Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 74
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Capítulo 74: Capítulo 74 Ecos bajo la superficie
La puerta se cerró suavemente detrás de ellos.
El ruido del mercado quedó atrás casi de inmediato, como si nunca hubiera existido. El silencio de la habitación se sintió pesado al principio, pero no incómodo. Solo… diferente.
Merea fue la primera en soltarse.
Sus dedos se deslizaron de los de Hyun Ryu con naturalidad, sin prisa, como si no fuera algo importante… aunque ninguno de los dos hizo el intento de mantener el contacto más tiempo.
Avanzó unos pasos dentro de la habitación y se detuvo.
Hyun Ryu la observó mientras se quitaba la capa, dejándola a un lado sin mucho cuidado. Su atención no estaba en lo que hacía.
Estaba en ella.
—Estás cansada —dijo.
Merea exhaló lentamente.
—Sí… un poco. —Se llevó la mano al cuello—. Fue más de lo que esperaba.
Hyun Ryu no respondió de inmediato. La observó unos segundos más, evaluando algo que no dijo.
—No tienes que pensar en eso ahora.
Merea giró ligeramente el rostro hacia él.
—No estoy pensando en ella —aclaró—. Estoy pensando en todo.
Eso hizo que él la mirara con más atención.
—Entonces deja de hacerlo por un momento —respondió—. Descansa primero.
Merea sostuvo su mirada un instante. Luego asintió.
—Quiero bañarme.
—Está bien.
Tomó una muda ligera y caminó hacia la puerta lateral. Antes de entrar, se detuvo apenas un segundo y lo miró por encima del hombro.
Hyun Ryu no apartó la mirada.
—No tardes demasiado —añadió—. Tu cuerpo ya está al límite.
Merea asintió y entró.
El sonido del agua comenzó poco después.
Hyun Ryu se quedó en la habitación, en silencio. Se sentó en el sofá y apoyó la cabeza hacia atrás.
—Kiu.
El pequeño zorro apareció desde un rincón.
—Kiu kiu.
Hyun Ryu entrecerró los ojos.
—No.
Kiu ladeó la cabeza.
—Ni lo intentes.
El zorro avanzó igual.
—…ya veo que no vas a escuchar.
Kiu saltó directo a su pecho.
Hyun Ryu suspiró.
—Eres insistente.
Kiu se acomodó como si ese fuera su lugar.
—No soy tu almohada.
—Kiu.
Hyun Ryu cerró los ojos un momento.
—…no cedió…
No lo dijo para Kiu.
Lo dijo para sí mismo.
El sonido del agua se detuvo.
Hyun Ryu abrió los ojos.
—Muévete.
Kiu no lo hizo.
—Te voy a lanzar.
Eso sí funcionó.
El pequeño saltó justo antes de que él se levantara.
La puerta se abrió poco después.
Merea salió.
Su cabello estaba húmedo, cayendo sobre sus hombros. La ropa ligera se pegaba apenas a su piel todavía tibia por el agua.
Hyun Ryu la miró sin disimulo.
—¿Qué están haciendo? —preguntó ella.
—Nada.
Kiu corrió hacia ella.
—Kiu kiu.
Merea lo levantó con suavidad.
—¿Otra vez molestando?
—Siempre.
Ella sonrió levemente.
—No parece molesto.
—Porque no es él quien lo sufre.
Merea caminó hacia la cama, pero su paso era más lento.
Hyun Ryu lo notó.
—Siéntate.
—Estoy bien.
—Lo sé —respondió él, acercándose—. Pero no completamente.
Se detuvo frente a ella.
—Dámelo.
Merea miró a Kiu.
—Ve.
El zorro no parecía convencido.
Hyun Ryu lo tomó igual.
—No tienes opción.
Lo dejó en el sofá.
—Quédate ahí.
Kiu protestó en voz baja.
Hyun Ryu lo ignoró.
Toda su atención estaba en Merea.
—Cierra los ojos.
Ella lo hizo sin cuestionar.
Hyun Ryu levantó la mano y la apoyó en su mejilla. El contacto fue suave, pero firme.
La energía comenzó a fluir.
No fue brusca. Fue constante.
Cálida.
Merea inhaló despacio.
Su cuerpo se relajó de inmediato.
Hyun Ryu mantuvo la mano en su rostro, observándola de cerca. Su expresión no era solo seria.
Era concentrada.
