Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 78
- Inicio
- Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
- Capítulo 78 - Capítulo 78: Capítulo 78 Interrupción
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 78: Capítulo 78 Interrupción
Hyun Yie no anunció su llegada.
Nunca lo hacía.
No era una cuestión de costumbre, sino de posición. La ciudad le pertenecía, cada territorio dentro de ella existía bajo su dominio, y los clanes no eran más que extensiones de su voluntad. No necesitaba permiso para caminar por sus propias tierras… y mucho menos para entrar en el territorio del clan Bai.
Aun así, su presencia no pasó desapercibida.
Antes incluso de que cruzara completamente el límite, los guardias ya habían dado aviso. Para cuando llegó a la residencia principal, el líder del clan Bai ya lo estaba esperando.
Su actual consejero.
Su expresión no era de bienvenida.
Era de preocupación.
—Mi señor… —inclinó la cabeza con respeto, aunque la tensión en sus hombros era evidente—. Su visita no fue anunciada.
Hyun Yie sonrió apenas, como si aquello le resultara más entretenido que molesto.
Su apariencia era la de un joven de unos veinticinco años: rasgos finos, piel clara, atractivo natural… pero había algo en su mirada que rompía esa imagen. Un brillo juguetón, sí, pero también peligroso.
—¿Y desde cuándo necesito anunciarme para caminar por mi propia ciudad?
El líder Bai guardó silencio un segundo.
No podía discutir eso.
Pero tampoco se relajó.
—Por supuesto que no, mi señor —respondió con cuidado—. Solo… su presencia aquí es inesperada.
Hyun Yie ladeó ligeramente la cabeza, observándolo con una diversión apenas disimulada.
Lo conocía demasiado bien.
Había sido su consejero durante años.
Sabía lo que pensaba incluso antes de que hablara.
—Vine a ver a Bai Sheli.
Directo.
Sin rodeos.
El cambio en el rostro del líder Bai fue sutil… pero evidente.
—Mi hija no fue informada de su llegada —dijo, eligiendo cada palabra con cuidado—. Quizá sería mejor avisarle primero. Prepararla.
Hyun Yie alzó una ceja.
—¿Me estás rechazando?
—No me atrevería.
Pero lo estaba intentando.
Y ambos lo sabían.
El líder Bai tensó ligeramente la mandíbula antes de continuar, esta vez con más firmeza.
—Mi señor… mi hija no es alguien para entretenerse. Si su intención es otra, debería decirlo claramente. Ya sea para usted… o para su hijo.
El silencio entre ambos duró un segundo más de lo necesario.
Hyun Yie soltó una risa baja, sin ofenderse en lo más mínimo.
—¿Crees que no lo sé?
Su mirada se volvió más directa.
Más pesada.
—Si quisiera algo serio, ya lo habría tomado hace mucho.
No hubo vergüenza.
Ni intención de ocultarlo.
Era simplemente… verdad.
Dio un paso al frente, acortando la distancia entre ellos.
—Relájate —añadió con tono ligero—. No me interesa de esa forma.
Y era cierto.
Bai Sheli era atractiva, sí.
Pero no había en él interés romántico.
Ni intención de convertirla en algo más.
Lo que sí había…
Era curiosidad.
Y ganas de divertirse.
—Solo quiero verla.
El líder Bai dudó.
Podía negarse.
Pero eso solo empeoraría las cosas.
Exhaló lentamente antes de hacerse a un lado.
—Haré que la llamen.
Hyun Yie sonrió.
—No hace falta.
Y sin esperar más, avanzó por su cuenta hacia el interior.
Como si siempre hubiera pertenecido allí.
Detrás de él, el líder Bai permaneció inmóvil, observándolo con el ceño ligeramente fruncido.
La inquietud no desapareció.
Porque lo conocía demasiado bien.
Y cuando Hyun Yie decía que no tenía interés…
Eso no significaba que no fuera a causar problemas.
El sonido de algo rompiéndose volvió a resonar con fuerza dentro de la habitación.
Bai Sheli no estaba molesta.
Estaba completamente fuera de control.
Otro objeto se estrelló contra la pared, rompiéndose en pedazos que quedaron esparcidos por el suelo. Pero ni siquiera eso logró aliviar la presión que sentía en el pecho.
Nada lo hacía.
Su respiración era irregular, agitada. Sus manos temblaban, no por debilidad, sino por la intensidad de la rabia que ya no podía contener.
Su cabello blanco caía desordenado sobre sus hombros, lejos de la perfección habitual. Sus ojos negros brillaban con una intensidad inestable mientras caminaba de un lado a otro sin detenerse.
