Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 62
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Capítulo 62: Capítulo 62 Un paso fuera del refugio
Cuando Nana regresó a la habitación, lo hizo con un baúl mediano entre sus manos. Era elegante, con intrincados grabados que formaban siluetas de gatos entre montañas. La madera tenía un tono oscuro y brillante, claramente bien conservada a pesar del paso del tiempo.
Hyun Ryu, al verlo, se quedó en silencio de inmediato.
Reconocía esos patrones.
No eran simples decoraciones.
—Nana… ese baúl… —murmuró, sin terminar la frase.
Nana lo miró de reojo y luego asintió con suavidad.
—Es un regalo de tu madre. Me pidió que lo guardara —respondió con un tono tranquilo, pero cargado de significado—. Creo que entiendes por qué.
Hyun Ryu no respondió de inmediato. Solo bajó ligeramente la mirada, asintiendo en silencio. Desde que había confesado sus sentimientos hacia Merea, Nana no necesitaba más explicaciones.
Ella ya había tomado una decisión.
Para Nana, Merea ya no era solo una invitada.
La veía como alguien que podría ocupar un lugar importante en la vida de su joven amo.
Merea, por su parte, observaba el baúl con curiosidad y un poco de duda.
—¿Puedo… verlo? —preguntó con ligera vacilación.
Nana sonrió de inmediato y abrió el baúl sin dudar.
—Claro que puedes, pequeña. Estas prendas fueron hechas por mi señorita —dijo con un toque de orgullo—. En ese entonces, pensó que el joven amo sería una pequeña hembra… pero como puedes ver, terminó siendo un hombre.
Hyun Ryu desvió la mirada con una leve incomodidad, pero no dijo nada.
Sabía perfectamente que esas prendas no habían sido hechas para él.
Habían sido pensadas… para alguien más.
Nana continuó hablando con naturalidad, como si quisiera evitar que Merea dudara.
—Puedes usarlas sin preocupaciones. Estoy segura de que ella estaría feliz de verlas en alguien como tú.
Merea observó el interior del baúl.
Había múltiples conjuntos cuidadosamente doblados, junto con accesorios, peinetas, joyas y pequeños frascos. Todo estaba organizado con un detalle casi obsesivo.
—Son muy bonitas… —dijo con sinceridad.
—Lo son —respondió Nana con suavidad—.
Mi señorita tenía una salud delicada, así que pasaba mucho tiempo bordando y creando ropa. Era lo que más le gustaba hacer.
Luego cerró ligeramente el baúl y miró a Hyun Ryu.
—Joven amo, deberías salir unos momentos.
Hyun Ryu entendió al instante. Sin protestar, se giró y salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de él.
El ambiente cambió.
Nana se acercó a Merea con más confianza.
—Buscaré algo más casual para ti. Será mejor si no llamas demasiado la atención cuando salgas con el joven amo.
Se dirigió nuevamente al baúl y comenzó a sacar prendas. Había al menos una docena de conjuntos, todos distintos pero igual de elegantes. Entre ellos también había maquillaje, joyas y accesorios de distintos estilos.
Merea no pudo evitar sorprenderse.
—¿Todo eso… cabe ahí dentro?
Nana soltó una pequeña risa.
—Este baúl también tiene una función espacial, como tu anillo. Aunque el tuyo parece ser de mejor calidad.
Merea asintió lentamente, sin decir mucho más.
—No seas tímida —añadió Nana—. Todo esto fue dejado para alguien especial. Y creo que mi señorita estaría feliz de que tú lo uses.
Después de revisar por varios minutos, Nana separó cinco conjuntos que parecían más adecuados para el uso diario, aunque seguían siendo elegantes.
Merea los miró con duda.
—No sé si debería usar algo así… parecen importantes.
Nana negó con suavidad.
—Si ella estuviera aquí, sería la primera en ofrecértelo. No lo dudes tanto.
Merea guardó silencio.
Sabía que insistir sería innecesario.
Así que simplemente aceptó.
Mientras observaba las prendas, una en particular llamó su atención. Era un conjunto blanco con delicados bordados de flores. No eran flores comunes, tenían formas extrañas, casi etéreas.
