Naruto : Uchiha el Ninja Maldito. - Capítulo 20
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20: 20 20: 20 El laboratorio quedó en silencio tras la partida de Dan y Yuno, pero en su ausencia el leve burbujeo de los crisoles, el siseo del vapor escapando de los recipientes y las respiraciones pesadas de los prisioneros eran ahora los únicos sonidos que llenaban el aire húmedo del calabozo.
Kenzo permanecía de pie junto al crisol principal observando el veneno púrpura oscuro que se agitaba lentamente bajo la llama controlada.
La mezcla era espesa, casi viscosa, y cada burbuja que explotaba en la superficie liberaba una voluta de vapor que se pegaba al techo de piedra como una niebla enfermiza.
Tajima, por su parte, ya había comenzado a moverse, recorría las mesas del laboratorio con rapidez calculada, tomando los frascos más resistentes que encontraba, golpeándolos ligeramente con los nudillos para comprobar su grosor antes de colocarlos sobre una mesa central que había despejado de herramientas.
—Estos sirven —murmuró mientras dejaba otro recipiente de vidrio grueso junto a los demás.
El anciano Kōjirō observaba el proceso con atención a la par que lo dirigía con extremo cuidado —Esos frascos soportan presión… los usábamos para transportar concentrados del veneno.— Kenzo asintió levemente.—Perfecto.—Tomó uno de los recipientes y lo levantó frente a la luz de la antorcha.
El vidrio era grueso, ligeramente verdoso, diseñado para resistir golpes durante el transporte.
—Cuando la pólvora detone… el calor romperá el vidrio —explicó mientras lo giraba entre los dedos— y el veneno se vaporizará al instante.
Tajima dejó caer otro frasco sobre la mesa.
—Entonces tendremos una nube tóxica en cuestión de segundos….
Me agrada, esos malditos Senju no saben lo que les viene.— —Exacto, su trampa está por estallarles en la cara.— dijo Sai con una gran sonrisa Per Kenzo solo señaló los crisoles ordenando —Empieza a llenarlos.— Tajima tomó un cucharón metálico y comenzó a extraer el veneno de uno de los recipientes hirviendo.
El líquido púrpura cayó dentro del frasco con un sonido espeso.
Incluso a través del vidrio podía verse cómo la mezcla parecía moverse por sí sola.
—Qué cosa más desagradable… —murmuró Tajima.
Kōjirō se acercó un poco más, apoyándose en la mesa para no perder el equilibrio.
—Ese es el concentrado más puro…— explicó —si se dispersa en el aire, incluso una pequeña cantidad puede afectar a docenas de personas.— Kenzo no apartó la mirada del proceso, su mirada seguía fija en el crisol principal, observando el movimiento lento del líquido púrpura oscuro, analizando cómo reaccionaba al calor, cómo se comportaría cuando ese equilibrio se rompiera.
Fue entonces cuando Tajima dio un paso al frente, en su mano sostenía uno de los frascos ya preparados, lo levantó ligeramente y y el vidrio reflejó la luz de las antorchas revelando el veneno en su interior se movió con lentitud de un color morado profundo.
Kenzo notó la extraña sonrisa en el rostro de su hermano, esa sonrisa… era distinta, hasta que de repente su hermano rompió el silencio con una gran sonrisa.
—Vaya ironía…— murmuró girándolo ligeramente entre sus dedos —los Senju querían borrar clanes con esto… y ahora será lo que los consuma a ellos.— Sus ojos se desplazaron entonces hacia el anciano Kōjirō —Escucha bien, viejo.— dijo finalmente, su voz ahora más firme, más clara —a partir de este momento… tú y los tuyos están bajo protección del clan Uchiha y por mi cuenta corre respaldar esta promesa con mi vida.— El anciano no respondió de inmediato solo levantó la mirada y observó fijamente los ojos de Tajima quien sosteniendo la “bomba venenosa” dijo —Esto…— continuó Tajima levantando apenas el frasco —no solo será solo un arma… será la sentencia de muerte para muchos ninjas, he incluso cambiará la guerra un poco, pero no deja de ser fruto del sufrimiento de tu clan.— Al terminar su sonrisa no desapareció y guardo silencio unos segundos antes de decir — Y los Senju van a pagar por esto, por esto y lo que va a suceder después de que actuemos….
