Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 76
- Inicio
- Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
- Capítulo 76 - Capítulo 76: Capítulo 76 Distancias y Presencias
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 76: Capítulo 76 Distancias y Presencias
El viaje hacia las montañas Suxhi no estaba siendo amable con ninguno de ellos.
A medida que avanzaban, el terreno se volvía más irregular y traicionero. Las pendientes cambiaban sin aviso, las rocas sueltas obligaban a medir cada paso y el viento, lejos de ser constante, golpeaba desde direcciones opuestas como si quisiera desestabilizarlos a propósito. No era solo frío: era una presión constante que desgastaba poco a poco.
Aun así, ninguno se detenía.
Kael’thar iba al frente, marcando el ritmo con una firmeza que no dejaba espacio para dudas. Su postura era recta, sus movimientos precisos, pero había algo contenido en él. No era calma , era un control forzado. Como si se negara a permitirse cualquier distracción.
No miraba atrás.
Pero sabía exactamente dónde estaba cada uno.
Vael avanzaba unos metros detrás, con pasos silenciosos y elegantes incluso en ese terreno hostil. Su respiración era estable, su postura relajada… al menos en apariencia. Pero su mente no estaba en el camino.
Estaba en Merea.
Había sido secuestrada.
En tierra firme.
En un lugar que él no dominaba.
Y él no había estado ahí.
Ese pensamiento regresaba una y otra vez, constante, incómodo. No lo mostraba, pero no desaparecía.
Su mirada descendió apenas hacia su pecho.
La marca seguía brillando.
Suave.
Estable.
Viva.
Eso era lo único que mantenía su control intacto.
Eldric avanzaba en silencio, atento a todo. No solo al entorno, sino también a ellos. Observaba el ritmo de Kaelis, la tensión en Kael’thar, la forma en que Vael desviaba la mirada cada cierto tiempo.
No decía nada.
Pero entendía demasiado.
Kaelis, en cambio, no ocultaba lo que sentía. Su frustración era evidente en cada paso, en cómo apretaba la mandíbula, en cómo aceleraba el ritmo como si eso pudiera acortar la distancia.
—Aún falta… —murmuró finalmente, pasándose el brazo por la frente.
Kael’thar no respondió.
No hacía falta.
Todos lo sabían.
Habían tomado rutas más peligrosas para acortar camino, atravesado zonas donde incluso las bestias dudaban en entrar, eliminado criaturas sin detenerse más de lo necesario.
Y aun así…
No era suficiente.
Después de un tramo más, Kael’thar levantó la mano.
Se detuvieron.
—Cinco minutos.
Kaelis se dejó caer sobre una roca con un suspiro pesado.
—Cinco minutos… —repitió, dejando caer la cabeza hacia atrás—. Si seguimos así, voy a empezar a odiarte.
—Ya lo haces —respondió Eldric sin mirarlo.
Kaelis giró la cabeza hacia él.
—No es lo mismo.
—No te detienes —añadió Eldric con calma—. Así que no te afecta.
Kaelis bufó, pero no respondió.
Vael se apoyó contra un árbol cercano, cruzando los brazos mientras cerraba los ojos unos segundos.
No para dormir.
Para pensar.
El silencio se extendió… hasta que, inevitablemente—
—Oye, Vael.
El tritón abrió los ojos lentamente.
—¿Sí?
Kaelis lo miraba fijamente, con una mezcla de curiosidad y molestia contenida.
—Quiero preguntarte algo.
Eldric ya sabía qué venía.
Kael’thar no se movió, pero su atención cambió.
Vael lo notó.
—Pregunta.
Kaelis se inclinó hacia adelante.
—¿Cómo conociste a Merea?
Vael observó a Kaelis unos segundos antes de responder.
—Tienes mucha curiosidad.
—Claro que la tengo —replicó sin rodeos—. Crecer con ella es una cosa. Pero ser su pareja… eso es diferente.
Hizo una pausa.
—Nunca mostraron nada antes del compromiso.
Esa palabra no pasó desapercibida.
Kael’thar tensó ligeramente los dedos.
Por dentro, una idea volvió a aparecer.
Fue obligada quizá ……
Vael lo notó sin necesidad de mirarlo directamente.
—Nos conocemos desde niños —dijo finalmente.
Kaelis frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido. Ella nunca habló de ti.
—Porque no tenía que hacerlo.
—Eso no explica nada.
Eldric intervino entonces, con su tono tranquilo.
—Hubo un periodo en el que Merea desaparecía durante horas.
Kaelis giró hacia él.
—…sí.
—No decía a dónde iba.
—Ni con quién —añadió Kaelis.
Eldric miró a Vael.
—Ese tiempo no era aleatorio.
Kaelis se quedó en silencio un segundo.
Luego entendió.
—…¿era contigo?
Vael no lo negó.
—Sí.
Kaelis exhaló, pasándose la mano por el cabello.
—Eso explica algunas cosas…
Miró a Vael otra vez.
—Pero entonces, ¿desde cuándo?
Vael se incorporó con calma.
—Desde hace más tiempo del que imaginas.
—¡Eso no—
—Es suficiente.
El tono no fue agresivo.
Pero sí final.
Kaelis cerró la boca.
Vael lo miró un segundo más.
