Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 70
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Capítulo 70: Capítulo 70 Un juego entre zorros
Merea y Nana terminaron de preparar la mesa con calma, revisando cada detalle como si aquella comida tuviera más importancia de la habitual. No era solo una comida; para Merea, era la primera vez que participaba activamente en algo tan cotidiano, y eso hacía que cada pequeño gesto tuviera un valor especial.
La mesa estaba ordenada con cuidado. El aroma de la sopa aún se elevaba suavemente en el aire, mezclándose con el del arroz recién hecho y la carne salteada con especias. Nana observó todo con aprobación silenciosa, mientras Merea acomodaba por última vez los utensilios, revisando que todo estuviera en su lugar.
—Creo que ya está listo —dijo Merea, mirando la mesa con una mezcla de nervios y emoción—. ¿Crees que le guste?
Nana sonrió levemente, con esa calma que siempre la caracterizaba.
—Le gustará, pequeña. No solo por el sabor, sino porque lo hiciste tú. A veces eso pesa más que cualquier receta.
Merea no respondió de inmediato, pero sus ojos brillaron ligeramente ante esas palabras.
Mientras tanto, lejos de la tranquilidad de la residencia, Hyun Ryu se encontraba en su despacho revisando documentos. Su expresión era seria, concentrada, completamente distinta a la que mostraba frente a Merea. Sobre la mesa se acumulaban informes sobre la ciudad, comercio, rutas, acuerdos y registros de ingresos.
Lo que en algún momento había sido un simple entretenimiento para él —crear negocios y manejarlos por aburrimiento— ahora se había convertido en algo que necesitaba organizar con urgencia.
Si Merea decidía irse… él tenía que estar listo.
Si ella se quedaba… también.
Su mirada recorrió uno de los documentos sin realmente leerlo. Su mente estaba en otro lugar.
Entonces, escuchó pasos.
No eran pasos comunes.
Eran lentos, seguros… como si no hubiera ningún lugar en ese mundo al que esa persona no pudiera entrar.
Hyun Ryu no levantó la vista de inmediato.
—Padre… —dijo finalmente, con un tono plano—. Es extraño que vengas a visitarme sin avisar.
La puerta ya estaba abierta.
Hyun Yie entró con una sonrisa relajada, como si todo aquello fuera un juego que solo él entendía. Su apariencia era engañosa: parecía apenas unos años mayor que Hyun Ryu, pero su presencia era completamente distinta. Sus ojos tenían un brillo peligroso, juguetón… calculador.
En su mano, giraba lentamente un pequeño zorro de jade.
—Mi hijo —respondió con una voz ligera—. Eres el único en esta ciudad capaz de notar mi presencia sin que tenga que anunciarme. Eso debería hacerte sentir especial… o preocupado.
Hyun Ryu finalmente levantó la mirada.
—Depende de la razón por la que estés aquí.
Hyun Yie caminó sin prisa por la habitación, observando los documentos, los muebles, todo… como si estuviera evaluando cada rincón.
—Veo que estás trabajando bastante. La ciudad, los comercios… incluso esos pequeños negocios que empezaste por aburrimiento. No pensé que los tomarías tan en serio.
—Alguien tiene que hacerlo —respondió Hyun Ryu—. Tú claramente no estás interesado.
Hyun Yie soltó una pequeña risa, deteniéndose frente a la mesa.
—Oh, claro que estoy interesado… pero no en lo que crees.
Se sentó sin pedir permiso, colocando el zorro de jade sobre la mesa entre ellos. Sus dedos comenzaron a moverlo suavemente, como si fuera una pieza en un tablero invisible.
Hyun Ryu entrecerró los ojos.
—Di lo que viniste a decir.
Hyun Yie apoyó el codo en la mesa y su mentón en la mano, observándolo con una sonrisa más marcada.
—Dos cosas llegaron a mis oídos hoy. Dos noticias bastante… interesantes. La primera es que mi hijo, el mismo que rechazó a Sheli sin dudarlo, ahora pasea por la ciudad con una hembra desconocida, llevándola de un lado a otro como si no existiera nadie más.
Hyun Ryu no respondió de inmediato.
—No es una desconocida —dijo finalmente.
—Ah, eso lo hace más interesante —respondió Hyun Yie—. Porque si no es desconocida para ti… entonces significa que es importante.
Hubo un breve silencio.
—Lo es —admitió Hyun Ryu sin rodeos.
La sonrisa de Hyun Yie se amplió apenas.
—Qué raro… —murmuró—. Pensé que nunca vería el día en que algo te importara tanto.
Hyun Ryu no reaccionó a la provocación.
—¿Y la segunda noticia?
Hyun Yie tomó nuevamente el zorro de jade y lo levantó, mirándolo como si hablara con él.
—Dicen que la sacerdotisa que llegó con tu madre… tiene una sobrina. Una joven que apareció de repente, sin pasado claro, pero que ya está llamando la atención de todos.
