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Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 84

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Capítulo 84: Capítulo 84 Un encuentro que no debía importar

El bullicio de la ciudad no dejaba de crecer a medida que avanzaba el día. Merea caminaba con paso tranquilo entre la gente, sosteniendo con cuidado los pequeños paquetes de incienso que había conseguido. Kiu iba a su lado, atento, moviendo ligeramente las orejas cada vez que alguien pasaba demasiado cerca.

Ella no parecía incómoda, pero sí más consciente de su entorno.

El velo que cubría parte de su rostro se movía suavemente con cada paso. No lo llevaba por inseguridad, sino por costumbre. Era algo que había visto en Nana, una forma de vestir propia de su tribu, un detalle que asumió como parte natural de ese tipo de atuendo. No lo cuestionaba, pero tampoco le daba demasiada importancia.

Su mente estaba en otra cosa.

En el ritual.

En el dios bestia.

En la celebración que comenzaría esa noche.

Y en algo más que aún no había puesto en palabras, pero que sabía que debía hablar con Hyun Ryu cuando lo viera.

—Volvamos rápido —murmuró en voz baja, más para sí misma que para Kiu.

Fue entonces cuando ocurrió.

Un grupo de cachorros pasó corriendo entre la gente, riendo, persiguiéndose sin mirar realmente por dónde iban. Uno de ellos chocó contra otro, desviando su trayectoria justo lo suficiente.

Y ese impulso—

La alcanzó.

—Ah—…

El pequeño sonido escapó de sus labios más por sorpresa que por miedo, sus manos reaccionando de inmediato para proteger los inciensos antes que a sí misma.

Su cuerpo perdió el equilibrio.

El mundo se inclinó apenas.

Y por un instante, pareció que iba a caer.

Pero no lo hizo.

Una mano la sostuvo con firmeza.

Precisa.

Segura.

El movimiento fue rápido, natural, como si no hubiera requerido esfuerzo. La sostuvo por el brazo y la cintura, deteniendo la caída antes de que ocurriera.

Merea parpadeó, sorprendida, aún inclinada ligeramente hacia adelante, aferrándose a lo que llevaba.

El velo se deslizó.

Lo suficiente.

Solo un poco.

Pero fue suficiente para verla con claridad.

Frey no pensó.

No reaccionó como lo hacía normalmente.

Por un instante, se quedó quieto.

Su mirada, que había actuado por reflejo, se detuvo en su rostro.

Y algo no encajó.

No fue solo que fuera hermosa.

Fue la forma en que la luz parecía quedarse en ella.

La suavidad de sus rasgos, la piel pálida contrastando con el cabello oscuro que enmarcaba su rostro, y esos ojos turquesa, claros, profundos, imposibles de ignorar.

Frey lo sintió.

Un golpe seco en el pecho.

Como si su corazón hubiera reaccionado antes que su mente.

Merea, ajena a eso, apenas notó el cambio.

Su atención seguía en lo que sostenía.

—Mis inciensos… —murmuró casi de inmediato, revisándolos con cuidado.

Ni siquiera se apartó de él de inmediato.

Primero comprobó que no se hubieran roto.

Que todo estuviera intacto.

Solo entonces levantó la mirada.

Y se encontró con él.

Hubo una pausa.

Corta.

Pero real.

Como si algo en ese momento se hubiera detenido sin razón aparente.

Merea parpadeó una vez, recuperando el equilibrio por completo, y dio un pequeño paso atrás, separándose con naturalidad.

—Gracias —dijo sin dudar, con una sinceridad tranquila.

Sin nervios.

Sin incomodidad.

Como si ese contacto no significara nada más allá de lo que había sido.

Ajustó el velo con un gesto simple, cubriendo nuevamente parte de su rostro sin prisa.

Kiu se acercó un poco más a ella, mirando a Frey con cierta curiosidad, pero sin mostrar hostilidad.

Frey no respondió de inmediato.

Seguía mirándola.

No de forma evidente.

Pero tampoco como antes.

Había algo distinto en su expresión, aunque fuera mínimo.

Como si intentara entender algo que no terminaba de encajar.

—Ten más cuidado —dijo finalmente, en un tono bajo, casi automático.

No era una advertencia.

Era lo primero que salió.

Merea asintió levemente.

—Ellos también deberían —respondió, girando apenas la mirada hacia los niños que ya se alejaban, como si el incidente no hubiera tenido importancia.

Y para ella, no la tenía.

Se acomodó mejor los inciensos entre las manos.

—Debo irme —añadió con naturalidad—. Nana me espera.

No hubo más.

No preguntó quién era.

No esperó respuesta.

Simplemente se dio la vuelta y continuó su camino, con Kiu siguiéndola de inmediato.

Como si nada hubiera pasado.

Como si ese momento no tuviera peso.

Frey no la detuvo.

No la llamó.

Pero tampoco se movió de inmediato.

Su mirada siguió su figura unos segundos más de lo necesario.

