Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 67
- Inicio
- Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
- Capítulo 67 - Capítulo 67: Capítulo 67 Recuerdos que despiertan, decisiones que se acercan
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 67: Capítulo 67 Recuerdos que despiertan, decisiones que se acercan
Merea volvió lentamente a su mar espiritual.
No hubo transición brusca. Fue como caer suavemente en un lugar que ya conocía, un espacio vasto, silencioso y cubierto por una calma profunda que, esta vez, no lograba tranquilizarla del todo.
Había algo distinto.
La nostalgia.
El recuerdo que acababa de recuperar seguía presente, claro, más definido que los anteriores. Ya no eran solo fragmentos sin forma… ahora había emociones, voces, pequeños detalles que no podía ignorar.
—Vael… —murmuró en ese océano silencioso, como si el nombre pudiera responderle.
Pero no hubo respuesta.
Solo ese vacío inmenso.
Merea cerró los ojos dentro de ese mismo espacio.
—Creo que ya es momento de salir…
Y como si su propia voluntad respondiera, su conciencia comenzó a elevarse.
Poco a poco.
Hasta que abrió los ojos.
—
La luz suave de la habitación la recibió.
Parpadeó un par de veces antes de incorporarse lentamente en la cama, llevándose una mano a la cabeza. No era dolor… era más bien una sensación extraña, como si su mente estuviera acomodando algo que aún no comprendía del todo.
—Humm…
Un leve sonido llamó su atención.
Hyun Ryu estaba sentado no muy lejos, sosteniendo un libro bastante grueso entre sus manos. Al notar que ella había despertado, cerró el libro con calma y se levantó, acercándose sin prisa.
—Hola, Merea —dijo con una voz suave—. ¿Dormiste bien?
Merea lo miró unos segundos antes de responder, todavía acomodándose.
—Ryu… hola. Humm… creo que sí, aunque no fue un sueño muy tranquilo.
Hyun Ryu frunció levemente el ceño, observándola con atención.
—¿La cama es incómoda para ti? Si ese es el problema, puedo pedir algo más suave o cambiarla completamente. No tienes que adaptarte si no te sientes cómoda aquí.
Merea negó suavemente con la cabeza, dejando caer una pequeña sonrisa.
—No, la cama está bien. No es eso… solo que volví a recordar algo.
Ese simple comentario fue suficiente para tensar ligeramente a Hyun Ryu. Sus ojos rojos se dilataron apenas, un cambio tan breve que habría pasado desapercibido para cualquiera… pero dentro de él, la reacción fue inmediata.
—¿Es un mal recuerdo? —preguntó, intentando mantener su tono natural.
Merea lo observó con curiosidad.
—¿Quieres saberlo?
Hyun Ryu dudó un instante, pero terminó sentándose a su lado, sin apartar la mirada de ella.
—La verdad… sí. Me causa curiosidad.
Merea bajó un poco la mirada, organizando sus pensamientos.
—Mis recuerdos siguen siendo dispersos. A veces aparecen sin aviso… como pequeños fragmentos que no siempre tienen sentido entre sí. Pero esta vez… fue diferente.
Hizo una pequeña pausa.
—Recordé a alguien. A un pequeño tritón que conocí cuando yo era niña. Estaba en una cueva marina… y él… —dudó un segundo— siempre estaba solo.
Hyun Ryu no dijo nada. Solo la escuchaba.
—Hasta ahora solo tengo dos recuerdos de él… pero lo que me preocupa es que, en los recuerdos que tengo de cuando era mayor, él ya no aparece. Es como si… hubiera desaparecido.
Merea apretó ligeramente las manos sobre sus piernas.
—No sé qué pasó con él… y eso me frustra. Siento que debería recordarlo, pero no puedo.
Hyun Ryu sintió cómo algo dentro de él se tensaba por completo al escucharla. Por un instante, pensó que ese recuerdo podía llevarla a algo más… a fragmentos más recientes, más peligrosos para él.
Pero no.
Era solo infancia.
Aun así, no le gustó.
Extendió la mano con suavidad y la apoyó sobre la cabeza de Merea, acariciando su cabello con un gesto calmado.
—No deberías preocuparte por eso ahora —dijo con voz tranquila—. Tu memoria aún no está completa, y forzar esos recuerdos solo hará que te lastimes más. Todo llegará en su momento.
Merea levantó la mirada hacia él y, tras unos segundos, asintió.
—Tienes razón… aún no es momento de preocuparme tanto.
Su sonrisa fue leve, pero sincera.
Hyun Ryu la observó en silencio por un instante más antes de hablar nuevamente.
—Deberías levantarte y comer algo. Tu cuerpo aún se está recuperando, y no es bueno que te saltes comidas.
Se puso de pie con calma.
—Yo tengo algunos pendientes que atender, pero puedes salir con Nana. Ella conoce bien la ciudad… y también puede ayudarte a adaptarte mejor.
