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Mis Dos Esposas - Capítulo 68

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Capítulo 68: Sombras que Avanzan

La sonrisa de Valeria frente al espejo no era dulce, era fría y retorcida.

Sus dedos recorrían su propio rostro como si estuviera estudiando una máscara.

—No debiste hacerlo… —susurró.

No era un reproche, era una sentencia.

El recuerdo del golpe seguía vivo en su mente, el impacto, la caída.

Y lo peor, la humillación ante la mirada de Alejandro.

No de preocupación por ella sino por Marian, y su expresión cambió completamente por el enojo.

—Eso… no te lo voy a perdonar.

Se giró lentamente, su mente ya no estaba desbordada como antes.

Ahora estaba enfocada, y era mucho más peligrosa.

La casa de Valeria estaba impecable, como siempre, elegante y fría.

En ese ambiente controlado había recibido a a Katia.

Valeria caminaba de un lado a otro mientras Katia la observaba desde el sofá, con una copa de vino en la mano.

—Tengo que hacer algo —dijo Valeria—. No puedo quedarme así.

Katia alzó una ceja.

—¿Algo como qué?

—Destruirlas, a las 3.

La respuesta fue directa y sin matices.

Katia comenzó a reír al tiempo que le respondió.

—Esa es una idea muy amplia, como lo piensas hacer.

Valeria se detuvo de golpe y la vió irritada.

—Tú me metiste en esto.

Katia negó con suavidad.

—No mi reina. Yo te di la oportunidad de reconquistar a Alejandro.

—Tú decidiste volverte loca y atacar a la negra esa en la casa de mi hermano ¿Esperabas que no hubiera respuesta de ellos?

Valeria no respondió, realmente se había irritado, pero por alguna extraña razón, Valeria con toda la ira que siempre la inundaba, nunca agredía a Katia.

Katia bebió un poco de su copa antes de responder.

—Si quieres hacerte daño… no los ataques directo.

—Ya lo intenté así, tienes razón — Valeria extrañamente respondía de manera sosegada.

—Exacto. Y fallaste miserablemente.

La mirada de Katia se volvió fría, casi insultante.

—Tienes que ser más inteligente y mucho más fría, no te puedes enganchar con ellos.

Valeria cruzó los brazos.

—Esta bien, entonces escucho tu sugerencia.

Katia apoyó la copa en la mesa.

—Hay que empezar por Alejandro.

—¿Otra vez?

—Sí. Pero no lo harás tú, tú no te acercarás a él, ni a su casa o a su familia.

—El mundo debe cerrársele.

Valeria hizo una mueca de incomprensión.

—No te entiendo Katia, habla claro.

Katia sonrió apenas.

—Usaremos las revistas y redes de c

hismes.

El rostro de Valeria cambió ligeramente.

—¿Entnces lo atacamos por medio de escándalos?

—Exacto.

Katia se inclinó hacia adelante.

—Si lo vinculan con otra mujer, Emma pierde estabilidad, ellos pelean, su matrimonio se fractura.

—Y tú no tienes que ensuciarte las manos directamente, y una vez que todo esté roto y Alejandro susceptible tú entras como la mujer amorosa y comprensiva que lo sacará del abismo.

Valeria pensó unos segundos.

—¿Lo haremos con la pelirroja Caiomhe?

—Si, ella es perfecta para eso.

—Extranjera, hermosa, cercana y misteriosa.

Katia sonrió con malicia.

—La gente ama esas historias.

Valeria asintió lentamente.

—Sí…

Pero su expresión volvió a oscurecerse.

—Eso no es suficiente, las quiero a ellas dos también, en el lodo.

Katia la miró.

—¿Qué más quieres?

Valeria apretó la mandíbula.

—A ella, a la negra.

—¿Marian?

—Sí.

El silencio se tensó.

—Quiero destruirla.

Katia la observó con más seriedad ahora.

—Entonces hazlo bien, investígala primero.

Valeria ladeó la cabeza.

—¿Investigarla?

—Sí.

—Todos tienen algo que esconder.

—Algo que rompe su mundo de éxito perfecto.

Valeria sonrió.

—Y si no lo tiene…

Katia no dudó.

—Se lo inventas, eso no importa.

—Pero hazlo con cuidado —añadió Katia—. No quiero volver a estar involucrada en un escándalo como el anterior, nadie se mi familia puede involucrarse, ni tampoco quedar expuesto que tú estarás detrás de todo.

Valeria soltó una pequeña risa.

—No te preocupes, esta vez… será perfecto.

—

Esa misma noche, Valeria estaba sentada en un café discreto.

Y frente a ella un hombre de apariencia común… y profesional.

—Necesito información —dijo sin rodeos.

El hombre la observó con calma.

—¿Sobre quién?

Valeria deslizó una foto sobre la mesa.

—Ella, Marian Okoye Valencia.

El hombre la tomó.

—¿Qué tipo de información?

—Toda la que puedas darme de su vida.

—Rutina, trabajo, amigos, familia, su historia, dónde nació, sus ex parejas, errores, secretos, incluso si reprobó en la escuela, quiero saberlo..

El hombre asintió lentamente.

—Eso cuesta mucho dinero.

Valeria sonrió.

—Ese no es problema.

Arturo Salgado, era el investigador de confianza de Katia que le asignó a Valeria.

Valeria lo miró con atención.

—Bien, Arturo quiero resultados rápidos, los fondos no son problema.

Arturo guardó la foto.

—Los tendrás, y serán totalmente fidedignos.

Valeria se recargó en la silla.

—Más te vale.

Porque esta vez, no pensaba fallar.

