Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mis Dos Esposas - Capítulo 7

  1. Inicio
  2. Mis Dos Esposas
  3. Capítulo 7 - 7 Lo que Emma dijo en voz alta
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

7: Lo que Emma dijo en voz alta 7: Lo que Emma dijo en voz alta *Capitulo narrado por Alejandro Nunca fui bueno leyendo entre líneas cuando se trataba de Emma.

No porque no la conociera, sino porque siempre supuse que, si algo era importante, ella lo diría con claridad.

Aquella noche aprendí que hay verdades que se dicen riendo… y por eso mismo son más peligrosas.

Rememoré ese día, intentando encontrar indicios de que Emma haría tal declaración ante Marian.

La casa estaba llena.

Música suave, copas que nunca se vaciaban del todo, risas que se mezclaban con conversaciones que iban y venían sin orden.

Era una de esas reuniones que Emma organizaba con naturalidad impecable, donde todo parecía casual y, al mismo tiempo, perfectamente calculado.

Marian estaba ahí.

Sentada frente a nosotros, sosteniendo su copa con elegancia, riendo cuando debía reír, escuchando más de lo que hablaba.

Desde que había llegado, yo había hecho un esfuerzo consciente por no mirarla demasiado.

No porque no quisiera… sino porque no podía permitírmelo.

Emma, en cambio, la observaba sin disimulo.

—Eres increíblemente buena en lo que haces —le dijo, inclinándose apenas hacia ella—.

No cualquiera logra que un restaurante tenga ese nivel de personalidad.

Marian sonrió, agradecida, pero también un poco incómoda.

—Tu cocina también tiene carácter —respondió—.

Se nota que sabes disfrutar lo que comes… y con quién lo haces.

Emma rió, levantando la copa.

—Eso sí —dijo—.

Yo siempre he sido muy consciente de lo que disfruto.

La frase flotó unos segundos más de lo necesario.

Yo bebí un trago largo, intentando relajarme.

La fiesta continuó, los invitados poco a poco se iban retirando, incluidos mis padres y mis suegros.

Marian hizo el comentario que ya era tarde y debía irse, sin embargo Emma la detuvo.

— Vamos Mary, la noche es joven y como puedes ver ya no queda ninguna mujer para charlar, de hecho, salvo nuestros familiares no vino ninguna porque no tengo amigas en el país.

Esas palabras convencieron a Marian de continuar con nosotros, y lo hizo de buena gana.

Había pasado más de una hora desde que los 3 estábamos solos, seguimos platicando y bebiendo.

Fue entonces cuando Emma, ya con las mejillas ligeramente sonrojadas por el alcohol, se giró hacia Marian con una sonrisa distinta.

No era la sonrisa social.

Era la otra.

La que solo yo conocía… o creía conocer.

—¿Sabes algo, Marian?

—dijo de pronto, sin filtros—.

Alejandro está loco por ti.

El tiempo se contrajo.

Sentí cómo mi espalda se tensaba de inmediato.

—Emma… —murmuré, intentando advertirla.

Ella me ignoró por completo.

—Desde que te vio en el restaurante —continuó, como si hablara de una anécdota sin importancia—.

Lo noté enseguida.

Él cree que disimula muy bien, pero no.

Nunca lo ha hecho conmigo.

Marian parpadeó, claramente sorprendida.

—No… no sabía —dijo, y su risa fue nerviosa— Yo solo pensé que era amable.

Emma soltó una carcajada suave, casi cómplice.

—Oh, lo es —respondió—.

Pero también es muy humano.

Me miró entonces, con una expresión que no supe interpretar del todo.

No había reproche.

No había burla.

Había algo parecido a diversión… y eso me inquietó más que cualquier reclamo.

—Tranquilo —me dijo—.

No te estoy acusando de nada.

Solo… diciendo lo obvio.

Marian dejó la copa sobre la mesa con cuidado.

—Emma, yo… —empezó, pero Emma levantó una mano.

—No te sientas incómoda —añadió—.

Si hay algo que respeto es la belleza.

Y tú lo eres.

