidad personal que no terminó a pesar de que ambos hicieron sus vidas en dos continentes distintos.

— Las familias Van Dyke y Van der Velde compartían varias cosas en común: historia y tradición, además de una enorme ambición.

Ambas familias eran de las más antiguas en cuanto al ramo cervecero en una nación donde esa bebida es casi ritual.

Y más allá de lo que compartían, diferían en lo esencial.

Para los Van Dyke, el crecimiento era una expansión de su cultura, lo que los llevó a México, otro país de enorme tradición cervecera.

Establecer asociaciones y confianza, la misma que los llevó a establecer una poderosa alianza con los Belmonte, una de las familias más ricas y poderosas del ramo en México y por ende en toda América.

Para los Van der Velde: El crecimiento era dominio, control y absorción, de esa manera lograron crecer a un ritmo descomunal en su país, misma que les permitió tener el control casi total de la industria nacional.

Durante años, ambas familias coexistieron, negociaron y compitieron.

Pero todo cambió cuando los Van Dyke decidieron expandirse a México y América Latina, y no lo hicieron solos.

Jan viajaba seguido entre Países Bajos y México, pero al final decidió quedarse en su país, como él mismo lo llamaba.

Y ahí conoció desde muy joven a Rafael Belmonte.

Ambos distintos, pero enteramente compatibles.

Rafael: era un tipo fuerte, dominante y tradicionalista.

Jan: era alguien estratégico, calculador, adaptable, como un hombre de dos culturas debía serlo.

Lo que comenzó como un acuerdo comercial, se convirtió poco a poco en algo más, creció la confianza, el respeto.

Y eventualmente el afecto, y unirse como familia.

Cuando se anunció la futura unión entre sus hijos, la reacción en Europa no fue discreta, fue inmediata y estrepitosa.

La familia Van der Velde dominó durante largo tiempo el mercado neerlandés con la excepción de la férrea competencia de los Van Dike que ahora no solo contaban con sus marcas tradicionales, sino además una miriada de marcas mexicanas que ahora inundaban su mercado.

La respuesta de los Van der Velde no se hizo esperar.

—Van Dyke está cometiendo un error —dijo Hendrik años después, ya no como heredero, sino como líder absoluto.

—Está expandiéndose demasiado rápido y con las personas equivocadas, extranjeros.

No era solo una preocupación comercial, era otra cosa más seria para él, significaba pérdida de control del mercado nacional y quizás del mercado europeo.

Porque esa alianza significaba algo más que negocios.

Significaba un bloque unificado, atacándolos desde un solo frente.

Fue entonces que Hendrik tomó una decisión.

No los enfrentaría directamente, no aún.

Primero le quitaría poder desde adentro tanto a Van Dyke como a Belmonte.

— Ya en el presente: Katia observaba a Nigel desde el sofá, tenía las piernas cruzadas y su expresión era firme y determinada.

—Ya tengo claro cómo hacerlo —dijo Katia.

Nigel no interrumpió, la escuchó con total atención.

—Mi padre está perdiendo el control pero no lo va a admitir —continuó—.

Y Alejandro está demasiado confiado en que puede manejarlo todo.

Nigel inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Y tú?

¿Dónde quedas en esto?

Katia sonrió.

—Yo no voy a esperar a que se destruyan solos.

Se levantó y comenzó a caminar por la habitación.

—Voy a forzar sus decisiones y voy a exponer los errores de mi hermano, para cuando llegue el momento… En ese instante se detuvo y guardó silencio y miró directamente a Nigel.

—Cuandl eso pase voy a tomar su lugar.

Nigel la observó con atención.

Como si analizara cada palabra, gesto y las emociones.

—¿Y cómo planeas sacar a tu hermano?

—preguntó con suavidad.

Katia no dudó.

—Haciendo que deje de ser una opción para mí papá.

Ya lo estamos logrando, está dividido por la aparición de Valeria.