En silencio.

Su expresión volvió a la normalidad poco a poco.

O eso parecía.

Pero ese pequeño instante no se había ido.

Y aunque él aún no lo entendiera del todo, algo había cambiado.

Antes de ese encuentro, Frey avanzaba sin prisa por las calles de la ciudad del zorro, con la mirada vagando sin fijarse demasiado en nada. No tenía un destino claro. Había llegado, había visto suficiente para saber que el lugar era cómodo, y ahora solo buscaba algo sencillo.

Un sitio donde comer.

Y luego dormir.

Preferiblemente en ese orden.

—Con que haya sombra y silencio, me basta… —murmuró para sí mismo, desviándose sin razón aparente por una calle menos concurrida.

Su apariencia seguía siendo impecable. Aunque su actitud fuera relajada, descuidar su imagen nunca fue una opción.

Como líder, tenía contactos. Podía presentarse en cualquier residencia y recibir trato adecuado, incluso lujoso si quisiera. Pero eso implicaba explicaciones, formalidades… gente.

Y hoy no tenía ganas de eso.

Prefería algo simple.

Algo tranquilo.

Algo donde pudiera desaparecer unas horas sin que nadie lo molestara.

Su mente estaba ligera, casi vacía, dejándose llevar por ese estado perezoso que lo caracterizaba cuando no tenía nada urgente que atender. Pensó brevemente en Lago, en cómo seguramente estaría lidiando con todo en su ausencia.

Una pequeña sonrisa se formó en sus labios.

—Seguro está refunfuñando… se lo merece por arruinar las siestas.

No le preocupaba.

Lago era competente.

Y él estaba de descanso.

O eso pensaba.

Porque en el momento en que giró la esquina, todo cambió sin aviso.

Y ahora…(actualmente)

Frey seguía en el mismo lugar, de pie, con la mirada fija en el punto donde la joven había desaparecido entre la multitud. Durante unos segundos no hizo nada, como si su cuerpo aún no terminara de reaccionar a lo que acababa de pasar. Luego bajó lentamente la mano que había quedado suspendida en el aire, recordando tarde que ya no sostenía nada… aunque la sensación no se había ido del todo.

Exhaló con suavidad, pasando una mano por su cabello en un gesto automático, intentando retomar el hilo de lo que estaba haciendo antes. Había salido a buscar un lugar donde comer, algo tranquilo donde poder descansar sin interrupciones, sin tener que lidiar con nadie. Ese había sido su único objetivo.

Y aun así, ahora no podía concentrarse en eso.

Su mente regresó al instante en que la sostuvo. No fue solo el movimiento, ni la reacción instintiva, sino lo que vio en ese breve momento en que el velo se deslizó. Había visto muchas mujeres antes, de distintos clanes, de distintos territorios, algunas incluso consideradas excepcionales, pero aquello no encajaba con ninguna comparación simple. No era solo belleza, era algo más difícil de definir, algo que no pasaba desapercibido aunque uno quisiera ignorarlo.

Frunció apenas el ceño, más pensativo que molesto.

—…problemático —murmuró en voz baja.

No porque le incomodara, sino porque entendía perfectamente lo que significaba ese tipo de interés repentino. No era algo que soliera tomar a la ligera, y sin embargo tampoco era algo que fuera a dejar pasar.

Lo que realmente le llamó la atención no fue solo su apariencia, sino la forma en que reaccionó. No hubo nervios, no hubo esa ligera tensión que solía notar en otros cuando lo tenían cerca, ni siquiera una curiosidad evidente. Se preocupó primero por unos simples inciensos antes que por él, como si su presencia no tuviera peso en ese momento.

Eso sí que era nuevo.

Su expresión se relajó levemente, y una pequeña sonrisa apareció en sus labios, casi imperceptible.

—…ella es más interesante que esa pantera —murmuró, recordando de forma fugaz cierta rivalidad que, en ese instante, le resultaba irrelevante.

Se quedó un momento más allí, evaluando sin prisa, dejando que sus pensamientos se acomodaran. No preguntó quién era, no la detuvo, y aun así no sentía que ese encuentro hubiera terminado ahí.

Porque no lo haría.

Desvió la mirada hacia el movimiento de la ciudad, recordando lo que ocurriría esa noche. La reunión, los líderes, las alianzas… y todo lo que eso implicaba. En ese tipo de eventos, no solo se mostraban intenciones políticas. También se exhibía estatus, poder… y, muchas veces, a las hembras más destacadas de cada clan.

No necesitaba pensarlo demasiado.

Una mujer así no pasaría desapercibida.

Ajustó ligeramente su postura, como si finalmente hubiera tomado una decisión, y volvió a acomodarse el cabello con calma.

—Seguro te veo esta noche… —murmuró, esta vez con un tono más claro, más definido.

No era una suposición vacía.

Era una expectativa.

Y por primera vez desde que llegó, cuando retomó el paso, ya no caminaba sin rumbo.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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