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Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 88

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Capítulo 88: Capítulo 88 Miradas antes del ritual

Unas horas antes, la ciudad del zorro ya se encontraba en pleno movimiento, pero el recinto principal donde se llevaría a cabo el ritual era otro mundo completamente distinto. Todo estaba dispuesto con precisión, desde los accesos hasta la ubicación de cada delegación. Guardias bien posicionados, asistentes moviéndose con rapidez contenida y una distribución clara que dejaba ver quién ocupaba cada lugar dentro de la jerarquía. Nada era casual, y mucho menos cuando se trataba de líderes.

Frey llevaba un buen rato recorriendo la ciudad antes de terminar allí. Había pasado por mercados, calles secundarias, zonas más tranquilas y otras más concurridas sin detenerse demasiado en ningún punto. Su forma de moverse no llamaba la atención, pero tampoco parecía interesado en ocultarse. Simplemente avanzaba, observando lo suficiente como para conocer el ambiente sin involucrarse más de lo necesario. No era la primera vez en este territorio , y en condiciones normales ese tipo de recorrido le bastaba para decidir dónde comer, dónde dormir y cuánto tiempo quedarse.

Esta vez no.

Porque su mente no estaba realmente en la ciudad.

Volvía una y otra vez al mismo momento, sin que él lo provocara. La imagen aparecía sola, clara, sin perder detalles: la joven hembra que había caído en sus brazos, el contacto breve, el instante en que la sostuvo y el modo en que ella había reaccionado como si no fuera algo importante. No era solo su apariencia, aunque eso ya era suficiente para destacar; era la sensación que había dejado. Algo directo, inmediato, incómodo de ignorar.

Frey frunció ligeramente el ceño mientras caminaba, metiendo las manos en los bolsillos con ese aire despreocupado que solía llevar incluso cuando estaba pensando más de la cuenta.

—Qué fastidio… —murmuró, más por hábito que por molestia real.

No le gustaba darle vueltas a ese tipo de cosas. Mucho menos cuando no había una razón clara para hacerlo. Ella no le había prestado atención, no había curiosidad, no había reacción más allá de un simple agradecimiento. Y aun así… ahí estaba, ocupando espacio en su cabeza sin pedir permiso.

Eso, más que irritarlo, le resultaba curioso.

Siguió avanzando sin prisa hasta que una figura conocida apareció frente a él, lo bastante cerca como para que no pudiera ignorarla.

—Otra vez tú —comentó con una media sonrisa.

Kei alzó una ceja apenas al verlo, manteniendo esa expresión directa que lo caracterizaba.

—Han pasado días, no años —respondió con tono plano—. No hagas como si fuera una sorpresa.

Frey soltó una risa breve.

—Siempre eres igual de directo.

—Y tú igual de evidente cuando estás distraído.

Eso le arrancó otra sonrisa, más marcada.

Se acercaron sin formalidades. No había necesidad de fingir cortesía entre ellos. Se conocían lo suficiente como para saltarse ese tipo de cosas y hablar con naturalidad desde el inicio.

—¿Sigues vagando sin hacer nada? —preguntó Kei mientras comenzaban a caminar juntos.

—Estoy observando —respondió Frey con total calma—. Es diferente.

—Claro.

La conversación se movió rápido hacia temas más concretos. Hablaron de movimientos entre clanes, de territorios que empezaban a mostrar tensiones y de ciertos líderes que estaban tomando decisiones cuestionables. Comentaron rutas comerciales, pequeñas disputas que podían escalar y alianzas que no terminaban de ser estables. No era una charla superficial, pero tampoco rígida. Había espacio para comentarios sarcásticos y observaciones sin filtro, algo que ambos manejaban con naturalidad.

Frey no mencionó nada sobre la hembra.

Ni una sola palabra.

Pero eso no significaba que no estuviera presente en su mente.

Cuando llegaron al recinto del ritual, la diferencia en el ambiente era evidente. Todo estaba organizado con un propósito claro, preparado para recibir a quienes realmente importaban dentro de ese encuentro. No hubo necesidad de esperar ni de identificarse demasiado. Su presencia era suficiente. Fueron guiados directamente a sus asientos, ubicados en una zona privilegiada con vista completa al altar.