Merea asintió sin problema.
—Entonces me quedaré con Nana.
—Sí… y lleva a Kiu contigo.
Merea parpadeó.
—¿Kiu? ¿Dónde está?
Hyun Ryu señaló discretamente hacia la cama, con una leve vena marcándose en su frente.
Merea apartó un poco las sábanas y encontró al pequeño zorro profundamente dormido, enrollado como una bola.
—Ohh… qué tierno es —dijo con una sonrisa inmediata.
—Sí… muy tierno —respondió Hyun Ryu con un tono claramente sarcástico, aunque sin perder la compostura.
Merea no notó el matiz.
Hyun Ryu suspiró suavemente.
—Debo irme. Solo quería asegurarme de que despertaras bien. Más tarde… si tengo tiempo, podemos salir otra vez.
—No te preocupes, Ryu. Estaré bien.
Él asintió, pero antes de salir, la miró una vez más.
Un segundo más de lo necesario.
Luego se fue.
—
Al salir de la habitación, Hyun Ryu se encontró con Nana, quien ya parecía estar esperándolo.
—Buenos días, joven amo —saludó ella con una leve inclinación.
—Nana…
Hubo un pequeño silencio antes de que él hablara de nuevo, esta vez con un tono más serio.
—Debo comenzar a preparar todo. El ritual para nuestro dios se acerca… y antes de que comiencen las lluvias, quiero tener todo listo.
Nana lo observó con atención.
—¿Estás pensando en irte antes de eso?
Hyun Ryu no dudó.
—Sí. Merea… tarde o temprano querrá regresar al océano. Y no pienso dejarla sola cuando eso ocurra.
Nana se quedó en silencio unos segundos.
Luego sonrió.
—Entonces finalmente lo decidiste.
Hyun Ryu no respondió de inmediato.
—Nunca pertenecí realmente a este lugar… y ella tampoco. Sería absurdo obligarla a quedarse.
Nana bajó la mirada por un instante.
—Joven amo… si te vas, yo también me iré.
Él la miró sorprendido.
—¿Nana?
—Siempre quise regresar a mi ciudad —continuó con calma—. Me quedé aquí por tu madre… y por ti. Pero ahora… ya no hay razón para seguir atada a este lugar.
Hyun Ryu guardó silencio.
—Deberías irte antes de que otros comiencen a moverse —añadió ella—. No todos verán con buenos ojos que la mantengas cerca.
Esa vez, Hyun Ryu asintió con determinación.
—Lo sé.
Sus ojos carmesí brillaron levemente.
—
Dentro de la habitación, Merea ya se había levantado.
Intentaba arreglar la cama.
Con poco éxito.
Fruncía el ceño, acomodaba las sábanas, volvía a intentarlo… y nada quedaba como ella quería.
—Esto es más difícil de lo que parece…
Se detuvo, un poco frustrada.
No era incapaz… simplemente nunca lo había hecho. Siempre había alguien antes que ella, alguien que se encargaba de esas cosas sin que tuviera que pedirlo.
En ese momento, llamaron a la puerta.
—Pequeña, voy a entrar —anunció Nana antes de abrir.
Al verla, no pudo evitar reír suavemente.
—Cada vez que te observo, siento que estoy viendo a mi señorita… aunque tú al menos lo intentas.
Merea se giró rápidamente.
—Quería hacerlo bien… pero creo que no soy muy buena en esto.
Nana negó con ternura.
—No es que seas mala. Es que nadie te enseñó. Las hembras en tu posición rara vez hacen este tipo de cosas por sí mismas.
Merea la miró con atención.
—¿Entonces puedo aprender?
—Claro que puedes —respondió Nana sin dudar—. Si quieres, puedo enseñarte todo lo que necesites.
Los ojos de Merea brillaron.
—¿En serio? También me gustaría aprender a cocinar.
Nana se sorprendió un poco.
—¿Cocinar?
—Sí… quiero hacerlo yo misma.
Nana la observó unos segundos… y luego sonrió.
—Entonces primero desayunaremos, y después iremos al mercado. Te enseñaré todo lo que necesitas saber.
Merea asintió con entusiasmo, tomando su brazo con naturalidad.
—Gracias, Nana.
—Pero primero —añadió ella— vamos a cambiarte. Esa ropa sigue siendo demasiado llamativa.
Merea bajó la mirada.
—Tienes razón.
Nana abrió el baúl y eligió una prenda más sencilla, ayudándola a vestirse mientras le explicaba cada detalle con paciencia.
Cuando terminó, la observó en silencio unos segundos.
Incluso sin adornos… seguía destacando.
—Humm…
—¿Pasa algo? —preguntó Merea.
Nana pensó un momento.
—Ve adelantándote al comedor. Yo regresaré enseguida.
Merea asintió sin dudar.
Salió de la habitación con Kiu en brazos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com