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Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 66

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Capítulo 66: Capítulo 66 Una visita que se repite

Vael se quedó en silencio mientras Merea seguía acercando pequeñas perlas dulces a su boca como si aquello ya se hubiera convertido en una costumbre natural entre ellos. No preguntaba si quería más, no dudaba, no esperaba permiso… simplemente lo hacía. Y eso, más que molestarle, comenzaba a desconcertarlo.

—Ya no quiero más —dijo finalmente, girando ligeramente el rostro para evitar otra.

Merea no se detuvo. Acercó otra perla con la misma tranquilidad de siempre, como si su negativa no tuviera demasiado peso.

—Solo una más —insistió—. Esta es diferente, tiene más relleno.

Vael frunció el ceño, claramente incómodo.

—No necesito relleno.

Aun así, después de unos segundos de resistencia inútil, terminó aceptándola. Masticó en silencio, sin mirarla directamente, mientras ella sonreía con una satisfacción tranquila, como si hubiera ganado una pequeña batalla que solo existía para ella.

—Sabía que sí querías —dijo con ligereza.

Vael no respondió. Se limitó a seguir comiendo, observándola de reojo, tratando de entender por qué alguien actuaría de esa forma con alguien que apenas conocía.

Pasaron unos segundos en silencio hasta que Merea inclinó ligeramente la cabeza, estudiándolo con más atención. Su expresión cambió, volviéndose más seria.

—Vael… —murmuró, bajando un poco la voz—. ¿Te duele?

Él no respondió de inmediato, como si estuviera evaluando si valía la pena contestar.

—No.

—Estás mintiendo —replicó ella sin dudar, con una seguridad que no encajaba con su tono suave.

Vael la miró directamente esta vez.

—¿Y tú cómo sabes?

Merea lo señaló con el dedo, como si la respuesta fuera obvia.

—Porque te mueves menos que antes… y porque estás más callado.

Hubo un breve silencio.

—Siempre estoy callado —respondió él.

—No —negó ella suavemente—. Ayer estabas más molesto.

Eso lo hizo quedarse en silencio por un instante. No esperaba que alguien notara ese tipo de cosas, mucho menos alguien que apenas lo conocía.

Merea aprovechó ese momento sin decir más. Simplemente volvió a su bolsa y comenzó a buscar algo con naturalidad.

—Igual te voy a ayudar.

—No necesito ayuda —dijo él de inmediato.

—Sí necesitas.

—No.

—Sí.

Vael soltó un suspiro cargado de frustración, pasando una mano por su rostro.

—Si te digo que no, igual lo harás.

Merea sonrió apenas, sin mirarlo.

—Sí.

Sacó entonces un pequeño frasco de cristal que contenía varias píldoras doradas, pequeñas como perlas. Lo abrió con cuidado, como si se tratara de algo importante.

Vael la observó con más atención esta vez.

—¿Qué es eso?

—Algo bueno —respondió ella, sin entrar en detalles.

Antes de que pudiera reaccionar, Merea tomó una de las pequeñas píldoras y la colocó directamente en su boca.

Vael se quedó inmóvil.

La sensación fue inmediata.

El dolor desapareció.

No fue gradual, no fue lento… simplemente dejó de existir.

Sus ojos se abrieron apenas, sorprendido. Movió ligeramente el brazo, luego el hombro, comprobando por sí mismo lo que estaba sintiendo.

—¿Qué…?

Merea lo observaba con atención, más interesada en su reacción que en responder.

—¿Funcionó?

Vael frunció el ceño, tocándose donde antes dolía.

—No duele…

—Entonces sí funcionó —dijo ella con una pequeña sonrisa, claramente satisfecha.

Pero esta vez, él no dejó pasar la situación.

La miró con seriedad.

—¿Qué me diste?

Merea dudó un segundo antes de responder.

—No puedo decirte.

—¿Por qué?

—Porque es algo importante… y no quiero que otros lo sepan.

—¿Y yo sí?

Ella lo miró directamente, sin dudar.

—Sí.

Esa respuesta lo dejó en silencio por unos segundos.

—Confías muy rápido —murmuró.

