Mis Dos Esposas - Capítulo 70
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Capítulo 70: Contraataque
Esa noche, Marian caminaba sola después de salir de casa de Alejandro, iba sin rumbo claro.
Las palabras de su padre resonaban en su mente.
“Te irás de ahí.”
“No te crié para esto.”
“Prefieres esto…”
Cerró los ojos un momento y pensaba en Emma, Alejandro y hasta en Caiomhe.
Todo lo que sentía y todo lo que no entendía.
—¿Qué estoy haciendo…?—Susurró.
Por primera vez…
Mientras tanto, en el corporativo Belmonte–Van Dyke…
La tensión era igual de pesada.
Alejandro caminaba de un lado a otro mientras Emma estaba sentada, y Caiomhe de pie, con los brazos cruzados. Todos esperaban que fueran llamados por Rafael Belmonte, sabían que la tormenta estaba a minutos de golpearlos.
—Estamos de acuerdo que esto no fue casual —dijo Alejandro.
—Sí
Respondió Caiomhe.
—Fue dirigido.
Emma asintió, y sabemos que fueron
—Valeria, y Katia.
Alejandro se detuvo.
—Sí, pero necesitamos probarlo ante mi padre.
Caiomhe lo miró.
—No solo eso, más allá de tu papá, necesitamos frenarlo y desmentirlo.
—Esto puede escalar y afectar directamente todos los negocios con otros clientes.
Emma apretó las manos.
—Ya está escalando.
—Las escenas de las fotos están manipuladas para denotar algo que nunca ocurrió —continuó Caiomhe—.
—Pero no son falsas, y ese es el problema.
Alejandro asintió.
—Van a usar cualquier cosa real para construir una mentira.
Emma los miró.
—Entonces tenemos que adelantarnos.
—¿Cómo?
—Lo primero es investigar quienes pagaron y por medio de quienes se creó toda esta mentira.
Alejandro negó.
—Eso podría ser peligroso.
—Pero es necesario Alejandro.— Le dijo Caiomhe.
El silencio se rompió con un golpe en la puerta.
—El señor Belmonte los solicita.
Los tres se miraron, sabían lo que significaba…El juicio.
El despacho de Rafael Belmonte estaba más frío que nunca.
Los tres entraron, pero Rafael ni siquiera los invitó a sentarse.
—¿Ya vieron esto?… Pregunta estúpida, por supuesto que ya lo vieron.
Levantó el periódico para mostrarles las fotos.
Nadie respondió.
—Perfecto, entonces sí lo vieron.
—¿Quieren explicarlo? No, mejor dicho ¿Pueden negarlo o al menos explicarlo?
Alejandro dio un paso al frente.
—Es un ataque, todo eso es falso.
Rafael soltó una risa amarga.
—Que conveniente verdad.
Emma habló.
—Por supuesto que eso no es real, las imágenes están fuera de contexto.
—¿Y el contexto real cuál es Emma?
Ella guardo silencio, podían explicarlo, pero él no les creería.
Caiomhe intervino.
—Esto es una campaña de desprestigio, contra Alejandro, y por extensión quieren involucrarnos a todos los cercanos a él.
Rafael la miró con frialdad, quién se sentía esa extranjera para hablarle de esa manera.
—¿Y tú quién eres para decir eso?
Alejandro tensó la mandíbula.
—Ella es alguien que sabe lo que está pasando aquí.
Rafael golpeó el escritorio.
—¡Lo que está pasando es que mi empresa está en boca de todos por esto!
Señaló las imágenes.
—Y todo por chismes, primero lo de tu maldita ex novia, ya ahora esto.
El silencio fue absoluto.
—Esto no puede continuar.
Su voz bajó.
Más peligrosa.
—En los próximos días, Jan Van Dyke y yo tomaremos una decisión.
Emma sintió un escalofrío.
—¿Qué tipo de decisión?
Rafael los miró uno por uno.
—Sobre el lugar de todos en esta empresa.
La frase cayó como un martillo.
