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Mis Dos Esposas - Capítulo 67

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Capítulo 67: Movimiento de Poderes.

La noche caía sobre la ciudad, y desde el balcón de su departamento, Nigel observaba las luces encenderse una a una, como si fueran piezas de un tablero que poco a poco se acomodaban para él.

Tenía el teléfono en la mano, estaba esperando una llamada, así que cuando vibró, no tardó en contestar.

—Sí.

La voz al otro lado no necesitaba presentación.

Era fría, precisa y hablaba neerlandés.

—Qué insoportable es llamarte de madrugada cuando apenas amanece aquí Nigel.

—Estoy en México, no en tu oficina.

—De otra manera no podría explicar llamadas al amanecer aquí.

Van der Velde esbozó una leve sonrisa.

—La situación ha escalado más rápido de lo esperado.

—Entonces lo estoy haciendo bien—respondió Nigel.

—No del todo, has cometido errores y te está tomando mucho tiempo actuar.

Nigel entrecerró los ojos.

—No son errores, todo han sido variables.

—No me gustan las variables, necesitamos control absoluto.

Nigel apoyó el codo en la barandilla.

—Lo tendrás.

—No. Lo necesitamos ahora.

—Has esperado décadas, y es hasta ahora que estás cerca de algo gracias a mí.

Van der Velde guardó silencio, detestaba esa actitud de Nigel, pero sabía que tenía que soportar su altanería, al menos por ahora.

—Es momento de avanzar al siguiente paso.

Nigel se tensó ligeramente.

—¿Cuál es ese paso?

La respuesta llegó sin rodeos.

—Katia debe obtener acciones, una cantidad considerable, pero no de las de su padre, sino de algún otro accionista, como su hermano o tu Emma.

El aire pareció enfriarse.

—Eso no es sencillo.

—No dije que lo fuera, y tampoco me importa si lo es, simplemente haz lo que te digo.

Nigel se quedó pensativo.

—Rafael no va a ceder poder así como así no tan fácil, al menos no voluntariamente.

—Por eso estás tú ahí, convence a tu esposa, amenaza a Rafael, haz un fraude… pero haz algo.

Nigel caminó lentamente dentro de la habitación.

La voz del otro lado se mantuvo firme.

—Rafael Belmonte es predecible, es orgulloso, autoritario y sobreprotector con su hija.

Nigel no respondió.

—Y, sobre todo, es vulnerable cuando siente que pierde control.

Nigel se detuvo.

—¿Cómo?

—Dividiéndolos.

La palabra cayó con peso.

—Alejandro ya está en conflicto con él.

—Perfecto, causa que la brecha entre él y su hijo sea mucho mayor, hasta el punto de ser irreparable, ahí es donde entra tu mujercita como nueva accionista, y una vez con las acciones en poder de Katia tu te haces poco a poco del control.

Nigel sonrió apenas.

—Quieres que lo empuje más.

—Exacto, hasta que no pueda más, si Rafael siente que Alejandro lo está desplazando, va a reaccionar, y en esa reacción, buscará equilibrio.

Nigel comprendió.

—Katia.

La voz continuó:

—Pero todo debe parecer iniciativa de Rafael, y no una imposición, mucho menos una manipulación.

Nigel asintió, aunque no lo vieran.

—¿Y las acciones?

—Aquí es donde entras tú.

—Rafael confía en estructuras legales tradicionales.

—Firmas, poderes, representación.

Nigel caminó de nuevo.

—Tendremos que usar eso.

—Exacto.

La voz bajó aún más.

—Necesitamos que Katia obtenga poder de decisión sin que parezca una transferencia directa, quizás sea necesario forzar a Rafael al punto que sí salud se vea comprometida, pero debe estar vivo o de lo contrario Alejandro se hará con todo.

Nigel pensó unos segundos.

—Un poder notarial.

—Bien.

—Uno que sea temporal y legal, que todo parezca correcto bajo el argumento de apoyo administrativo.— Dijo Nigel.

—O incapacidad momentánea.—complementó Van der Velde.

—Una expansión de operaciones también sería muy factible, sobre todo considerando que acaban de entrar al mercado en Irlanda.—Terminó de explicar Nigel.

La voz aprobó.

—Exacto, tú vas a sugerirle a Rafael que necesita a alguien de su absoluta confianza supervisando ciertas áreas.

—Alguien que no sea Alejandro, no Van Dyke, que será nuestro siguiente objetivo.

—Alguien leal, y no hay nadie más leal que tú Katia.

Nigel suspiró.

—Y con ese poder, ella podrá votar, firmar y mover decisiones sin ser oficialmente dueña.

—Pero actuando como tal.

Nigel terminó la idea.

—Y una vez dentro, ya que se consoliden los cambios, presionamos todo y a todos para reorganizarlo todo.

La voz fue clara.

—Y para cuando se den cuenta, ya será muy tarde para hacer algo.

El silencio se alargó.

—Es arriesgado —dijo Nigel finalmente.

—Por eso te elegimos, no hay nadie tan vil y detestable como tú para hacerlo posible.

