Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 85
- Inicio
- Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
- Capítulo 85 - Capítulo 85: Capítulo 85 Lo que no se dice también pesa
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 85: Capítulo 85 Lo que no se dice también pesa
Merea regresó sin demora, manteniendo el mismo paso tranquilo con el que había salido. Kiu iba a su lado, más animado por el movimiento de la ciudad, pero sin alejarse demasiado, como si incluso entre tanta gente su lugar siguiera siendo junto a ella. Al cruzar el umbral de la residencia, el ambiente cambió de inmediato. El ruido quedó atrás y dio paso a un orden más contenido, más enfocado. Todo giraba en torno a los preparativos.
Nana estaba donde la había dejado, revisando el altar con la misma atención meticulosa de siempre. Apenas percibió su presencia, alzó la mirada.
—¿Los conseguiste, pequeña?
Merea levantó ligeramente los paquetes que llevaba en las manos.
—Sí. Había bastante gente, pero encontré lo que faltaba.
Nana se acercó sin perder tiempo, tomando los inciensos para revisarlos con rapidez, asegurándose de que estuvieran completos y en buen estado.
—¿Tuviste algún problema?
Merea negó con naturalidad.
—No, solo había más movimiento de lo normal. Están llegando más delegaciones.
No mencionó nada más. Para ella, el pequeño incidente en la calle no tenía peso. Había sido solo eso, un momento pasajero sin importancia.
Kiu se acomodó cerca de ellas mientras Nana colocaba los inciensos junto a los demás elementos del altar.
—Bien… llegamos a tiempo —murmuró Nana, más para sí misma—. Sin esto, no podíamos completar la preparación.
Merea se acercó un poco más, observando cómo organizaba cada detalle con precisión.
—¿Falta algo más?
Nana negó levemente.
—No. Lo demás ya está listo. Solo queda esperar.
El silencio que siguió no fue incómodo. Merea permaneció a su lado, ayudando en lo necesario, ajustando pequeños detalles con cuidado. Por fuera, todo parecía en calma, pero en el fondo de su mente aún persistían los ecos de lo que había visto en su mar espiritual. No la desestabilizaban en ese momento, pero tampoco habían desaparecido.
—Esta noche será importante, pequeña —añadió Nana sin apartar la vista del altar—. Habrá muchos ojos observando.
Merea asintió levemente.
—Lo sé.
Y esta vez, su tono tuvo más firmeza.
Porque aunque aún había cosas que no comprendía, tenía claro que ese día no sería uno cualquiera.
No pasó mucho tiempo antes de que ambas terminaran por completo. El altar estaba listo, las ofrendas colocadas con precisión y los inciensos finalmente en su lugar. El ambiente dentro de la residencia había cambiado; ya no era solo actividad, ahora había una sensación clara de expectativa contenida.
—Bien… —murmuró Nana, dando un último vistazo antes de asentir—. Con esto debería ser suficiente.
Merea observó el resultado en silencio. Había seguido cada indicación sin equivocarse, cuidando cada detalle. No lo dijo, pero se notaba que estaba satisfecha.
—Entonces… vamos a cambiarnos.
Merea asintió sin objeción.
El cambio fue sencillo, pero significativo. Ambas dejaron la ropa de trabajo y se vistieron con los atuendos de sacerdotisas. No eran ostentosos, pero sí elegantes en su simplicidad. Telas suaves, tonos claros, detalles sutiles que transmitían orden y pureza.
Merea se ajustó la manga con cuidado, observándose un momento. No llevaba el velo esta vez. Su rostro quedaba completamente visible, enmarcado por su cabello oscuro y esos ojos turquesa que destacaban con naturalidad.
Nana la observó en silencio durante unos segundos. Había una leve preocupación en su mirada.
—Merea… —dijo con calma—. Sobre esta noche… tu papel.
Merea levantó la vista, atenta.
—No es complicado, pero no es solo apariencia. Una sacerdotisa no solo se ve como tal. Hay rituales .
No era una crítica. Era precaución.
Merea lo entendió de inmediato.
—Lo entiendo. No te preocupes.
Nana dudó un poco, y entonces Merea añadió, con un tono más suave:
—Mi madre también lo era.
Eso cambió la expresión de Nana.
—¿Sacerdotisa?
—Sí. Desde pequeña asistí a muchos rituales con ella.
No había orgullo en su voz. Solo certeza.
Nana la observó unos segundos más antes de relajarse.
—Ya veo… entonces estarás bien.
Merea asintió.
No hacía falta más.
Cuando salieron, el ambiente exterior ya estaba completamente activo. Guardias, asistentes, mensajeros… todos moviéndose con un propósito claro.
Y ahí estaba él.
Hyun Ryu daba indicaciones con calma, manteniendo su postura firme y su atención en cada detalle del movimiento dentro de la residencia. A simple vista, nada en él parecía fuera de lugar; su voz era estable, sus gestos precisos, como si todo estuviera bajo control. Sin embargo, en el momento en que levantó la mirada y encontró a Merea, algo en su ritmo interno se interrumpió. No fue evidente para los demás, nadie habría notado ese leve cambio, pero para él fue claro. Su atención dejó de estar en todo lo demás y se concentró únicamente en ella.
Merea no llevaba adornos llamativos ni excesivos. El atuendo de sacerdotisa que vestía era sencillo, sobrio, diseñado más para representar pureza que para destacar. Aun así, en ella no parecía una prenda cualquiera ni algo que estuviera interpretando. Había una naturalidad en su presencia que hacía que todo encajara demasiado bien. Su forma de moverse, la manera en que sostenía la mirada, incluso la tranquilidad con la que estaba ahí… no parecía alguien que estuviera ocupando un lugar prestado.
