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Nacido de la Niebla - Capítulo 8

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  3. Capítulo 8 - 8 Capítulo VIII Hombre lobo
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8: Capítulo VIII: Hombre lobo 8: Capítulo VIII: Hombre lobo El aullido volvió a escucharse.

No era el lamento de un animal perdido en el bosque ni el eco distante de un lobo solitario.

Aquello tenía peso, tenía intención.

El sonido recorrió las calles de Valdrem como una cuchilla invisible, deslizándose por los muros, filtrándose entre las rendijas de las casas abandonadas.

Sentí cómo Eldan se tensaba contra el hombro de Serah.

—La herida… —murmuró con la voz quebrada—.

Arde.

Maelor se inclinó sobre él de inmediato.

—¿Arde cómo?

Eldan cerró los ojos con fuerza, como si intentara aplastar algo que latía dentro de su pecho.

—No es dolor… es… como si me estuviera llamando.

El viento sopló de nuevo.

Otro aullido.

Más cerca.

Aldric giró lentamente sobre sí mismo, buscando entre la niebla.

—Nos encontró.

Lyria no parecía sorprendida.

Sus ojos recorrían las casas del borde del pueblo con la atención de alguien que esperaba exactamente ese momento.

—No los encontró —corrigió en voz baja—.

Lo trajeron.

Serah apretó la empuñadura de su arma.

—¿Qué quieres decir?

Lyria señaló la herida negra de Eldan.

—El Diablo siempre participa en la cacería.

Maelor levantó la mirada hacia ella.

—¿A través de la bestia?

—A través de lo que quiera.

El aullido volvió a cortar el aire.

Esta vez no estaba lejos.

Un golpe seco resonó en algún lugar entre las casas del extremo del pueblo.

Madera quebrándose.

Algo pesado desplazándose con violencia entre los muros.

Eldan se retorció.

—Está cerca… —su voz era apenas un susurro —Muy cerca.

Miré hacia el camino que salía de Valdrem.

La oscuridad del valle se abría más allá de las últimas casas como una boca sin fondo.

No llegaríamos lejos.

Eldan apenas podía mantenerse en pie, y cargarlo por senderos abiertos nos convertiría en presas aún más fáciles.

Aldric pareció comprender lo mismo.

—Capitán… Otro golpe.

Una puerta salió despedida desde el interior de una vivienda cercana y cayó sobre la calle con un estruendo hueco.

Entonces lo vimos.

Al principio fue solo una sombra entre la niebla.

Demasiado grande para un hombre.

Demasiado erguida para un animal.

Avanzó lentamente hasta quedar bajo la luz temblorosa de una antorcha.

Y entonces mostró su forma.

La criatura se alzaba sobre dos patas, con los hombros anchos como los de un guerrero y el torso cubierto por un pelaje oscuro que parecía absorber la luz.

Su cabeza era la de un lobo, alargada, con los colmillos expuestos en una sonrisa que no tenía nada de natural.

Sus ojos brillaban con una inteligencia fría.

No era solo una bestia.

Era un hombre lobo entrado en furia.

La criatura inhaló profundamente.

Como si saboreara el aire.

Y entonces sus ojos se clavaron en nosotros.

Eldan gritó.

Se llevó la mano al costado.

—¡La herida!

La piel ennegrecida latía bajo el vendaje como si tuviera su propio corazón.

Lyria habló sin apartar la vista del monstruo.

—El Diablo lo está guiando.

La criatura inclinó ligeramente la cabeza.

Luego empezó a caminar hacia nosotros.

No corría.

No tenía prisa.

Sabía que no escaparíamos.

Observé al grupo.

Serah ayudando a Eldan a mantenerse en pie.

Maelor con el rostro pálido pero firme.

Aldric sosteniendo su arma con una determinación que ya conocía bien.

Lyria, con los ojos fijos en la criatura.

No había camino hacia atrás.

Di un paso al frente y hablé.

—¿Vamos a huir de esta bestia o vamos a pelear?

—desenvainé la espada y la levanté frente a mí —Vista al frente, espada en mano y a apretar los dientes.

Tenemos prohibido morir sin antes cargarnos a este bastardo.

Demuestren que están hechos de sangre y valor.

Pronto estaremos besando valquirias, señores.

La bestia se paró frente a nosotros y gruñó.

Golpeé el escudo con el filo de la espada, en respuesta.

—Aldric, a mi lado ¡A mi voz de mando presenten armas!

¡Todos juntos…!

—inspiré profundo y di la orden —¡Shieldwall!

Aldric se colocó a mi izquierda.

Serah cerró la formación a la derecha.

Maelor retrocedió un paso, preparándose para apoyar desde la retaguardia mientras sostenía a Eldan.

Lyria tomó una lanza abandonada junto a una pared y se unió al círculo sin pedir permiso.

La criatura observó la formación cerrada con nuestros escudos haciendo un muro.

Sus orejas se movieron apenas.

Y entonces cargó.

El impacto llegó como un trueno.

Aldric fue el primero en recibirlo.

Su escudo chocó contra el pecho de la criatura con un estruendo que sacudió toda la línea.

Sentí el golpe recorrer el brazo hasta el hombro.

Era como bloquear una roca lanzada desde una catapulta.

—¡Aguanten!

—grité.

Mi espada descendió en diagonal, buscando el cuello de la bestia.

El filo encontró carne, pero el pelaje era más denso de lo esperado.

La hoja se deslizó apenas, abriendo una línea roja que hizo retroceder a la criatura un paso.

La bestia respondió con una garra.

Aldric levantó el escudo en el último instante.

El impacto dejó tres surcos profundos en la madera.

—¡Maldita cosa!

Serah atacó desde el costado.

Su espada encontró el flanco del monstruo y esta vez sí arrancó un gruñido de dolor.

La criatura giró sobre sí misma con una velocidad brutal.

Su cola golpeó el suelo levantando polvo y piedras.

Lyria aprovechó el movimiento.

La lanza penetró entre las costillas de la bestia con un golpe seco.

La criatura rugió.

Y entonces respondió.

La garra descendió sobre Serah.

Alcancé a interceptar parte del golpe con mi espada, pero la fuerza era monstruosa.

El impacto nos empujó hacia atrás y la formación se quebró.

—¡Reformen!

Aldric volvió a levantar el escudo mientras Maelor murmuraba algo detrás de nosotros.

Sentí el aire vibrar levemente, como si una fuerza invisible intentara empujar a la criatura lejos de nosotros.

Funcionó apenas un instante.

El lobo lo rompió con pura violencia.

Saltó sobre Aldric.

Rodaron por el suelo.

La mandíbula de la bestia se cerró a centímetros del rostro de mi compañero.

Avancé.

Mi espada descendió con toda la fuerza de mi brazo.

El acero penetró profundamente en el hombro del monstruo.

La criatura rugió.

Y entonces sus ojos se clavaron en los míos.

Algo oscuro se movió detrás de esa mirada.

Algo que no pertenecía a una simple bestia.

El Diablo.

La garra descendió.

No tuve tiempo de esquivar.

Sentí el impacto atravesar la armadura como si fuera cuero mojado.

Un golpe brutal en el pecho.

El aire abandonó mis pulmones.

Caí de espaldas sobre la piedra húmeda de la calle.

El cielo de Valdrem giró lentamente sobre mi cabeza.

Escuché gritos.

El choque del acero.

El rugido de la criatura.

La voz de Aldric.

Pero todo parecía cada vez más lejano.

Intenté levantarme.

Mi cuerpo no respondió.

La última imagen que vi antes de que la oscuridad me envolviera fue la silueta del hombre lobo alzándose sobre nosotros.

Y luego… Nada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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