Naruto : Uchiha el Ninja Maldito. - Capítulo 11
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11: 11 11: 11 11 Los días y noches antes de partir rumbo a su misión, Kenzo y Tajima se mataron entrenando, y desarrollando sus habilidades lo mejor que pudieron, Kenzo siendo la mismísima reencarnación de Jin el espadachín de fuego no dudó en enseñarle a su hermano todas sus habilidades de esgrima con el fin de mejorar su fuerza de auto protección.
—Tenemos doce años, pero ya estamos listos para ir al infierno, no me imagino como se sentirán los demás.— pensó para si mismo Kenzo mientras observaba a Yuno, Sai, Dan y naoto, jóvenes miembros del clan que no se alejaban mucho de su edad.
—Escuchen, esta misión será complicada y la mejor forma de hacerlo es formar un equipo de infiltración y otro de extracción, es necesario poder crear una distracción para poder infiltrarnos, el problema es que necesitaremos ropas de los senju, por lo que emboscaremos y eliminaremos a algún escuadrón que nos encontremos de camino, yo dirigiré el equipo de infiltración mientras que mi hermano Tajima el de extracción.— Todos asintieron, pero Yuno preguntó.
— Y ¿como es que nos dividiremos?— —Buena pregunta, tú y Dan van conmigo, Sai y naoto con mi hermano, no iremos con prisa para cumplir esta misión, nos tomaremos nuestro tiempo, deben aprovechar también estos tiempos para entrenar su control de chakra, debemos ahorrar todo el chakra que podamos.— dijo Kanzo haciéndoles asentir.
Kenzo y Tajima avanzaban por delante, ligeros como pluma gracias al control refinado de chakra en sus pies les permitía moverse con una eficiencia que rozaba lo sobrehumano, apenas gastando chakra mientras cubrían distancias considerables aun así, reducían la marcha para que Yuno, Sai, Dan y Naoto no quedaran atrás.
Los bosques que se extendían hacia la frontera eran densos y húmedos.
La luz del sol, que caía inclinada por la tarde, apenas se filtraba entre las copas altas, generando sombras alargadas que parecían moverse con ellos.
El silencio y tranquilidad del bosque solo se escuchaba el crujir de las ramas bajo el peso ligero de sus pasos y el murmullo de algún insecto perdido.
Kenzo mantenía la mirada al frente, cada tanto girando apenas la cabeza para asegurarse de que todos seguían.
Naoto cerraba los ojos de vez en cuando, concentrado, su habilidad como sensor era indispensable en esa misión el chakra de los senju podía percibirse a kilómetros de distancia si no se era cuidadoso, y Kenzo lo sabí, los ninjas senju por generaciones han creado a muchos ninjas sensores, por lo que al infiltrarse deben hacerlo de una forma muy cuidadosa, naoto avanzaba con la palma extendida, captando fluctuaciones en el aire como si fueran corrientes invisibles.
—No hay nadie cerca —murmuró en voz baja, pero siento una abertura en la tierra, posiblemente una cueva.
—Mantengan atención en todo momento, nos acercaremos a descansar en la cueva cercana—respondió Kenzo, con un tono firme pero calmado—.
No podemos darnos el lujo de una sorpresas.— Tajima, en cambio, caminaba un poco más atrás, vigilando la retaguardia.
Aunque era más joven en experiencia, sus reflejos eran rápidos y su instinto de protección lo mantenía alerta, la mano siempre rozando la empuñadura de su katana.
Cuando el sol comenzó a ocultarse detrás de las montañas, pintando de rojo el horizonte, Kenzo alzó una mano para detener al grupo.
Habían llegado a una elevación rocosa desde donde se veía a lo lejos la línea que marcaba la frontera con el territorio Senju.
El aire se sentía distinto, más pesado, como si el bosque mismo contuviera la respiración.
—Aquí haremos un alto —indicó Kenzo.
Sus ojos encontraron una abertura en la roca, una cueva oculta tras enredaderas que parecía perfecta para pasar desapercibidos.
El grupo entró con cautela.
La cueva era estrecha al inicio, pero después se abría en un pequeño espacio que los protegía de la vista externa.
Allí dejaron sus mochilas, y Dan encendió una pequeña chispa de fuego controlada para dar calor sin levantar humo.
El cansancio se notaba en los más jóvenes; Yuno se dejó caer contra la pared, sudoroso, mientras Sai permanecía rígido, como si quisiera demostrar que aún tenía energía de sobra.
