Mis Dos Esposas - Capítulo 63
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63: Lo que no se puede ocultar 63: Lo que no se puede ocultar La noche había caído con una calma engañosa para todos.
La casa estaba en silencio.
Emma permanecía de pie junto a la ventana de la habitación principal con los brazos cruzados mirando hacia afuera sin realmente ver nada.
Las luces de la ciudad titilaban a lo lejos, pero su mente estaba en otro lugar.
En la mesa, en la cena, y sobre todo en Marian.
Pensaba que todo estaba por romperse o transformarse.
—Estás dándole demasiadas vueltas Emma, no creo que sea algo tan terrible como crees.
La voz de Alejandro llegó desde atrás, tranquila, firme.
Emma no se giró de inmediato.
—¿Y tú no crees que lo sea?
—Creo que no lo es.
Eso la hizo soltar una pequeña exhalación.
Alejandro se acercó, colocándose a su lado.
No invadió su espacio, pero tampoco se mantuvo distante.
—Entiendo tu preocupación Emma, pero no sirve de nada retrasarlo, y menos después de lo que ya compartimos anoche los tres—añadió.
Emma finalmente lo miró.
—No quiero que piense que abusé de ella, o de su confianza.
Alejandro sostuvo su mirada.
—Pero no lo hiciste.
—Pero ella estaba vulnerable y borracha.
—Y tú también, ambas estaban en la misma situación, todo resulta ser circunstancial.
Emma bajó la mirada.
—Eso no lo hace más fácil.
—No —admitió él—.
Pero sí debería hacerlo que los tres juntos ya hemos hecho el amor, eso debería aligerarlo todo, además la única forma de que esto no se vuelva un problema… es diciéndole la verdad.
Emma apretó ligeramente los labios mientras Alejandro continuaba hablando.
—Debe saber toda la verdad.
Emma asintió.
—Tienes razón, debe conocerla completa.
Emma caminó unos pasos por la habitación.
Inquieta.
—¿Y si se aleja de mí, de nosotros?
La pregunta fue directa y honesta.
Alejandro no respondió de inmediato.
—Es una posibilidad, pero tenemos que aceptarla, y sobre todo respetar si ella quiere irse.
Emma cerró los ojos un segundo.
—No quiero perderla.
Eso hizo que Alejandro la observara con más atención.
—No solo como… —Emma dudó—como parte de nosotros.
—Como ella, es mi amiga además, mi confidente.
Alejandro asimiló esas palabras —Entonces tienes que ser honesta contigo también y aceptar plenamente tus sentimientos.
Emma hizo un gesto d esorpresa ante las palabras de su esposo.
—Lo soy, lo he sido siempre.
—No, no lo eres, yo sé perfectamente lo que estás sintiendo y que eres incapaz de admitirlo.
Y sobre soy sincero, nunca lo fuiste respecto a ella desde que la conocimos.
Ella lo miró.
—Esta bien, ella me gustó desde el primer momento.
—No, eso no.
Alejandro negó suavemente.
—Eso ya me lo dijiste antes.
Necesitamos toda la verdad.
Se acercó un poco más.
—¿Qué sientes realmente por ella?— Alejandro la miro fijamente, sin intención de juzgarla, después de todo él les había reiterado que sí entre ellas nacía el amor, él sería más feliz aún.
Emma sostuvo su mirada, y esta vez no dudó en expresarla.
—Me estoy enamorando de ella.
Emma sintió un fuerte remanso de paz tras confesarse ante Alejandro.
Alejandro bajó ligeramente la mirada, procesándolo, luego volvió a verla, y le sonrió.
—Ya lo sabía, pude notar el deseo con el que la besabas, y como te aferraste a ella en todo momento.
Emma se ruborizó y le preguntó con preocupación —¿Eso te molestó?
—No, yo estoy feliz de verlas así.
Pero eso es una razón más.
—¿Más razón para qué?
—Para confesarle todo.
—Porque si de verdad la quieres, no puedes construir esa relación sobre algo que ella no sabe.
Emma tragó saliva y le respondió.
—Lo sé, pero me da miedo su reacción.
Alejandro asintió.
—A mí también, pero ella tiene derecho a saberlo todo.
Más tarde, el reloj avanzaba, la cena estaba lista…y el tiempo… se estaba acabando.
—¿Cómo lo hacemos?
—preguntó Emma.
Alejandro se recargó ligeramente contra la pared.