Frey se dejó caer con naturalidad, acomodándose sin prisa.

—Al menos saben cómo recibir bien —comentó—. Esto sí vale la pena.

Kei lo miró de lado.

—No viniste por eso.

—Claro que sí.

—Mentiroso.

Frey no respondió, solo sonrió.

El intercambio continuó en ese mismo tono relajado durante un rato, hasta que en un momento Frey se levantó sin previo aviso.

—Vuelvo en un rato.

—No te pierdas.

—No prometo nada.

Se alejó con pasos tranquilos, desviándose hacia una de las zonas laterales. No era un paseo al azar, aunque lo pareciera. Tenía una idea en mente, una suposición que no le molestaba comprobar.

No tardó en encontrar lo que buscaba.

Desde cierta distancia, la vio.

La misma hembra.

Esta vez no estaba sola.

Frey se detuvo sin hacerse notar, observando con más cuidado. El joven que estaba con ella no le resultó desconocido. Bastó un instante para reconocerlo.

Hyun Ryu.

No eran cercanos, pero su identidad no era algo que pudiera confundirse. Como señor de la ciudad, su presencia tenía peso, y su reputación era conocida entre líderes.

Frey no necesitó observar demasiado para entender la situación. La cercanía entre ambos, la forma en que se hablaban, la naturalidad con la que ella permanecía a su lado… no dejaban mucho espacio para interpretaciones distintas.

—Ya entiendo… —murmuró para sí mismo.

No era complicado.

Esa hembra estaba vinculada a él.

Tal vez no de forma formal aún, pero lo suficiente como para que no fuera alguien disponible dentro de ese entorno.

Frey no reaccionó de forma exagerada. No había molestia clara en su expresión, pero tampoco indiferencia total. Observó unos segundos más, lo justo para confirmar lo que había visto, y cuando el sonido de los tambores comenzó a elevarse a lo lejos, marcando el inicio del ritual, vio cómo ambos se separaban.

Eso fue suficiente.

Se dio la vuelta y regresó a su asiento.

Cuando volvió, se acomodó como si nada hubiera pasado.

—Te tardaste —comentó Kei.

—Encontré algo interesante.

—¿Algo o alguien?

Frey lo miró de reojo, con una leve sonrisa.

—Empiezas a entenderme.

Kei resopló, pero no insistió.

Frey apoyó el brazo en el respaldo, relajado, con la mirada fija al frente.

—Este viaje mejoró bastante.

No explicó más.

Pero en su mente, la imagen seguía clara.

Y la sensación también.

No era algo que le pasara seguido.

Por eso no pensaba ignorarlo.

_________

En la zona elevada del recinto, preparada especialmente para la familia anfitriona, la presencia de Hyun Yie dominaba sin necesidad de imponerse. Estaba reclinado con una comodidad casi provocadora, como si todo lo que ocurría debajo de él fuera algo que ya había visto demasiadas veces. Su vestimenta era llamativa, elegida con intención para destacar entre los demás líderes, pero en él no parecía un esfuerzo, sino una extensión natural de su posición. A su alrededor, varias hembras se movían con cuidado, sosteniendo bandejas con frutas frescas, jarras de licor y pequeños platillos preparados con detalle. Todas eran hermosas, seleccionadas no solo por su apariencia, sino por cómo encajaban en la imagen que lo rodeaba. Hyun Yie no interactuaba demasiado con ellas; tomaba lo que quería cuando lo quería, sin siquiera mirarlas demasiado, manteniendo esa actitud perezosa que no disminuía en lo absoluto la sensación de control que transmitía.

Su mirada recorría el recinto con lentitud, evaluando cada rincón, cada figura relevante, sin apresurarse. No buscaba, no necesitaba hacerlo. Todo lo que valía la pena terminaba entrando en su campo de visión tarde o temprano. A su lado, ligeramente inclinado, se encontraba el líder actual del clan Bai, quien cumplía el papel de secretario en ese momento, una posición que no disminuía su autoridad, pero que dejaba claro el tipo de relación que mantenía con el señor de la ciudad. Su postura era respetuosa, pero su mirada no era pasiva; también observaba, también medía.

—Mi señor, la mayoría de las delegaciones principales ya han llegado —informó en voz baja, con un tono controlado—. No hay retrasos relevantes y el flujo de invitados menores se mantiene dentro de lo previsto.

Hyun Yie no apartó la vista del frente.

—¿Y el resto? —preguntó con calma, sin mostrar demasiado interés en la respuesta.

—Siguen entrando. No hay inconvenientes —respondió el líder Bai, haciendo una breve pausa antes de añadir—. Como era de esperarse, varias tribus han traído hembras destacadas.

Esa parte sí generó una reacción, aunque mínima. Hyun Yie desvió apenas la mirada, lo suficiente para indicar que la información le resultaba más interesante que el resto.

—Es lógico —dijo con un tono relajado—. Nadie viene a una reunión como esta sin mostrar lo mejor que tiene.

El líder Bai dejó escapar una leve exhalación, casi imperceptible.

—Algunas realmente sobresalen.

Hyun Yie no respondió de inmediato, pero su mirada comenzó a moverse con un poco más de intención. No era una búsqueda evidente, ni apresurada. Era una selección natural, como si simplemente dejara que lo interesante destacara por sí solo. Y no tardó en ocurrir.

Varias miradas dentro del recinto comenzaron a coincidir en un mismo punto.

Bai Sheli.

Sentada con una postura impecable, su presencia no necesitaba esfuerzo para llamar la atención. Su sonrisa era suave, perfectamente medida, y su belleza no tenía nada de discreta. Era el tipo de belleza que se imponía sin exageración, que se notaba incluso entre figuras de alto nivel. No hacía movimientos innecesarios, no buscaba miradas, pero aun así las atraía. Su vestimenta acompañaba esa imagen, elegante, cuidada, diseñada para resaltar sin perder refinamiento.

Hyun Yie la observó un instante, sin prisa.

—No ha cambiado —comentó, apoyando ligeramente el mentón en su mano.

El líder Bai siguió su mirada hacia su hija, sin alterar su expresión.

—Siempre ha sabido destacar.

—Y lo hace bien —añadió Hyun Yie con calma.

Alrededor, los visitantes no podían evitar mirarla. Algunos lo hacían con interés abierto, evaluando lo evidente; otros con más cautela, midiendo las implicaciones de ese interés antes de siquiera considerar actuar. Porque no era solo su belleza lo que estaba en juego.

También era su posición.

Y lo que se decía de ella.

El rumor no era reciente ni débil. Se había extendido lo suficiente como para que nadie dentro de ese entorno lo ignorara.

Bai Sheli estaba interesada en Hyun Ryu.

No era un secreto.

Y eso bastaba para marcar un límite claro.

Nadie quería generar una fricción innecesaria con el señor de la ciudad anfitriona, mucho menos en un evento de ese nivel. Así que las miradas se quedaban en eso… miradas. Interés contenido. Evaluación sin movimiento.

Hyun Yie desvió la vista sin darle mayor importancia, como si ya hubiera sacado la conclusión que le interesaba.

—Una pieza útil —comentó con tranquilidad—. Pero ya posicionada.

El líder Bai no respondió de inmediato. Su silencio no era desacuerdo, sino confirmación.

—Así es —dijo finalmente.

Ambos entendían perfectamente lo que implicaba. En ese tipo de reuniones, la belleza no era solo un rasgo atractivo. Era una herramienta, una carta dentro de un juego mucho más amplio, una forma de negociación que podía definir alianzas o tensiones dependiendo de cómo se utilizara.

El sonido de los tambores comenzó a intensificarse en ese momento, extendiéndose por todo el recinto con un ritmo profundo que no dejaba espacio para distracciones. Las conversaciones se redujeron de forma natural, las miradas comenzaron a dirigirse hacia el centro y el ambiente cambió sin necesidad de indicaciones.

Hyun Yie no se movió de su lugar. No lo necesitaba. Desde donde estaba, tenía una vista perfecta de todo lo que iba a ocurrir.

Su expresión seguía siendo la misma: relajada, casi desinteresada en apariencia, pero con esa atención constante que no se perdía ningún detalle.

A su lado, el líder Bai también guardó silencio, centrando su atención en el altar.

El ritual estaba por comenzar.

La creación es difícil, ¡anímame!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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