Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 77
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Capítulo 77: Capítulo 77 Lo único que quedó
Kael’thar se detuvo sin previo aviso.
No fue una pausa consciente ni una decisión tomada en ese instante. Su cuerpo simplemente dejó de avanzar, como si algo invisible hubiera cortado el impulso de cada músculo.
Detrás de él, la reacción fue inmediata.
Eldric alzó ligeramente la cabeza, atento al entorno, sus sentidos afinándose al instante. Kaelis frunció el ceño, tensando los hombros mientras su mirada recorría los alrededores con evidente desconfianza. Vael, por su parte, no hizo ningún movimiento brusco, pero sus ojos se abrieron apenas, volviéndose más nítidos, más enfocados.
El cambio en el aire era sutil.
Casi imperceptible para cualquiera.
Pero no para ellos.
—…hay alguien —murmuró Kaelis en voz baja, sin apartar la vista del frente.
Eldric no respondió, pero su postura hablaba por él. Estaba listo.
Vael guardó silencio.
Porque no estaba observando el entorno.
Estaba observando a Kael’thar.
Y en ese pequeño gesto… ya lo había entendido.
Kael’thar inhaló con suavidad.
No era peligro.
No era amenaza.
Era… familiar.
Un aroma conocido.
Inconfundible.
Sus ojos se entrecerraron apenas.
—No es un enemigo.
Kaelis giró hacia él, claramente desconfiado.
—¿Cómo puedes estar seguro?
Kael’thar no apartó la mirada del frente.
—Porque lo conozco.
Un segundo después, la figura apareció.
Descendió desde una formación rocosa más adelante sin intentar ocultarse, sin mostrar prisa. Su cabello blanco se movió levemente con el viento mientras avanzaba con paso firme hasta detenerse a una distancia prudente.
Frey.
Sus ojos se fijaron directamente en Kael’thar, como si no existiera nadie más alrededor.
—Sabía que eras tú —dijo con calma.
Kaelis bajó apenas la guardia, aunque su expresión seguía siendo tensa. Eldric observó en silencio, analizando cada detalle. Vael no se movió.
Kael’thar dio un paso al frente.
—Reconocí tu olor antes de verte.
Frey soltó una leve exhalación, casi una risa sin humor.
—Lo mismo iba a decir.
Sus miradas se sostuvieron por un momento más largo de lo normal.
No había cercanía.
Pero tampoco una hostilidad directa.
Había historia.
Y eso era suficiente para tensar el ambiente.
La expresión de Frey era más seria de lo habitual, y ese pequeño detalle bastaba para cambiar completamente el peso del encuentro.
—Kael’thar —dijo finalmente, sin rodeos.
Kaelis, incómodo, intervino con un tono bajo pero claramente irritado.
—¿Quién es este?
—Baja la guardia —respondió Kael’thar sin mirarlo—. No es un enemigo.
Frey alzó una ceja, cruzándose de brazos con un gesto relajado que no coincidía con la dureza de su mirada.
—Vaya… qué cálida bienvenida.
Su tono tenía un matiz burlón, pero no había diversión real en él.
Sus ojos recorrieron brevemente a los otros tres.
Se detuvieron un segundo más en Vael.
Evaluando.
Midiendo.
Luego volvió a Kael’thar.
—Necesito hablar contigo.
No fue una petición.
Kael’thar sostuvo su mirada unos segundos antes de asentir.
—Habla.
Frey negó levemente con la cabeza.
—A solas.
El silencio cayó de inmediato.
Kaelis dio un paso al frente, claramente en desacuerdo.
—Oye, no creo que sea buena idea—
—Está bien —lo interrumpió Kael’thar.
Su tono fue firme, definitivo.
No dejó espacio a discusión.
Kaelis apretó la mandíbula, frustrado, pero no insistió. Sabía que hacerlo sería inútil… y, en el fondo, lo único que le importaba era encontrar a Merea lo antes posible.
Eldric observó a Frey con más atención. Había algo evidente en su postura.
Vael no dijo nada.
Pero tampoco apartó la mirada.
Frey dio un paso más, acercándose lo suficiente para hablar sin ser escuchado.
—Encontré algo.
Eso fue todo lo que dijo.
Pero bastó.
Porque en ese momento, todos pensaron lo mismo.
Merea.
Sin añadir nada más, Frey giró ligeramente y comenzó a caminar hacia un lado del sendero, sin comprobar si Kael’thar lo seguía.
No hacía falta.
Kael’thar lo alcanzó en pocos pasos.
Se alejaron lo suficiente como para que las voces no llegaran hasta los otros, hasta una zona donde el viento golpeaba con más fuerza contra las rocas, cubriendo cualquier sonido.
Frey se detuvo primero.
No se giró de inmediato.
—Fui a la tribu del oso —dijo directamente.
Kael’thar no respondió, pero su postura cambió. Se volvió más rígido.
—Kei me contó lo que pasó en su territorio. Hubo movimiento de errantes.
Una breve pausa.
—Uno de ellos… Jian. Kei lo conocía. No es un cualquiera.
Kael’thar alzó ligeramente la mirada.
—¿Qué pasó?
Frey finalmente se giró hacia él.
—Pelearon. Kei logró herirlo, pero no lo mató. Se retiraron.
Eso no era lo importante.