—No puedes soltarlo de golpe.
—Pero tampoco puedo suavizarlo demasiado.
—Empieza por lo que ella recuerda.
Emma asintió.
—El beso.
—Sí.
—Y después… la guías.
Emma lo miró.
—¿La guío?
—Sí, no es manipularla —aclaró él—.
Pero debes ayudarla a reconstruir lo que pasó.
Emma entendió.
—Para que no creo que le estoy mintiendo.
—Exacto.
—Y yo voy a estar ahí también.
Emma lo observó con atención.
—¿Por qué?
Alejandro sostuvo su mirada.
—Porque esto no es solo entre ustedes dos, está relación nos involucra a los tres.
Emma asintió lentamente.
—Sí, bueno.
Tienes razón.
—Y porque si lo escucha solo de ti, puede sentirse abrumada, o creer que quieres ocultármelo.
Emma respiró agitada.
—Entonces los tres estaremos ahí.
Antes de salir de la habitación, Emma se detuvo y volteó a verlo.
—Alejandro… Él la miró.
—¿Sí?
Ella dudó solo un segundo.
—¿Y si… no quiere nada de esto?
Silencio.
—¿Nada más con nosotros?
—Nada con ninguno de los dos.
La pregunta quedó suspendida entre ellos, pues era una posibilidad real.
Alejandro no la esquivó.
—Entonces lo aceptamos.
Emma lo miró.
—¿Así de fácil?
—Nunca dije que es fácil—hizo una pausa—Pero es lo justo, un matrimonio se basa en la confianza y la voluntad de pertenecer a él, basta que uno no quiera para que la relación deba terminar.
Y nosotros debemos aceptarlo, nos guste o no.
Emma asintió.
—Está bien.
Y por fin… salieron de la habitación.
Marian ya estaba sentada en el comedor, estaba relajada jugando con su teléfono mientras los esperaba, con esa naturalidad que siempre tenía cuando no había tensión.
—Pensé que no iban a salir nunca de ahí cochinotes, pensé que al menos me hubieran avisado para que cenara…
o me invitaran—dijo con una ligera sonrisa.
Emma forzó una pequeña respuesta.
—Nunca te dejaríamos plantada.
Alejandro tomó su lugar.
Emma también.
La actitud de Emma era extraña y Marian lo notó casi de inmediato.
—¿Qué pasa?
Emma miró a Alejandro.
Él asintió apenas.
Era el momento.
—Queremos hablar contigo —dijo Emma con suavidad.
Marian levantó las cejas sorprendida.
—Otra vez esa frase… Dijo Marian intentando bromear.
Pero nadie rió.
—Ok, si ninguno se ríe, creo que esto es en serio.
Dijo al tiempo que se enderezó un poco en su asiento.
—¿Qué pasa?
Emma respiró muy profundo y respondió muy lento.
—Es sobre la noche que bebimos.
Marian parpadeó.
—¿Otra vez eso?
—Sí.
—Pensé que ya lo habíamos dejado pasar, y que todo estaba perfectamente claro.
Emma negó suavemente.
—No del todo, por favor dime ¿Qué recuerdas?
Marian suspiró.
—Lo mismo que ya les dije… que fui a tu cuarto, que estaba mal de animos y que lloré buscando tu consuelo…
Miró a Emma.
—Que te besé.
Emma asintió.
—Sí.
—Y ya, no recuerdo más.
Emma hizo una pausa, mientras Marian continuaba.
—¿Qué más hay?
¿Pasó algo más?
El corazón de Emma se aceleró.
Miró a Alejandro, pero él no intervino.
Solo estaba ahí presente.
—Marian… —dijo Emma con cuidado—pasaron más cosas, y debes saberlo.
Marian frunció el ceño.
—¿Qué cosas Emma?
No te amenacé de muerte o algo así¿Verdad?
— dijo Marian con tono sarcástico intentando relajar la situación.
Emma se obligó a sostener su mirada.
—No te detuviste.
Marian no entendió al principio.
—¿Qué dices?
—El beso no fue lo único.
—Emma… ¿De qué hablas?
—Tú seguiste besándome, y yo también correspondí.
Marian se quedó completamente quieta.
—¿Qué estás diciendo?
Emma no apartó la mirada.
—Seguimos con los besos, y comenzaste a quitarme la ropa, yo no te detuve, no quería hacerlo.
Cuando me desnudaste, te quitaste la ropa y volviste a besarme, pero está vez me tenías entre tus brazos.