Sus ojos se movieron lentamente hacia Hyun Ryu.
—Dime… ¿son la misma persona?
El silencio que siguió fue breve, pero suficiente.
—Sí —respondió Hyun Ryu con calma—. Es la misma.
Hyun Yie no mostró sorpresa.
—Entonces… —dijo suavemente— esa es la hembra que te tiene así.
Hyun Ryu apoyó una mano sobre la mesa.
—La presentaré oficialmente en la celebración. Como mi pareja.
Por primera vez, el ambiente cambió ligeramente.
Hyun Yie inclinó la cabeza, observándolo con más atención.
—¿Estás seguro de eso?
—Lo estoy.
—¿Incluso sin saber de dónde viene realmente?
Hyun Ryu sostuvo su mirada.
—No me importa.
Hyun Yie sonrió… pero esta vez su sonrisa era distinta. Más afilada.
—Eso sí que es peligroso.
Se levantó lentamente, tomando el zorro de jade.
—Espero que sepas lo que estás haciendo, Hyun Ryu. Porque cuando uno decide jugar con algo que no entiende… normalmente es cuando pierde.
Se acercó a la puerta, pero se detuvo un segundo.
—Ah… y una última cosa.
Giró ligeramente el rostro.
—Ya le envié un pequeño mensaje a Sheli. Pensé que le gustaría saber que su lugar… aún podría estar disponible, si se mueve lo suficientemente rápido.
Hyun Ryu frunció el ceño, pero no respondió.
Hyun Yie sonrió satisfecho.
—Diviérteme un poco más, hijo.
Y se fue.
Cuando Hyun Ryu regresó a su residencia, el peso de esa conversación seguía presente.
Pero apenas cruzó la entrada…
Todo cambió.
Merea corrió hacia él.
—Ryu, bienvenido —dijo con una sonrisa sincera, sin reservas.
Hyun Ryu se detuvo un instante.
—Ho… hola —respondió, sorprendido por la calidez.
Antes de que pudiera reaccionar más, Merea tomó su mano con naturalidad.
—Hoy ayudé a preparar la comida. Quiero que la pruebes y me digas si te gusta, pero tienes que ser completamente sincero conmigo, no quiero que digas que está bien solo por no hacerme sentir mal.
Hyun Ryu sintió cómo su tensión desaparecía poco a poco.
—Está bien… seré sincero.
Merea lo llevó al comedor, sentándolo como si fuera lo más normal del mundo. Nana ya estaba allí, terminando de acomodar algunos platos.
La comida fue servida.
Hyun Ryu probó primero la sopa.
Se quedó en silencio unos segundos.
Merea lo observaba con atención, claramente nerviosa.
—¿Y…? —preguntó finalmente.
Hyun Ryu la miró.
—Está muy buena, Merea. No lo digo por compromiso, realmente está bien hecha.
La expresión de Merea cambió completamente.
—¿En serio?
—En serio.
Nana asintió.
—Te lo dije, pequeña. Sigues bien los pasos y no te apresuras. Eso siempre da buenos resultados.
Merea sonrió ampliamente, visiblemente feliz.
Durante la comida, el ambiente fue tranquilo. Natural.
Algo que Hyun Ryu no había sentido en mucho tiempo.
Después, cuando terminaron, Merea comenzó a recoger, pero él se adelantó.
—Yo me encargo de esto.
—Pero yo ya aprendí —respondió ella.
—Lo sé, pero tú cocinaste. Déjame ayudarte.
Merea dudó un poco, pero luego asintió.
—Está bien… pero con cuidado.
Hyun Ryu sonrió levemente.
Mientras lavaban, él la observó de reojo.
—Dime algo… ¿te lastimaste en algún momento? ¿Te cortaste o te quemaste?
Merea miró sus manos.
—No, Nana me enseñó bien. No tuve ningún problema.
Hyun Ryu asintió, aliviado.
—Aun así, ten cuidado. No quiero que te lastimes.
Merea lo miró con una pequeña sonrisa.
—Lo tendré.
Hubo un pequeño silencio.
—¿Quieres salir otra vez más tarde? —preguntó Hyun Ryu.
—Sí, me gustaría —respondió ella—. Pero primero deberías descansar un poco. Te ves cansado… como si algo hubiera pasado.
Hyun Ryu se sorprendió.
Ella lo había notado.
—Solo… fue un día pesado.
—Entonces descansa —dijo ella suavemente—. Podemos salir después.
Hyun Ryu la miró unos segundos.
Y por primera vez en todo el día…
Se sintió en paz.
—Está bien —respondió—. Haré eso.
Miró alrededor.
—¿Y Kiu?
Merea sonrió.
—Le di de comer mucho… y se quedó dormido.
Hyun Ryu dejó escapar una pequeña risa.
—Mejor así.
Y en ese momento, entre la calma, la cercanía y la calidez de Merea…
Todo lo demás dejó de importar.
Aunque fuera solo por un instante.
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