—Hasta entonces, quiero resultados y quiero soluciones.
—Empezando con que esto se detenga.
—¿Está claro?
Nadie respondió.
No hacía falta.
Esa noche todos estaban tensos.
Marian dividida entre su padre y su hogar.
Emma dividida entre el amor por Alejandro y Marian, y el miedo a perderla, sumado al enorme problema contra quién sea que estuviera atacándolos.
Alejandro entre la familia que él formó, su familia de origen y la guerra declarada por su hermana y Valeria.
Caiomhe, entre la lealtad a sus amigos y el peligro a perder el patrimonio de su familia.
—
Al día siguiente, la mañana aún conservaba el eco del acuerdo que habían hecho.
Pero ahora ya no había espacio para calma.
Solo acción.
Alejandro ya se encontraba de pie frente al ventanal de su oficina, observando la ciudad con una expresión distinta, ya estaba totalmente enfocado en lo que tenía que hacer.
—Esto ya no es personal —dijo finalmente Alejandro a Emma.
—Creo que todo tiene un trasfondo más allá, una guerra empresarial seguramente.
Emma cruzó los brazos.
—¿Pero quién podría estar haciéndolo?
Caiomhe negó levemente.
—Puede ser que esté relacionado con el tema de Valeria pero solo por fuera entonces, y que alguien más atrás esté manipulándolas a ella y a Katia.
—Alguien del pasado de mi papá quizás— dijo Alejandro.
—O quizás del mío— completo Emma.
Parecía que los tres estaban completamente alineados en esa teoría.
—Entonces vamos a actuar suponiendo que esto es una guerra empresarial—continuó Alejandro—.
—Nada de impulsos, mantenernos lejos de mi hermana.
—Si Valeria se aparece acá, inmediatamente debe ser expulsada por seguridad.
—Solo movimientos calculados dentro y fuera de la empresa.
Emma asintió.
—¿Por dónde empezamos?
Alejandro giró ligeramente.
—Por la información. Me encargaré de obtenerla, tengo a la persona adecuada.
—
La puerta se abrió sin previo aviso.
Caiomhe entró con una carpeta en la mano después de que un colaborador la llamara.
—Ya tenemos algo.
Los dos reaccionaron de inmediato.
—Habla —dijo Alejandro.
Caiomhe dejó la carpeta sobre el escritorio y la abrió.
—Las publicaciones no son orgánicas, hay pauta pagada.
Emma frunció el ceño.
—¿Conocemos el origen del pago?
—No, aún no.
—Pero alguien está invirtiendo dinero para que esto tenga alcance,
Alejandro se inclinó ligeramente.
—¿Se puede rastrear?
Caiomhe asintió.
—Parcialmente.
Pasó una hoja.
—Las campañas salen desde una agencia intermediaria.
—Pero los pagos vienen fragmentados, desde tarjetas al parecer digitales, con nombres que no nos indican nada pueden ser incluso falsas.
Alejandro entrecerró los ojos.
—Para ocultar el origen.
—Exacto.
Emma tomó aire.
—¿Y aun así tienes algo?
Caiomhe dudó apenas un segundo.
—Tengo un nombre, no directo, pero relacionado a la agencia.
Alejandro dio un paso al frente.
—Dilo.
Caiomhe lo miró.
—Una de las cuentas usadas para validar los pagos… está vinculada a una empresa fantasma.
—Con conexiones en Europa.
Emma intercambió una mirada con Alejandro.
—¿Entonces es él?
Caiomhe le preguntó ¿De quién sospechas?
Alejandro no respondió, pero Emma sí.
—De Nigel, mi ex novio, y ahora esposo de Katia.
—Ok, no podemos afirmarlo aún entonces pero tenemos ya varios puntos más para unirlos—añadió Caiomhe—Pero no es coincidencia entonces. Todo está conectado, y es más grande de lo que pensábamos.
—
No tuvieron mucho tiempo de procesarlo, cuando un asistente apareció en la puerta.
