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Nacido de la Niebla - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 Capítulo XXI La condena
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21: Capítulo XXI: La condena 21: Capítulo XXI: La condena La risa de la bruja no se parecía a nada humano.

Hacia que el aire vibre y se agriete hasta colarse en la cabeza y arañar desde dentro.

Cuando su piel terminó de desgarrarse y dejó ver aquello que realmente era, comprendí que no estábamos ante una simple criatura del valle, sino ante algo antiguo… algo que llevaba demasiado tiempo jugando con los hombres.

Su cuerpo se retorció hasta adoptar una forma grotesca.

Los huesos parecían mal acomodados bajo la piel oscura y velluda, las extremidades más largas de lo que deberían, los dedos quebrados terminados en garras negras como raíces muertas.

Su rostro… si es que aún podía llamarse así… conservaba fragmentos de la anciana, pero estirados y deformados por una mueca que no era sonrisa ni amenaza, sino ambas cosas al mismo tiempo.

—Ahora sí… —susurró—.

Ahora sí podemos hablar.

No le respondí.

No hacía falta.

La criatura avanzó un paso, y con ese simple movimiento, el suelo mismo pareció reaccionar.

Las piedras crujieron, el aire se volvió más denso, y el eco de los llantos infantiles regresó con más fuerza.

—Mantengan la formación —ordené, sin levantar la voz.

Aldric ya estaba a mi lado antes de que terminara de hablar.

Su espada se alzó firme, lista.

Serah retrocedió unos pasos, sus manos ya trazando movimientos circulares, invocando algo para protegernos.

Maelor continuaba murmurando palabras mágicas en voz baja, con una concentración que no admitía distracciones.

Y Eldran… Eldran estaba estático con sus ojos estaban fijos en la criatura.

No con miedo, sino más bien como con reconocimiento.

—Eldran —dije.

Tardó un segundo en reaccionar.

Luego alzó una mano, y el aire a su alrededor vibró como si algo invisible comenzara a tensarse.

—Estoy bien —respondió, aunque su voz no sonaba del todo suya.

La bruja sonrió.

—Claro que lo estás… —sus ojos se clavaron en él—.

Tú eres especial.

No le di tiempo a continuar.

Avancé.

Mi escudo recibió el primer impacto de sus garras con un estruendo seco que me recorrió todo el brazo.

La fuerza fue brutal, antinatural, suficiente como para haber partido a un hombre común en dos.

Pero no retrocedí.

Clavé los pies en el suelo y empujé.

—¡Ahora!

Aldric se movió como una sombra a mi costado.

Su espada descendió en un arco limpio, buscando el flanco de la criatura.

La hoja impactó, pero no como debía.

La carne de la bruja cedió… y luego se cerró parcialmente, como si no terminara de aceptar el daño.

—¡No es suficiente!

—gruñó.

—Nunca lo es —respondí.

Un estallido de energía cruzó el aire.

Maelor había lanzado un proyectil oscuro que impactó contra el pecho de la hag, haciéndola retroceder varios pasos.

Por un instante, su forma pareció desestabilizarse en un equilibrio frágil.

—¡Manténganla contenida!

—gritó el hechicero.

Serah levantó los brazos, y del suelo comenzaron a emerger raíces de formas retorcidas, negras, enferma.

Se enroscaron alrededor de las piernas de la bruja, sujetándola con una fuerza creciente.

La criatura chilló de furia.

—Creen que pueden detenerme… —susurró, mientras su cuerpo comenzaba a tensarse—.

Creen que pueden cambiar lo que ya está escrito… Eldran dio un paso al frente.

Sus manos se alzaron lentamente, y el aire a su alrededor se oscureció.

—Cállate —le ordenó sin gritar.

Una descarga surgió de él, pura, densa, cargada de una energía que no había visto antes.

Impactó directamente contra la bruja, haciendo que su cuerpo se arquease hacia atrás con violencia.

Por un instante… funcionó.

—¡Aldric!

—grité.

De forma inmediata, el guerrero avanzó con todo el peso de su cuerpo detrás del golpe, buscando terminar el trabajo.

La espada trazó un arco perfecto.

Pero la bruja se liberó.

Las raíces estallaron en pedazos.

Su brazo se extendió de forma oblicua, como un látigo, golpeando a Aldric en el pecho y lanzándolo varios metros hacia atrás.

Su cuerpo impactó contra el muro de una casa.

La pared cedió con un sonido seco, y los escombros cayeron sobre él.

—¡No!

—rugió Serah.

Corrí a interceptar el siguiente ataque con el escudo, aunque esta vez la fuerza me obligó a retroceder un paso.

Sentí el metal vibrar, protestar.

—Se están quebrando… —susurró la bruja—.

Uno por uno… Maelor lanzó otro hechizo, esta vez más preciso.

Una descarga directa al rostro.

La criatura se giró, furiosa, y por un segundo dejó de prestarme atención.

Ese instante fue suficiente.

Aldric se levantó de entre los escombros.

Respiraba con dificultad, pero sus ojos… sus ojos estaban encendidos.

Sin decir nada, simplemente avanzó.

Mientrás la hag se encargaba de Maelor con un hechizo electrizante, vio venir al guerrero por el rabillo del ojo, y esta vez no esquivó.

—Tú… —lo señaló y Maelor cayó al suelo tieso —Tú eres interesante… Aldric no se detuvo.

La espada volvió a alzarse.

—Hay más en la oscuridad para ti… —continuó la criatura— de lo que estás dispuesto a aceptar… El golpe descendió.

Esta vez, el metal no falló.

La hoja atravesó el cuello.

Hubo un instante de resistencia.

Luego… cedió.

La cabeza se separó del cuerpo en un corte limpio.

El cuerpo permaneció de pie unos segundos más, temblando, como si no terminara de comprender lo que había sucedido.

La cabeza rodó hasta los pies de Serah.

E incluso separada de su cuerpo, sonrió y dijo: —Capitán… Tu indiferencia… los matará a todos… Sentí el peso de esas palabras como un golpe.

—Aldric… —continuó—.

Pronto sabrás… lo que realmente eres… Maelor te quedarás solo y Serah, aprenderás a amar… en la oscuridad… Todos estábamos perplejos.

—Eldran… —dijo finalmente — rey sin corona… El cuerpo comenzó a desmoronarse hasta caer y la cabeza se derritió en una brea verde y biscoza.

Luego, el silencio se apoderó del lugar.

Los niños habían dejado de llorar y la noche se había transformado en día.

Siguió el alivio por segundo, hasta que un hombre joven vestido de cura salió corriendo de la iglesia hacia nosotros.

En su rostro se dibujaba una expresión de terror infernal.

—Pero…

¿qué han hecho?

—dijo como un lamento— ¡Nos han sentenciado a todos!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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