Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 86
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Capítulo 86: Capítulo 86 Lo que no puede ignorarse
Merea fue la primera en desviar la mirada, pero no porque quisiera alejarse de él, sino porque necesitaba poner orden a lo que estaba sintiendo. La cercanía de Hyun Ryu no era algo que pudiera ignorar fácilmente. Su calor seguía presente, tangible, y no se disipaba aunque ya no estuvieran tan juntos como unos segundos antes. No era ingenua. Había notado cada detalle: la forma en que él la miraba, cómo su voz cambiaba cuando le hablaba, la manera en que su presencia se volvía más intensa cuando estaba cerca. Eso no era solo preocupación.
Le gustaba.
Eso era evidente.
Y aun así, no habló de inmediato.
No porque dudara de él, sino porque había algo en ella que aún no estaba completo. Sus recuerdos seguían fragmentados, su mar espiritual todavía no se estabilizaba del todo, y esa sensación persistente de vacío en su pasado no era algo que pudiera ignorar solo porque el presente comenzaba a tomar forma.
Merea siempre había sido directa. No le gustaba esconder lo que sentía ni rodear las cosas innecesariamente. Pero esta vez no se trataba solo de él. También era sobre ella, y no iba a dar una respuesta sin entender primero lo que realmente estaba pasando dentro de sí.
Aun así, no iba a ignorarlo.
Levantó la mirada nuevamente y lo observó de frente, con esa claridad que la caracterizaba, sin titubeos.
—Ryu.
Él reaccionó al instante, como si hubiera estado esperando ese momento.
—¿Sí?
Merea sostuvo su mirada, tranquila, sin presión, pero sin apartarse.
—¿Te gusto?
La pregunta fue directa, sin suavizarla.
Hyun Ryu no respondió de inmediato. No porque no supiera la respuesta, sino porque no esperaba que ella lo dijera así. Su expresión se tensó apenas, aunque no apartó la mirada.
Merea continuó, con la misma naturalidad.
—¿Estás enamorado de mí? ¿Quieres que sea tu pareja?
No había vergüenza en su voz, ni inseguridad. Solo honestidad.
Eso era lo normal para ella.
El silencio que siguió no fue incómodo, pero sí cargado. Hyun Ryu sintió cómo algo dentro de su pecho se apretaba. Había pensado muchas veces en ese momento, en qué diría, en cómo se acercaría poco a poco, en cómo ganarse su lugar sin apresurar nada. Pero no había considerado que ella diera ese paso primero.
Y menos de esa forma.
Sabía lo que sentía. Desde el momento en que la vio, algo había cambiado en él. No había sido gradual, no había sido lento. Había sido inmediato. Y eso era precisamente lo que le preocupaba.
Porque Merea no era como otras.
No era alguien que se dejara impresionar por apariencia, poder o estatus. Él lo sabía. Si hubiera sido otra, la respuesta habría sido sencilla. Pero con ella no.
Si decía la verdad tal como era…
¿lo rechazaría?
Esa idea le tensó el pecho de forma incómoda.
Aun así, no quería mentirle.
No a ella.
Exhaló lentamente, intentando estabilizarse, y en lugar de responder con palabras de inmediato, dio un paso al frente. Su movimiento fue firme, decidido. Rodeó a Merea con los brazos y la atrajo hacia él, como si ese contacto fuera lo único que podía sostener en ese momento.
El cuerpo de Merea encajó contra el suyo sin resistencia.
El calor la envolvió al instante.
Hyun Ryu inclinó ligeramente la cabeza, apoyando su rostro en el espacio entre su cuello y su hombro. La diferencia de altura lo obligó a acomodarse un poco, pero no se apartó. Su respiración se volvió más pesada, menos controlada.
El aroma de ella lo envolvió.
Suave. Natural.
Y familiar.
Su corazón latía con fuerza, demasiado evidente para alguien que normalmente mantenía el control con tanta facilidad.
