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Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 61

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Capítulo 61: Capítulo 61 Caminos que comienzan a unirse

Kael’thar llegó finalmente a la entrada de la tribu, donde los otros tres hombres bestia lo esperaban en silencio.

Durante unos segundos, sus miradas se cruzaron. No había dudas, ni preguntas innecesarias. Todos sabían a qué habían venido…

Sin perder más tiempo, Kael’thar dio un paso al frente y su cuerpo comenzó a transformarse. Sus huesos se expandieron, su musculatura se tensó y en cuestión de instantes, una imponente pantera negra apareció en su lugar. Su pelaje oscuro brillaba bajo la luz, y sus ojos, intensos y decididos, reflejaban una sola cosa: determinación absoluta.

Sin mirar atrás, comenzó a correr.

Vael, Eldric y Kaelis no dudaron ni un segundo. Lo siguieron de inmediato, adaptándose al ritmo feroz que Kael’thar imponía. El suelo temblaba bajo sus pasos mientras avanzaban con rapidez, dejando atrás la tribu, el hogar… todo.

Durante el trayecto, Kael’thar giró varias veces la cabeza, comprobando si los otros podían seguirle el paso. Para su sorpresa, ninguno mostraba signos de cansancio. Vael avanzaba con una elegancia fluida, como si incluso en tierra mantuviera la armonía del océano. Eldric se movía con precisión calculada, sin desperdiciar energía. Kaelis, en cambio, irradiaba una intensidad salvaje, como si en cualquier momento fuera a explotar de impaciencia.

Aquello le dio una pequeña tranquilidad.

El destino era claro: las montañas cercanas a la ciudad del zorro.

Ciudad del Zorro

Mientras tanto, en una habitación amplia y silenciosa dentro de la ciudad, Hyun Ryu y Nana regresaban tras su conversación.

Al abrir la puerta, se encontraron con una escena que, por un momento, alivió la tensión que ambos llevaban dentro.

Merea estaba sentada en la cama, jugando con Kiu. El pequeño animal se frotaba contra ella con confianza, como si la hubiera aceptado completamente. Merea, por su parte, sonreía con suavidad, acariciándolo con movimientos lentos, casi distraídos.

Era una imagen tranquila. Demasiado tranquila para todo lo que realmente estaba ocurriendo.

Nana fue la primera en hablar, observando con atención la ropa que llevaba Merea.

—Ahora que lo pienso bien, esa ropa no es muy cómoda para ti ahora que estás despierta —comentó con naturalidad, aunque su mirada era analítica.

Hyun Ryu asintió ligeramente, acercándose unos pasos.

—Tiene razón —añadió—. No es adecuada para moverte con libertad.

Merea bajó la mirada hacia su vestimenta, como si recién tomara conciencia de ello. Dudó un momento antes de levantar su mano y tocar suavemente el anillo que llevaba en uno de sus dedos.

Un instante después, una luz tenue apareció, y en sus manos se materializó un vestido.

Hyun Ryu entrecerró ligeramente los ojos, interesado.

—Eso es interesante…

—Un anillo espacial —añadió Nana con calma—. Parece que nuestra invitada es más especial de lo que aparenta.

Merea no respondió de inmediato. Observó el vestido que había sacado: era hermoso, delicado, claramente de alta calidad… pero también demasiado llamativo.

—Creo que toda la ropa que traje es así… —admitió con un leve tono de frustración.

Nana sonrió con suavidad, como si ya hubiera previsto ese problema.

—No te preocupes por eso. Tengo algunas prendas que podrían gustarte y que se adaptan mejor a la ciudad. Aquí las costumbres son distintas, y es mejor no llamar demasiado la atención.

Mientras hablaba, sacó dos pequeños frascos. Dentro había diminutas píldoras de un tono azul brillante.

—Esto también te ayudará —explicó—. Son píldoras para cambiar el color de los ojos. Tus ojos son muy hermosos, pero también demasiado llamativos.

Merea observó los frascos en silencio. No hizo preguntas. No cuestionó nada.

Simplemente entendió.

Si estas personas la estaban cuidando, entonces aquello formaba parte de su protección.

Tomó una de las píldoras y la tragó sin dudar.

Poco después, un leve escozor apareció en sus ojos. Cerró los párpados instintivamente.

Hyun Ryu reaccionó de inmediato, acercándose más de lo necesario y sujetándola por los hombros.

—¿Estás bien? ¿Qué sientes?