Hermosa.
Sí.
Pero en ese momento… su belleza era peligrosa.
—¡Inútiles! —gritó, con la voz cargada de frustración—. ¡No sirven para nada!
Los dos hombres bestia presentes se mantuvieron a distancia.
Sabían mejor que nadie que acercarse demasiado en ese estado era un error.
—Señorita Sheli… —intentó uno con cautela—. Podemos—
El jarrón que ella lanzó pasó a escasos centímetros de su rostro antes de estrellarse contra el suelo.
—¡Cállate! —espetó ella, girándose con furia—. ¡No quiero escuchar nada!
El hombre retrocedió inmediatamente.
El silencio se volvió tenso.
Pesado.
—Desaparecieron… —murmuró ella, más para sí misma que para ellos—. Los dos.
Su respiración tembló.
—¿Cómo desaparecen dos inútiles sin dejar rastro?
Al principio, la respuesta había sido obvia.
Hyun Ryu.
Siempre era él.
Protegiendo a esa hembra como si fuera algo invaluable.
—Mandé más —continuó, apretando los dientes—. Mejores. Más fuertes. Con órdenes claras.
Giró bruscamente, mirando a los dos hombres con una expresión afilada.
—¿Y qué hicieron?
Silencio.
—Nada.
Tomó una pequeña mesa y la volcó con fuerza, haciendo que todo lo que estaba sobre ella cayera al suelo con estrépito.
—¡Nada!
Los hombres intercambiaron una mirada.
—Señorita… —intentó el segundo, con más firmeza—. Podemos reorganizar la estrategia, enviar más—
—¡No necesito que pienses por mí! —lo interrumpió, avanzando un paso hacia él.
Se detuvo de golpe.
Su respiración seguía agitada, pero su mirada… comenzó a cambiar.
—Todo estaba bajo control… —murmuró, más bajo—. Esa hembra no era nadie.
Nadie.
Y aun así…
Todo giraba a su alrededor.
Hyun Ryu.
Sus propios hombres.
Todo fallando.
—Fue él… —susurró de pronto—. Tuvo que ser él.
—Hyun Ryu…
Su voz se tensó al pronunciar su nombre.
Uno de los hombres dio un paso adelante.
—Entonces debemos actuar contra él directamente—
—No.
La respuesta fue inmediata.
El silencio cayó.
Bai Sheli levantó lentamente la cabeza.
Y esta vez…
Ya no había solo histeria.
Había algo más.
Algo calculado.
—No más errores —dijo en voz baja.
Sus labios se curvaron levemente.
No era una sonrisa.
—Si ellos no pudieron…
Una pausa.
—Entonces lo haré yo misma.
Los hombres se tensaron.
Porque sabían lo que eso significaba.
Y no era bueno.
Para nadie.
Ni siquiera para ella.
De pronto…
Una risa escapó de sus labios.
Primero baja.
Luego más fuerte.
Descontrolada.
Casi… rota.
Los hombres se miraron, inseguros.
Hasta que—
Otra risa se unió a la suya.
Masculina.
Suave.
Hermosa.
Ajena a todo el caos.
Bai Sheli se detuvo en seco.
Su risa murió al instante.
Giró lentamente.
Y ahí estaba.
Apoyado con total tranquilidad en la entrada, como si hubiera estado observando todo el espectáculo desde el principio.
Hyun Yie.
Su sonrisa era amplia.
Divertida.
Sus ojos brillaban con interés genuino.
—Vaya… —dijo con calma, cruzando los brazos—. Llegué en el mejor momento.
El silencio se volvió absoluto.
Los hombres bestia se tensaron de inmediato, inclinando la cabeza con respeto.
—Mi señor.
Bai Sheli no respondió de inmediato.
Solo lo miró.
Su respiración aún agitada.
Su estado aún inestable.
—¿Desde cuándo estás ahí? —preguntó finalmente, con voz más baja.
Hyun Yie ladeó la cabeza.
—Lo suficiente.
Sus ojos recorrieron la habitación destruida… y luego volvieron a ella.
—Debo admitir que fue entretenido.
No había burla abierta.
Pero tampoco respeto.
Solo diversión.
—Tienes carácter —añadió.
Bai Sheli entrecerró los ojos.
La tensión no desapareció.
Pero algo en el ambiente había cambiado.
Porque ahora…
Ya no estaba sola con su rabia.
Y eso… podía ser aún más peligroso.
¿Te gusta? ¡Agrégalo a la biblioteca!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com