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Naruto : Uchiha el Ninja Maldito. - Capítulo 19

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19: 19 19: 19 Dentro del laboratorio de alquimia improvisado en el calabozo, se podían observar los frascos con distintos venenos, escorpiones, serpientes, ranas venenosas, plantas he incluso insectos raros y venenosos eran exhibidos en jaulas, frascos y vitrinas.

Tajima los observó un poco interesado pero interrumpió con un ligero estornudo y preguntando —¿Cómo saldremos de aquí?— Tajima, haciendo que todos se detuvieran a observar su alrededor poco optimista y Kenzo lo sabía; si bien era cierto que recuperarían algo de equilibrio aumentando sus números con los números de los miembros del clan tang y demas prisioneros no significaba que equilibrara la balanza con los numerosos samurais que tiene el clan Senju.

Pero el anciano mayordomo del clan tang escuchando su discusión su rostro se iluminó preguntando —¿Ustedes Uchiha, son de atributo fuego verdad?—  Kenzo y su equipo con una expresión confusa asintieron, a lo que la sonrisa del viejo ya no se pudo disimular — ¡Excelente!

Como ustedes saben el veneno que hemos estado creando debe calentarse en un crisol, pero la temperatura debe ser controlada, por que de no ser así, este puede explotar como una bomba de humo.— Kenzo quien rápidamente captó el plan del anciano preguntó.

—¿Crees que hay veneno suficiente para inundar el campamento Senju con una nube de veneno mortal?—  —No será tan mortal, si respiran un poco aún sobrevivirán, pero aquellos que respiren durante el tiempo suficiente el humo morirán, las toxinas viajarán por el aire y acabarán con ellos en cuestión de tiempo.— —Y también con nosotros.— respondió Tajima escéptico sobre el plan mientras que Yuno y Dan asentían en comprensión con Tajima.

— Ustedes estarán a salvo por qué tendrán esto.— dijo el anciano sacando un par de frascos de su entrepierna.

—El único posible antídoto que existe para este veneno mortal lo tenemos nosotros.— —¡QUE ASCO VIEJO, JAMÁS BEBERÉ ESO!— Gritó Dan asqueado observando los frascos, pero a su lado Kenzo sonrió diciendo.

—¿Crees que soy tonto?— y acercándose al anciano este retrocedió un par de pasos.

— llaman a este veneno “los mil venenos” una mezcla de todas las recetas del clan al que sirves, y si ese llamado antídoto que tienes funcionará ya de lo hubieras dado a tu joven amo.— dijo Kenzo señalando a Tang Shoren agonizante en el suelo.

El anciano comenzó a ponerse nervioso y rápidamente se arrodilló.

—Lamentó mentirte señor ninja, disculpe mi osadía y perdone mi vida, pero yo no le miento del todo, este antídoto puede neutralizar por lo menos la mitad de los mil venenos permitiendo la sobrevivencia prolongada por un poco tiempo, es una apuesta difícil, pero es el único camino que tenemos…— —Además si le diera este antídoto al joven shoren posiblemente solo prolongaría más su sufrimiento…— sufrimiento…— añadió el anciano con la voz baja, casi resignada, mientras mantenía la frente inclinada contra el suelo húmedo del laboratorio.

Durante unos segundos nadie respondió.

El leve burbujeo de los crisoles y el siseo del vapor escapando por las rendijas metálicas llenaron el silencio mientras Kenzo observaba al anciano con detenimiento, evaluando no solo sus palabras sino también la manera en que temblaban sus manos y el ritmo irregular de su respiración.

Tajima fue el primero en romper aquel momento.

—Así que básicamente nos propones que convirtamos todo el campamento en una nube de veneno… y esperemos no morir primero.— El anciano levantó ligeramente la cabeza.

—No hay otra salida…— respondió con honestidad amarga.

Kenzo permaneció quieto un instante más, luego caminó lentamente hasta uno de los crisoles donde el veneno burbujeaba en una mezcla espesa de tonalidad púrpura oscuro.

Su mirada analizó el recipiente, la llama controlada bajo el metal y los conductos que permitían mantener estable la temperatura.

—El anciano no está equivocado —dijo finalmente— pero tampoco está pensando lo suficientemente, si hacemos explotar los frascos aquí y creamos la nube de humo venenoso, inevitablemente seremos los primeros en respirarla y ser afectados antes de que le llegue a los enemigos de afuera, además aún no han sonado las alarmas, por lo que aún no se han percatado de nuestra presencia…..

así que ¿por qué no los sorprendemos?.— Tajima cruzó los brazos.

—¿A qué te refieres?— Kenzo señaló el crisol.

—Este compuesto es estable solo bajo una temperatura controlada.

Si se sobrecalienta demasiado… solo se convierte en humo venenoso según el viejo mayordomo, pero nosotros queremos que la reacción sea más violenta.— Yuno entrecerró los ojos comprendiendo.

—Una expansión masiva, ¿tú quieres hacer una explosión?.— Kenzo asintió.

—Exacto.

No necesitamos que sea perfectamente mortal… solo necesitamos que se disperse rápido y en todas direcciones— Kenzo terminó la frase mientras observaba el crisol burbujeante frente a él.

El líquido púrpura oscuro se agitaba lentamente bajo el fuego controlado, liberando pequeñas volutas de vapor que se pegaban al techo de piedra del laboratorio.

