Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 76
- Inicio
- Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare.
- Capítulo 76 - Capítulo 76: Capítulo 75: El linaje inmortal
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 76: Capítulo 75: El linaje inmortal
Año 423K
Narrador POV
—¡¿Por qué no me avisaste?!— gritó Luke, furioso.
—Ya te lo dije— respondió con calma—. Además de Ryo, hay gente allá afuera que también tiene esas pulseras— explicó con rapidez.
—Es seguro que aprovecharon el intento de asesinar a Ryo para atacar a Ariel—
La voz de Hitogami se mantenía serena, medida… casi reconfortante.
—¿Ese… era realmente Rudeus?— preguntó Luke, dudando.
Por un instante, el silencio se hizo pesado, pero todo era parte del juego y Hitogami sonrió.
—¿Lo ves, hijo mío?— dijo con suavidad.
—Incluso en una situación como esta, sigues preocupado por tu amiga. Por eso te elegí… confío en ti, por ese corazón tuyo—
Sus palabras cayeron con precisión, como si hubieran sido ensayadas.
Dando el aire a la entidad benevolente que queria aparentar.
—Respondiendo a tu pregunta… sí, lo es. Rudeus se desvió del camino. Y ahora… buscará asesinar a la princesa a toda costa—
La expresión de Luke se tensó.
—Y como ya viste…— continuó Hitogami— tu amiga no será un impedimento para que logre su objetivo—
El peso de esas palabras cayó sobre él sin piedad.
Luke bajó la mirada.
—¿Quien lo envió?—
—Probablemente fue Darius—
Con eso último su sentido del deber y su propósito lo comenzó a aplastarlo desde dentro, como si verdaderamente cayera en sus hombros.
Y sin saberlo ese peso no era algo que quisiera llevar.
Luke ya había caído.
Porque en ese mismo instante no era más que otra pieza en el tablero del Dios Humano.
…
Después de la celebración en el gremio, que en realidad no había terminado, los cuatro adolescentes se encontraban en la mansión donde vivían.
—¿Por qué hiciste eso?— preguntó Rudeus mientras salteaba un plato de arroz frito.
Isolte y Nina no dijeron nada. La pregunta no era para ellas.
—Ella merece saber— respondió Eris.
—Tú no entiendes…— dijo con calma, levantando y bajando la sartén con rapidez, dejando que el arroz se elevará antes de volver a caer.
—Sí lo entiendo. Nos ocultaste quién eras todos esos meses en el Santuario del Dios de la Espada, quiero que ella se salte esa parte—
—Me estaba escondiendo… y ahora también—
—Yo las hubiera protegido siendo Ryo o Rudeus, no importaba si se enteraban o no— respondió, volteando la cabeza hacia ella un instante antes de volver a cocinar.
—¡¿Entonces planeabas esconder eso para siempre de nosotras?!—
—Sí, lo iba a hacer. Las circunstancias de ese día fueron muy específicas… además, yo no revelé nada— respondió un poco más molesto.
—¡¿Como ahora?! Sé que guardas más secretos. ¡El enmascarado me lo confirmo!—
Rudeus dejó de mover el arroz por un instante… antes de continuar como si nada.
—A ella no la estás cuidando como a nosotras, ella está sola— continuó Eris sin dudar.
El sonido de la sartén cesó definitivamente.
Rudeus dejó el arroz sobre la flama… y la apagó.
Sin decir una palabra más, salió de la habitación antes de que el sonido de azote en la puerta principal cerrará toda interacción.
Eris bajó la mirada, consciente de que lo había acorralado en algo demasiado delicado para él.
Isolte y Nina intercambiaron una mirada incómoda, sin saber qué decir.
El silencio se volvió pesado.
Pero alguien que sabía sobrellevar este tipo de cosas mejor que las demás decidió hablar.
—Entonces… él no se va a comer su parte ¿verdad?— preguntó Isolte al final.
…
Frente al lago cercano a la mansión, Rudeus sacó un pergamino enrollado de su almacenamiento.
Con un leve flujo de maná, lo abrió, y de él emergió, casi como una invocación, una botella de sake.
Se sentó en posición meditativa… muy distante de lo que realmente haría.
Con un ‘pop’ la botella se abrió.
—Hmm…— murmuró, aspirando el fuerte aroma del alcohol antes de dar un largo trago.
Beber sake no era solo un escape en el sentido de embriagarse.
También era una forma lejana de recordar su vida pasada, una que, aunque marcada por el dolor, aún conservaba pequeños momentos que no podía ignorar.
Era una bebida que su hermano le había hecho probar en más de una ocasión a pesar de su corta edad.
Y aunque ahora su recuerdo estaba manchado… seguía aferrándose a él.
No quería recordarlo, de hecho quería olvidar todo de ese mundo.
Pero tal vez había un motivo que lo impulsaba a hacer esto.
Quizá porque, incluso con todo lo ocurrido seguía necesitando algo a lo que llamar pasado y así mirar mejor el presente.
—¿Interrumpo algo?— preguntó una figura desde atrás. Un leve hilo de humo escapaba del orificio donde debería estar uno de sus ojos.
—Solo estoy pensando— respondió Rudeus sin mirarlo.
El enmascarado se sentó a su lado, como si nada, y le ofreció un cigarro.
—¿Quieres?—
—No fumo— contestó sin dudar.
—Bebes pero no fumas jaja… bueno tú te lo pierdes— dijo, colocando el cigarro en el otro orificio de su máscara, donde debería estar su segundo ojo.
Rudeus se levantó de golpe.
—Okey esto es extraño— dijo apresuradamente sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.
Sin querer se imaginó a sí mismo fumando por su ojo, usando su párpado para hacer la calada y aunque no debería, verlo tan realista frente a él, lo hizo asquearse.
—Jajaja, siempre funciona—
—¿Qué funciona?— preguntó, molesto.
—¿Ya dejaste de pensar en lo de antes?— respondió el enmascarado con tono divertido.
Rudeus hizo una pausa.
—Bueno… sí, pero me acabas de hacer acordar—
—Es un comienzo—
…
—Nuni Nano Las estuvimos buscando por todas partes—
Rudeus lo escuchó al entrar pero no estaba de humor para hablar.
Sin hacer ruido, subió rápidamente a la planta baja.
En el sótano, además de la muñeca cuidadosamente contenida, había un escritorio y una enorme mesa cubierta de bocetos de círculos mágicos.
Para Rudeus, era momento de volver a estudiarlos pero no era solo para ayudar a Nanahoshi.
Kaito seguía ahí fuera.
Un enemigo formidable, oculto en algún lugar del mundo, esperando el momento para acabar con él.
Y si quería vencerlo tendría que superarlo.
Entre el equipo que siempre llevaba en combate, estaban su espada, su escudo y una gran cantidad de papel, algunos ya completos y otros listos para ser llenados con círculos mágicos.
Entre ellos tenía varios tipos como de desbloqueo de maná, de eliminación por superposición, trampas de gravedad y algunos de almacenamiento.
La teoría de ellos era simple.
El círculo de desbloqueo era la inversa de uno que bloqueaba el maná.
El de bloqueo impedía que el maná circulara de forma ordenada impidiendo usarlo de cualquier forma… y el de desbloqueo lo reorganizaba.
Sencillo en teoría.
Un infierno en la práctica y por eso era del que más tenía listo para usarlo.
Por otro lado, los círculos de eliminación por superposición evitaban que otros círculos mágicos obtuvieron maná suficiente para activarse, almacenando este maná y disipandolo.
Los de almacenamiento, en cambio, resultaban más simples de lo que esperaba.
Consumían maná para mantener un objeto en estado de energía pura… y luego lo reconstruyen a su forma original también complicados de hacer pero muy útiles.
Dejando de lado todo eso, Rudeus había bajado con un objetivo claro.
Desarrollar formas de contrarrestar las habilidades de sus enemigos y potenciar las suyas.
Porque sus enemigos no esperarían.
Y él tenía que seguirles el ritmo.
No había margen de error.