No podemos sacar a todos los tuyos de aquí.— hizo una breve pausa mientras sus ojos recorrían el laboratorio, las mesas, las celdas más allá, los cuerpos —ni siquiera cerca de todos.—El leve burbujeo del veneno llenó el espacio entre sus palabras.
—Cuando esto empiece…— añadió —este lugar se va a romper, samurais y ninjas sabrán que algo pasa y el alboroto dentro del campamento tal vez nos compre un par de horas de ventaja en el mejor de los casos.— Sus dedos se cerraron un poco más alrededor del frasco.
—Y muchos de los tuyos… no van a salir o incluso no lograrán escapar del todo, pero será el precio por el cual otros podrán escapar…— El peso de lo que acababa de decir Tajima no era algo que pudiera suavizarse… ni ignorarse.
El anciano Kōjirō bajó la mirada apenas un instante.
Sus manos temblaron ligeramente… no de miedo, sino del desgaste de todo lo que había visto, de todo lo que había perdido.
Luego levantó la cabeza y asintió, lento per con una mirada firme.
—Lo sé.— respondió con voz baja, pero estable —mi clan también lo sabe.— Sus ojos recorrieron el laboratorio observando los frascos los crisoles de hierro, los morteros y a sus compatriotas encerrado en celdas junto a sus hijos, sus esposas y apretando los puños dijo —Por eso siguen trabajando…— continuó —por eso siguen obedeciendo… incluso sabiendo lo que son ahora.— Una pausa.
—No buscamos salvarnos todos, buscamos la oportunidad para que alguien sobreviva y la mejor oportunidad que tenemos son ustedes uchiha.
— Tajima no dijo nada y El anciano continuó.
—Aunque sea un puñado… aunque sea lo suficiente para que nuestro nombre no desaparezca.— Sus dedos se cerraron lentamente sobre su propia túnica.
—Nuestro clan ya estaba muriendo… antes de caer aquí.— Eso hizo que Tajima entrecerrara los ojos.
—¿A qué te refieres?— Kōjirō exhaló lentamente diciendo —Fuimos traicionados.— La palabra cayó sin adornos y añadió con una expresión angustiada —Desde dentro el clan se fracturó y por esos traidores Mi señor… su familia… fueron entregados y ejecutados probando venenos, gracias a nuestra resistencia natural al veneno…— Tajima apretó la mandíbula.
—Ryūsai… es es el nombre del traidor pero no fue el único.— respondió el anciano —solo fue el que dio el paso final.— Una pausa.
—El clan ya estaba roto… antes de que los Senju lo tocaran, solo llegaron a aprovechar el desequilibrio de poder en el clan después de todo somos alquimistas no ninjas o samurais…— Mientras el viejo Kojiro y Tajima dialogaban y Dan, Sai y Yuno le prestaban atención al diálogo Kenzo se había apartado del equipo observando al joven recostado en una camilla en posición fetal… —Tang Shōren.— dijo Kenzo en un susurro casi imperceptible observando al joven al cual en la piel le brotaron manchas u erupciones de color morado en distintas tonalidades, sus uñas se tornaron negras y por el dolor y tortura constante su cabello se había vuelto blanco, pero a pesar de todo ese sufrimiento se mantenía respirando y resistiendo.
—Cuánta tenacidad.— pensó Kenzo observando al joven que se aferraba a la vida y con una sonrisa le susurró.
— Si logras sobrevivir te daré el mejor regalo que podrías recibir….
Te volveré un ninja.— Al terminar de hablar sin pensarlo dos veces Kenzo tomó el antídoto que había recibido por el viejo mayordomo y de inmediato lo vertió en la boca de Shoren obligándolo a beberlo hasta el fondo.
El líquido descendió con dificultad por la garganta del joven, ninguna parte se derramó por las comisuras de sus labios Kenzo obligó a que todo fuera tragada por puro reflejo, y mientras lo observaba el cuerpo no respondió de inmediato, pero Kenzo sin perder el tiempo canalizó chakra en sus manos y sin piedad lo vertió en el cuerpo de Shoren.
El chakra de Kenzo no entró con suavidad en el cuero de Shoren, fue como si un chorro de agua a presión quisiera penetrar una pared de concreto sus dedos se tensaron sobre la espalda del joven mientras el chakra penetraba en su cuerpo como una corriente firme, controlada, abriéndose paso entre su torrente sanguíneo y su terminal nerviosa desbloqueado los “canales” de chakra que tiene cada ser humano en su interior.
El cuerpo de Shōren se tensó como una cuerda al límite, sus músculos se contrajeron con violencia, sus venas ennegrecidas se marcaron con mayor intensidad bajo la piel y su respiración se quebró en un intento fallido de mantenerse estable.
Como una aguja que perfora un tejido cerrado, el chakra comenzó a presionar los puntos bloqueados del sistema… los puntos de chakra, dormidos, inútiles hasta ese momento comenzaron a circular el chakra que Kenzo les había imbuido El primer impacto hizo que el cuerpo del joven se arqueara.
El segundo… que sus dedos se clavaran en la madera.
El tercero… que su respiración se volviera completamente caótica.
Y en ese momento el viejo mayordomo grito —¿QUÉ LE HACES AL JOVEN MAESTRO?— Pero Kenzo sin reaccionar a sus gritos interrumpió su transferencia de chakra haciendo circular el chakra por todo el cuerpo de shoren por un par de minutos más mientras le decía a shoren.
—No te resistas.— murmuró, lo suficientemente cerca como para que, si quedaba algo de consciencia… lo escuchara —si vas a morir… hazlo luchando, mejor morir de pie que morir arrastrándote.— El cuerpo de Shōren respondió con otro espasmo sus músculos se contrajeron, su respiración se quebró nuevamente, pero esta vez… no fue un colapso.
Fue resistencia.
Kenzo continuó.
—Y si sobrevives…— añadió con la misma calma —Dejarás de ser un simple alquimista y serás un Ninja por propio derecho, quién sabe, mientras tanto trata de circular todo el chakra imbuido en tu cuerpo tal vez te ayude a desintoxicar un poco de veneno el circular chakra por tu cuerpo…— Sus dedos se cerraron con más fuerza sobre la madera, su pecho se elevó en una inhalación rota pero más profunda que las anteriores, como si su cuerpo, entre el dolor y la confusión… intentara seguir la instrucción.
El chakra dentro de él no se dispersó.
Se agitó.
Se movió.
Torpe.
Errático.
Pero ya no completamente caótico.
Kenzo lo sintió.
Sintió cómo esa energía que había forzado a entrar… comenzaba a encontrar rutas por sí misma, chocando contra los canales recién abiertos, rebotando, intentando fluir.
—Eso es…— murmuró en voz baja —no lo dejes estancarse.— Shōren convulsionó otra vez.
Más leve.
Más corto.
Su respiración seguía irregular, pero ahora había algo distinto… un ritmo que comenzaba a formarse, débil, inestable, pero presente.
El chakra circuló una vez más, pero esta vez no era el que Kenzo imbuia en el cuerpo de shoren, si no shoren buscando absorber el chakra del medio ambiente.
Al dejar de circular su propio chakra en el cuerpo de shoren, pequeñas corrientes de chakra comenzaron a filtrarse desde el ambiente, débiles, inestables, entrando por los canales que Kenzo había abierto a la fuerza, como si el cuerpo del joven… estuviera intentando aferrarse a algo más que su propia vida— El chakra dentro de Shōren se agitó con violencia, como si fuera a romperse, como si el sistema recién forzado a existir no pudiera sostenerse por sí solo… pero no colapsó.
Se sostuvo.
Inestable.
Pero firme.
Kenzo lo observó en silencio unos segundos más.
Evaluando.
Midiendo.
Confirmando.
—De aquí en adelante…— dijo finalmente con calma —ya no es mi decisión.— Sus ojos descendieron apenas hacia el joven.
—Si puedes mantenerlo en movimiento…— añadió —el veneno dejará de devorarte tan rápido, tal vez incluso puedas contenerlo… o empujarlo fuera de tu cuerpo con el tiempo, si no es así simplemente morirás, suerte.—
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