Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Nacido de la Niebla - Capítulo 14

  1. Inicio
  2. Nacido de la Niebla
  3. Capítulo 14 - 14 Capítulo XIV El pacto
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

14: Capítulo XIV: El pacto 14: Capítulo XIV: El pacto Durante unos segundos nadie se movió.

El río corría bajo el puente con aquel murmullo oscuro y constante que se parecía demasiado al sonido de una respiración profunda.

La niebla flotaba sobre el agua como una sábana viva que se deslizaba lentamente entre los pilares de piedra, y el aire se había vuelto pesado, tan inmóvil que cada uno de nosotros parecía respirar con cuidado para no romper aquel silencio.

Agramor estaba frente a nosotros.

No caminaba como lo haría un hombre común.

Cada paso suyo parecía una decisión del mundo mismo.

Su capa negra caía con elegancia sobre los hombros, moviéndose con una lentitud casi ceremonial, como si una brisa invisible le perteneciera solo a él.

Serah estaba arrodillada junto a Eldran.

Maelor también.

Los dos intentaban sostener su cuerpo.

Aldric permanecía de pie unos pasos detrás de mí, con la espada ya desenvainada.

—¡Capitán!

—gritó Serah—.

¡No respira!

Me arrodillé junto a ellos.

La piel de Eldran estaba fría.

Como de un frío final.

La herida de su costado se había abierto por completo, y la sangre que brotaba de ella ya no era roja.

Era negra, espesa y brillante como alquitrán fresco, y corría lentamente por las piedras antiguas del puente formando pequeñas venas oscuras que serpenteaban hacia los pies del Diablo.

Agramor observaba la escena con una serenidad que resultaba insoportable.

—La herida negra —murmuró con curiosidad—.

Siempre me ha parecido un efecto secundario fascinante.

Levanté la vista hacia él.

—Si viniste a mirar, ya viste suficiente.

Agramor inclinó ligeramente la cabeza.

—No exactamente —dio un paso hacia nosotros —.

Vine a conversar.

Maelor apretó los dientes mientras sostenía el cuerpo de Eldran.

—Pues habla rápido.

Agramor dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Oh, no hay prisa — sus ojos descendieron lentamente hacia el cuerpo que Serah y Maelor sostenían —.

Después de todo… tu amigo ya no está exactamente con ustedes.

Señaló la herida con un gesto tranquilo.

Sentí cómo Aldric tensaba los hombros detrás de mí.

—¿Qué quieres decir?

—preguntó Serah.

Agramor volvió a mirar a Eldran con una calma casi afectuosa.

—La herida negra no es solo una herida: es una invitación —su voz era suave, casi pedagógica, acompañada del viento que soplaba sobre el río —.

El lobo que lo mordió no fue una simple bestia.

Era uno de los míos.

Y esa mordida deja una marca.

Lo que ven ahora no es solo sangre escapando de su cuerpo.

Es su alma volviendo a casa.

El silencio cayó sobre el puente.

Serah negó con la cabeza.

—No.

Agramor sonrió.

—Sí —sus ojos se posaron sobre mí —.

Tu amigo ya está más cerca de mí… que de ustedes.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Maelor apretó con más fuerza el cuerpo de Eldran.

—Capitán —murmuró—, hay que actuar rápido.

La respiración de Eldran era apenas un temblor en su pecho.

Agramor dio otro paso hacia nosotros.

—Pero todavía no ha cruzado del todo.

La última linea lo espera —levantó un dedo — y eso nos deja un margen interesante para negociar.

Aldric levantó su espada.

—No vamos a negociar nada contigo.

Agramor ni siquiera lo miró.

Sus ojos seguían clavados en mí.

—Tienes dos opciones, Capitán.

Puedes intentar matarme —una leve sonrisa cruzó su rostro —.

Muchos lo han intentado…

O podemos hacer un trato.

No respondí de inmediato.

Serah levantó la vista hacia mí.

—Capitán… Agramor continuó hablando.

—Puedo salvarlo.

Cerrar esa herida, devolverle el aliento.

Arrancarlo de las tinieblas mismas de mi reino.

Maelor frunció el ceño.

—¿Y qué quieres a cambio?

La sonrisa de Agramor se volvió más amplia.

—No es algo que puedas ofrecer tú —sus ojos ardieron en la penumbra —.

Lo quiero a él.

Quiero su mente.

Sentí algo moverse dentro de mi pecho.

Una presión vieja.

Una puerta cerrada.

—Sé que no recuerdas muchas cosas, Capitán —continuó Agramor con suavidad—.

La niebla se encargó de eso.

Pero dentro de tu cabeza hay algo que me pertenece —se inclinó levemente hacia adelante — y lo quiero devuelta.

El río golpeaba los pilares del puente cada vez más fuerte.

—Tus recuerdos, tus secretos, tus nombres olvidados…

tus guerras y tus dioses.

Todo.

Sus ojos brillaron con un hambre antigua.

Serah se levantó de golpe.

—¡No!

Agramor la ignoró.

—A cambio… los liberaré a todos —señaló al grupo con un gesto amplio —Aldric, Serah, Maelor.

Incluso a este pobre hombre que ya está a medio camino hacia mí —sus ojos volvieron a los míos —.

Los dejaré abandonar el valle sin persecuciones.

Sin trampas ni juegos.

Aldric apretaba con bronca la empuñadura de la espada.

—Capitán, solo de la orden ¡De la maldita orden!

Maelor también habló.

—Esto huele a mentira.

Pero Agramor continuaba con una sonrisa tranquila.

—Un recuerdo, cuatro vidas.

Me parece un precio razonable.

Al fin y al cabo ¿un capitán no debe sacrificarse por su tropa?

Sentí algo extraño dentro de mi cabeza.

Como si aquellas palabras hubieran golpeado una puerta olvidada.

Un eco.

Una sombra.

Una sensación de haber escuchado su voz antes.

Notpe que había llevado mis manos a mi cabeza, tratando de apretarla incluso con el casco puesto.

Serah me trajo de vuelta.

—¡No lo hagas!—grtió Maelor miró la herida de Eldran.

La sangre negra seguía corriendo.

—Capitán… —Agramor extendió la mano hacia mí —Tic tac, tic tac…

El tiempo se termina.

Dame tus recuerdo y todos serán libres.

El viento comenzó a soplar nuevamente sobre el puente.

La niebla se arremolinó entre nosotros.

En mi mente todo se detuvo por un instante, todo parecía transcurrir en un letargo: Eldran dejando escapar un último aliento, Serah gritando mi nombre, Aldric dando un paso al frente y Maelor frotando sus anillo.

Entonces algo ardió en mi interior.

Una furia ancestral, un fuego de miles de años que traía las voces de mis hermanos caídos.

Desenvainé la espada y arremetí contra el Diablo, cegado por la ira, sin saber si tenía la fuerza necesaria para ganar la batalla.

De lo que estaba seguro, era que no iba a perder.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo