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Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 65

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Capítulo 65: Capítulo 65 Entre el deseo y el miedo

Hyun Ryu se detuvo a solo unos centímetros del rostro de Merea.

Su mirada descendió lentamente hasta sus labios, luego volvió a sus ojos. Estaban demasiado cerca. Podía sentir su respiración, cálida y tranquila, tan diferente a la tormenta que él llevaba dentro en ese momento.

Por un instante, su cuerpo quiso avanzar por instinto.

Pero no lo hizo.

—Es mejor que descanses —dijo finalmente, apartándose con suavidad.

Merea lo observó unos segundos, como si intentara entender algo que no terminaba de comprender. No había incomodidad en su expresión, tampoco rechazo… solo una leve curiosidad.

Aun así, no insistió.

—Tienes razón. Fue un día muy largo y estoy muy cansada —respondió con naturalidad, dejando el libro a un lado antes de acomodarse en la amplia cama—. Hasta mañana, Ryu.

—Hasta mañana, Merea —contestó él en voz baja.

Merea cerró los ojos, pero su mente no se apagó de inmediato. Recordó la cercanía de hace unos momentos, la forma en que él la había mirado, el calor de su mano sobre su rostro. No le había molestado… pero tampoco sabía cómo interpretar aquello.

¿Eso es normal aquí…?

No lo sabía.

No entendía muchas cosas de ese mundo todavía.

Al final, el cansancio fue más fuerte. Su respiración se volvió lenta, profunda, y poco a poco cayó en un sueño tranquilo, arrastrada por todas las emociones del día.

Hyun Ryu, en cambio, no pudo moverse durante un largo tiempo.

Se recostó en el sofá, con la mirada fija en la cama donde Merea descansaba. La luz tenue apenas iluminaba su figura, pero para él era más que suficiente.

Podía verla.

Podía sentirla.

Y eso solo empeoraba todo.

Pasaron los minutos… quizá horas.

No estaba seguro.

Lo único que sabía era que no podía dejar de pensar.

Su mirada se suavizó al notar el cambio en la respiración de Merea. Ya dormía profundamente.

—Te dormiste… —murmuró casi en silencio.

Cerró los ojos por un momento, apoyando su cabeza contra el respaldo.

Pude haberlo hecho…

El pensamiento apareció sin permiso.

Ella no se habría apartado… no mostró rechazo…

Su ceño se frunció.

—Entonces… ¿por qué me detuve?

La respuesta no fue inmediata.

No fue instinto.

No fue miedo a ella.

Fue algo más profundo.

Abrió los ojos lentamente, volviendo a mirarla.

—No quiero que me odies… —susurró apenas audible.

Esa era la verdad.

Cruda.

Simple.

Dolorosa.

Hyun Ryu se incorporó lentamente, apoyando los codos sobre sus rodillas, entrelazando los dedos con tensión.

—¿Qué estoy haciendo…? —murmuró para sí mismo.

Su mente comenzó a llenarse de pensamientos contradictorios.

En el mundo bestia, lo que sentía era simple.

Si un macho deseaba a una hembra… la cortejaba.

Si la hembra respondía… se unían.

No había tanta duda.

No había tanta contención.

Pero esto…

Esto no era simple.

—Recién nos conocemos… —dijo en voz baja—. Y aun así…

Su mirada volvió a ella.

—No puedo dejar de pensar en ti.

Se quedó en silencio unos segundos.

Luego su expresión cambió ligeramente, tornándose más seria.

—Pero cuando recuperes tus recuerdos… —continuó, esta vez con un tono más tenso—. Todo cambiará.

Esa era la parte que lo estaba destruyendo.

Porque en el fondo, lo sabía.

Merea no pertenecía a ese lugar.

No le pertenecía a él.

No todavía.

Y quizá…

Nunca.

Su mandíbula se tensó.

—Si descubres todo… si recuerdas lo que te pasó… ¿seguirás mirándome igual?

No tenía respuesta.

Y eso lo frustraba.

Se levantó finalmente, como si ya no pudiera permanecer en ese lugar. Caminó despacio hacia la cama, cada paso silencioso, controlado… pero cargado de intención.

Se detuvo a su lado.

Merea dormía profundamente, completamente ajena a la tormenta que él llevaba dentro.

Hyun Ryu la observó por varios segundos, sin ocultar nada en su expresión.

Deseo.

Duda.

Temor.

Apego.

Todo estaba ahí.

Lentamente, levantó la mano y la apoyó sobre su rostro, acariciando su mejilla con una suavidad que contrastaba con la intensidad de sus pensamientos.

Cerró los ojos.

Y dejó que su energía fluyera.

Una corriente cálida y controlada comenzó a transferirse desde su palma hacia el cuerpo de Merea, buscando ese núcleo roto que tanto le preocupaba.

—Cuando recuperes completamente tu memoria… —murmuró en voz baja—. Te lo diré todo.

