Mis Dos Esposas - Capítulo 65
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
65: Lo que se queda… y lo que no 65: Lo que se queda… y lo que no Marian y Caiomhe estaban en silencio tras las confesiones de ambas, tras desahogarse las dos trataban de relajarse, porque aún sentían que estaban caminando sobre algo delicado.
Marian sostenía la taza entre sus manos, aunque el café ya se había enfriado sin que ella se diera cuenta, su mente estaba en otro lugar, uno muy lejos de ahí.
—Entonces… —dijo finalmente Caiomhe, rompiendo el silencio con suavidad—no es solo una relación complicada.
Marian soltó una pequeña exhalación.
—No, es más que eso.
La irlandesa la observó con atención, procesando cada palabra sin apresurarse.
—No esperaba escuchar algo así —admitió—Pero, gracias por confiar en mí.
Marian levantó la mirada, había algo en la forma en que lo dijo que la tranquilizó.
—No voy a decirle a nadie —añadió Caiomhe—.
Eso te lo prometo.
Marian asintió lentamente.
—Lo sé, y te lo agradezco.
Y por primera vez desde que había llegado… parecía creerlo de verdad.
Caiomhe se recargó ligeramente en el respaldo de la silla.
—Puedes quedarte aquí el tiempo que necesites.
—Y no te preocupes, no tienes que decidir nada hoy, ni darme explicaciones de tu decisión.
Marian sintió un pequeño nudo en la garganta.
—Gracias… —Pero —continuó Caiomhe con calma— hay algo que sí te voy a decir.
La miró directo a los ojos.
—No puedes quedarte en pausa para siempre, en algún momento vas a tener que enfrentarlo.
Marian respondió mientras bajaba la mirada —Lo sé, cuando esté lista hablaré con ellos.
Caiomhe asintió.
—Eso es lo único que importa, que no huyas para siempre.
Caiomhe volvió a hablar.
—Necesito preguntarte algo más.
Marian levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
—¿Cómo están ellos con todo esto?
Marian dudó un segundo pero respondió.
—Alejandro está tranquilo.
Caiomhe alzó ligeramente una ceja.
—¿Tranquilo?
—Sí.
Una leve sonrisa, casi incrédula, apareció en el rostro de Marian.
—Creo que demasiado, incluso.
—¿A qué te refieres?
Marian hizo una pausa.
—Dice que lo entiende.
—¿Qué cosa entiende?
—Que si Emma y yo… si llegamos a sentir algo, el lo entiende como algo normal.
Caiomhe la observó con más atención.
—¿Normal?
—Al menos, no parecía estar molesto, incluso creo que es algo que le parece excitante.
—Oh vaya, no esperaba escuchar eso.
Marian dudó.
—Lo alienta.
Esa vez, Caiomhe no pudo ocultar del todo su sorpresa.
—Eso no es algo que escuche todos los días.
Marian soltó una pequeña risa nerviosa.
—Yo tampoco esperaba esa respuesta cuando me lo dijo.
—¿Y Emma?
—preguntó Caiomhe.
La expresión de Marian cambió por una más suave, más vulnerable.
—Emma… fue honesta conmigo.
—¿En qué sentido?
Marian tragó saliva.
—Me dijo que… se está enamorando de mí.
Caiomhe no respondió de inmediato, se quedó unos momentos en silencio.
—Eso es algo serio.
—Sí, lo sé, es demasiado.
—¿Y tú?¿Cómo te sientes?
—preguntó Caiomhe con cuidado.
Marian no respondió de inmediato.
—No lo sé, eso es lo peor.
Se pasó una mano por el cabello.
—Ya estuve con ella.
—Sí.
—Y no fue algo que rechazara, sino todo lo contrario.
Caiomhe no la interrumpió.
—Fue algo que me gustó.
La confesión salió más baja, más íntima.
—Y eso me asustó, nunca había estado con una mujer.
—Y ahora lo hiciste con alguien que significa algo para ti.
Marian asintió lentamente.
—Exacto, no fue solo físico, ella es mi mejor amiga, y compartimos a Alejandro..
—¿No debería hacerlo todo más sencillo?
—No lo siento así, la verdad estoy muy confundida.
—Hubo una noche… los tres juntos pasábamos por un problema serio, al final nos reconciliamos, e hicimos el amor.
Caiomhe no reaccionó con escándalo.
Pero sí con atención.
—¿Y qué pasó después?
Marian suspiró antes de responder.
—También me gustó, y me gustó mucho, lo tengo que admitir.
El silencio volvió por parte d ella pelirroja, pero esta vez no era incomodidad, era comprensión.
—Entonces no estás huyendo de algo malo —dijo Caiomhe con suavidad.
Marian frunció ligeramente el ceño.
—¿No?
—No, estás huyendo de algo que mueve demasiados sentimientos por dentro.
Eso la dejó sin palabras.
—Porque si fuera rechazo ya habrías decidido que no regresarás y no estarías acá confesándome esto.
Marian bajó la mirada.
—Pero como no lo has hecho, eso significa que hay algo ahí dentro que te atormenta, es algo que te importa lo que te mantiene indecisa.
Marian cerró los ojos un segundo.
—Sí, creo que tienes razón.
—Y eso es lo que en verdad te asusta.
Marian asintió.