—

La casa se sentía… incompleta.

Emma acomodaba unos documentos sobre la mesa, pero su mente estaba en otro lado.

Siempre en el mismo lugar…

Alejandro entró con su saco aún puesto.

—¿Sigues trabajando?

—Sí, esto es urgente ¿Y tú?

—También, y también he tenido un día de cosas urgentes.

El silencio entre ellos era extraño, e incómodo, se notaba un enorme vacío.

Emma lo miró.

—¿La extrañas?

Alejandro no respondió de inmediato.

—Sí, muchísimo.

Emma bajó la mirada.

—Yo también.

—Más de lo que pensé.

Se sentó lentamente.

—La casa no se siente igual.

—Es que ya no es igual.

Alejandro se acercó.

—Pero todo va a estar bien.

Emma negó suavemente.

—No lo sé, siento que todo se rompió.

Alejandro suspiró.

—No se rompió, tranquila, solo se está acomodando.

Emma lo miró con duda.

—¿Y si no vuelve?

—Entonces tendremos que aceptarlo, no hay más opciones amor.

Emma apretó los labios.

—No quiero.

Alejandro se acercó más.

—Yo tampoco, pero ninguno de los dos podría obligarla a volver por la fuerza.

—

Marian caminaba por el pasillo de la universidad.

El murmullo de los estudiantes y el sonido de los pasos, la hacia sentir que todo era… normal.

Y eso le ayudaba a seguro adelante, le daba un respiro.

—Buenos días, profesora.

—Buenos días muchachos.

Respondía automáticamente.

Pero por dentro, seguía en conflicto.

Emma.

Alejandro.

Caiomhe y ese beso que la atormentaba demasiado.

Pero enseñar la hacía sentir útil, presente y real.

Y por unas horas, eso era suficiente.

—

Esa tarde, Marian regresó a casa, sería una visita breve, necesitaba algunas cosas.

El ambiente era el mismo, pero ya no lo era.

Emma la vio primero y se quedó inmóvil.

Sus ojos brillaron al instante, y de inmediato quiso acercarse y abrazarla.

Pero se detuvo, y Marian lo notó.

Y caminó hacia ella.

—Emma…

Su voz fue suave.

—No estoy enojada.

Emma tragó saliva.

—¿De verdad?

—Solo…

Marian respiró hondo.

—Estoy confundida.

Emma asintió.

—Lo entiendo.

—Por favor…

—Dame tiempo.

Emma cerró los ojos un segundo.

—Tendras todo el que necesites. Yo aquí voy a estar.

Marian sonrió apenas.

—Gracias.

El momento fue breve.

Pero significativo.

Y necesario.

—

En la oficina, Alejandro estaba de pie junto a la ventana.

Caiomhe entró sin hacer ruido.

—Hablaste con ella.

No fue pregunta.

—Sí.

—¿Cómo está?

—Confundida.

Alejandro asintió.

—Lo imaginé.

Caiomhe se cruzó de brazos.

—Pero no está huyendo.

—Eso es bueno.

—Sí.

—Creo que los quiere, como te lo dije ayer.

Alejandro la miró.

—¿A los dos?

—Sí.

—Pero, no sabe cómo aceptar eso.

El silencio se volvió más reflexivo.

—Su crianza —añadió Caiomhe—. Sus ideas. Lo que cree correcto.

—Todo eso choca con lo que siente.

Alejandro suspiró.

—Va a necesitar tiempo.

—Sí, pero no la presionen.

—No lo haremos.

Caiomhe bajó la mirada.

—Alejandro…

—¿Sí?

Ella dudó pero decidió hablar.

—Hay algo que quiero que sepas.

Él la miró con atención.

—Mi matrimonio… terminó por una infidelidad.

Alejandro no dijo nada.

—Pero no fue con otra mujer.

Él levantó la mirada al escuchar eso.

—Fue con un hombre, y sesde entonces…

—No me acerco a ninguno, no quiero, ni puedo hacerlo.

Alejandro asintió lentamente.

—Gracias por confiar en mí.

—No lo voy a repetir.

—Lo sé.

—Y no lo voy a contar.

Caiomhe lo observó.

—Pero quiero que Emma lo sepa.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Estás segura?

—Sí, ella necesita entender que no soy una amenaza.

—Nunca lo fuiste.

—Pero ella no lo sabía.

—Se lo diré.

—Gracias.

—

Esa noche, Katia estaba sentada frente a Nigel.

—Tenemos que empezar a movernos.

Nigel la observó con calma.

—¿En qué sentido?

—En la empresa, necesitamos poder.

Nigel entrelazó las manos.

—No se consigue pidiéndolo.

—Entonces, se construye.

Katia lo miró fijamente.

—¿Cómo construir algo asi?

Nigel sonrió levemente.

—Ganando la confianza de tu padre.

—Twngo la confianza total de él.

—En lo personal, ahora hay que demostrar que la mereces en lo económico. Cuando él sienta que tú eres su apoyo, te dará espacio en el Corporativo.

Katia asintió.

—Y cuando lo tenga…

Nigel inclinó la cabeza.

—Ahí empezamos de verdad.

Sus ojos brillaron.

Porque el juego…

apenas comenzaba.

En distintos puntos de la ciudad…

las piezas seguían moviéndose.

Valeria investigando.

Katia planeando.

Nigel manipulando.

Mientras tanto…

Alejandro, Emma y Marian intentaban sostener algo que aún no entendían porque estaba en vilo.

Pero que les importaba demasiado como para dejarlo caer.

Y eso era justo lo que los hacía vulnerables.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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