Hyun Ryu parpadeó una vez, obligándose a retomar el hilo de lo que estaba haciendo.
—Llegaron a tiempo. Todo está casi listo.
Nana respondió con la misma calma de siempre, sin perder el control de la situación.
—El altar ya está preparado.
Él asintió, pero su mirada regresó a Merea casi de inmediato, como si no pudiera evitarlo. Esta vez, ella lo notó sin dificultad.
—Ryu… —lo llamó con suavidad.
—¿Sí?
Hubo un pequeño espacio entre ambos antes de que ella continuara.
—¿Podemos hablar… a solas?
No sonó urgente, pero tampoco era algo que pudiera tomarse como casual. Hyun Ryu no hizo preguntas. No las necesitaba.
—Claro.
Nana observó el intercambio en silencio, evaluando, pero no intervino. Comprendía que había algo más detrás de esas palabras, así que simplemente les permitió irse sin añadir nada.
Hyun Ryu hizo un gesto leve con la cabeza y comenzó a caminar hacia uno de los pasillos más apartados de la residencia. Merea lo siguió sin dudar. A medida que avanzaban, el ruido del exterior fue desapareciendo poco a poco, hasta quedar reducido a un murmullo lejano que apenas interfería con el silencio que se formó entre ellos.
Cuando se detuvieron, ninguno habló de inmediato. Merea bajó ligeramente la mirada, organizando sus pensamientos con calma, como si eligiera cuidadosamente lo que iba a decir. Hyun Ryu no la presionó. Se quedó frente a ella, observándola con atención, esperando.
—Ryu… —empezó finalmente.
Levantó la vista, y esta vez no dudó.
—Quiero regresar al océano.
El silencio que siguió no fue largo, pero sí lo suficientemente denso como para sentirse. Hyun Ryu no respondió enseguida. La miró fijamente, como si confirmara algo que ya sabía, algo que había estado evitando aceptar desde el momento en que la vio despertar. Su mandíbula se tensó apenas.
—…ya lo sabía —admitió en voz baja—. Solo no quería que fuera ahora.
No había reproche en sus palabras, pero sí algo más difícil de ocultar. Merea sostuvo su mirada.
—Necesito hacerlo.
No ofreció explicaciones largas, y eso solo hizo que el peso de la decisión se sintiera más real. Hyun Ryu dio un paso al frente casi sin darse cuenta, reduciendo la distancia entre ambos. Su mano se elevó lentamente, como si dudara en el último momento, pero aun así terminó rozando su mejilla con cuidado. El contacto fue suave, contenido, pero cargado de una intención que no necesitaba palabras.
Merea no se apartó. Sus ojos se suavizaron apenas, aunque su decisión no cambió. Ese pequeño gesto de aceptación fue suficiente para que algo en él cediera.
—Entonces voy contigo —dijo.
No fue una propuesta ni una pregunta. Fue una decisión directa.
Merea parpadeó levemente, sorprendida por la firmeza en su voz.
—Ryu…
—No voy a dejarte ir sola —continuó él, más bajo, pero con una intensidad clara—.
Su mano descendió desde su rostro hasta tomar la de ella, entrelazando sus dedos con suavidad, pero sin soltarla. No era un gesto brusco, pero sí firme, como si necesitara sostener algo que sentía que podía perder.
—Si tienes que volver… entonces iré contigo.
Merea lo observó en silencio. Había visto su preocupación antes, pero esto era distinto. Había algo más profundo en su expresión, algo que ya no estaba ocultando. Y eso la dejó sin una respuesta inmediata, porque no se trataba solo de su decisión, sino también de lo que implicaba para él.
—Ryu… tu ciudad, tu gente… —empezó, intentando razonar con él sin rechazarlo directamente.
Pero él negó suavemente antes de que terminara.
—Nada de eso importa si tú no estás bien.
No alzó la voz ni forzó el tono, pero la firmeza con la que lo dijo no dejaba espacio para discusión. Merea sintió una presión en el pecho, una mezcla de emociones que no podía definir con claridad. No quería apartarlo, pero tampoco quería arrastrarlo con ella.
Hyun Ryu dio otro paso, cerrando por completo la distancia entre ambos. Esta vez no dudó. La envolvió en un abrazo firme, contenido, como si se obligara a no apretar más de lo necesario, pero dejando claro que no pensaba soltarla. Merea se tensó apenas al inicio, solo un instante, antes de relajarse. No lo empujó ni se apartó.
Hyun Ryu inclinó ligeramente la cabeza, apoyando su frente contra la de ella, cerrando los ojos un momento. Su respiración era más pesada de lo normal, controlada, pero cargada de todo lo que no estaba diciendo.
—No importa lo que sea —murmuró en voz baja—. No te voy a soltar.
Sus dedos se cerraron un poco más alrededor de los de ella, reforzando ese gesto sin necesidad de añadir más palabras. Merea cerró los ojos por un breve instante. No respondió, pero tampoco se alejó, y en ese silencio quedó implícito algo que ninguno expresó en voz alta.
El tiempo pasó sin que ninguno de los dos se moviera de inmediato. Cuando finalmente se separaron, lo hicieron despacio, como si la distancia no fuera algo que realmente quisieran recuperar. .
Ninguno de los dos dijo nada más.
Y sin saberlo, no estaban solos. A cierta distancia, oculto entre las sombras del pasillo, alguien había observado en silencio todo lo suficiente como para entender que ese momento no había sido casual. Y no había apartado la mirada en ningún momento.
¿Te gusta? ¡Agrégalo a la biblioteca! ૮₍ ˶ᵔ ᵕ ᵔ˶ ₎ა
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com