Kenzo observó a todos en silencio antes de hablar—Desde aquí en adelante, todo será más peligroso.
Los Senju han perfeccionado el arte de los sensores durante generaciones.
Un movimiento en falso, un desborde de chakra mal controlado… y estaremos muertos antes de blandir un arma.— Naoto asintió, comprendiendo el peso de sus palabras.—Puedo cubrirnos — dijo con voz segura — Pero necesito que todos mantengan su chakra al mínimo, que lo oculten lo más posible.— —Confiaremos en ti, Naoto.— dijo Kenzo mientras todos asintieron y el silencio volvió a llenar la cueva, roto apenas por la respiración de cada uno.
Tajima afilaba su espada con movimientos lentos, Yuno y Dan compartían miradas nerviosas, pero no pronunciaban palabra, Sai permanecía con los ojos cerrados, intentando calmar su energía.
Kenzo, por su parte, apoyó la espada a un lado y se sentó en posición de loto.
Sus dedos se entrelazaron en un sello simple y cerró los ojos.
Sabía que debía dar ejemplo: mantener la calma, ahorrar chakra, templar el espíritu.
La misión apenas comenzaba, y el verdadero infierno estaba más allá de esas montañas, donde los Senju esperaban.
El fuego crepitó suavemente, y por primera vez desde que habían partido, todos permitieron que el cansancio los alcanzara.
La noche sería larga, y al amanecer, darían su primer paso en territorio enemigo.
Al amanecer Kenzo ya se encontraba meditando, una costumbre que había adquirido hacía muchos años en sus vidas pasadas, le ayudaba a despejar su mente y sentir su ambiente, actualmente la cueva no era muy grande y les ofrecía un alto grado de seguridad y autonomía para moverse por el bosque, por lo que decidió que no saldrían de allí por lo menos en un tiempo.
—Necesitamos escanear nuestros alrededores, conocer el entorno y preparar una emboscada, calculo que tardaremos alrededor de una semana, por lo que estos días los entrenaré en control de chakras.— dijo Kenzo llamando la atención de todos.
—Necesitamos escanear nuestros alrededores, conocer el entorno y preparar una emboscada, calculo que tardaremos alrededor de una semana, por lo que estos días los entrenaré en control de chakras.— dijo Kenzo llamando la atención de todos.
—¿cómo que nos dedicaremos a entrenar el control de chakras?
¡Eso solo sirve para los médicos!— dijo Sai en un tono despectivo haciendo que la expresión de Kenzo se tensara.
Este observó fijamente a Sai y en su mente rápidamente le clasificó como un idiota, pero después de todo eran jóvenes en una misión un tanto complicada, entre 12 y 14 años estaban las edades del escuadrón, siendo el y Tajima los más jóvenes, pero siendo hijos del patriarca son a quienes Se les delega el mando… — después de todo quieren que fallemos…— pensó Kenzo antes de hablar.
—El control que acabas de despreciar es lo que nos diferencia de los muertos, y nos brinda la oportunidad de sobrevivir—Kenzo hizo una pausa, dejando que las palabras calaran.
—El control de chakra no es exclusivo de los médicos, es la base de todo, moverse sin ser visto, pelear sin desperdiciar Chakra, ocultarse de los sensores senju, sobrevivir cuando tu cuerpo ya no aguante más.— —¡Si te quedas sin chakra todo terminó!— Dijo Kenzo y alzó una piedra pequeña del suelo y la sostuvo entre dos dedos diciendo.
—Esta roca es la cantidad que nosotros los uchiha tenemos de chakra, gracias a la técnica de extracción de chakras uchiha podemos acrecentar nuestras reservas de chakra un 35% más, he incluso sería posible hacerlo a un 50% si se dominase la técnica, los senju tienen esta cantidad de chakra.— Kenzo se giró de nuevo hacia Sai, mirándolo con seriedad, y mostrando una roca visiblemente más grande, aunque sin ira dijo.
—nuestra mayor ventaja es nuestra mente y el Sharingan, el control de chakra nos permite igualar el suelo con los enemigos durante las batallas, mientras ellos derrochan su chakra nosotros podremos agotarlos minimizando nuestro gasto…— —Entrenaremos hasta que sea parte de ustedes, porque los Senju no perdonan errores, y yo no pienso perder a ninguno en esta misión.—Sai, rojo de vergüenza, bajó la cabeza y asintió.
Nadie volvió a cuestionar el entrenamiento.
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