Además, sería absurdo fingir que mi marido no puede notar a una mujer talentosa… y atractiva.

Hubo un silencio pesado.

Yo sentía que algo se estaba saliendo de control.

—Emma ha bebido un poco de más —intervine—.

No le hagas mucho caso, Marian.

Emma giró hacia mí lentamente.

—¿Ah, sí?

—preguntó—.

¿Eso crees?

Su sonrisa no se borró, pero sus ojos se volvieron más atentos.

—Solo digo que el mundo es más amplio de lo que solemos admitir —añadió, volviendo a Marian—.

Y que hay personas que vale la pena conocer… sin miedo.

No dijo nada más.

No necesitaba hacerlo.

Marian se removió en su asiento.

—Creo… creo que debería irme —dijo con educación—.

Ha sido una noche agradable, pero es tarde.

Asentí de inmediato, agradecido por la salida.

—Claro —dije—.

Te acompaño.

Emma apoyó el codo en la mesa, sosteniendo su cabeza con la mano.

—Yo ya estoy muy ebria —anunció—.

Me voy a dormir.

Ustedes pueden seguir la fiesta si quieren.

Lo dijo con demasiada ligereza.

Marian me miró, incómoda.

—No, está bien —respondió—.

Prefiero irme.

La acompañé hasta la puerta.

El trayecto fue silencioso.

Tenso.

—Siento mucho lo que pasó —le dije al fin—.

Emma no debió decir eso.

Marian suspiró.

—No creo que estuviera tan borracha como dices —respondió con honestidad—.

Pero tampoco quiero malinterpretar nada.

—Mañana no recordará lo que dijo —mentí— Y si lo hace, le exigiré que se disculpe.

No estaba seguro de creerlo yo mismo.

—Te enviaré el coche —añadí—.

Mi chófer te llevará a casa.

Ella asintió.

—Gracias.

Su despedida fue correcta, distante.

Un gesto con la mano.

Nada más.

Cuando regresé a la habitación, lo hice aún con el nudo en el pecho.

Emma estaba sentada en la cama.

Despierta.

Demasiado despierta.

—¿Ya regresaste?

—preguntó, sorprendida—.

Pensé que… bueno, pensé que tardarías más.

La miré con incredulidad.

—¿Eso esperabas?

Ella negó, aunque después solo resopló.

—Tal vez.

Fue ahí donde algo dentro de mí se quebró.

—¿Qué estás haciendo, Emma?

—pregunté, alzando la voz—.

¿Quieres empujarme a una infidelidad para tener una excusa y romper esto?

Su expresión cambió.

—¿Eso crees?

—replicó—.

¿Que estoy planeando tu caída?

—¡Lo dijiste tú!

—exclamé—.

Le dijiste que me gustaba.

La pusiste en una posición incómoda.

¿Para qué?

Emma se levantó.

—Porque no soy ciega, Alejandro —respondió—.

Porque sé lo que te provoca.

Y porque quería ver qué hacías.

—¿Ver si fallaba?

—pregunté, dolido—.

¿Para quedarte con todo cuando me expulsen de la familia?

Eso la hirió.

Lo vi.

—No juegues con eso —dijo, seria—.

Yo no quiero verte caer.

Pero tampoco quiero vivir fingiendo.

—¿Fingiendo qué?

—repliqué—.

¿Que no deseas empujarme hacia alguien más?

Emma me sostuvo la mirada.

—Tal vez —dijo lentamente—.

Quería saber si eras capaz de resistirte… incluso cuando yo no te detengo.

El silencio que siguió fue brutal.

—Eso no es amor —respondí—.

Es una trampa.

Emma respiró hondo.

—Solo te puedo decir que no es una prueba —susurró.

Me aparté de ella, incapaz de seguir.

—Si sigues así —dije antes de apagar la luz, lo único que vas a lograr es destruirnos.

No respondió.

Y por primera vez desde que nos casamos, me dormí con la certeza de que algo entre nosotros había cambiado para siempre… aunque ninguno de los dos se atreviera aún a decir qué era.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo