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Nacido de la Niebla - Capítulo 27

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27: Capítulo XXVII: Revelaciones 27: Capítulo XXVII: Revelaciones Corrí hacia el molino con la determinación de quien ya ha dejado de dudar, aunque el cuerpo no acompañe y cada paso sea una discusión abierta contra el dolor.

La tierra se quebraba bajo mis botas con un sonido seco y profundo, como si caminara sobre algo que ya había sido destruido mucho antes de que yo llegara, y sin embargo persistiera por pura obstinación.

El latido del molino seguía marcando el ritmo de todo, pero ya no lo percibía como algo externo; se había instalado en mi pecho, acompasando mi respiración y arrastrándome hacia adelante con una insistencia que no me pertenecía del todo.

A medida que avanzaba, la realidad comenzó a deformarse.

No fue inmediato ni violento.

Primero fue una sensación leve, casi imperceptible, como si el aire hubiera cambiado de densidad.

Luego los sonidos empezaron a llegar desfasados, como ecos que no coincidían con los movimientos que los generaban.

Finalmente, el mundo se abrió a mi alrededor.

Vi el molino.

Vi a Aldric sosteniendo la línea con la espada en alto, cada golpe cargado de una furia que ya no era solo supervivencia.

Vi a Serah retrocediendo mientras invocaba lo que aún le quedaba de fuerza.

Vi a Maelor luchando por mantenerse en pie.

Y vi a Eldran… inmóvil, rodeado de un fuego que no terminaba de comprender.

Tardé unos segundos en comprender hasta que me di cuenta que no era solo una imagen todo eso que transcurría frente a mis ojos.

Era una posibilidad y estaba solo en mi mente.

Me vi llegando hasta ellos, entrando en el combate, sintiendo el impacto de cada golpe, el peso de cada decisión.

La lucha se inclinaba a nuestro favor con una lentitud cruel, como si el valle mismo dudara antes de ceder.

Las brujas gritaban.

Sus cuerpos se retorcían bajo el acero y la magia.

Finalmente caían y por un instante… ganábamos.

Pero ese instante no duraba más que un suspiro.

Porque detrás de esa victoria, el acantilado reclamaba su precio.

Los niños avanzaban sin detenerse, uno tras otro, como si la caída fuera parte de un ritual que debía completarse inexorablemente.

No gritaban.

No luchaban.

Simplemente desaparecían en la niebla, tragados por una profundidad que no devolvía nada.

Sentí el peso de cada uno de ellos como si cayeran dentro de mí, y comprendí, sin necesidad de palabras, que aquella victoria no era tal cosa.

El valle se oscurecía.

No en apariencia, en esencia.

Y entonces lo vi a él, observando satisfecho, como si aquella elección hubiera sido exactamente lo que esperaba.

La visión se quebró antes de que pudiera sostenerla para darle paso a la siguiente.

Tan veloz que no me dio tiempo a prepararme.

Esta vez no corría hacia el molino.

Me veía detenerme, girar sobre mis pasos y tomar un camino distinto, uno que no recordaba haber visto antes, pero que sin embargo me resultaba inevitable.

La niebla se abría frente a mí como si me reconociera, guiándome hacia algo que se sentía como un anhelo ajeno.

El molino quedaba atrás.

El combate seguía sin mí.

Y lo supe antes de verlo.

Aldric caía.

No de inmediato, no sin resistir, pero su final era tan claro como inevitable.

Serah gritaba su nombre con una desesperación que me atravesó incluso desde la distancia de aquella visión.

Maelor desaparecía, absorbido por algo que no alcanzaba a distinguir.

Y Eldran se desintegraba, como si hubiera cruzado un límite que yo no podía seguir.

El valle permanecía.

El molino también y yo quedaba solo, pero a mi alrededor la niebla desaparecía y los límites se hacían claros, la naturaleza tomaba forma y el sol surgía en un brillante amanecer ocre.

Las dos realidades colisionaron dentro de mí con una violencia que me obligó a detenerme.

El aire se volvió pesado, el suelo dejó de ser firme y durante un instante tuve la sensación de que, si intentaba dar un paso más, terminaría rompiéndome junto con todo lo demás.

No era una elección.

Era una condena.

Y en medio de ese colapso… apareció.

La carta.

No la busqué.

No la recordé.