—No quiero equivocarme en mi decisión.
—No puedes evitarlo, eso lo entiendo, pero solo lo estás retrasando.
La respuesta fue directa.
—Pero sí puedes decidir con honestidad.
Caiomhe continuó hablando.
—Quédate aquí, piensa y siente todo lo que tengas en mente y en el corazón…
y cuando estés lista decide si vuelves, o si te vas.
Marian levantó la mirada.
—Gracias.
Y esta vez, no era solo por el espacio sino por entenderla y hacerla entender.
— En otra parte de la ciudad… La casa se sentía vacía, era demasiado grande y demasiado silenciosa.
Emma estaba sentada en la cama, abrazando una almohada como si fuera lo único que la mantenía en pie, tenía los ojos irritados.
Alejandro estaba frente a ella observándola.
—Va a regresar Emma, tienes que mantenerte tranquila.
Emma negó con la cabeza.
—No lo sabes.
—Sí lo sé.
—¿Y cómo puedes estar tan seguro?
Lo miró, con los ojos brillosos.
—No puedes saberlo, dime ¿Y si no vuelve?
La pregunta quedó suspendida entre ambos.
Alejandro se acercó y se sentó junto a ella.
—Entonces lo aceptaremos.
Emma soltó una pequeña risa acompañada de algunas lágrimas.
—Qué fácil lo dices.
—No es fácil ¿O crees que no me duele su ausencia?
—Pero tampoco podemos obligarla a quedarse si no lo desea.
Emma bajó la mirada.
Y entonces se rompió, se inclinó hacia él.
Y lloró en su regazo, sin contenerse.
—No quiero perderla… la amo.
susurró contra su pecho.
Alejandro la abrazó muy fuerte.
—No la vas a perder.
—No lo sabes… —No la vamos a perder.
Emma levantó la vista no entendía la seguridad en él.
—Porque yo también la conozco.
Emma cerró los ojos.
—No es eso lo que me hace sentir tan mal.
Se separó ligeramente.
Lo miró.
—Yo— dudó en continuar, pero lo hizo —Tengo que decirte algo.
Alejandro hizo cara de sorpresa.
—¿Qué pasa?
Emma tragó saliva.
—Yo la quise desde el inicio.
—¿A qué te refieres?
—Cuando la conocimos…ella me gustó, tanto como a ti.
Alejandro la observó fijamente.
—Emma, entonces por eso… Emma bajó la mirada.
—Sí, por eso te incité a acercarte a ella.
—¿Lo hiciste… a propósito?
Emma asintió lentamente.
—Sí.
—Quería que estuviera con nosotros.
—¿Con nosotros… o contigo?
La pregunta fue directa y Emma dudó.
—Con los dos, pude ver qué la deseaste, y no quería que en algún puntos la prefieras a ella, pero por otra parte también la deseaba conmigo.
Alejandro se recargó hacia atrás, procesando todo.
No estaba enojado, pero tampoco completamente cómodo.
—Eso cambia muchas cosas.
—Lo sé.
Emma lo miró con miedo.
—¿Estás molesto?
Alejandro suspiró.
—Un poco, pero no por lo que sientes, ni por la atracción que tuviste por ella, sino porque no me lo dijiste antes.
Emma bajó la mirada.
—Tenía miedo de que pensaras que en realidad yo quería estar con una mujer, y que tú eras solo una fachada.
—Y dime ¿No es así?
La respuesta fue honesta, pero no dura.
Emma negó con la cabeza.
—No, no es así, siempre me gustaste y de verdad me casé enamorada de ti, pero verla ese día alteró algunas cosas.
—¿Qué cosas?
Alejandro la miró de nuevo.
Una leve sonrisa apareció en ella.
—Poco a poco también me enamoré de ella.
Eso la hizo soltar una pequeña risa entre lágrimas.
—Entonces estamos en problemas.
—Sí, pero no es un mal problema.
Emma se apoyó en su hombro.
—Solo… no quiero perderla.
—No lo haremos.
—¿Y si sí?
Alejandro la abrazó un poco más fuerte.
—Entonces, seguiremos adelante…
si así lo deseas.
Emma cerró los ojos.
Y por un momento, solo por un momento… eso fue suficiente.
— En el departamento de Caiomhe… Marian estaba recostada en la cama.
Mirando el techo, pensando, sintiendo y recordando a Emma.
Pensaba en su voz, su mirada, y en como sus manos se entrelazaron con las de ella alguna vez, como recorrieron su cuerpo.
Pensaba en sus ojos y en lo mucho que le gustaba verlos, y en sus labios, en lo hermosos y suaves que eran, en lo mucho que disfrutó besarla, y en su cuerpo…
Y por último en Alejandro.
Su calma y la aceptación que tuvo, en la forma de mirarlas a ambas.
Cerró los ojos, y en ese momento ya no sintió solo miedo.
Sino algo más, y ese algo crecía, a un ritmo lento, peligroso e inevitable.
—¿Qué voy a hacer…?
susurró.
Pero en el fondo, muy en el fondo, ya sabía que la respuesta no era huir.
Estaba claro que para por fin estar en paz, debía decidir si estaba lista para amar de una forma que nunca antes imaginó.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Lena_Blackwood ¿Te gusta?
¡Añade a biblioteca!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com