Naruto : Uchiha el Ninja Maldito. - Capítulo 10
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10: 10 10: 10 10 Kenzo se encontraba recostado en su catre mirando el techo de la casa de campaña, su mente se encontraba divagando respecto de su futura misión, después de todo los objetivos clave eran un suicidio, tanto descubrir la ubicación, los números del ejercicio y sus próximos movimientos era una misión de la que difícilmente se podría volver.
Pero lo que no podía entender era la situación política del clan, en el edificio principal todo parece estar bien, y las lealtades del pueblo uchiha con su padre el patriarca, pero al salir del campo de batalla es imposible que los ninjas no tengan sus pensamientos, después de todo el padre ya es un hombre grande, pensó Kenzo al cerrar los ojos y dijo.
—en ninguna de mis vidas he podido encontrar La Paz en este mundo caotico, y parece que en esta tampoco será la excepción…— Desde que se había vuelto Kenzo uchiha no había dejado de entrenar y tratar de fortalecerse, las técnicas no lo son todo, el lo sabía, después de todo si no puedes controlar el chakra solamente serás como una manguera de incendios desperdiciando todo el chakra y evidentemente llegando a un resultado negativo para si mismo la fuerza no puede desarrollarse si no la trabajas, y fue por eso mismo que desde que había desbloqueado su chakra al igual que Tajima había obligado a su hermano a aprender control chakra casi forzándolo y obligándolo, y esa habilidad es la que ahora tendrá que brindar sus frutos, pensó antes de quedarse dormido, a la mañana siguiente lleva a Tajima al campo de entrenamiento y comienzan a hablar de la misión, a lo que Kenzo le dice a Tajima que tiene una idea.
El campo de entrenamiento todavía estaba envuelto en una tenue bruma cuando Kenzo y Tajima llegaron.
El sol apenas comenzaba a teñir de naranja el horizonte, y el aire frío mordía la piel con cada respiración.
Tajima caminaba detrás de su hermano, arrastrando ligeramente los pies y frotándose los ojos con fastidio.
—No puedo creer que me hayas despertado a esta hora —gruñó Tajima, con la voz cargada de sueño—.
Ni los pájaros están despiertos, Kenzo.— Kenzo, que avanzaba con paso firme, ni siquiera se detuvo.
—Los pájaros no tienen una misión suicida en unos días — replicó sin voltear a ver a su hermano.
—Nosotros sí.— Tajima bufó, encogiéndose de hombros mientras trataba de espantar el frío con las manos.—Podríamos entrenar cuando el sol esté arriba, ¿sabes?
La espada no va a irse a ningún lado si la dejamos dormir un rato más.— Kenzo esbozó una media sonrisa, esa que siempre aparecía cuando Tajima intentaba evadir el esfuerzo.—El problema no es la espada, es el espadachín.— —Muy gracioso.
—Tajima apretó los labios, mirándolo con una mezcla de molestia y resignación —Si me haces venir aquí solo para darme un sermón sobre disciplina, juro que…— Kenzo finalmente se detuvo en el centro del claro, girándose para enfrentarlo.
El brillo en sus ojos indicaba que había algo más que simples regaños matutinos.
—Tranquilo, no te traje solo para hablar.
Hoy voy a enseñarte cómo mejorar tu esgrima.
Eso hizo que Tajima alzara una ceja, algo más despierto de inmediato.— —¿En serio?
¿Y no podíamos hacer eso después de desayunar?— —No —respondió Kenzo con una sonrisa apenas perceptible—.
Quiero que lo practiques con la mente despejada, antes de que el cansancio del día te alcance.
Además…— alzó la mano, mostrando su kunai con un leve giro.
—Tengo un nuevo truco que quiero que veas.
Tajima entrecerró los ojos, la curiosidad peleando contra el sueño.
—¿Un truco?
Suena a que intentas tentarme para que deje de quejarme.— —Funciona, ¿no?
—Kenzo adoptó su postura de combate y desenfundó su katana diciendo.
—Te prometo que no te vas a arrepentir.— Tajima respiró hondo, tratando de ocultar la chispa de interés que comenzaba a encenderse en su mirada.
—Está bien, está bien… pero si después de esto no hay desayuno doble, me voy a vengar.— Kenzo soltó una leve risa mientras desenvainaba su propia katana.
—Desayuno doble si logras seguirme el ritmo.
Si no, solo agua y avena.— —Tsk… cruel como siempre.
—Tajima tomó posición, ajustando su agarre en la empuñadura—.