—Cuando la encontremos, pregúntaselo a ella.
Pausa.
—Ahora mismo, lo único importante es llegar.
Se giró ligeramente.
—Mientras más rápido avancemos… más rápido tendrás tus respuestas.
Kaelis bufó, pero no insistió.
Eldric se puso de pie.
Kael’thar ya estaba avanzando.
No había esperado.
Pero dentro de él…
La incomodidad no desaparecía.
Demasiadas cosas que no sabía.
Demasiadas partes de Merea que no conocía.
Y eso no le gustaba.
No le gustaba en absoluto.
—Muévanse —ordenó sin girarse.
Y retomaron el camino.
—
Muy lejos de ahí…
El ritmo era completamente distinto.
La casa estaba en calma, y por primera vez en mucho tiempo, Merea empezaba a acostumbrarse a esa sensación.
No era algo que hubiera buscado.
Pero tampoco lo rechazaba.
Nana se encargaba de mantener todo en orden. Insistía en horarios, en descanso, en comida. Al inicio, Merea no entendía por qué tanto cuidado… pero tampoco lo cuestionaba demasiado.
Sobre todo porque, por las noches, Hyun Ryu se encargaba de algo que Nana no podía ver.
El núcleo de Merea había mejorado.
No completamente.
Pero lo suficiente como para que fragmentos de memoria regresaran poco a poco.
Y eso…
Lo cambiaba todo.
Esa mañana, Merea caminaba junto a Nana por un mercado más pequeño, más tranquilo.
Ya no observaba todo con distancia.
Ahora lo hacía con interés.
—Sigues mirando como si fuera nuevo —comentó Nana.
—Lo es —respondió Merea con naturalidad.
Nana sonrió.
—Entonces al menos elige bien lo que miras.
Se detuvieron frente a un puesto.
Merea tomó un ingrediente con curiosidad.
—¿Esto cómo se usa?
—Para sopa —respondió Nana—. Pero no es fácil de preparar.
Merea lo giró entre sus dedos.
—Entonces lo intentaré.
Nana levantó una ceja.
—¿Tú?
—Sí.
—No necesitas hacerlo.
Merea la miró de reojo, con una leve sonrisa.
—No es necesidad.
Pausa.
—Quiero hacerlo.
Nana la observó unos segundos más… y luego entendió.
—Ya veo.
No preguntó más.
—
Cuando regresaron, Merea se movió directamente hacia la cocina.
Nana la observó, pero no intervino demasiado. Solo corrigió algunos detalles, lo justo para evitar errores grandes.
El resto…
Lo dejó en sus manos.
Cuando Hyun Ryu llegó, el aroma lo detuvo apenas cruzar la puerta.
—Eso es nuevo.
Merea giró desde la cocina, sosteniendo una cuchara de madera.
—Hoy cociné yo.
Hyun Ryu se acercó con calma, apoyándose ligeramente cerca de la entrada.
—Entonces debería preocuparme.
Merea entrecerró los ojos.
—Deberías confiar más.
—Confío —respondió él sin dudar—. Pero también tengo instinto de supervivencia.
Merea soltó una pequeña risa.
—Exageras.
—Quiero comprobarlo.
Se acercó más.
Demasiado cerca para que fuera casual.
Merea no retrocedió.
Al contrario, inclinó apenas el rostro hacia él.
—Entonces siéntate… y prueba.
Hyun Ryu sostuvo su mirada un segundo más antes de hacerlo.
Merea llevó los platos, evitando que Nana se levantara.
—Hoy no haces nada —le dijo con suavidad.
Nana sonrió.
—Me estás quitando el trabajo.
—Solo por hoy.
Merea se sentó frente a Hyun Ryu.
Él tomó el primer bocado.
Masticó con calma.
Ella lo observaba.
Directo.
Sin disimulo.
—Está bueno —dijo finalmente.
Merea sonrió, satisfecha.
—Lo sabía.
—Eso fue rápido.
—No dudé.
Hyun Ryu dejó escapar una leve risa.
—Eso me gusta.
Merea apoyó el mentón en su mano.
—¿Qué cosa?
—Que no dudas de ti.
Ella lo miró unos segundos.
—Nunca lo he hecho.
—Lo sé.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Fue… cercano casi natural.
Hyun Ryu la observó con más detenimiento esta vez.
No solo como alguien a quien debía proteger.
Sino como alguien que…
Le gustaba.
Merea sostuvo su mirada sin apartarse.
—¿Qué?
—Nada.
—Mientes.
Hyun Ryu sonrió apenas.
—Un poco.
Merea ladeó la cabeza.
—Entonces dilo.
—No hace falta.
—A mí sí.
Hyun Ryu no respondió de inmediato.
Pero tampoco apartó la mirada.
—Te ves bien —dijo finalmente.
Simple y directo.
Merea no se sorprendió.
Solo sonrió un poco más.
—Siempre me veo bien.
Hyun Ryu soltó una pequeña risa.
—Eso también me gusta.
La calma en ese momento era real.
Pero no era permanente.
Porque mientras ellos compartían ese espacio…
Muy lejos de ahí…
Cuatro figuras seguían avanzando sin detenerse.
Más rápido.
Porque para ellos…
Nada estaba bien.
Y Merea…
Aún no lo sabía.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com