—Si pierde credibilidad, si pierde apoyo de mi padre y deja de confiar en él… Nigel sonrió apenas.

—Entonces no necesitaré quitarlo, él mismo caerá.

—Hay algo que no sabes Nigel.

Alejandro y Emma tienen un trato respaldado por mis padres y los de Emma: si alguno de los dos comete una infidelidad, ese alguien lo perderá todo.

Nigel asintió lentamente.

—Entonces tu plan desde un inicio fue traer a Valeria de nuevo para incitarlo a acostarse con ella…

Es un buen plan.

Katia se acercó.

—No es un plan… es lo que va a pasar, Alejandro se va a acostar con Valeria, y todos los sabrán.

—Y necesito que estés conmigo en esto.

Nigel la miró a los ojos.

—Siempre lo estoy.

Y lo dijo sin dudar, de manera de totalmente convincente.

Pero por dentro de Nigel, no había lealtad, ni amor, solo había cálculo.

Cada palabra que Katia decía era información.

Y todo eso era una oportunidad, no solo para quebrar a Alejandro, también a Emma.

—Te ayudaré en lo que necesites —añadió él, acercándose un poco más—.

Pero tienes que ser paciente, quizás podamos hacer que Emma caiga en esto mismo.

Katia frunció ligeramente el ceño.

—No soy muy paciente Nigel, y lo sabes.

—Entonces aprenderemos a serlo.

Su tono con su esposa fue suave pero firme.

—Las jugadas grandes no se hacen rápido…

se hacen bien.

Katia lo observó unos segundos y asintió.

—Está bien, confía en mí.

Nigel sostuvo su mirada.

—Lo hago.

Y era verdadpero no como ella creía.

Mientras Katia hablaba de su hermano, de la empresa y del poder que quería tomar para ellos, Nigel ya estaba varios pasos adelante.

No pensaba en Alejandro como un obstáculo, ni en Rafael como una figura dominante.

Solo pensaba en la estructura de poder y como encajaban ellos ahí, para una vez con el control y acceso, adquirir el control total.

Katia no buscaba lo mismo que él.

Ella quería ganar el poder que creía le pertenecía por linaje.

Nigel quería poseerlo para entregarlo a Van der Velde.

—Hay algo más —dijo Katia, deteniéndose frente a él.

—¿Qué?

—Emma.

El nombre quedó suspendido.

—Ella es más peligrosa de lo que parece.

Nigel no reaccionó.

Pero escuchó con atención.

—Si Alejandro cae, ella va a querer sostenerlo, y si eso pasa todo se complica.

Nigel asintió lentamente.

—Entonces habrá que aislarla también, si el contrato de fidelidad aplica para ambos, hay que buscar a alguien que pueda atraer a tu cuñada para quitarle también todo a ella.

Katia sonrió.

—Eso es brillante.

La habitación quedó en calma, ambos creían estar construyendo el mismo plan.

Pero no lo estaban, las motivaciones de ambos eran diferentes.

Katia se acercó más.

Apoyó la mano sobre el pecho de Nigel.

—Vamos a ganar esto.

Nigel bajó la mirada hacia su mano.

Luego volvió a verla a los ojos, y sonrió.

—Sí, para nosotros.

Pero no aclaró quienes eran esos “nosotros”.

Esa noche dos historias avanzaban al mismo tiempo.

Una nacida del pasado, de orgullo y de rivalidades familiares.

De decisiones que nunca se olvidaron.

Y otra construida en el presente con mentiras, manipulación y ambición sin límites.

— Muy lejos de ahí, en Europa.

Hendrik Van der Velde observaba un antiguo archivo.

Con dos nombres resaltados en la página: Van Dyke, Belmonte.

Cerró el documento lentamente.

—Por fin…—murmuró.

Apagó la luz de su oficina, y antes de salir, dijo en voz baja: —Ahora, esto se va a terminar…

Para ustedes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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