Hyun Ryu no respondió de inmediato cuando Merea terminó de hablar. La cercanía entre ambos seguía intacta, el calor no se había disipado y el latido acelerado en su pecho aún no volvía a la calma. No necesitaba pensar en lo que sentía, porque ya lo sabía desde antes, pero sí necesitaba decidir cómo decirlo sin perder lo poco que ya tenía con ella. Aun así, cuando abrió la boca, no lo adornó ni intentó suavizarlo.
—Me gustaste desde que te conocí.
Su voz salió más baja de lo habitual, firme pero sin esa distancia que solía mantener. No era una frase preparada ni medida, era simplemente la verdad tal como la sentía. Sus brazos, que ya la rodeaban, se tensaron un poco más, no con brusquedad, sino con una necesidad que ya no podía esconder.
—No me rechaces.
No lo dijo como una orden ni como alguien que exige una respuesta. Fue directo, sincero, y por primera vez en él, completamente expuesto.
Merea percibió ese cambio de inmediato. No solo en sus palabras, sino en la forma en que su cuerpo reaccionaba, en la manera en que la sostenía, en cómo su respiración ya no estaba bajo control. El calor comenzó a extenderse dentro de ella sin que lo buscara, llenándole el pecho con una sensación que no esperaba. Por un instante, todo lo demás perdió peso. Incluso esa necesidad que la había llevado a buscarlo, esa urgencia de regresar al océano, se volvió lejana, casi irrelevante.
Su atención se centró completamente en él.
En el ritmo irregular de su respiración.
En el latido fuerte y claro de su corazón, que podía sentir contra su propio cuerpo.
No era algo que él estuviera ocultando, ni siquiera lo intentaba.
Y eso… la afectó más de lo que esperaba.
Sin detenerse a pensarlo demasiado, levantó los brazos y lo abrazó de vuelta. No fue un gesto tímido ni dudoso. Fue natural, claro, como todo en ella cuando se trataba de lo que sentía en ese momento.
La reacción de Hyun Ryu fue inmediata. Sus brazos se cerraron más alrededor de ella, atrayéndola un poco más cerca, como si ese simple gesto confirmara algo que necesitaba asegurar. No fue consciente de cuánto la acercaba, solo de que no quería soltarla.
Merea sintió la presión aumentar. Al inicio no le incomodó. Era firme, sí, pero también sincera. Había algo en ese abrazo que no era agresivo, sino contenido, como si él estuviera aferrándose a ese momento más de lo que debía.
Pero la presión no se detuvo ahí.
Aumentó un poco más.
Y luego otro poco.
Su respiración comenzó a acortarse, obligándola a ajustar su postura dentro del abrazo. Frunció levemente el ceño, intentando acomodarse sin apartarse de inmediato.
—Ryu… —murmuró cerca de él, con la voz baja.
No hubo respuesta.
No porque no quisiera escucharla, sino porque en ese instante estaba demasiado concentrado en no soltarla, en mantenerla ahí, como si cualquier espacio entre ellos fuera suficiente para que ese momento se rompiera.
El aire empezó a faltarle de verdad.
Merea apoyó una mano contra su pecho, sin empujarlo, solo marcando la distancia necesaria para que entendiera.
—Ryu… me estás dejando sin aire.
Eso bastó.
Hyun Ryu reaccionó como si esas palabras lo hubieran sacado de golpe de ese estado. Su cuerpo se tensó un instante antes de aflojar el abrazo y soltarla con rapidez, aunque sin alejarse del todo. Sus manos quedaron en sus brazos, firmes, como si necesitara asegurarse de que seguía ahí, de que no la había lastimado.
—Lo siento…
Su voz era baja, pero diferente. No sonaba como una disculpa ligera. Había tensión en ella, una clara conciencia de que había perdido el control por un momento.
Merea tomó aire con calma, recuperando la respiración poco a poco. No parecía molesta, solo consciente de lo que había pasado.
—Estás fuerte —dijo con naturalidad, como una simple observación.
Hyun Ryu soltó una pequeña exhalación, pasando una mano por su cabello con cierta incomodidad contenida.
—No era mi intención…
Su mirada volvió a ella, más enfocada ahora, más consciente de cada uno de sus movimientos, como si se obligara a mantener ese control que antes había perdido.
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