—Tranquilo, joven amo —intervino Nana con calma—. Es completamente normal.

Hyun Ryu soltó un suspiro contenido, obligándose a relajarse, aunque su mirada no se apartó de ella.

Después de unos momentos, Merea abrió lentamente los ojos.

El cambio fue inmediato.

El dorado brillante que los caracterizaba había desaparecido. En su lugar, un suave tono turquesa se reflejaba bajo la luz.

Hyun Ryu se quedó en silencio.

La observó fijamente, como si su mente se hubiera detenido. Su cabello oscuro caía suavemente sobre sus hombros, su piel clara contrastaba con las sombras de la habitación, y esos nuevos ojos… seguían siendo igual de impactantes.

Sin darse cuenta, su expresión cambió completamente.

Merea inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Me veo extraña?

Hyun Ryu no respondió.

Seguía mirándola.

Nana suspiró con suavidad antes de intervenir, empujándolo apenas para sacarlo de su estado.

—Te ves muy bonita —dijo con una leve sonrisa—. El joven amo a veces se distrae demasiado rápido.

Luego caminó hacia un cajón, sacó un espejo y se lo entregó a Merea.

—Mira por ti misma.

Merea tomó el espejo y observó su reflejo con atención. Notó el cambio, pero no reaccionó con sorpresa exagerada. Era diferente, sí… pero no desagradable.

En realidad, seguía siendo ella.

Hyun Ryu finalmente reaccionó, apartando la mirada un momento antes de hablar.

—Te ves bien… perdona si te incomodé.

Merea negó suavemente.

—No pasa nada. Supongo que te sorprendí.

Incluso sonrió ligeramente al decirlo.

Ese pequeño gesto hizo que Hyun Ryu desviara el rostro, ocultando el leve rubor que comenzaba a aparecer.

Nana, al notar el ambiente, decidió retirarse.

—Iré por la ropa —dijo con naturalidad antes de salir de la habitación.

El silencio que quedó no fue incómodo… pero sí diferente.

Merea fue la primera en romperlo. Se acercó un poco más y tomó suavemente la manga de la túnica de Hyun Ryu.

—Ryu… ¿te pasa algo?

Él giró de inmediato, mostrando una sonrisa tranquila, bien controlada.

—Estoy bien. Solo me sorprendí un poco. Ese color también te queda muy bien.

Merea asintió, más tranquila.

Luego dudó unos segundos antes de hablar nuevamente.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Puedes preguntarme lo que quieras —respondió sin dudar.

Merea lo observó directamente.

—¿Qué posición tienes en esta ciudad?

Hyun Ryu guardó silencio unos instantes.

Sabía que esa pregunta llegaría.

Se sentó junto a ella, apartando con cuidado a Kiu, que había permanecido cerca todo ese tiempo. Luego, tras un pequeño suspiro, habló con sinceridad.

—Mi padre es el líder de esta ciudad.

Merea no mostró sorpresa exagerada, pero sí prestó más atención.

—Eso me convierte en alguien… importante aquí. Pero no es algo que me guste demasiado.

Hizo una pausa breve antes de continuar.

—Es una historia larga. Tal vez en otro momento pueda explicártelo mejor. Pero por ahora… solo quiero que tengas cuidado.

Su tono se volvió más serio.

—No podrás quedarte siempre en esta habitación. Tarde o temprano tendrás que salir… y cuando lo hagas, quiero que confíes en mí.

Merea lo observó en silencio unos segundos, asimilando sus palabras.

Luego asintió.

—Entiendo. Gracias por decírmelo.

Después de eso, añadió algo más, con un tono ligeramente más ligero.

—Pero… ¿está bien que te llame Ryu?

Hyun Ryu no dudó ni un segundo.

—Claro que sí. Me hace muy feliz que lo hagas.

Merea sonrió apenas.

—Entonces seguiré llamándote Ryu. Y tú también puedes llamarme Merea.

Él asintió.

A partir de ese momento, la conversación fluyó con más naturalidad. Hyun Ryu comenzó a contarle sobre la ciudad: sus calles, los mercados, las costumbres… incluso algunos lugares que pensaba mostrarle cuando fuera seguro.

Merea escuchaba con atención, imaginando cada detalle.

Por primera vez desde que despertó…

Sintió que quizás, solo quizás, ese lugar no era completamente ajeno.

Pero en algún lugar, lejos de ahí…

Cuatro sombras avanzaban sin detenerse.

Y cada paso que daban…

Los acercaba más a ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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