—El señor Belmonte los solicita.
Los tres se miraron porque se nueva cuenta sabían lo que venía.
El despacho de Rafael Belmonte estaba lleno de tensión, está vez no estaba solo.
Jan Van Dyke también estaba ahí.
De pie, a su lado, con expresión muy seria.
—Siéntense —ordenaron ambos.
Pero nadie lo hizo.
—Como quieran entonces.
Rafael dejó unos documentos sobre el escritorio.
—Esto se terminó, los escándalos, las explicaciones… y las excusas.
Emma habló.
—No son reales, y ya tenemos algunos indicios del origen del problema.
Rafael la ignoró.
—Lo que es real es el daño.
Miró a Alejandro.
—Y la responsabilidad.
Alejandro sostuvo la mirada a su padre.
—Esto es un ataque, y lo vamos a probar.
Rafael respondió directo.
—¿Cuándo lo harás? ¿Cuando ya estemos destruidos?
Jan intervino, más calmado.
—Rafael, déjalos hablar.
Pero Rafael se negó.
—No, está vez ya tomé una decisión.
El silencio se volvió absoluto.
—A partir de hoy, Alejandro queda relevado temporalmente de sus funciones ejecutivas.
Emma dio un paso adelante.
—¡Esto es absurdo!
—Esto es necesario.
Emma volteó a ver a su padre, mismo que le indicó con la mirada que no discutiera más.
Rafael continuó.
—Emma, tus funciones quedarán bajo revisión, y te informaremos sobre ellas después.
—Y tú —miró a Caiomhe—.
—Serás auditada.
Caiomhe no reaccionó, pero su postura se tensó.
—Esto es una estupidez —dijo Alejandro con frialdad.
Rafael lo miró con dureza.
—Esto es control, algo que debiste tener y perdiste.
Jan observaba en silencio, pero su expresión no era de acuerdo total.
—Esto no va a resolver nada —añadió Alejandro— Solo va a empeorarlo.
Rafael golpeó el escritorio.
—¡Lo que lo empeoró fue esto!
Señaló los periódicos.
—¡Su comportamiento! De los tres y el de tu chef.
Pero Alejandro no alzó la voz, pero sí respondió.
—No, lo que lo empeoró todo fue confiar en la persona equivocada.
La indirecta fue clara, hablaba de Katia.
Rafael la entendió, y eso lo enfureció más.
—De acuerdo, estás fuera —sentenció—.
—Por ahora— respondió Alejandro.
Todos salieron en silencio
El pasillo parecía más largo que nunca
Emma fue la primera en hablar.
—Esto es una locura—dijo mirando a Alejandro.
—¿Estás bien?
Él no respondió de inmediato, hasta que se detuvo y finalmente habló.
—Estoy perfecto.
Ambas lo miraron con sorpresa.
—¿Perfecto?
Él asintió.
—Sí, porque ahora ya no tengo límites dentro de la empresa.
Caiomhe entendió primero.
—Vas a moverte por fuera.
—Exacto, y así ya no puede acusarme de nada de lo que pase acá.
Emma le respondió.
—Eso es arriesgado, qué clase de gente crees que haya ordenado esto, podría ser peligroso.
Alejandro las miró a las dos.
—Esto ya no es una defensa, es un contraataque.
Emma sintió algo distinto, no era miedo, era determinación.
—Entonces vamos a ayudarte.
Caiomhe asintió.
—Hasta el final, pero esto se va a poner peor.
Alejandro esbozó una leve sonrisa.
—Lo sé.
—Y por eso vamos a ganar.
—
Valeria observaba su teléfono.
Leía las noticias, y todos los titulares.
Las reacciones y comentarios m
Su sonrisa era… tranquila.
—Funcionó, Katia tenía razón.
Pero eso no era suficiente.
Nunca lo era para ella.
Pasó a otra pantalla y vió una foto.
De Marian, estaba tomada a distancia, era muy reciente.
—Ahora tú, ahora sí voy por ti.
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