—Sin cumplidos por favor— dijo Nigel

—¿Puedes hacerlo?

Nigel miró la ciudad, las luces, y pensó en el juego de poderes.

—Sí. Pero necesito tiempo.

—No tenemos mucho, una vez que se eche andar todo el plan ya no hay vuelta atrás— Le dijo con una voz que se volvió más dura.

—Estás ahí por una razón, Nigel… No lo olvides.

La llamada terminó en ese momento.

—

Nigel bajó lentamente el teléfono.

Su reflejo en el cristal lo miraba de vuelta.—Katia…— susurró.

Una sonrisa se formó en sus labios.

—No tienes idea.

Porque ella creía que jugaban juntos, pero en realidad, él jugaba por encima, él jugaba con ella, siempre lo hizo.

—

El departamento de Valeria estaba en completo silencio pero dentro de su mente había mucho ruido, demasiado, voces incesantes que no la dejaban alejar su mente e Alejandro.

Estaba sentada frente al espejo observándose.

Como si buscara algo en su propio reflejo.

—¿Qué viste en ella mi amor?

susurraba

Sus dedos recorrieron su mejilla lentamente.

—¿En esa, en esas…?

No terminó la frase cuando su expresión cambió a una llena de rabia, celos y desprecio.

Primero Emma.

Luego la pelirroja.

Y ahora… Marian, o esa maldita negra, como ella la llamaba.

Su mandíbula se tensó.

—Esa es la peor de todas.

La palabras salieron cargadas de veneno.

Tras esa molestia se levantó de golpe y comenzó a caminar por la habitación.

—No maldita, no me vas a quitar lo que es mío—Decia al tiempo que su respiración se aceleraba.

Pero poco a poco se calmaba.

Para entonces pensó.

Porque si algo tenía Valeria era obsesión, pero también era una mujer muy lista llena de intuición.

—No puedos atacarlas directamente.

—No por ahora.

—Pero sí puedo romper lo que lo rodea.

Y una sonrisa apareció, una sonrisa lenta, retorcida y peligrosa.

—Emma es el punto débil.

Se cruzó de brazos.

—La esposa “perfecta”.

Rió con suavidad.

—La que cree que lo controla todo.

Valeria ladeó la cabeza.

—¿Y si dejo de atacarlo a él, y empiezo a atacarla a ella?

Sus ojos brillaron cuando se acercó al espejo, llenos de ira.

—Solo necesito una chispa.

Después pensó en Marian y su expresión cambió, se volvió aún más oscura.

—Y tú— susurró.

—No debiste tocarme.— decía al tiempo que recordaba el golpe, la caída y la humillación.

Sus dedos se cerraron con fuerza.

—A ti te voy a destruir, pero no con violencia, no esta vez, te voy a hacer sentir lo que yo sentí.

—Que no perteneces.

La idea comenzó a tomar forma.

—Marian no encaja.

—No en ese mundo.

—Ni en esa familia.

Y sonrió.

—Solo tengo que demostrarlo.

Y entonces lo vio claro.

—Voy a explotar tu origen, tu clase y tu imagen.

Dijo mientras sus ojos brillaron.

—Voy a hacer que todos la vean como un error.

Valeria suspiró profundamente al pensar en la última persona.

—Y tú Alejandro.

Dijo susurrando con suavidad.

—Sigues siendo mío— decía eso.mientas se tocaba sugestivamente los senos, el.solo pensar en él la llenaba de deseo, tanto que su tono cambió al decir su nombre por uno más dulce, pero también mucho más enfermo.

—Sé que solo estás confundido por esas malditas que te rodean.

Se sentó de nuevo.

—Pero voy a recordarte quién te hizo sentir así por primera vez, quien te hizo ser un hombre en la cama, y cuando lo recuerdes no volverás a voltear a ver a esas perras.

Una sonrisa lenta se dibujó en su rostro.

—Y cuando dudes cuando pelees con todas esas, yo voy a estar ahí para reclamarte como mio.

Valeria tomó su teléfono y comenzó a escribir pero no a Alejandro.

No le hablaría a él, no aún.

Sino a otra persona.

—Necesito información sobre ella.

Sobre Marian, no sé si apellido, pero sé que es la chef de Alejandro Belmonte.

Hizo una pausa y continuó.

—Y sobre la empresa.

Porque si algo había aprendido, era que el amor podía romperse pero el poder podía aplastar todo a su alrededor.

Y ella estaba dispuesta a usar ambos.

—

En dos puntos distintos de la ciudad, dos planes distintos nacían.

Uno era frío y calculado, de índole completamente corporativo, al.lenoa en origen.

El otro era uno totalmente emocional y obsesivo, quizás más destructivo.

Pero ambos tenían algo en común, un mismo objetivo:

Alejandro Belmonte, y la empresa que era dirigida por su parte y su suegro.

Además de todo lo que lo rodeaba, amenazaba con ser destruido desde adentro, y terminado de bombardear por fuera.

La tormenta no solo se acercaba, ya había comenzado, y no parecía haber un poco de paz previo a su azote.

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¿Tienes alguna idea sobre mi historia? Coméntala y házmelo saber.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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