El mundo pareció detenerse para Marian, parpadeó una y otra vez, incrédula.
—No puede ser.
Fue lo primero que dijo.
—Dime qué más pasó.
Miró a Alejandro.
—¿Es en serio?
Alejandro asintió con calma.
—Sí.
Marian negó lentamente.
—No… yo no haría eso… Se llevó una mano a la cabeza.
—Yo… no recuerdo eso… Emma se inclinó ligeramente hacia ella.
—Lo sé.
—Entonces ¿cómo sabes que pasó?
—Porque yo sí lo recuerdo.
—¿Yo quise?
La pregunta salió casi como un susurro.
Emma respondió sin dudar.
—Sí.
Marian cerró los ojos un segundo.
—Yo… empecé… —Sí.
—Y tú no me detuviste.
Emma asintió.
—Sí, yo no quería detenerte, quería hacer el amor contigo.
El silencio se volvió insoportable.
Marian respiró hondo.
—Dime qué más pasó— dijo mirándolos a ambos.
Emma continuó —Una vez que nos desnudamos, me abrazaste y comenzaste a besar mis senos, fue hermoso, luego yo besé y lamí los tuyos, no podía ni quería detenerme.
—Comencé a bajar a tu abdomen, hasta que llegue a tu vientre y de ahí a tu vagina, tomaste mi cara con tus manos y la colocaste entre tus labios y comenzaste a moverte mientras yo tu lamía y disfrutaba de hacerte sexo oral.
Me volteé para que tú me hicieras lo mismo, y así estuvimos hasta que ambas tuvimos varios orgasmos y nos quedamos dormidas.
—¿Tú lo sabías Alejandro?—dijo Marian.
—Sí, pero me enteré hace muy poco.
—Entonces ¿Por qué me lo dicen ahora?
La pregunta fue directa.
Dolida.
Emma bajó la mirada un instante.
—Porque no quería que pensaras que te ocultábamos algo, y cuando estuve dispuesta a hacerlo tuvimos varios problemas serios en casa, no era el momento apropiado.
—Sin embargo, ahora que todo está bien, tenía que decirlo, porque no quería que lo descubrieras de otra forma.
Marian apretó los labios.
—¿Y qué se supone que haga con esto?
—No lo sé Marian, pensé que no sería tan grave, tu y yo, ya hemos hecho el amor después, junto a Alejandro.
¿Esto por qué sería tan malo ahora?
Marian se levantó lentamente sin responder, sus manos temblaban ligeramente.
—Ya no sé si esto me molesta, no, si sé que no me molesta haberme acostado contigo, me molesta que no me lo dijeras cuando te lo pregunté.
—Y que ahora me confunda más de lo que debería.
Miró a Emma y continuó hablando.
—Porque recuerdo que me gustó mucho besarte, pero no recuerdo nada más.
Miró a Alejandro.
—Y eso no sé si lo hace peor.
—Ahora díganme ¿Qué esperan que ocurra?
—¿Que lo repita?
Emma dio un paso hacia ella.
—No.
No queremos eso, queremos que lo sepas, y que no volveré a tener secretos contigo, ni a mentirte.
—¿Entonces solo lo ignoro?
—Tampoco.
Marian negó.
—Entonces no entiendo que esperas Emma.
Marian guardó silencio un momento antes de continuar.
—Necesito pensar.
Su voz fue más baja y honesta.
—Porque esto… miró a Emma otra vez.
—Esto cambia muchas cosas.
Emma no respondió, no por qué no quisiera, simplemente no podía.
Y Alejandro sabía que no debía intervenir.
Marian retrocedió un paso cuando Emma quiso acercarse a ella.
—No sé si estoy lista para eso— fue lo último que dijo antes de dar media vuelta y caminar hacia la puerta.
La abrió, pero antes de salir se detuvo y giró ligeramente el rostro.
No completamente pero sí lo suficiente para verlos.
—Te amo Alejandro, y Emma…si lo que siento por ti no es solo curiosidad, entonces eso no fue un error.
El corazón de Emma se detuvo, y Alejandro no se movió.
Marian terminó la frase en un susurro: —Y eso es lo que más miedo me da.
La puerta se cerró cuando ella salió.
Ninguno de los dos se movió.
Porque por primera vez no sabían si lo que venía después los uniría más… O los rompería por completo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Lena_Blackwood Tu regalo es la motivación para mi creación.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com