Simplemente estaba en mis manos, como si siempre hubiera estado ahí, esperando el momento adecuado para revelarse.

El papel estaba gastado, áspero, con marcas que no podía identificar, pero la escritura… la escritura era mía.

Lo supe antes de leerla.

Estimado Arven, Te escribo aún bajo un cielo que no pertenece.

Un cielo más que me es ajeno.

Tus advertencias de la noche y la oscuridad no fueron en vano.

Gracias a ellas aún me mantengo en pie en esta simulación a la que algunos atrevidos arriesgan a llamar vida.

Añoro nuestro reencuentro con la secreta esperanza de que aún albergues algo de mí y de mis recuerdos.

Algo que quizás murmuré antes de perder mi nombre.

Las noches por acá guardan historias que me gustaría negar pero que el viento me las recuerda a cada suspiro llenando mis memorias de miedos y olvidos.

Volví a verme con el diablo y me perdonó la vida otra vez.

En otra ocasión hubiera preferido morir, pero un terror me invadió al punto de quedar paralizado.

Quizás la tercera sea la vencida y eso me satisface sin importar de qué lado de la moneda caiga el destino: venganza o placer.

Ahora viajo en compañía de valerosos guerreros a quienes respeto y admiro.

Perderlos sería un golpe directo a mi orgullo.

Una repetición de mi arribo fallido a estas tierras.

Un juego macabro del diablo que me recuerde que estoy a su merced.

No sé qué será de nosotros, si es que hay algo real en esto que compartimos.

Tal vez terminemos pateando las puertas de este infierno hasta el fin de los tiempos.

O tal vez nos vayamos de acá por la puerta grande que habita en el fondo de la niebla.

Pero para ello debo aceptar que no puedo salvarlos a todos.

Eso está en manos de cada uno, porque ellos pueden manejarlo.

Cada uno elige su propia salvación y yo tengo que luchar por la mía.

Dejar que las cosas fluyan de forma sencilla, liberar la furia reprimida que hay en mi y abandonar la idea de resolver este acertijo de forma impuesta.

Aceptar que los días del pasado fueron toda mi aventura, que no me quedan más batallas y nadie me espera del otro lado.

Es momento de romper las paredes del laberinto y aceptar que a lo que le temo es a volver a perder, aunque sepa que todo está perdido.

Llegó mi momento de actuar.

Voy a tomar a Agramor por el cuello y gritarle en la cara que ya lo perdí todo.

Voy a contarle de mi propia oscuridad y que ahora mis miedos son sus miedos.

Porque él me invitó a sus tierras, mató lo que más amaba y con ello murió mi corazón.

Ahora voy a devolverle el favor e invitarlo a vivir una eternidad en mi mundo en tinieblas.

Guardo una oración por tu familia, y aguardo el momento de volver a someter otra vez mi paladar a la bohemia de tus vinos.

Desde algún lugar de la niebla, te saludo.

Siempre coronando las vigilias.

Munin Huginsson El Capitán de las Olas.

Cuando terminé de leer, no quedaba nada del ruido.

Las visiones habían desaparecido.

El combate continuaba a la distancia y mis compañeros se replegaban dentro del molino.

Pero dentro de mí… algo había cambiado.

El nombre que firmaba la carta no era una respuesta.

Era una pieza que volvía a encajar.

Sentí cómo las dudas que me habían detenido hasta ese momento comenzaban a desmoronarse, no porque hubiera encontrado una solución, sino porque finalmente entendía la naturaleza del problema.

No se trataba de elegir correctamente.

Se trataba de aceptar el peso de cualquier elección.

Y por primera vez… esa carga no me resultó ajena.

Cerré la mano para darme cuenta que el papel seguía ahí.

No había sido una ilusión.

Levanté la vista hacia el molino y luego hacia el camino que se abría en dirección contraria, oculto entre la niebla.

Ambos seguían ahí.

Ambos eran reales.

Pero ya no eran lo mismo.

Di un paso al frente apretando los dientes, sintiendo cómo el mundo volvía a sostenerse bajo mis pies con una firmeza distinta, como si hubiera dejado de resistirse a mi presencia o, tal vez, como si yo hubiera dejado de resistirme a él.

—Mantenga la linea, Capitán — me dije en voz alta.

Dejé caer la carta al suelo y avancé directo al molino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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