…
Bajo la nieve incesante, que desde hacía más de un año no dejaba de caer, dos figuras yacían enterradas bajo capas interminables de hielo, cubiertas apenas por una fina capa de tierra.
Pero en ese momento recobraron la conciencia.
Para su desgracia, sus destinos habían sido marcados desde su nacimiento.
Eran piezas, cartas dentro del juego de Hitogami, herramientas destinadas a ser usadas para controlar el mundo.
El maná que componía sus conciencias fue arrastrado a un espacio blanco y etéreo, donde poco a poco ambos comenzaron a despertar.
Nadie sabía qué pasaba por la retorcida mente de Hitogami. Nadie excepto Hitogami.
Mack abrió los ojos. Acostado, mirando hacia arriba, sentía una paz antinatural recorrer su cuerpo.
—¿Así se siente la muerte?… No parece algo tan malo…— murmuró, observando la inmensidad que lo rodeaba.
El vacío era el centro del mundo de las seis caras, una dimensión infinita contenida dentro de otras seis, formando una especie de cubo.
Lo que parecían ser estrellas brillaban en colores vivos, y en lugar de un cielo oscuro, todo estaba envuelto en un blanco absoluto.
Mack contempló el paisaje durante un largo tiempo, dispuesto a perderse en esa calma por la eternidad.
—¡AHHH!—
Un grito desgarrador rompió el silencio. Mack se giró molesto, solo para encontrarse con su hermano.
—¡¿Jack?!—
Corrió hacia él. Jack se sujetaba la cabeza, con el rostro distorsionado, pasando sus manos una y otra vez por su cabello.
—¿Fue… solo un sueño…?— murmuró al calmarse un poco.
—No creo que los sueños se compartan— respondió Mack con seriedad— Creo que estamos muertos—
Jack lo miró fijamente, procesando lo dicho.
—¿También te mató a ti…?— susurró, antes de abrir los ojos con alarma—¡Espera! ¿Dónde está Rack entonces?!
—Cálmate— dijo Mack, colocando una mano firme sobre su hombro.
— No lograrás nada alterándote. Si no está aquí… significa que probablemente sigue vivo—
—Cálmense— dijo una voz a sus espaldas—. Ninguno de ustedes está muerto… y mucho menos su hermano.
Ambos reaccionaron de inmediato, girándose y apuntando con sus armas a la figura que acababa de aparecer. El hecho de no haber sentido su presencia antes era alarmante.
—¿Quién mierda eres?— dijo Jack, colocando su espada en el cuello del desconocido.
—Cálmate— respondió la figura con burla— No estás en posición de amenazarme—
—Dilo cuando tengas un arma— añadió Mack, apuntándole también.
El hombre sonrió.
—No creo que quieran pelear—
Su figura se distorsionó. En un instante, Mack ocupó su lugar, sintiendo el filo peligrosamente cerca de su propio cuello y su espada ahora estaba en el cuello de su hermano.
Ambos reaccionaron rápido y retiraron las armas.
—Después de todo— continuó la voz desde otro punto—Este mundo es mío— usó otra pausa dramática antes de volver a hablar.
—Aun con todo eso, si de alguna forma me mataran… sería el fin de todo—
Hitogami comenzó a caminar en círculos alrededor de los hermanos, mientras ambos permanecían en guardia.
—¿Qué les parece si me escuchan?— dijo con calma deteniendo su paso.
Mack dudó un segundo antes de asentir dándole una señal a Jack para calmarse.
Ambos bajaron sus armas, que inmediatamente se desvanecieron en humo junto a sus vainas.
—¿Pero qué…?— murmuró Mack.
La sonrisa de Hitogami dejó claro que era obra suya.
—Está bien… te escuchamos— dijo, intentando mantener la compostura.
Su mente trabajaba a toda velocidad, pero enfrentarse a un ser capaz de alterar la realidad hacía que cualquier plan pareciera inútil.
Hitogami se detuvo frente a ellos, su sonrisa ensanchándose.
—Perfecto…— dijo con satisfacción— Entonces hablemos de Rudeus Greyrat—
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com