Está bien, hermano.
Muéstrame de una vez ese famoso truco antes de que me arrepienta.— Kenzo inclinó levemente la cabeza, el brillo de determinación en sus ojos reemplazando cualquier rastro de cansancio.
—Prepárate, Tajima.
Hoy vas a aprender algo que cambiará tu forma de pelear.— El sonido metálico de las espadas al cruzarse rompió el silencio del amanecer, marcando el inicio de un entrenamiento.
—Antes de que empieces a blandir tu katana—dijo Kenzo, alzando su katana en posición vertical frente a su rostro — escúchame bien, la katana no es una herramienta para cortar Es una extensión de tu cuerpo, y si no entiendes el flujo de tu chakra, lo único que harás será desgastarte y desgastar la hoja.—Tajima respiró hondo, tratando de imitar la postura de su hermano.
—Lo sé, lo sé… extensión del cuerpo.
Me lo has dicho tantas veces que podría escribir un libro.— Kenzo entrecerró los ojos, una ligera sonrisa curvando sus labios.—Y aun así sigues tensando los hombros.
—Se movió de repente, con un deslizamiento apenas audible—.
Cuando aprietas, pierdes velocidad la fuerza está en el centro, no en los brazos… Afloja.— Tajima obedeció, relajando los hombros mientras intentaba mantener la guardia.
En ese momento, Kenzo desapareció de su vista.
Un golpe seco en el lateral de su espada lo obligó a dar un paso atrás.
El sonido metálico del choque resonó en la bruma.—¡¿Cómo…?!
—Tajima giró buscando a su hermano, pero este ya estaba a su lado, presionando suavemente la hoja de su katana contra la de él.
—Body Flicker — explicó Kenzo, sin perder el contacto de las espadas.
—La vista siempre llega tarde, por eso la única forma de prever este movimiento es con la sensibilidad del chakra en el ambiente.—Kenzo dio un salto hacia atrás, deslizándose con una ligereza que parecía irreal.
Sus pies apenas levantaron las hojas húmedas.
—Significa que debes moverte antes de que el enemigo siquiera piense en atacar, Terminar antes de empezar a pelear.— Tajima frunció el ceño, levantando su espada en guardia.
—¿Terminar antes de empezar?
Eso suena a adivinación, no la explicación de un movimiento.— — es por eso que también sirve para confundir la percepción, el truco está en hacerle al enemigo creer que estás en un lugar mientras te mueves.—Tajima giró con rapidez, tratando de interceptar el siguiente movimiento.
Esta vez logró sentir un leve cambio en el aire y lanzó un corte hacia su izquierda.
La espada chocó con la de Kenzo en un destello brillante.
—¡Lo sentí!
—exclamó Tajima, con una mezcla de sorpresa y orgullo, Kenzo asintió, retrocediendo con una leve sonrisa.
—Eso es.
No confíes en los ojos, siente el flujo.
El Sharingan te ayudará a anticipar y prever el movimiento, pero tu cuerpo debe moverse por instinto, si solo preverás el movimiento que te quitó la vida sin oportunidad de reaccionar.— El entrenamiento continuó, cada choque de espadas acompañado por las correcciones de Kenzo.
—Corta en diagonal, no en línea recta.
—Clang—.
Mantén la muñeca suelta, deja que la hoja haga el trabajo.
—Clang—.
Respira con cada movimiento, el chakra debe fluir con tu exhalación.
Tajima comenzó a adaptarse, sus pasos volviéndose más ligeros, su espada más precisa.
Cada vez que Kenzo desaparecía en un parpadeo, él intentaba sentir el desplazamiento del chakra, interceptando golpes que antes le parecían imposibles.
Finalmente, Kenzo bajó su katana, respirando profundamente.
—Bien.
Ahora que entiendes lo esencial velocidad, control, percepción.
Si dominas estos tres, la katana deja de der una simple arma en tus manos, te vuelve más poderoso.—Tajima, jadeando y con el sudor resbalando por su frente, sonrió con cansancio.
—ahora es tu turno, pero antes de empezar, escucha bien —dijo Kenzo finalmente, su voz firme, casi solemne—.
La velocidad es inútil si no puedes controlarla.
El enemigo no teme al que corre rápido, sino al que puede aparecer donde menos lo espera.
Tajima ladeó la cabeza, intrigado.
—¿Hablas de moverte rápido?
—Más que eso.