Ambos lo sabían.
Frey exhaló con lentitud antes de continuar.
—No estaban solos. Tenían un grupo de hembras.
El aire pareció volverse más pesado.
—Varias —añadió.
Kael’thar no se movió.
Pero algo en él se tensó aún más.
Frey lo observó fijamente.
—Tu hembra estaba entre ellas.
No fue una suposición.
Fue una certeza.
Y eso fue suficiente.
Los dedos de Kael’thar se cerraron con fuerza, tanto que sus uñas se clavaron en su propia palma. La piel cedió sin resistencia y la sangre comenzó a brotar lentamente.
No reaccionó.
Ni siquiera pareció notarlo.
Frey continuó.
—Intentó escapar.
La mirada de Kael’thar cambió.
—No lo logró.
Una pausa breve, pesada.
—Cayó al río.
El silencio que siguió fue absoluto.
—No fue una caída limpia —añadió Frey, bajando ligeramente la voz—. Ya estaba herida. Kei dijo que había recibido varios golpes antes.
La respiración de Kael’thar se volvió más densa.
Más pesada.
Pero no habló.
—El río estaba crecido por las lluvias. Corriente fuerte. Troncos, rocas… varios desvíos.
Cada palabra caía como una sentencia.
—La buscaron —continuó Frey—. Pero no encontraron el cuerpo.
El viento golpeó entre ambos, llenando el espacio que ninguno ocupaba con palabras.
Frey llevó entonces una mano hacia atrás y sacó una bolsa de tela.
La sostuvo un segundo antes de extenderla.
—Esto es lo único que recuperaron.
Kael’thar no la tomó de inmediato.
Pero cuando lo hizo, su agarre fue firme.
Demasiado.
Dentro había tela rasgada.
Manchada.
Y dos dagas.
Las reconoció al instante.
No necesitaba confirmación.
Frey lo observó en silencio durante unos segundos antes de hablar de nuevo.
—No puedo decirte más de lo que vi y lo que me dijeron. Eso es todo lo que encontré.
Kael’thar no respondió de inmediato.
Su mirada permaneció fija en el contenido de la bolsa.
Pero algo en él no se quebró.
No esta vez.
Cerró los ojos apenas un segundo.
Y cuando los abrió…
Había una certeza firme en ellos.
—Está viva.
Frey lo observó, sin interrumpir.
—La conozco —continuó Kael’thar con voz baja pero segura—. No moriría así.
Hubo un breve silencio.
Luego, alzó la mirada hacia Frey.
—Gracias por buscarla.
Frey desvió la vista por un instante, como si ese agradecimiento no le resultara cómodo.
—No lo hice por ti —respondió—. Pero… era lo correcto.
Una pausa breve.
—Aun así, no fue suficiente.
Kael’thar negó levemente.
—Lo fue.
Apretó la bolsa con más fuerza.
—Ahora sé por dónde empezar.
Frey lo observó un momento más, evaluando algo que no dijo en voz alta.
—No me gusta deber favores —murmuró finalmente—. Considera esto como algo saldado.
Kael’thar no respondió a eso.
Frey dio un paso atrás.
—Suerte encontrándola.
Y sin esperar respuesta, se giró y comenzó a alejarse.
Kael’thar regresó con los otros.
No hizo falta que hablara de inmediato.
La expresión en su rostro ya había cambiado.
Kaelis fue el primero en acercarse.
—¿Qué pasó?
Kael’thar abrió la bolsa y les mostró el contenido.
Eldric y Kaelis reconocieron las dagas al instante.
Ellos se las habían dado a Merea.
El ambiente se volvió más pesado.
Kael’thar explicó lo ocurrido sin adornos, directo, sin detenerse más de lo necesario.
Cuando terminó, el silencio fue inevitable.
Vael fue el único que no mostró sorpresa.
Su expresión permanecía tranquila.
Pero en sus ojos había algo más profundo.
Oscuro.
—Sigue viva —dijo finalmente.
Era una afirmación.
Y en ese momento, ninguno de los cuatro lo cuestionó.
Pero hubo algo más que nació en ese instante.
Algo más frío.
Más peligroso.
Si ese errante seguía con vida…
Desearía no haber nacido.
Y no fue solo uno quien lo pensó.
Fueron los cuatro.
Mientras tanto, lejos de allí, Frey avanzaba sin mirar atrás.
Su forma cambió en movimiento, adoptando su forma bestia con naturalidad, como si aquel encuentro no hubiera sido más que una tarea pendiente.
Exhaló con cierto desinterés.
Ya había hecho lo que debía.
No le gustaban las deudas, y menos cuando implicaban a alguien como Kael’thar.
Ahora estaban a mano.
O al menos, eso quería creer.
Alzó la vista hacia el horizonte.
La temporada estaba cambiando.
Pronto sería la reunión en la ciudad del zorro, la celebración en honor a Aerhyon.
Podría aprovechar ese tiempo.
Descansar.
Lago podía encargarse de todo en su ausencia.
Cerró los ojos un instante mientras avanzaba.
Sí.
Eso haría.
Lo que no sabía…
Era que esa decisión no lo alejaba de Kael’thar.
Lo acercaba aún más.
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De verdad, gracias por acompañar este viaje junto a Merea.
૮ • ﻌ – ა
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