Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 64
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Capítulo 64: Capítulo 64 Susurros entre la distancia y el deseo
Cuando Hyun Ryu y Merea regresaron a la residencia, la atmósfera los envolvió con una calma cálida que contrastaba con el bullicio del mercado que habían dejado atrás. La luz tenue de las lámparas iluminaba suavemente el interior, y el aroma de una comida ligera recién preparada llenaba el ambiente con una sensación acogedora. Nana ya los esperaba en el comedor, como si hubiera anticipado exactamente el momento de su llegada.
Apenas cruzaron la puerta, una pequeña figura se lanzó con rapidez hacia Merea.
—¡Kiu!
El pequeño zorro no dudó ni un segundo en saltar directo a sus brazos, acurrucándose contra ella con evidente emoción. Merea, sorprendida al inicio, soltó la mano de Hyun Ryu sin pensarlo para recibirlo, envolviéndolo con cuidado entre sus brazos.
—Kiuu, ¿me extrañaste? —preguntó con una sonrisa dulce, inclinando ligeramente el rostro hacia él.
El animal respondió con suaves sonidos, frotándose contra su cuello como si realmente hubiera sentido su ausencia.
Hyun Ryu observó la escena en silencio, manteniendo su habitual compostura. Sin embargo, su mirada se detuvo un instante más de lo normal en aquella cercanía. No era algo evidente, ni siquiera para él mismo, pero una ligera incomodidad comenzó a formarse en su interior. Sus ojos rojizos se entrecerraron apenas, como si intentara comprender esa sensación.
Fue entonces cuando Kiu levantó la cabeza y lo miró directamente.
—Grrr…
El gruñido fue bajo, pero claro.
Hyun Ryu alzó una ceja con una mezcla de sorpresa y ligera incredulidad.
—Vaya… —murmuró en voz baja—. Así que tú también.
No añadió nada más, pero lo entendía. Ese pequeño zorro lo veía como un rival, aunque ni siquiera supiera por qué.
Sin hacer más comentarios, los tres se dirigieron al comedor. La cena transcurrió en un ambiente tranquilo, casi íntimo. Merea, aún animada por todo lo que había visto en el mercado, comenzó a hablar con entusiasmo, relatando cada detalle como si aún estuviera allí. Sus ojos brillaban mientras describía las telas, los colores, la gente, las distintas tribus… todo le parecía fascinante.
—Había tantas cosas, Ryu… —dijo con emoción, apoyando ligeramente el rostro en su mano—. Las telas eran hermosas, y tan diferentes. Me gustaría aprender a bordar… quizá Nana podría enseñarme.
Hyun Ryu dejó sus utensilios con calma, observándola con atención. Durante todo ese tiempo no había dejado de mirarla, casi sin darse cuenta.
—Si eso es lo que deseas, puedo conseguirte todo lo necesario —respondió con suavidad—. No tienes que limitarte en nada.
Merea negó ligeramente, sonriendo con naturalidad.
—Prefiero aprender poco a poco. Creo que así lo disfrutaré más.
Aquella respuesta le provocó una leve sonrisa. Era simple, pero sincera… y eso la hacía aún más encantadora a sus ojos.
Después de un rato, Nana se levantó de su asiento.
—Yo ya he cenado, pequeño amo —dijo con tranquilidad—. No se preocupen por esta anciana.
Se retiró con pasos lentos, dejándolos a solas. Hyun Ryu recogió la mesa en silencio y salió unos minutos, regresando poco después junto a ella. Nana volvió a aparecer entonces, observándolos con una mirada que parecía saber más de lo que decía.
—Deberían descansar —indicó finalmente.
Merea dudó un momento antes de hablar.
—Yo… debería dormir en otra habitación…
Nana negó suavemente, como si aquella idea no tuviera sentido.
—No pueden hacer eso, llamarían la atención. Lo mejor es que compartan habitación. Mi joven amo te respetará, pequeña.
Merea bajó la mirada, algo insegura.
—Pero…
—Aunque no lo creas —continuó Nana con una pequeña sonrisa—, a mi joven amo le gusta dormir en el sofá. Además, podrá protegerte.
Antes de que Merea pudiera responder, Nana los empujó suavemente hacia la habitación. Al cerrar la puerta, le dirigió a Hyun Ryu una mirada cómplice y una leve sonrisa que él comprendió perfectamente.
Dentro de la habitación, el silencio se instaló por un instante.