Hablo de desaparecer ante los ojos de tu rival, aun cuando sigas frente a él.—Kenzo dio un paso atrás, inhalando profundamente Tajima sintió el leve cambio en el aire, el chakra de su hermano comenzó a fluir de una forma precisa, tan refinada que apenas era perceptible.
Los pies de Kenzo se deslizaron con una suavidad casi sobrenatural, sin levantar una sola hoja del suelo.
En un parpadeo, su figura pareció desdibujarse, como si la bruma misma lo devorara.
—¡Kenzo!
—exclamó Tajima, girando en círculos.
La voz de su hermano resonó detrás de él.
—No me busques con los ojos.
Siente el flujo de chakra a tu alrededor.
Tajima se volteó de golpe.
Kenzo estaba otra vez frente a él, a menos de un metro, como si nunca se hubiera movido.
—Esto… ¿qué fue eso?
—preguntó Tajima, con los ojos abiertos de par en par.
—Body Flicker —respondió Kenzo, cruzando los brazos—.
Los ancestros lo llaman Shunshin.
Es la base para todo lo que te enseñaré hoy.
Kenzo dio unos pasos lentos, explicando mientras su chakra se disipaba.
—El truco no es solo velocidad.
Si solo corres, el enemigo lo percibirá.
Lo que hacemos es concentrar chakra en las plantas de los pies y las articulaciones, comprimirlo y liberarlo en una fracción de segundo.
Es como tensar un arco y soltar la cuerda.
Pero si el chakra no está perfectamente equilibrado, terminarás rompiéndote los músculos o perdiendo el control.— Tajima asintió con una mezcla de admiración y nerviosismo.
—Así que… ¿es como un salto, pero en todas direcciones?— —Exacto, pero con la precisión de un sello.
La idea es que cuando el ojo humano intenta seguirte, ya hayas dejado atrás la última imagen que percibieron.
Kenzo se agachó, tomando un pequeño guijarro que reposaba en la tierra húmeda.
Lo lanzó al aire y, en el instante en que la piedra comenzó a caer, su silueta volvió a difuminarse.
Tajima apenas alcanzó a parpadear cuando su hermano apareció a su lado, atrapando la piedra antes de que tocara el suelo.— —Eso es el primer paso —dijo Kenzo, extendiéndole el guijarro—.
Pero hay algo más avanzado.
Lo llamo Paso Fantasma.
El brillo en los ojos de Kenzo se intensificó, y el rojo profundo del Sharingan comenzó a girar lentamente, encendiendo la bruma con destellos carmesí.
Tajima contuvo la respiración.
—El Sharingan es más que un Doujutsu que permite memorizar movimientos, jutsus, crear ilusiones o memorizar información—explicó Kenzo, su voz adoptando un tono casi hipnótico.
—Si lo sincronizas con el flujo de chakra, puedes proyectar una ilusión mínima en el campo de percepción del rival, No un genjutsu completo, que altera los sentidos, solo un desfase en su visión periférica, mientras su cerebro procesa una imagen falsa, tú te mueves.— de nuevo kenzo volvió a desaparecer Pero esta vez, Tajima sintió algo distinto no solo no lo veía, sino que juraría que su hermano seguía de pie en el mismo lugar… hasta que una brisa rozó su nuca.
Giró de golpe, y Kenzo estaba detrás de él, relajado, como si jamás se hubiera movido.
—¿Lo viste?
—preguntó Kenzo.
—¡No!
—Tajima apretó los puños, frustrado—.
¡Estabas allí!
Lo vi con mis propios ojos… —Eso es el Paso Fantasma.— kenzo sonrió levemente.
—No solo me muevo, te hago creer que sigo donde ya no estoy.
La clave está en controlar el chakra de la superficie, liberarlo en ráfagas que distorsionen la luz y el sonido a tu alrededor.— Kenzo volvió a colocarse en posición de combate.
—El Body Flicker es una técnica de movimiento instantáneo que consiste en mover el cuerpo a altas velocidades, permitiéndose ir a cortas o a largas distancias a una velocidad casi imposible de ver, en cambio El Paso Fantasma es dominio del ambiente en el combate, si aprendes ambos, nadie sabrá si estás atacando, esquivando o simplemente burlándote de su percepción.— Tajima tragó saliva, apretando con fuerza la empuñadura de su katana.
—Suena… imposible.— —Solo si lo crees.
—Kenzo adoptó su guardia, su Sharingan brillando con una intensidad feroz — ahora trata de imitar mis movimientos, estas técnicas nos servirán en los futuros combates, y sobre todo para nuestra próxima misión…—
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