Pero también… contenida.
Como si estuviera cuidando algo frágil.
La energía descendió poco a poco hacia su núcleo espiritual, envolviendo las zonas dañadas.
Pasaron varios minutos.
Cuando terminó, retiró la mano lentamente.
—Abre los ojos.
Merea lo hizo.
—Se siente mejor…
—Aún no está completo.
—Lo sé.
Se miraron unos segundos más.
—Gracias, Ryu.
Él sostuvo su mirada un momento.
—Descansa.
Merea se recostó sin discutir.
Kiu saltó a su lado.
—Ni lo intentes —dijo Hyun Ryu.
—Déjalo… —murmuró ella, ya con los ojos cerrados.
Hyun Ryu volvió al sofá.
El silencio se instaló otra vez.
Pero ahora era tranquilo.
Miró hacia la cama.
Merea ya estaba dormida.
—…vale la pena…
Cerró los ojos.
—
El mar espiritual de Merea se abrió lentamente.
No fue repentino.
Fue como si despertara dentro de él.
El agua la rodeaba, clara, profunda, con ese brillo dorado que le era familiar.
Pero esta vez no estaba vacío.
Había movimiento.
Y el primer recuerdo llegó sin aviso.
—
—¡Eldric, eso no es justo!
Merea estaba en el patio de entrenamiento del palacio submarino.
El suelo de piedra blanca estaba cubierto por una fina capa de agua, y el espacio abierto dejaba pasar la luz desde la superficie.
Eldric estaba frente a Kaelis, sosteniendo una lanza con total control.
—No es injusto —respondió—. Es estrategia.
—¡Siempre dices eso!
Kaelis atacó.
Rápido, pero sin pensar demasiado.
Eldric giró la lanza y lo detuvo antes de que pudiera acercarse.
La punta quedó frente a su cuello.
—Perdiste.
—Otra vez…
Merea observaba desde un lado.
—Es porque no piensas antes de atacar —dijo.
Kaelis giró hacia ella.
—Entonces enséñame tú.
Merea no dudó.
Avanzó.
—Ataca.
Kaelis lo hizo.
Pero esta vez—
Merea no bloqueó.
Se movió a un lado, sujetó su muñeca y lo desarmó en un solo movimiento.
En un segundo, la daga estaba contra su cuello.
Kaelis parpadeó.
—¿Qué…?
Merea lo soltó.
—No es fuerza. Es anticipar.
Eldric asintió.
Kaelis sonrió.
—Otra vez.
—
El recuerdo cambió.
—
La luz era más cálida.
El agua se sentía más abierta.
—¡Asha!
La enorme ballena emergió lentamente.
Merea nadó hacia ella y se apoyó sobre su cabeza.
Lyssara estaba cerca.
—Llegaste tarde —dijo con una sonrisa.
A su lado, una pequeña cría nadaba torpemente.
—Ash —murmuró Merea.
El pequeño chocó contra Kaelis.
—Se parece a ti.
—¡Oye!
Eldric apareció.
—Sí se parece.
Merea rió suavemente.
Aegirion llegó después.
Su presencia cambió el ambiente.
—La fuerza no está en lo que derrotas —dijo—. Está en lo que proteges.
Merea lo miró.
_hmmm….
—
El recuerdo cambió otra vez.
—
—No puedes ir sola —dijo Eldric.
—Puedo.
—Es peligroso.
—Lo sé.
—Entonces no vayas.
Merea lo miró sin ceder.
—Si no voy, nunca sabré si puedo.
Kaelis intervino.
—Entonces voy contigo.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque tú pelearías.
—¡Claro que pelearía!
—Y yo no.
Eso lo detuvo.
Eldric habló.
—Si vas… no te detendré.
Merea lo miró.
—Pero tampoco te cubriré.
—No lo necesito.
Eldric asintió.
—Lo sé.
—
El mar no desapareció.
Pero el recuerdo se asentó.
Merea no estaba observando desde fuera.
Estaba ahí.
Recordando.
Entendiendo.
Sintiendo.
No eran imágenes sueltas.
Eran momentos reales.
Su familia.
Su entrenamiento.
La forma en que creció.
La forma en que fue preparada.
El mar se mantuvo en calma.
Y esta vez, Merea no habló.
No hacía falta.
Porque lo tenía claro.
No había olvidado quién era.
Y eso… no iba a cambiar.
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