—Ryu… —murmuró Merea—. ¿De verdad está bien?
—Sí —respondió con calma—. Nana tiene razón. Si me quedo aquí, puedo protegerte.
Pero en su interior, sus pensamientos eran mucho más complejos.
No puedo perder tiempo…
Si recupera sus recuerdos… se irá.
Su mirada se endureció apenas.
Y cuando eso pase… no volverá.
Esa idea le resultaba inaceptable.
—Me bañaré un momento —dijo Merea con suavidad, interrumpiendo sus pensamientos.
—Claro.
Ella salió de la habitación sin notar la intensidad de su mirada.
Hyun Ryu se quedó solo, caminando lentamente mientras organizaba sus pensamientos. Sabía lo que era. Un zorro. Y en el mundo bestia, eso significaba muchas cosas… entre ellas, seducción. Era algo natural, instintivo. Pero frente a Merea… no era tan simple.
Su mirada se desvió hacia la cama.
Kiu estaba allí, enroscado cómodamente.
El ceño de Hyun Ryu se frunció.
—Kiu… deberías hacer algo útil —dijo con tono tranquilo—. Todo el día sin hacer nada… ve a vigilar.
El pequeño zorro levantó la cabeza, gruñendo en respuesta.
—No me gruñas —añadió con una leve sonrisa—. Hazlo por Merea.
Kiu lo miró fijamente durante unos segundos antes de saltar por la ventana. Antes de desaparecer, volvió a gruñirle.
Hyun Ryu suspiró.
—Incluso tú te interpones…
El sonido de pasos lo hizo girarse.
Merea había regresado.
Y por un instante… el mundo pareció detenerse.
El vestido blanco caía suavemente sobre su cuerpo, ligero y delicado. Su cabello aún húmedo, parcialmente trenzado, enmarcaba su rostro con una naturalidad que la hacía ver… irreal.
Hermosa.
Demasiado.
—¿Pasa algo? —preguntó ella, notando su silencio.
Hyun Ryu tardó un segundo en reaccionar.
—Te ves… muy bien —respondió finalmente—. Esas ropas… ¿son de tu ciudad?
Merea sonrió suavemente.
—Sí. En el mar usamos este tipo de telas cuando tomamos forma humana.
—Son… adecuadas para ti —murmuró, desviando ligeramente la mirada.
Ella no notó el leve sonrojo en su rostro. En cambio, giró sobre sí misma, sujetando el vestido con delicadeza.
—Me alegra que te guste. Pensé que no te agradaría.
Hyun Ryu sintió que su corazón se desestabilizaba.
—Yo… debería bañarme —dijo rápidamente—. Puedes esperarme en la cama.
—Está bien.
Hyun Ryu salió con rapidez, buscando aire.
Eligió otro baño.
Agua fría.
Necesitaba calmarse.
No puedo perder el control.
No con ella.
Cuando regresó, vestía una túnica negra sencilla. Su respiración ya era más estable, pero al entrar en la habitación, una nueva escena lo recibió.
Merea estaba en la cama.
Leyendo.
Uno de sus libros.
Completamente absorta.
Una leve punzada atravesó su pecho.
¿Celos?
Tal vez.
Se acercó en silencio, inclinándose ligeramente hacia ella hasta que su voz rozó su oído.
—Parece que ese libro es más interesante que yo.
Su mano descendió suavemente, bajando el libro.
Merea no se sobresaltó.
Giró el rostro con calma.
Y quedaron a centímetros.
—Tu libro es interesante —respondió con naturalidad—. Me gusta.
Hyun Ryu se quedó en silencio, sorprendido.
Pero lo que realmente lo desestabilizó no fue su respuesta…
Fue la cercanía.
Sin darse cuenta, llevó su mano al rostro de Merea, acariciándolo con suavidad.
Ella cerró los ojos.
Sin rechazo.
Sin miedo.
Ese pequeño gesto fue suficiente para romper la barrera que él había intentado mantener.
Su respiración se volvió más lenta… más pesada.
—Merea… —murmuró, con la voz baja.
Ella abrió los ojos lentamente, mirándolo directamente.
Sin duda.
Y eso fue lo más peligroso.
Porque en ese instante, Hyun Ryu comprendió algo que no podía ignorar.
Se quedó allí, sin moverse, con su mano aún sobre su rostro, atrapado entre el impulso de acercarse más… y el miedo de arruinar algo que apenas comenzaba a formarse.
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