Se quedó mirándolas por más tiempo del que esperaba.
Nana notó su interés de inmediato.
—¿Te gusta ese?
Tomó la prenda sin esperar respuesta y dejó de lado las otras.
—Son flores de nieve —explicó—. Crecen en nuestra antigua ciudad. Son raras. Solo abren sus pétalos por la noche y sobreviven incluso en el frío más extremo.
Merea las observó con más atención.
—Nunca las había visto…
—Lo sé —respondió Nana con una sonrisa—. Tal vez algún día puedas verlas en persona.
Luego cerró el baúl y se acercó a Merea.
—Bien, es momento de cambiarte.
La ayudó a levantarse con cuidado. Con movimientos precisos, comenzó a vestirla. La ropa era similar a una túnica japonesa, adaptada al estilo de la ciudad del zorro.
Cada capa fue colocada con detalle.
Luego peinó su cabello, recogiendo una parte con una delicada horquilla, dejando el resto caer en suaves mechones con pequeñas trenzas. Aplicó un maquillaje ligero que resaltaba sus rasgos sin exagerarlos.
Finalmente, añadió algunos accesorios.
—Listo —dijo con satisfacción—. Mírate.
Merea se acercó al espejo.
Se quedó en silencio unos segundos.
La imagen frente a ella era… diferente.
Más integrada a ese mundo.
Más… adecuada.
—Creo que sorprenderé a Ryu —comentó con una leve sonrisa.
Nana sonrió también.
—Sin duda lo harás.
Mientras tanto, fuera de la habitación, Hyun Ryu caminaba de un lado a otro.
Pensaba en cómo mostrarle la ciudad, qué lugares evitar, cómo protegerla sin hacerla sentir encerrada.
No notó cuánto tiempo había pasado.
Hasta que la puerta se abrió.
Nana salió primero, guiándolo de regreso al interior.
Hyun Ryu entró… y se detuvo.
Por segunda vez ese día, se quedó completamente en silencio.
Merea estaba de pie frente a él.
La ropa, el peinado, los detalles… todo encajaba perfectamente.
No era solo que se viera bien.
Era que parecía pertenecer a ese lugar.
—¿Me veo bien, Ryu? —preguntó Merea, observando su reacción.
Hyun Ryu asintió sin apartar la mirada.
—Te ves muy bonita… —respondió con sinceridad.
Luego, tras unos segundos, retomó la compostura.
—Creo que podríamos salir ahora. Me gustaría mostrarte la ciudad.
Merea juntó ligeramente las manos, mostrando un entusiasmo que no intentó ocultar.
—¿En serio?
—Sí. Vamos.
Pero antes de que salieran, Nana intervino.
—Joven amo, aún no hemos decidido qué diremos si alguien pregunta por la identidad de la señorita.
Hyun Ryu se detuvo.
Tenía razón.
No podían dejar ese detalle al azar.
Tras pensarlo unos segundos, Nana habló nuevamente.
—Podrías decir que es una sobrina mía que acaba de llegar de mi ciudad natal.
Hyun Ryu asintió.
—Es una buena idea.
Luego miró a Merea.
—¿Te incomoda?
Merea negó de inmediato.
—No. Está bien.
—Entonces será así.
Nana dio un paso atrás, satisfecha.
—En ese caso, deberían irse ahora. Antes de que la ciudad se vuelva demasiado concurrida.
Hyun Ryu asintió y, sin dudar, tomó a Kiu entre sus manos, entregándoselo a Nana.
—Cuida de él. Debe estar cansado.
Luego, sin darle tiempo a reaccionar, tomó la mano de Merea y comenzó a caminar hacia la salida.
Lo hizo con rapidez.
Casi como si temiera que algo interrumpiera ese momento.
Merea lo siguió sin oponerse.
Cuando salieron del pabellón, el aire de la ciudad los envolvió de inmediato.
Hyun Ryu giró ligeramente la cabeza hacia ella.
—No sueltes mi mano —dijo con firmeza—. La ciudad es grande, podrías perderte.
Merea apretó un poco más su mano.
—No te preocupes, Ryu. No te soltaré.
Hyun Ryu no respondió, pero su paso se volvió más firme.
Y así, juntos…
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