Merea se encogió ligeramente de hombros.

—No confío en todos.

—Apenas me conoces.

—Pero no me caes mal —respondió con total naturalidad.

Vael frunció el ceño otra vez.

—Eso no tiene sentido.

—Para mí sí.

El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez no era incómodo.

Merea volvió a moverse, sacando ahora unas tiras de tela.

—Dame el brazo.

—Ya estoy bien.

—Igual.

—No.

—Sí.

Vael la miró fijamente durante unos segundos.

—Eres molesta.

Merea asintió sin ofenderse.

—Lo sé.

Esa respuesta lo descolocó completamente.

Sin más argumentos, terminó extendiendo el brazo.

Merea comenzó a envolverlo con cuidado. No era especialmente hábil, pero sus movimientos eran suaves, atentos.

—Esto es para que no se note —explicó—. Si te ven curado tan rápido, van a sospechar.

Vael no respondió, pero tampoco se movió.

—Además… —añadió ella, más bajo— no me gusta verte así.

Él desvió la mirada.

—No tienes que preocuparte.

—Quiero hacerlo.

Esa vez no hubo respuesta.

Cuando terminó, Merea volvió a sentarse a su lado como si nada hubiera pasado. Se inclinó ligeramente hacia el huevo, tocándolo con la punta del dedo con curiosidad.

—Vael… ¿siempre lo cargas?

—Sí.

—Debe ser difícil.

—No.

—¿Nunca te cansas?

—No.

Merea lo miró con paciencia.

—Mientes otra vez.

Vael frunció el ceño.

—¿Por qué dices eso?

—Porque siempre respondes lo mismo.

Eso lo dejó sin palabras por un momento.

Merea volvió su atención al huevo.

—Vael… puedo ayudarte.

—No.

—Aún no te digo cómo.

—No importa.

—Escucha primero —insistió—. Si lo haces solo, va a tardar mucho en salir… pero si te ayudo, puede ser más rápido.

Vael la observó en silencio.

—¿Tú sabes cómo hacerlo?

—No del todo… —admitió—. Pero puedo intentarlo contigo.

Eso le arrancó una pequeña risa. No fue fuerte, ni prolongada… pero fue real.

—Eres una tonta.

Merea se quedó quieta por un segundo, luego infló las mejillas.

—No soy tonta.

—Quieres ayudar en algo que no sabes.

—Eso no me hace tonta.

—Sí lo hace.

—No.

—Sí.

—Leo mucho —insistió ella.

—Eso no ayuda.

—Sí ayuda.

Vael negó con la cabeza, pero no continuó la discusión.

El ambiente se suavizó.

Merea miró hacia la entrada de la cueva, notando cómo la luz comenzaba a desaparecer.

—Ya está oscureciendo…

Su expresión cambió ligeramente.

—Tengo que irme.

Vael no dijo nada.

—Pero volveré —añadió rápidamente—. Mañana.

—No hace falta.

Merea no respondió a eso. Simplemente se levantó.

—Te traeré algo mejor que esto —dijo, señalando las perlas dulces.

—No necesito—

Pero ya se había ido.

Vael se quedó mirando la entrada en silencio.

Pasaron unos segundos.

Suspiró.

—Molesta…

Un movimiento repentino lo hizo tensarse.

Merea regresó.

—¿Suspiraste?

—No.

—Sí lo hiciste —dijo acercándose—. Pensé que me extrañabas.

—No digas tonterías.

Merea sonrió, como si no le importara su respuesta.

—Olvidé darte esto.

Le extendió el frasco y la pomada.

—Es para que no te vuelvas a lastimar tanto.

Vael lo tomó sin decir nada.

—Ahora sí me voy.

Se giró hacia la salida.

—Hasta mañana, Vael.

Y esta vez…no volvió.

Vael miró el frasco en su mano durante unos segundos. Luego levantó la mirada hacia la entrada de la cueva, como si esperara verla regresar otra vez… aunque sabía que no lo haría.

Después miró el huevo.

Y finalmente…

se quedó en silencio.

Pero sin darse cuenta… seguía mirando hacia afuera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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