Su tono era firme, pero había una ligera sombra de inseguridad.

—Pero mientras tanto… solo quiero que conozcas lo que siento de verdad.

Su mano no se movió.

—No quiero engañarte… ni aprovecharme de esto.

Su respiración se volvió más profunda.

—No quiero tocarte… sin que tú realmente lo desees.

Sus dedos se tensaron apenas.

—Pero tampoco puedo ignorar lo que siento.

Abrió los ojos lentamente.

—Porque… te quiero.

Las palabras salieron más suaves de lo que esperaba.

Casi como una confesión que ni él mismo estaba listo para hacer.

—Y eso… no va a cambiar aunque recuperes todo.

Se inclinó apenas más cerca, sin llegar a tocarla.

—Aunque me odies después.

El silencio volvió a llenar la habitación.

Pero esta vez… era más pesado.

Merea no reaccionó.

Seguía dormida.

Pero su cuerpo, inconscientemente, aceptaba aquella energía que la envolvía.

Su núcleo… fragmentado, dañado… respondía lentamente.

Y con ello…

Su mente también.

—

Merea volvió a su mar espiritual.

—Creo que he vuelto…

Su voz resonó suavemente en aquel océano oscuro e infinito.

Flotaba en medio de la nada, rodeada de una calma extraña. No había dolor, no había miedo… solo una sensación de vacío familiar.

Pero algo cambió.

El entorno comenzó a alterarse.

La oscuridad se volvió más clara.

Más cálida.

Y entonces… apareció.

Era ella.

Pero no la misma.

Una niña pequeña, de unos siete u ocho años, con cabellos dorados y una cola brillante del mismo color. Sus ojos eran vivos, llenos de inocencia.

Merea observó la escena en silencio.

—Otra vez…

La pequeña versión de sí misma nadaba con cuidado, mirando a su alrededor como si temiera ser descubierta. Llevaba una pequeña bolsa atada a la cintura, claramente escondiéndose.

Se dirigió a una cueva.

Entró.

Miró a todos lados.

Y al asegurarse de que no había nadie, avanzó rápidamente.

—¿Hola…? —susurró—. Hermano guapo… ¿estás aquí?

Una voz respondió desde el interior.

—Volviste.

Era más clara.

Más firme.

Merea avanzó y lo vio.

El pequeño tritón.

Sostenía el huevo como la última vez.

—¡Hermano guapo! Volví —dijo la niña con una sonrisa brillante.

—No soy tu hermano —respondió él, con evidente molestia.

—Aún no me has dicho tu nombre —replicó ella, acercándose sin miedo—. Si no lo haces, te seguiré llamando hermano… pero ahora serás hermano menor.

El niño frunció el ceño.

Claramente no le gustaba.

—…Mi nombre es Vael.

Se rindió.

Sabía que sería peor si no lo hacía.

La niña sonrió ampliamente.

—Tu nombre es muy bonito. Yo soy Merea. Mucho gusto, Vael. Ahora que ya nos presentamos… deberíamos ser amigos.

Sin esperar respuesta, comenzó a buscar en su bolsa.

Sacó pequeñas perlas dulces.

—¿Amigos? —repitió Vael—. Yo no—

No terminó.

Merea le metió una perla en la boca.

—Está rico, ¿verdad? Lo aprendí de mi mamá. Espero que te guste.

Vael intentó rechazarlo.

Pero no lo hizo.

Lo comió.

Y se sorprendió.

—…Sabe bien.

Los ojos de la niña brillaron.

—¿En serio? A mis hermanos no les gusta. Si quieres, puedo hacer más para ti.

Vael la miró con desconfianza.

—¿Por qué harías eso? Las hembras no hacen eso por cualquiera.

Merea inclinó la cabeza.

—Porque me gusta. Y porque quiero.

Luego añadió con una pequeña sonrisa:

—Y porque ahora somos amigos.

Vael guardó silencio.

—Es la segunda vez que me ves —dijo finalmente—. ¿Por qué insistes tanto?

Merea apoyó su rostro en su cola, mirándolo con calma.

—Porque te ves solo.

Vael no respondió.

—Y yo también me siento sola a veces —continuó ella—. Así que… si somos amigos, ya no estaremos solos.

El silencio se hizo más profundo.

Vael desvió la mirada.

—…Está bien —dijo finalmente—. Pero si me traicionas—

No terminó.

Otra perla dulce en la boca.

—Come más —dijo Merea con una sonrisa—. Traje muchas para ti.

Y en ese pequeño gesto…

Algo comenzó a cambiar.

Hola a todos

Quería pedirles un pequeño apoyo con mi novela. Si les está gustando la historia, me ayudaría muchísimo que la agreguen a su colección en Webnovel

Eso me motiva a seguir escribiendo y traerles más capítulos con toda la emoción que merece la historia de Merea.

Gracias por leer, comentar y acompañarme en este camino

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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