Durante unos segundos nadie habló.

Fue Dan quien rompió el silencio.

—Si lo que necesitamos es calor…— murmuró mientras observaba las mesas llenas de herramientas —no necesariamente tiene que ser un jutsu.— Tajima frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?— Dan se agachó y abrió una pequeña caja metálica que estaba bajo una mesa de trabajo.

Dentro había varios cilindros envueltos en papel grueso con pequeñas mechas de cuerda.

—Esto.— dijo levantando uno.

El anciano Kōjirō giró la cabeza al verlo.

—Ah… esos.— Dan lo agitó ligeramente.

—¿Son petardos?— —Pólvora.— respondió el anciano —los samuráis los usan para señales, distracciones o para asustar caballos en batalla.— Tajima levantó una ceja.

—Explosivos pequeños…— Kenzo extendió la mano y tomó uno de los cilindros, evaluando su peso y la longitud de la mecha.

—Calor instantáneo.— murmuró.

Yuno comprendió primero.

—Si colocamos varios dentro de los crisoles…— Tajima terminó la idea.

—La pólvora calentará el veneno de golpe.— Dan añadió.

—Y cuando hierva… explotará como dijo el viejo.— Kenzo asintió lentamente.

—No será una explosión grande… pero romperá los frascos, los recipientes y los barriles al mismo tiempo.— El anciano los observaba con creciente atención.

—El veneno se evaporará…— —Y se convertirá en una nube tóxica.— terminó Tajima con una mirada sonriente.

—aprovecharemos el desconocimiento de nuestra posición y fabricaremos las “bombas venenosas”, después las haremos explotar en el campamento, habrá que buscar lugares estratégicos, para que se propague bien y elimine a muchos de esos bastardos…— Durante un momento el laboratorio quedó en silencio.

Solo el burbujeo constante de los crisoles y el leve crujir de la madera húmeda acompañaban el pensamiento de todos mientras imaginaban la magnitud de lo que estaban a punto de hacer.

Kenzo permaneció de pie junto al crisol, observando cómo el líquido púrpura oscuro se agitaba lentamente bajo la llama controlada.

Después de unos segundos levantó la mirada hacia las mesas llenas de recipientes.

—No las haremos explotar aquí.— dijo finalmente.

Tajima lo miró de reojo.

—¿No?— Kenzo negó con calma.

—Si lo hacemos aquí liberaremos el veneno dentro del calabozo… y los primeros en morir serán los prisioneros.— Dan apretó los labios.

—Entonces tendremos que sacarlas antes.— Kenzo asintió.

—Exactamente.— Tomó uno de los petardos y lo giró entre los dedos mientras pensaba.

—Usaremos los crisoles para concentrar el veneno en recipientes sellados.

Luego colocaremos pólvora en la base y una mecha corta.

Cuando detonen, el calor romperá el contenedor y el veneno se convertirá en una nube tóxica.— Yuno frunció ligeramente el ceño.

—Bombas químicas improvisadas.— —Bombas venenosas.— corrigió Tajima.

El anciano Kōjirō observaba con atención creciente mientras comprendía el plan.

—Si las detonan en distintos puntos del campamento… el humo cubrirá varias zonas al mismo tiempo.— Kenzo asintió.

—Ese es el objetivo.— Luego señaló con el dedo varias direcciones imaginarias sobre el suelo del laboratorio.

—Las zonas más efectivas serán los barracones, los almacenes y los puntos de reunión de los samuráis.— Tajima sonrió con frialdad.

—si no mueren por envenenamiento por inhalación, que sea por sus alimentos… que así sea hermano.— Kenzo no respondió de inmediato.

Su mirada seguía recorriendo el laboratorio con calma calculadora, deteniéndose en los frascos gruesos, en los recipientes de vidrio reforzado y en las cajas de almacenamiento donde los Tang guardaban ingredientes peligrosos.

Fue entonces cuando el anciano Kōjirō habló nuevamente.

—Si planean usar pólvora…— murmuró con voz baja —hay más de la que creen.— Todos giraron hacia él.

—Los samuráis almacenan barriles en el nivel superior del calabozo —continuó el anciano— cerca del depósito de suministros.

La usan para señales de emergencia y para las forjas portátiles… pero también hay un pequeño almacén aquí abajo.

Tajima levantó una ceja.

—¿Cuánto es “pequeño”?— El anciano pensó un momento.

—Tres barriles completos… quizá cuatro.— Dan dejó escapar un silbido bajo.

—Eso no son petardos… eso ya es una explosión.— Kenzo asintió lentamente.

—Suficiente para calentar todo el veneno de este lugar de una sola vez.— Yuno cruzó los brazos.

—Entonces no necesitamos improvisar con pequeños cilindros…— —Necesitamos barriles.— terminó Tajima.

Kenzo tomó una decisión.

—Dan.

Yuno.— Ambos levantaron la mirada.

—Vayan por esa pólvora.— Dan sonrió con entusiasmo peligroso.

—Será un placer.— Yuno simplemente asintió.

—Conozco el camino.— Kenzo hizo un gesto corto.

—Rápido.

Sin levantar sospechas.— Ambos desaparecieron por el pasillo oscuro del calabozo mientras Tajima comenzaba a reunir los frascos más gruesos que encontraba sobre las mesas.

El tiempo comenzó a correr.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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